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Bajo una palmera
La vida, contemplada a la sombra de mi palmera
Acerca de
Soy un "suresteño" desplazado (voluntariamente) a Barcelona donde llevo mi vida, sin saber bien si estoy en un fin de trayecto o en una parada más en el camino. Mientras lo decido, me siento bajo la palmera que yo mismo he plantado y construido para escribir las cosas que voy viendo, que me van pasando... ¡sin que me dé mucho el sol en la cabeza!
Sindicación
 
Mil y un amaneceres por conquistar
”Cowards die many times before their deaths;
The valiant never taste of death but once,
Of all the wonders that I yet have heard,
It seems to me the most strange that men should fear,
Will come when it will come.”


(William Shakespeare, Julio César, II, ii)

Hace sol, no hay ni una sola una nube en el cielo azul. El tiempo fluye despacio, sin apenas hacer ruido ni esfuerzo, e inunda todo. Pienso en las cosas que podría hacer con él: los libros que leer, la música que oir, las palabras que escribir y que decir…

Pero es sólo una ensoñación. Elegí el camino de la lejanía, de la dificultad, del anonimato, y por él sigo.

Pero tengo miedo de haber perdido de vista el objetivo final. Barcelona y lo que allí hago me está dando mucho, pero se lo está cobrando. Aprendido el oficio, me bato el cobre. Pero las cosas no son como tendrían que ser, en parte por culpa mía. No he sabido imponerme, ni hacerme valer, ni poner los límites. Avanzo por el camino equivocado queriendo llegar al lugar correcto.

Ahora me hacen una oferta, un cambio de empresa, que tendré que considerar. Aún no sé las condiciones pero todo apunta a que será mejor que lo tengo que ahora. Si lo fuese, sería un nuevo inicio, una nueva oportunidad de hacer las cosas mejor que hasta ahora. Y, no puedo negar que me atrae la idea de devolver el golpe a aquellos que pensaban que jamás me atrevería a dar el paso y que se aprovechaban de esto.

Pero las decisiones no se toman a base de venganzas viscerales, de devolver golpes ciegamente, aun a costa de recibir más y de salir perdiendo uno mismo. Lo he hecho en el pasado y no dio resultado – el sabor de la venganza es amargo si para hacer daño recibes dolor.

Creo que ha llegado el momento de tomar las decisiones, de hacer las cosas, de decir lo que se piensa, sin miedo. Porque el cobarde muere muchas veces antes de morir. Porque la vida está para ser vivida, cada rayo de sol, cada minuto de vida, cada desafío. Con miedo… ¿a qué? ¿Acaso hay alguien en este mundo que debería tener menos miedo a lo que la vida le depare?
 
Preludio
Ya sabéis que últimamente sólo escribo cuando abandono Barcelona para volver unos días a casa. Mi portátil sigue roto, arramblado en un rincón de casa, me da pereza llevarlo a arreglar (especialmente si el servicio técnico va a enviarlo a Irlanda, sobre todo por envidia - 'yo nunca he estado allí!) aunque luego me lamento por no poder utilizarlo cuando lo necesito o me apetece.

Ahora me voy a cenar con amigos, pero mañana, aprovechando que es fiesta en Barcelona y todavía estaré por aquí, dejaré algo más largo. De momento, os anuncio que me encuentro ante varias encrucijadas, viendo qué camino es el mejor (lo cual es algo difícil de decidir cuando no se sabe a dónde se quiere llegar). Mirando al futuro, un posible cambio de empresa, un posible cambio de país, un posible cambio de vida, incluso una posible relación con una chica... Todo partiendo de un presente que incluye cierto aburrimiento de la ciudad, del trabajo, de la gente del trabajo, y dudas razonables sobre esa posible relación de la que hablaba. Y echando la vista atrás... Lo de siempre, más o menos.

Muchas decisiones que tomar. Y aún antes de planteármelas en serio, ya creo conocer cuáles serían las correctas y cuáles las equivocadas. Pero habrá que planteárselas, claro... Y además, noto ese gusanillo del cambio que tantas veces ha decidido por mí, que me ha llevado a echar a volar incluso sin saber por qué ni para qué, lo noto empezar a actuar, poco a poco...

Mañana más.