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Bajo una palmera
La vida, contemplada a la sombra de mi palmera
Acerca de
Soy un "suresteño" desplazado (voluntariamente) a Barcelona donde llevo mi vida, sin saber bien si estoy en un fin de trayecto o en una parada más en el camino. Mientras lo decido, me siento bajo la palmera que yo mismo he plantado y construido para escribir las cosas que voy viendo, que me van pasando... ¡sin que me dé mucho el sol en la cabeza!
Sindicación
 
Running to stand still
De vuelta en casa y en mi ciudad, aunque a veces no me da esa sensación sino otra distinta. Usaré un símil tenístico, sabéis que me encantan. Recuerdo cuando empecé a ir a clases de tenis hace ya algunos años. Como el ser humano medio, mi idea de golpear la bola de revés era pegarle cortado, dando un hachazo de arriba abajo, con el que más o menos conseguía devolver la bola de un lado al otro de la pista sin que fuese demasiado lejos. Mi profe, Cristina, tenía una idea distinta de cómo se debe golpear de revés (lo mejor que dijo nunca del cortado fue "golpe de dominguero") y me prohibió usarlo. Desde entonces, sólo tenía el liftado, mucho más agresivo, elegante y útil. Pues, durante el periodo de transición, no tenía ni uno ni otro, ni cortado ni liftado, y básicamente no podía golpear la bola de revés. Después, con tiempo y dedicación, llegué a tener un práctico y bastante efectivo revés liftado, incluso recuperé el cortado (hay que usarlo según qué situación) y hasta en ocasiones el revés fue mi golpe "fuerte" (lo cual habla a las claras de lo patética que es mi derecha, claro).

Bueno, esos tiempos pasaron y ahora, tras dos años sin jugar al tenis, puedo decir que soy igual de malo con una que con otra. Desgraciadamente, el nivelazo que cogí jugando cada tres o cuatro días en Varsovia se ha hundido en el mar como el Titanic. Así es la vida.

Tanta palabrería y ni siquiera he empezado a hablar de lo que quiero hablar... He vuelto a mi casa, a mi ciudad, con la mitad de mi familia, todos mis amigos y hasta "el" perro (no le llamo "mi" por honradez, ya que es de mi hermana, quien le cuida, y yo sólo le veo ocasionalmente, aunque nos lo pasamos pipa> jugando). Por supuesto, mis amigos, mi (ahora ya no tanto) guardia pretoriana, se lanzaron en picado sobre la carnaza que venía prometiéndoles desde hace un par de semanillas. Al fin y al cabo, ahora mismo sólo hay tres personas a las que les cuento libremente éstas y otras cosas, aunque seguramente si estos “dos más uno” se juntaran se darían cuenta de que las versiones que les llegan a unos y a la otra difieren ligeramente, no tanto en el fondo como en el enfoque.

A lo que iba, les hablé de las dos chicas que actualmente ocupan mis pensamientos. Ya lo sé, suena deleznable decir esto porque suena a que estoy jugando a dos bandas, cuando en realidad no es así, o al menos me digo que no es así (votos a favor y en contra, usad la caja de comentarios, ¡gracias!). El caso es que tenemos a la Musa, de quien ya he hablado bastante estos días (ver los posts anteriores para más información). Pero es que, además, la última semana apareció en escena otra chica. ¿Quién? Pues (como no) otra compañera de trabajo. Empezó a currar en mi oficina en septiembre y cuando entró lo cierto es que causó sensación, porque es muy guapa. A primera vista, me pareció guapa y algo estirada. Después, había hablado con ella algunas veces y mi percepción fue cambiando: ya no me parece tan atractiva en términos estrictamente físicos pero a cambio ya no creo que sea estirada, al contrario, diría que es muy maja, inteligente y buena persona. Claro que apenas había hablado con ella cuatro o cinco veces, lo más curioso es que más de una de esas ocasiones fue a iniciativa suya.

Pues bien, el finde pasado salí con unos amigos y me la encontré en un bar. Mis amigos ya iban más que pasados de vueltas y se encaramaron a una tarima a bailar, lo cual aproveché para hablar con ella y con otros compañeros de la oficina con los que estaba. Mis amigos se disgregaron y a las 5 am no quedaba ni rastro de la expedición, así que decidí volver a casa. Ella también y, dado que somos casi vecinos, compartimos taxi y de paso la acompañé hasta su portal. Estuvimos hablando animadamente (todo lo animadamente que se puede a esas horas, vamos), y después nos despedimos cuando un colega, taja perdido, me llamó para contarme cómo le había ido la noche (práctica habitual entre la panda de vampiros a la que pertenezco - ¡viva la era de las telecomunicaciones!).

El caso es que no le di ni una vuelta al tema porque tenía la cabeza en otras cosas y de hecho aquel día ni se me pasó por la cabeza “atacar”, así que ni busqué excusa para pedirle el número ni para quedar otro día ni nada parecido. Igualmente, ni el lunes ni el martes supe nada de ella ni yo tomé iniciativa alguna. Y aquí es cuando viene la sorpresa: el miércoles, espontáneamente, me mandó un e-mail para saber qué es de mi vida, qué iba a hacer el finde y darme las gracias por haberla acompañado a casa.

Vale, un e-mail así no tiene por qué significar nada pero sería bobo descartarlo como una posible señal de que puede haber un “posible interés” y, por qué no, una invitación a conocernos un poquillo más y ver qué pasa. Ni más ni menos. No soy un creído ni un flipado (creo) pero tampoco nací ayer. El caso es que esta posibilidad, que yo jamás había concebido por inverosímil y (no lo negaré) porque la chica nunca me había “convencido” demasiado (al margen de lo dicho, que es guapa y simpática…), pues ahora se ha planteado, y no precisamente a iniciativa mía.

Total, que, expuestos los hechos a mis amigachos, su veredicto fue el que sigue: la Musa no se entera de nada, tiene pinta de estar cero interesada o de no enterarse de que no es casualidad que la esté “buscando” e inventándome excusas para tomar cafés con ellas con los pretextos más peregrinos. De lo cual ellos deducen que o bien la chica no está por la labor o bien la chica es tan tímida y/o “naif” que una eventual relación con ella sería de lo más aburrido (la teoría de mis amigotes se asienta sobre la base de que, con lo movidas que han sido mis relaciones pasadas, salir con una chica a la que la invito a café dos veces y no parece enterarse de qué va el tema me va a decepcionar por puro aburrida). Sin embargo, la otra compañera les parece mucho más interesante: una chica maja, guapa, inteligente y con la iniciativa suficiente como para dar un primer paso pese a mi falta de interés. Según ellos no es tanto por lo que aquel “contacto” pueda tener de “bengala” sino por lo que dice de la chica en sí.

En resumen, éstas son las aportaciones de mis dos mejores amigos, quienes obviamente no ven por mis ojos ni oyen por mis oídos, ni mucho menos sienten por mi corazón ni piensan por mi cabeza, pero que son gente en la que confío y que sé que, con mayor o menor acierto, me dan su opinión de forma desinteresada y sincera.

Lo cierto es que le he dado unas cuantas vueltas al tema y no he cambiado mucho mi opinión: con lo poco que conozco a una y a otra, la Musa me sigue pareciendo más interesante y “el cuerpo” (vale, el corazón) me pide más conocerla a ella. No sé si la chica es tan ingenua o tan aburrida como ellos la ven (sin conocerla) y al fin y al cabo es mi vida y debo tomar mis decisiones, basadas en datos y elementos que no es posible explicar ni transferir a otra gente. Pero puede que tengan una parte de razón, aunque aún no veo claro en qué.

Y ésta (la del párrafo anterior) es mi conclusión. Las cosas siguen igual, y el miércoles o el viernes me gustaría ir a tomar un café con ella y conocerla un poquito más, aunque todo indique que ella ni se acerca ni se aleja, y que seré yo quien deba dar todos los pasos, por su timidez, su desinterés o lo que sea. Y, al mismo tiempo, me parecería bobo dejar pasar la oportunidad de conocer a la otra, ver qué hay más allá de las cuatro o cinco conversaciones que hemos tenido y de ese e-mail repentino y sorprendente.

La otra persona en quien más confío, y cuyos consejos suelen ser más certeros y ajustados que los de los otros dos, me decía hace unos días que cuando alguien te llama la atención has de salir de tu refugio e ir a conocerla, porque podrías perderte grandes cosas. Además, conocer a una persona es un camino que nunca sabemos a dónde nos acabará llevando: tal vez invitas a alguien a café pensando que puede ser el amor de tu vida y acabas encontrando a ese gran amor, o a una buena amiga, o una persona francamente aburrida; y al revés: una persona que nos deja indiferentes de primeras puede esconder alguien a quien amar… o, por qué no, alguien que nos caiga mal. ¿Quién se atreve a leer el futuro?

Así que aquí estoy, contándoos estas cosas y contándomelas a mí mismo, dándole vueltas a unas bobadas para acabar en el mismo punto en que empecé. Por supuesto, vuestras opiniones (y sé que el contenido de este post puede suscitarlas no muy favorables) son siempre bienvenidas… porque a veces uno tiene la sensación de perder la objetividad, y entonces es como verse arrastrado por un río… sin darse cuenta de lo que está pasando en realidad.

Iba a contar más cosas, principalmente sobre mi alarmante falta de personalidad, voluntad y capacidad para estar a la altura de las expectativas que despierto en la gente (imagino que muchos de estos detalles ya los habréis notado, simplemente leyendo este post) pero creo que eso ya sería crueldad intolerable. ¡El ladrillazo de hoy ya ha sido suficiente castigo!
 
Comentario:
Me encantaria asistir a una de esas reuniones de chicos!! La verdad es que está bien tener gente que se interesa por ti y te intenta ayudar aunque luego tu elijas tu propio camino... sigue por donde creas que debes hacerlo, sigue a tu corazón...
Besitos niño!!
En un momentin me pongo al dia!! me ha encantado lo de Varsovia, tengo unas ganas de ir... :D
No