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Bajo una palmera
La vida, contemplada a la sombra de mi palmera
Acerca de
Soy un "suresteño" desplazado (voluntariamente) a Barcelona donde llevo mi vida, sin saber bien si estoy en un fin de trayecto o en una parada más en el camino. Mientras lo decido, me siento bajo la palmera que yo mismo he plantado y construido para escribir las cosas que voy viendo, que me van pasando... ¡sin que me dé mucho el sol en la cabeza!
Sindicación
 
Calor y sombra
Hace calor fuera pero hay sombra dentro, afortunadamente. He anticipado la vuelta a casa dado que me han retrasado las vacaciones. Cuando yo soñaba con desparecer de Barcelona lo antes posible, me encuentro con que tendré que hacer una semana extra. Y no será de trámite. Al contrario, será de máxima exigencia. Obviamente, las vacaciones son como una etapa de montaña del Tour de Francia: la llegada está en la cima, nunca después de una bajada. Imagino que es lógico que sea así.

Cuando algún día deje mi empresa, y especialmente si lo hago para cambiar de trabajo, sabré que durante el tiempo que lo he estado siempre al límite: al límite de la exigencia, al límite de la presión, al límite del esfuerzo... Espero poder decir que, en general, estuve a la altura de las expectativas y, sobre todo, de mi propia capacidad. Incluso si tuve dudas sobre si ése era el trabajo que quería hacer, no dejé que las mismas me distrajeran o me relajaran. Y en cualquier caso, sé que en muchos campos he avanzado. Hoy soy más ordenado, más decidido, más resolutivo, más trabajador, más perfeccionista, más exigente.

Lo digo porque, cuando me planteo cambiar de vida y de aire, me gusta pensar que esta experiencia no ha sido desaprovechada. No creo en una vida dentro de los límites de la comodidad. No apruebo someterme a la tranquilidad de disminuir la exigencia y el reto a cambio de cumplir sobradamente y sin despeinarse. Sé que vivir de nuevo en mi ciudad o simplemente cambiar a una empresa dos o tres peldaños por debajo de la mía significaría acabar con la sensación de angustia, de nervios, de duda en la que me encuentro muchas veces a lo largo de mis días. Pero también sé que me acabaría sintiendo como un cobarde y un débil. Pese al sufrimiento, a la humillación, al cansancio, a la soledad, hay algo dentro de mí que me lleva a querer jugar siempre en el territorio enemigo, en inferioridad numérica, con las circunstancias en contra.

Tal vez tenga algo que ver con que se me da mejor sobrevivir que vivir. O con que tengo más mentalidad de "conseguidor" que de "aplastador". Llego al sitio que me propongo discretamente, sin hacer ruido ni fanfarria, sin dominar ni machacar. No me siento cómodo en la posición del rey victorioso.

Y sin embargo, muchas veces no me lo creo, quiero ser lo que no soy, porque en el fondo creo que podría serlo. Podría llevar el traje del "gran triunfador", no el disfraz del "tapado con suerte".

Tal vez deba empezar a diferenciar caras de caretas, aunque los demás no sean capaces de hacerlo.

Tal vez empiezo a necesitar un plan en serio... Un proyecto de futuro. Un nuevo reto.

P.D.: ¿Os ha pasado que tenéis que tomar una decisión y no sabéis lo que queréis? ¿Y os ha pasado que decís "si no tuviese esta y aquella limitación, haría esto... pero..."? A mí me pasa. Le doy vueltas a mi futuro y no sé qué hacer. Pero si pienso, "si no tuviera la limitación del dinero, si no tuviese dudas sobre lo que acabaré haciendo, haría esto y aquello...". Y entonces, me doy cuenta de que no tengo por qué temer al futuro ni a las limitaciones.

Entonces, me quedo cara a cara con la dura realidad: sé lo que quiero hacer, pero no me atrevo a hacerlo, y busco resquicios para evitarlo.