Un claro en medio de la tormenta
El viernes, hasta las dos de la tarde, fue uno de esos días en que felizmente habría echado la llave a mi puesto de trabajo para no volver jamás. Uno de esos días en que todo el mundo parece volverse loco, los minutos corren, sabes que tienes que tomar un tren a las tres, llueve y el tráfico está imposible, la opción del taxi descartada, el metro no es fiable... Y mientras tanto, el resto de la gente, los jefes, los clientes, los compañeros, parecen conjurarse para robarte el tiempo que tienes para hacer mil cosas a las que se van añadiendo otras dosmil a lo largo de la mañana.
Llamadas, e-mails, revisa este contrato, díme si esto está bien, archiva estas copias, envíame la escritura ya, necesito que hagas estos cambios, esto es urgente, estoy esperando que... A cada mirada al reloj, los minutos que quedan se han reducido peligrosamente, han pasado dos pero se han llevado tres más consigo...
Sin embargo, la adrenalina y el estrés a veces sacan lo mejor de nosotros, o nos dan ese plus de inconsciencia y precipitación que nos empuja a hacer las cosas que no nos atrevemos normalmente. Llegados a ese punto, repentinamente nos encontramos haciendo aquello a lo que le habíamos dado vueltas sin saber cómo hacerlo, aquello que queríamos planificar cuidadosamente. No hemos podido, nos vemos abocados a improvisar, a tirar de inspiración, a parar en medio de la vorágine y aparentar calma y resolución cuando sólo hay precipitación, nervios y dudas.
Así, a las dos menos cuarto, cuando ya empezaba a dudar de que llegaría a tiempo y me veía pasando el puente en BCN en vez de en mi tierra natal con mi familia y amigos, cuando todavía tenía cosas por resolver, miré el reloj, busqué su número en la web y la llamé. No había tiempo para rodeos ni vacilaciones.
"¡Hola! ¿Te habías olvidado de mí?" "Iba a llamarte esta tarde" "No estoy esta tarde... Me voy... ¿Qué tal la semana que viene?" "Claro, te mando un e-mail con lo que me pediste..." "No, mejor me paso y te invito a un café a cambio del favor, y me cuentas" "Como quieras, pero no hace falta..." "Bueno, es justo, tengo que devolverte el favor... y además salgo ganando, sólo es un café" "Como quieras, pero no lo hagas por obligación, yo lo hago encantada..." "De obligación nada, al contrario... Entonces, ¿te llamo la semana que viene y me explicas?" "Claro, llámame, te mandaré un e-mail de todas formas" "Como quieras, el miércoles hablamos y tomamos ese café" "Vale" "Buen puente, descansa" "Igualmente, pásalo bien" "¿Qué harás?" "Nada... Nada especial... Estar en casa..." "Es un buen puente para pasarlo mirando por la ventana, viendo llover..."...
Me mordí la lengua para no preguntarle si no tiene un novio con el que pasar cuatro días seguidos sin trabajo... Menos mal.
El caso es que sigo avanzando, poco a poco, sin saber a dónde voy, pero con una extraña intuición de fondo que me dice que merece la pena adentrarse en este territorio desconocido, hasta peligroso, exponerse a campo abierto y ver qué se oculta tras la oscuridad del desconocimiento...
Cuando hago estas cosas (tonterías, diréis, pero no os imaginais cuánto me cuesta dar estos pasos al frente), no me reconozco a mi mismo. Y a veces sé que es mejor así... Cuando me dejo llevar por mi interior, y no por todos los sistemas de autodefensa y cautela que he tejido a lo largo de los años.
Total, gato escaldado, no le importa escaldarse una vez más...
Llamadas, e-mails, revisa este contrato, díme si esto está bien, archiva estas copias, envíame la escritura ya, necesito que hagas estos cambios, esto es urgente, estoy esperando que... A cada mirada al reloj, los minutos que quedan se han reducido peligrosamente, han pasado dos pero se han llevado tres más consigo...
Sin embargo, la adrenalina y el estrés a veces sacan lo mejor de nosotros, o nos dan ese plus de inconsciencia y precipitación que nos empuja a hacer las cosas que no nos atrevemos normalmente. Llegados a ese punto, repentinamente nos encontramos haciendo aquello a lo que le habíamos dado vueltas sin saber cómo hacerlo, aquello que queríamos planificar cuidadosamente. No hemos podido, nos vemos abocados a improvisar, a tirar de inspiración, a parar en medio de la vorágine y aparentar calma y resolución cuando sólo hay precipitación, nervios y dudas.
Así, a las dos menos cuarto, cuando ya empezaba a dudar de que llegaría a tiempo y me veía pasando el puente en BCN en vez de en mi tierra natal con mi familia y amigos, cuando todavía tenía cosas por resolver, miré el reloj, busqué su número en la web y la llamé. No había tiempo para rodeos ni vacilaciones.
"¡Hola! ¿Te habías olvidado de mí?" "Iba a llamarte esta tarde" "No estoy esta tarde... Me voy... ¿Qué tal la semana que viene?" "Claro, te mando un e-mail con lo que me pediste..." "No, mejor me paso y te invito a un café a cambio del favor, y me cuentas" "Como quieras, pero no hace falta..." "Bueno, es justo, tengo que devolverte el favor... y además salgo ganando, sólo es un café" "Como quieras, pero no lo hagas por obligación, yo lo hago encantada..." "De obligación nada, al contrario... Entonces, ¿te llamo la semana que viene y me explicas?" "Claro, llámame, te mandaré un e-mail de todas formas" "Como quieras, el miércoles hablamos y tomamos ese café" "Vale" "Buen puente, descansa" "Igualmente, pásalo bien" "¿Qué harás?" "Nada... Nada especial... Estar en casa..." "Es un buen puente para pasarlo mirando por la ventana, viendo llover..."...
Me mordí la lengua para no preguntarle si no tiene un novio con el que pasar cuatro días seguidos sin trabajo... Menos mal.
El caso es que sigo avanzando, poco a poco, sin saber a dónde voy, pero con una extraña intuición de fondo que me dice que merece la pena adentrarse en este territorio desconocido, hasta peligroso, exponerse a campo abierto y ver qué se oculta tras la oscuridad del desconocimiento...
Cuando hago estas cosas (tonterías, diréis, pero no os imaginais cuánto me cuesta dar estos pasos al frente), no me reconozco a mi mismo. Y a veces sé que es mejor así... Cuando me dejo llevar por mi interior, y no por todos los sistemas de autodefensa y cautela que he tejido a lo largo de los años.
Total, gato escaldado, no le importa escaldarse una vez más...
Comentario:
Me encanta verte asi, ver como te dejas llevar por un instante de locura y te adentras en ese territorio!! mucha suerte!! :)
besitos niño!!
besitos niño!!





