Due settimane
Aunque parezca mentira, aunque parezca increible, aunque aún no lo tenga asumido... en dos semanas Barcelona pasa al pasado. Bueno, creo que, llegado el momento, no necesitaré mucho tiempo para mentalizarme.
Mientras tanto, hoy ha sido un día lento, con casi todos los compañeros haciendo puente, también la mayoría de los clientes, tranquilidad casi absoluta (tres o cuatro e-mails y dos llamadas de teléfono en todo el día, frente los habituales noventa o cien de los primeros y veinte o treinta de las segundas - en un día normal). He podido trabajar con calma en lo que tenía que hacer, acabarlo, revisarlo, ir a comer durante una hora entera, disfrutar del solecillo, hacer un par de llamadas telefónicas, trabajar un poco más (sólo hasta las ocho y media, frente a las diez o las once habituales), disfrutando de la ausencia de colegas y jefes dando la matraca, interrumpiendo, añadiendo nervios y no dando demasiadas soluciones a nada... Después, he podido ir al supermercado, llamar a un colega, salir a correr por un parque, volver a casa, darme una ducha y ver la tele durante un rato. Y todo sin sentirme ni cansado, ni estresado, ni nada parecido. Creo que podría acostumbrarme a vivir así...
Bah, no, era broma. No podría. ¡La adrenalina desbocada es la chispa de la vida!
Mientras tanto, hoy ha sido un día lento, con casi todos los compañeros haciendo puente, también la mayoría de los clientes, tranquilidad casi absoluta (tres o cuatro e-mails y dos llamadas de teléfono en todo el día, frente los habituales noventa o cien de los primeros y veinte o treinta de las segundas - en un día normal). He podido trabajar con calma en lo que tenía que hacer, acabarlo, revisarlo, ir a comer durante una hora entera, disfrutar del solecillo, hacer un par de llamadas telefónicas, trabajar un poco más (sólo hasta las ocho y media, frente a las diez o las once habituales), disfrutando de la ausencia de colegas y jefes dando la matraca, interrumpiendo, añadiendo nervios y no dando demasiadas soluciones a nada... Después, he podido ir al supermercado, llamar a un colega, salir a correr por un parque, volver a casa, darme una ducha y ver la tele durante un rato. Y todo sin sentirme ni cansado, ni estresado, ni nada parecido. Creo que podría acostumbrarme a vivir así...
Bah, no, era broma. No podría. ¡La adrenalina desbocada es la chispa de la vida!