Al otro extremo
En realidad sí habían coincido en la misma ciudad, aunque no fue durante mucho tiempo. Él sólo llevaba unas semanas, ella toda la vida, pero más o menos cuando él había decidido quedarse ella había dado el paso que la habría de llevar lejos. Incluso habían hablado, siempre por teléfono, motivos profesionales, o tal vez no, sólo habían intercambiado uno de esos e-mails tan formales y asépticos de los que cada uno envíaba y recibía cientos al día.
Aunque lo cierto es que ni toda la frialdad del mundo, aplicada a un teclado de ordenador, puede evitar que un poco de nosotros se vaya con nuestros mensajes, sean del tipo que sea. Las palabras no se eligen al azar, los signos de admiración no se cuelan inadvertidos, los puntos no se multiplican solos para dejar abierta y soñadora una frase que debería ser cerrada y segura de sí misma... Eso les había llamado la atención al uno sobre el otro.
Eso fue antes de que ellos se separaran sin haber estado nunca juntos.
Después, pasó el tiempo, hasta que un día, hubo una llamada. Profesional, como todos aquellos otros e-mails. Pero de lo profesional saltaron a una broma, a un qué tal, a un qué haces trabajando a estas horas, a un qué harás en vacaciones... salpicados de bromas cómplices, de giros levemente descarados, de algún que otro comentario que parecía querer ir un poco más lejos. Incluso dejaban escapar algún silencio en el que los dos parecían quedarse pesando, ensimismados, juntos pero distantes, contemplando un mismo punto invisible en la distancia.
Pero, tal vez todo esto sólo era producto de la imaginación, de la falta de datos, de realidad, de unos ojos a los que mirar, unos gestos que intepretar, una presencia frente a la que reaccionar. Tal vez los puntos eran muy pocos y la linea que los unía, demasiado libre y caprichosa.
Además, estaban lejos. No se conocían, ni se conocerían, ni harían nada para hacerlo. Eso conllevaría preguntas tontas, problemas innecesarios, preocupaciones que no deseaban. ¿Para qué preguntarle qué te alejó de aquí? ¿Por qué querer saber qué te empujó hasta allí?
Así, podían permitirse soñar, aunque sólo fuese diez minutos cada uno o dos meses, siempre con una excusa profesional, con esa voz trasparente y lo que tras ella se ocultaba...
Aunque lo cierto es que ni toda la frialdad del mundo, aplicada a un teclado de ordenador, puede evitar que un poco de nosotros se vaya con nuestros mensajes, sean del tipo que sea. Las palabras no se eligen al azar, los signos de admiración no se cuelan inadvertidos, los puntos no se multiplican solos para dejar abierta y soñadora una frase que debería ser cerrada y segura de sí misma... Eso les había llamado la atención al uno sobre el otro.
Eso fue antes de que ellos se separaran sin haber estado nunca juntos.
Después, pasó el tiempo, hasta que un día, hubo una llamada. Profesional, como todos aquellos otros e-mails. Pero de lo profesional saltaron a una broma, a un qué tal, a un qué haces trabajando a estas horas, a un qué harás en vacaciones... salpicados de bromas cómplices, de giros levemente descarados, de algún que otro comentario que parecía querer ir un poco más lejos. Incluso dejaban escapar algún silencio en el que los dos parecían quedarse pesando, ensimismados, juntos pero distantes, contemplando un mismo punto invisible en la distancia.
Pero, tal vez todo esto sólo era producto de la imaginación, de la falta de datos, de realidad, de unos ojos a los que mirar, unos gestos que intepretar, una presencia frente a la que reaccionar. Tal vez los puntos eran muy pocos y la linea que los unía, demasiado libre y caprichosa.
Además, estaban lejos. No se conocían, ni se conocerían, ni harían nada para hacerlo. Eso conllevaría preguntas tontas, problemas innecesarios, preocupaciones que no deseaban. ¿Para qué preguntarle qué te alejó de aquí? ¿Por qué querer saber qué te empujó hasta allí?
Así, podían permitirse soñar, aunque sólo fuese diez minutos cada uno o dos meses, siempre con una excusa profesional, con esa voz trasparente y lo que tras ella se ocultaba...
Comentario:
Lua: Es cierto... es "el elogio de la sombra", la oscuridad que envuelve y realza la belleza... Por cierto, ¡es un libro que tal vez te gustaría!
Bea: ¿Y podemos saber por dónde no?
Brisa: Desearlo... y atreverse.
¡Un beso!
Bea: ¿Y podemos saber por dónde no?
Brisa: Desearlo... y atreverse.
¡Un beso!
Comentario:
- Para que ser entendida cuando se puede causar confusión?
- Para que exponer nuestra simpleza si se puede fingir sofisticación?
- Para que dar respuestas y arruinar curiosidades preciosas?
- Nunca se satisface la imaginación que alimenta una pregunta, solo se decepciona.
- Siempre se es más en lo que no se es que siendo.
Dark kisses
- Para que exponer nuestra simpleza si se puede fingir sofisticación?
- Para que dar respuestas y arruinar curiosidades preciosas?
- Nunca se satisface la imaginación que alimenta una pregunta, solo se decepciona.
- Siempre se es más en lo que no se es que siendo.
Dark kisses
Comentario:
nunca se sabe por dónde llegará el amor.
Comentario:
Y es que a veces uno se siente unido por alguna razón a otra persona aunque no la conozca en persona, que a otros a quien ve cada día. A veces la línea que separa las distancias es tan corta que solo hay que desear traspasarla.
Besos :)
Besos :)





