Miedo al miedo
Tal vez tenga que hacer frente al hecho de que hay cosas que nos hacen más daño del que podríamos sospechar o admitir. A lo mejor parte de las malas sensaciones que tengo cuando me relaciono con el mundo en general y con ciertas personas en particular provienen de algo en concreto y no en abstracto. Siempre he querido agradar, tal vez por una necesidad de sentirme aceptado y caer bien he forzado las situaciones y las relaciones, evitando conflictos y cediendo más y más.
Pero veo claro que el hecho de salir con una persona tan hipersensible como era Mónica, capaz de enfadarse y convertir en una tragedia cualquier palabra, gesto, omisión o el mero atisbo de cualquiera de todas las anteriores me dejó marcado. Con Mónica vivía en un estado de miedo permanente, causado por la sensación de irracionalidad de sus estados de ánimo. Cualquier cosa podía molestarla o agradarle, nunca se podía saber qué acto daría lugar a cuál reacción. No sé qué parte de culpa era suya y cual era mía: seguramente se juntaron el hambre y las ganas de comer. Tal vez una personalidad insegura y una personalidad generadora de inseguridad se combinaron de la peor forma posible.
Desde entonces, temo que cualquier cosa que haga o diga pueda molestar a los demás, a la gente con la que me relaciono, y hacerles dejarme de lado. Es como jugar al tenis pasando la bola veinte metros por encima de la red: tengo tanto miedo a que los golpes vayan a la red que salen por encima de la valla.
Tal vez ha llegado la hora de ir a mi bola, hacer lo que tenga que hacer y aceptar las reacciones de la gente, sean buenas o malas. Dejar de nadar guardando la ropa, de ir y no ir, de tener miedo al miedo. Otras veces lo he hecho: he dicho lo que pensaba francamente, sin tapujos, y eso me granjeó admiración, comprensión, también rechazo y enemistad. Aunque, curiosamente, la reacción fue, muchas veces, de un respeto e incluso un interés mucho mayor del que habría imaginado, incluso entre la gente que no compartía mis ideas.
En efecto, hubo una época así... ¡y qué época! En algunas cosas, mucho mejor que ésta... una edad dorada.
No dejo de lado otro hecho que tal vez sea explicación de mi conducta: tal vez simplemente mi miedo a la hipersensibilidad de los demás se explique en mi propia hipersensibilidad. Tengo miedo de dañar a la gente con cosas ridículas simplemente porque esas mismas cosas sí me harían daño a mí.
Por lo demás, me han vuelto a posponer la evaluación, que será, en teoría, mañana. Creo que me ofreceré para un eventual traslado a otra oficina (Nueva York, Londres), aunque seguramente no sería inmediato (tal vez un año). He pensado que la mejor oportunidad será, seguramente, la que efectivamente tenga. Y ésa será la que tenga que aprovechar...
Además, si mientras tanto surgen otras posibilidades, bienvenidas sean. Y si no, puestos a dejar el tiempo correr, que sea en Manhattan. Por pedir...
Pero veo claro que el hecho de salir con una persona tan hipersensible como era Mónica, capaz de enfadarse y convertir en una tragedia cualquier palabra, gesto, omisión o el mero atisbo de cualquiera de todas las anteriores me dejó marcado. Con Mónica vivía en un estado de miedo permanente, causado por la sensación de irracionalidad de sus estados de ánimo. Cualquier cosa podía molestarla o agradarle, nunca se podía saber qué acto daría lugar a cuál reacción. No sé qué parte de culpa era suya y cual era mía: seguramente se juntaron el hambre y las ganas de comer. Tal vez una personalidad insegura y una personalidad generadora de inseguridad se combinaron de la peor forma posible.
Desde entonces, temo que cualquier cosa que haga o diga pueda molestar a los demás, a la gente con la que me relaciono, y hacerles dejarme de lado. Es como jugar al tenis pasando la bola veinte metros por encima de la red: tengo tanto miedo a que los golpes vayan a la red que salen por encima de la valla.
Tal vez ha llegado la hora de ir a mi bola, hacer lo que tenga que hacer y aceptar las reacciones de la gente, sean buenas o malas. Dejar de nadar guardando la ropa, de ir y no ir, de tener miedo al miedo. Otras veces lo he hecho: he dicho lo que pensaba francamente, sin tapujos, y eso me granjeó admiración, comprensión, también rechazo y enemistad. Aunque, curiosamente, la reacción fue, muchas veces, de un respeto e incluso un interés mucho mayor del que habría imaginado, incluso entre la gente que no compartía mis ideas.
En efecto, hubo una época así... ¡y qué época! En algunas cosas, mucho mejor que ésta... una edad dorada.
No dejo de lado otro hecho que tal vez sea explicación de mi conducta: tal vez simplemente mi miedo a la hipersensibilidad de los demás se explique en mi propia hipersensibilidad. Tengo miedo de dañar a la gente con cosas ridículas simplemente porque esas mismas cosas sí me harían daño a mí.
Por lo demás, me han vuelto a posponer la evaluación, que será, en teoría, mañana. Creo que me ofreceré para un eventual traslado a otra oficina (Nueva York, Londres), aunque seguramente no sería inmediato (tal vez un año). He pensado que la mejor oportunidad será, seguramente, la que efectivamente tenga. Y ésa será la que tenga que aprovechar...
Además, si mientras tanto surgen otras posibilidades, bienvenidas sean. Y si no, puestos a dejar el tiempo correr, que sea en Manhattan. Por pedir...
Comentario:
supongo que siempre nos gusta caer bien a los demás, sentirnos integrados con la gente... pero hay veces que eso no puede ser, que no sale de nosotros y que simplemente dejamos de tener miedo al ¿y si...? haz lo que sientas niño, sino te sale una sonrisa no la fuerces... y como te vayas a Manhattan ya me tienes alli en la puerta durmiendo aunque sea en el felpudo :P
un beso enoooorme niño!!
un beso enoooorme niño!!