logotipo

img_google
Bajo una palmera
La vida, contemplada a la sombra de mi palmera
Acerca de
Soy un "suresteño" desplazado (voluntariamente) a Barcelona donde llevo mi vida, sin saber bien si estoy en un fin de trayecto o en una parada más en el camino. Mientras lo decido, me siento bajo la palmera que yo mismo he plantado y construido para escribir las cosas que voy viendo, que me van pasando... ¡sin que me dé mucho el sol en la cabeza!
Sindicación
 
El fin de los años de plomo
Llueve a cántaros y el cielo se rompe en relámpagos y truenos sobre Barcelona. Los tres días de fiesta se han esfumado haciendo turismo y descansando, trabajando y vagueando, pensando y recordando. Ha llegado el vértice de la semana, la próxima apunta por levante, llegando desde el mar, pero ya no tengo miedo a los lunes.

Ya he escrito sobre cómo ha pasado el tiempo desde un año hasta hoy, y cómo todo ha girado sobre su propio eje, y lo que antes era negro ahora es blanco. De la soledad, el desconocimiento, el sentimiento de inutilidad, de no poder seguir el ritmo, de luchar contra el océano, ahora me veo rodeado de gente, habituado a mi ambiente, feliz en mi trabajo, capaz de sobreponerme a las dificultades.

Hasta ahora, han sido meses, incluso diría años, de luchar en una trinchera llena de lodo, de navegar bajo la lluvia helada, de atravesar desiertos, sólo con algunas pocas treguas, algo de sol, algún oasis aislado.

Sin embargo, en los últimos días me han llovido las felicitaciones, he tenido planes para dar y tomar, me he sorprendido a mí mismo disfrutando de lo que hago... Algo que, acertaba una amiga, quién me lo iba a decir hace un año. Y dudo que ella pueda hacerse idea de lo perdido y atrapado por las dudas que llegué a estar. Tal vez ahora empiece a vislumbrar el puerto que buscaba cuando decidí partir, sin brújula, ni cartas, ni pertrechos, ni experiencia.

Ahora ya no tengo miedo a los lunes, ni a las oportunidades perdidas, ni a los fantasmas del pasado. Algunos siguen ahí, como cicatrices sobre mi piel, pero ya no duelen. Ahora viene lo mejor. El pasado sólo es el borrador de lo que haremos en el futuro. Tanto por recorrer todavía...

Por primera vez en mucho tiempo (tal vez en siete años) siento que el viento sopla a mi favor. Han sido muchos días de andar contra él, de cobijarme, de retroceder, de querer cambiar de rumbo. Ahora he creado mi espacio donde estoy cómodo, a gusto, donde todo funciona como es debido. Ha sido una tarea ardua. Ha merecido la pena. Y lo cierto es que apenas lo he visto llegar.

Por supuesto, todo tiene sus efectos colaterales. De un tiempo a esta parte la idea de seguir vagando por el mundo no me parece tan imprescindible. Tal vez por fin haya empezado a encontrar algo a lo que pertenecer, un sitio donde estar, algo de lo que sentirme orgulloso. Pero creo que, al menos hoy por hoy, no tendré que decidir entre seguir andando o quedarme donde estoy. Todo llegará. Y será decidido a su debido tiempo.

Pero en el fondo, me temo que es inevitable: creado un círculo de seguridad, un espacio de tranquilidad, nos adocenamos y no queremos que nada cambie en él. No queremos acercar a él nada que pueda alterarlo, amenazarlo, destruirlo. Sabemos que las cosas no permanecen como son ahora indefinidamente, y que obstinarse en no aceptar la necesidad del cambio sólo sirve para impedir que nos adaptemos y perdamos lo que tenemos, como arena entre los dedos.

Por eso, habrá que seguir en movimiento. Por eso, habrá que estar dispuesto a recoger los trastos y marcharse cuando haya que hacerlo. Y a no dormirse en los laureles. Y a decidir con corazón y cabeza qué es lo que necesito, e ir a por ello, aunque tenga que abandonar la comodidad de mi palacio de seguridades y adentrarme en la jungla de la duda y el riesgo a la derrota...

Toda esta filosofía... simplemente porque no me decido a invitarla a cenar...

Y es que, con lo bien que se está en mi Partenon, ¿quién querría salir y exponerse a la lluvia y los rayos, con la que está cayendo?
 
Comentario:
Clara: tengo claro que aferrarse a las cosas, estrujarlas en la palma de la mano, sólo sirve para que se deshagan como arena entre los dedos; y que hemos de superar el instinto atávico de desear que nada cambie, para que todo cambie y haciéndolo, siga igual (¡de bien!).

Hemos de estar en constante movimiento. Es algo que siempre he tenido claro... O tal vez sólo me movía porque no estaba a gusto donde me encontraba... ¡Aún lo sé muy bien, ya te contaré!

Gracias por tu visita :)

Beu: Todo vuelve a su cauce, aunque encauzarlo cueste tanto esfuerzo que parezca el de secar un lago a cucharadas. Pero fijándonos en cada cucharada llena de agua, parece más fácil y asequible que mirando todo lo que queda por secar...

Vamos, ¡que paso a paso se recorre mucho camino! Gracias por compartirlo.

¡Besos a las dos!

P.D.: Respecto a ella... Supongo que habrá que escribir algún post...
 
Comentario:
al final todo vuelve a su cauce y las cosas empiezan a salir bien.

respecto a ella, a que esperas? no tienes nada que perder
 
Comentario:
Hola Alejandro! ¿Y no has pensado que tal vez no te estarias exponiendo a lluvia y rayos sino a algo que mejorara ese bienestar? No soy de las que se lanzan a la aventura (y te admiro por ser capaz de coger tus cosas y marcharte a otro lugar lejos de todo lo que habias conocido) y precisamente por eso sé que no hay nada peor que arrepentirte de no haber hecho algo. Si aceptas un humilde consejo: si de verdad te interesa ella... arriesgate :D

Gracias por tu visita!!

Un beso!!

No