Falling short, going down
Me he quedado sin gasolina. Después de dos (¿tres?) años corriendo, echando todo lo que fuese medianamente combustible para que las calderas se mantuvieran encendidas, ya no encuentro nada para seguir adelante. Ni siquiera el futuro...
Algo estaré haciendo mal. El coche es estupendo, el motor, potente, la carretera está vacía, todos los semáforos en verde. Lástima que el piloto sea tan poco inteligente y no haya sabido cuidar la máquina.
Algo estaré haciendo mal. El coche es estupendo, el motor, potente, la carretera está vacía, todos los semáforos en verde. Lástima que el piloto sea tan poco inteligente y no haya sabido cuidar la máquina.
Un salto en la oscuridad
Hace tiempo que no escribo, y es que las últimas semanas me han dejado poco tiempo para reflexionar y descansar.
Finalmente me he decidido a anunciar que mi intención es, el año que viene, irme a Estados Unidos a hacer un master. He dado el paso que siempre he querido, que veía natural, lógico y que deseaba dar... y sin embargo eso no lo hace más fácil. En el trabajo se lo han tomado muy bien (un malpensado diría que demasiado bien...) y no me han puesto ninguna traba. Confian en que vuelva aqui dentro de un año y medio.
Pero todavía me queda tiempo en Barcelona: hasta verano seguiré aquí. Me queda tiempo para aprovechar la ciudad, para consolidar las amistades y, en su debido momento, hacer balance y extraer enseñanzas para el futuro.
Aunque la anuncié primero, hay mucha más gente de mi entorno que, tarde o temprano, también hará pública su marcha. Y hay más compañeros todavía a la espera de la oportunidad para cambiar de aires. Aunque parezca mentira, de aquí a un año podré pasearme por el despacho y no conocer a nadie...
Lo cierto es que el día que anuncié que me tengo planes de irme la sensación fue extrañísima. Es verdad que no estoy demasiado ligado a Barcelona. Sólo ahora tengo unos cuantos amigos (algunos de los cuales tal vez dejen la ciudad pronto). Por lo demás, el trabajo ha sido durísimo, extenuante, he estado al límite de mi capacidad, mi estabilidad, muchas veces. Personalmente me he desgastado... físicamente, emocionalmente, también. Y aun así, dejar el paraguas que la empresa representa me dejó fuera de juego. De pronto, todo lo que había construido en dos años parecía no valer nada: he pasado de ser uno de los más valorados en mi categoría a uno que se irá y quién sabe si volverá... con todo lo que eso conlleva.
Pero ha sido mi decisión. Yo he preferido buscar nuevos horizontes en lugar de quedarme en territorio conocido y (más o menos) conquistado. No es la primera vez que tengo la sensación de currarme algo y luego, en lugar de aprovechar los beneficios que eso da y que me he ganado, cambio de aires y pierdo lo acumulado. Sin embargo, creo que si bien renuncio a algunas cosas, me llevo muchas otras conmigo, aunque sean o parezcan intangibles.
Así que ahora lo que necesito es centrarme, sacar adelante las solicitudes, tener suerte... y después, hacer recapitulación y fijar objetivos para el futuro que viene. No quiero ir a tontas y locas esta vez... al contrario: quiero que esta próxima experiencia no me deje el poso de la decepción y la sensación de haberla desaprovechado.
Pero aún queda tiempo para eso. Hasta entonces, he de aprovechar lo que tengo.
Finalmente me he decidido a anunciar que mi intención es, el año que viene, irme a Estados Unidos a hacer un master. He dado el paso que siempre he querido, que veía natural, lógico y que deseaba dar... y sin embargo eso no lo hace más fácil. En el trabajo se lo han tomado muy bien (un malpensado diría que demasiado bien...) y no me han puesto ninguna traba. Confian en que vuelva aqui dentro de un año y medio.
Pero todavía me queda tiempo en Barcelona: hasta verano seguiré aquí. Me queda tiempo para aprovechar la ciudad, para consolidar las amistades y, en su debido momento, hacer balance y extraer enseñanzas para el futuro.
Aunque la anuncié primero, hay mucha más gente de mi entorno que, tarde o temprano, también hará pública su marcha. Y hay más compañeros todavía a la espera de la oportunidad para cambiar de aires. Aunque parezca mentira, de aquí a un año podré pasearme por el despacho y no conocer a nadie...
Lo cierto es que el día que anuncié que me tengo planes de irme la sensación fue extrañísima. Es verdad que no estoy demasiado ligado a Barcelona. Sólo ahora tengo unos cuantos amigos (algunos de los cuales tal vez dejen la ciudad pronto). Por lo demás, el trabajo ha sido durísimo, extenuante, he estado al límite de mi capacidad, mi estabilidad, muchas veces. Personalmente me he desgastado... físicamente, emocionalmente, también. Y aun así, dejar el paraguas que la empresa representa me dejó fuera de juego. De pronto, todo lo que había construido en dos años parecía no valer nada: he pasado de ser uno de los más valorados en mi categoría a uno que se irá y quién sabe si volverá... con todo lo que eso conlleva.
Pero ha sido mi decisión. Yo he preferido buscar nuevos horizontes en lugar de quedarme en territorio conocido y (más o menos) conquistado. No es la primera vez que tengo la sensación de currarme algo y luego, en lugar de aprovechar los beneficios que eso da y que me he ganado, cambio de aires y pierdo lo acumulado. Sin embargo, creo que si bien renuncio a algunas cosas, me llevo muchas otras conmigo, aunque sean o parezcan intangibles.
Así que ahora lo que necesito es centrarme, sacar adelante las solicitudes, tener suerte... y después, hacer recapitulación y fijar objetivos para el futuro que viene. No quiero ir a tontas y locas esta vez... al contrario: quiero que esta próxima experiencia no me deje el poso de la decepción y la sensación de haberla desaprovechado.
Pero aún queda tiempo para eso. Hasta entonces, he de aprovechar lo que tengo.





