Breezing through
Las últimas semanas estoy teniendo sensaciones distintas a las que recuerdo en muchos años. De aquí a unos días estáre descubriendo el Nuevo Mundo, y lo haré con una mentalidad bien diferente de la que me ha caracterizado muchas veces en el pasado. El final de este ciclo de tres años ha sido tan brillante, las cosas han acabado encajando de tal manera, y las decisiones arriesgadas han resultado ser tan acertadas, que me he dejado llevar por una euforia tranquila y una confianza como nunca antes había tenido. De pronto me he dado cuenta de las cosas que hago bien, de los valores que tengo, de la suerte que me acompaña, y he empezado a mirar al día a día de otra forma: fijándome en lo bueno, beneficiándome de las casualidades y los rebotes de la vida, no dejando que lo negativo crezca ni dándole mucha importancia, extrayendo conclusiones de lo bueno y lo malo y pasando por encima de los reveses con respeto pero sin rendirme; especialmente, actúo con el convencimiento de que, con determinación, voluntad y confianza, puedo conseguir lo que me proponga, de que la vida me sonríe y que, cuando deje de hacerlo, sé qué tengo que hacer para nadar hasta la próxima orilla.
Dicen que al hacernos mayores perdemos muchas cosas de la niñez como la espontaneidad, la alegría, el buen ánimo... Pero ¿y sin en algunos casos fuese al revés, y precisamente al madurar lo que perdíesemos fueran miedos, inseguridades y pensamientos negativos, y nos abriésemos a un nuevo mundo llenos de energía y con el convencimiento de que podemos hacer que las cosas pasen y de que podemos sobreponernos a cualquier adversidad?
Un nuevo yo. Por fin.
Dicen que al hacernos mayores perdemos muchas cosas de la niñez como la espontaneidad, la alegría, el buen ánimo... Pero ¿y sin en algunos casos fuese al revés, y precisamente al madurar lo que perdíesemos fueran miedos, inseguridades y pensamientos negativos, y nos abriésemos a un nuevo mundo llenos de energía y con el convencimiento de que podemos hacer que las cosas pasen y de que podemos sobreponernos a cualquier adversidad?
Un nuevo yo. Por fin.
El alba de la última noche
Sigo en Barna pero en tiempo añadido, acabando cosas y cerrando la mudanza. No me he acabado de despedir de mis amigos y compañeros, parece que la vida real no es propicia para las despedidas definitivas. En la realidad, decir adiós y volver a encontrarte con la misma persona, o no poder dar ese último adiós a alguien que ha sido importante. Así es la vida.
Pero lo que sí tuve fue una fiesta de despedida mejor de lo que habría imaginado: mis colegas, mis compañeros, mis amigos, unidos y presentes, pasándolo bien, dejando a un lado el stress y los malos rollos del día a día. Y para acabar de completar la noche perfecta, ella hizo su aparición, estuvo ahí, y la noche acabó con nosotros amarrados, disfrutando de cada segundo que pasábamos juntos, dejando atrás frenos, miedos y reservas, entregándonos y dejándonos llevar. Como siempre las circunstancias nos vencen y marcan nuestras vidas, pero me llevo conmigo el recuerdo de la mujer con la sonrisa más luminosa, la mirada más desarmante, los besos más dulces.
La vida sigue, y no nos queda más remedio que seguir con ella; pero hay veces que desearíamos detenerla en un instante, para siempre...
Pero lo que sí tuve fue una fiesta de despedida mejor de lo que habría imaginado: mis colegas, mis compañeros, mis amigos, unidos y presentes, pasándolo bien, dejando a un lado el stress y los malos rollos del día a día. Y para acabar de completar la noche perfecta, ella hizo su aparición, estuvo ahí, y la noche acabó con nosotros amarrados, disfrutando de cada segundo que pasábamos juntos, dejando atrás frenos, miedos y reservas, entregándonos y dejándonos llevar. Como siempre las circunstancias nos vencen y marcan nuestras vidas, pero me llevo conmigo el recuerdo de la mujer con la sonrisa más luminosa, la mirada más desarmante, los besos más dulces.
La vida sigue, y no nos queda más remedio que seguir con ella; pero hay veces que desearíamos detenerla en un instante, para siempre...
Same old mistakes
Hacemos las mismas cosas, cometemos los mismos errores, tenemos aciertos parecidos, actuamos igual ante las mismas señales, nos arrepentimos de las mismas decisiones.
No sólo hay que saber qué es lo correcto... También hay que tener la voluntad para hacerlo.
Si no, es el Día de la marmota, una y otra vez.
No sólo hay que saber qué es lo correcto... También hay que tener la voluntad para hacerlo.
Si no, es el Día de la marmota, una y otra vez.