Escenas de un retorno temporal
Vuelta a la ciudad, vuelta a casa, a la familia y a los amigos, a las calles conocidas aunque cambiantes, a los ambientes en que antes me movía y ahora me veo como un actor que se equivocara y apareciese, en el tercer acto, en el escenario del primero. Unos días de descanso que saben a poco y que incluso me llevan a pensar que a veces sería mejor no descansar. Encontrar el equilibrio requiere un esfuerzo constante que incluye, entre otras mil cosas, vencer esa clase de pensamientos. Pero a veces es difícil…
Vuelta a la ciudad y vuelta de tuerca a viejos dilemas existenciales. Empiezo a estar cansado de Barcelona, del trabajo, pero he encontrado gasolina que me ayude a seguir adelante en los planes de futuro. Estados Unidos a medio plazo. Pasar allí mínimo seis meses, seguramente un año, tal vez más. Y, una vez allí, hacer rodar los dados de nuevo. Tal vez establecerme allí, tal vez volver pero a otra ciudad. Lo que tengo claro es que, al menos en el terreno de las ideas, no soy capaz de mirar hacia delante y ver sólo una sucesión ilimitada de días prácticamente iguales entre ellos mismos. El cuerpo y la mente me piden cambio, de lugar, de ambiente, de gente. Y sólo la promesa de cambios en un plazo relativamente corto de tiempo hace que el cuerpo y la mente se relajen, aunque sigan vigilantes de que cumpla mis promesas.
Sin duda, estos planes significan seguir escalando en mi carrera profesional. Pero, en lo personal, me ronda, como una mosca incómoda, la idea de que estos pasos, igual que otros que di en el pasado, sean una huida hacia delante. O tal vez ni siquiera sean una huida, sino simplemente el resultado de haberle despojado al plano personal toda su importancia a la hora de tomar decisiones. En realidad, no tendría por qué hacerlo. No hay nadie a quien esté ligado actualmente, no existe ninguna mujer a la que tenga que consultar o a la que mis planes pudieran afectar. Y eso es algo que, hasta cierto punto, he buscado yo. No he querido limitarme ni que me limiten. Y, a día de hoy, esto es así.
Pero ahora vuelvo a la ciudad y, de forma casual en un caso, deliberada en otro, me encuentro haciendo frente a mi pasado y dándome cuenta de que tal vez pese más de lo que yo mismo quiero admitir. Casual fue el encuentro con una persona con la que estuve saliendo. Inevitable fue hablar con ella y descubrir que la atracción sigue existiendo, pese al paso del tiempo. Atracción recíproca, quiero decir. Ya ha pasado mucho desde que me dijo que yo era su gran asignatura pendiente… Y cuando estoy allí, frente a frente, pienso que es alguien con quien podría compartir el tiempo, con quien podría plantearme iniciar un camino en común. Y recuerdo que ella es una de las cosas a las que renuncié cuando decidí “exiliarme” y buscar mi camino solo y lejos. Y pienso que más vale que ese camino merezca la pena de las renuncias y los sacrificios que estoy haciendo.
Luego, una vez que no la tengo delante, y no me hechiza su mirada de esmeralda, ni sus dulces gestos, ni sus suaves palabras, ni lo estupenda que es (no es poco para un hechizo) me doy cuenta de que las cosas, así, están bien. Porque, sí, ella es estupenda, y podríamos hacer una buena pareja, y hasta me atrevo a decir que ella querría que lo intentásemos, y recuerdo que fui yo el que no quiso hacerlo, por eso de la distancia y el futuro incierto. Pero también me doy cuenta de que no la quiero tanto, no me gusta tanto, de que el 100% de compatibilidad que tenemos no se traduce en que prenda una chispa duradera ni sincera. Tendría que ser, todo estaría a favor de que lo sea, pero no lo es. Entonces me acuerdo de que ya he pasado por esto, de que ya me he dado cuenta de esto antes, y me digo que las cosas están bien así, aunque ella me diga que soy su gran asignatura pendiente y a mí me encante perderme en su mirada.
Pero el destino es cruelmente justo y al día siguiente me encuentro sentado en el lado opuesto de la mesa. Enfrente, esa chica de la que me enamoré hace ya tanto tiempo, aquella chica que se enamoró de mí, aquella chica a la que dejé, aquella chica a la que quise recuperar, aquella chica de la que, tanto tiempo después sigo enamorado. Ahora, reconvertidos en grandes amigos, nos encontramos periódicamente y hablamos frecuentemente. Ella me cuenta cosas de su ciudad, de sus amigos, de su trabajo, de su novio. Yo le cuento cosas de mi ciudad, de mi trabajo, de mis amigos. Ella me confiesa que quiere volver a nuestra ciudad común. Yo le cuento que sigo hacia delante con mi vida profesional, desatado de la personal, y me planteo si es en realidad una huida hacia delante. Me pregunto en voz alta si todas las metas que alcance en lo profesional me darán la felicidad en lo personal, y en silencio me respondo que tengo muchas dudas al respecto. Ella me pregunta que qué quiero. Yo pierdo la mirada y respondo que llegar muy lejos. Secretamente pienso que cambiaría mi éxito profesional, mis perspectivas de futuro, el sueño americano, por volver a su lado, por volver a aquel amor que yo mismo cercené sin que yo mismo sepa por qué. ¿Lo entenderé algún día?
No sé qué me deparará el futuro. Tengo un secreto sueño de que algún día una pirueta del destino vuelva a colocar todo en su sitio, y que las piezas que hoy están desordenadas y no encajan lo hagan después de seguir removiéndolas. Espero que algún día vea la lógica diáfana en lo que hoy me parecen elementos sin sentido. Y que los acontecimientos creen las circunstancias para que las cosas sean como sueño que lo sean. Pero de momento no lo son. A veces creo ver indicios de que tal vez así lo sea algún día. Pero esos son sólo algunos arbolitos en un bosque mucho más grande que me dice que, hasta donde la vista alcanza, nuestros destinos siguen caminos separados y no hay ninguna intención de que se junten.
De momento sigo con mi vida como si todo lo anterior no existiera. Sigo alejándome de ella en lugar de ir a su encuentro, sigo callando lo que en mi interior resuena con fuerza cada vez que la veo. Me dejo llevar a veces por el absurdo de que haciendo todo lo contrario de lo que la lógica indica que tendría que hacer para volver con ella, algún día podré volver con ella (dicho de otra forma, me abandono al destino y confío en que él quiera lo que yo quiero y haga lo que yo no hago); otras veces me dejo llevar por aquella estupenda frase, “la vida no es justa, sólo es más justa que la muerte”, y me doy cuenta de que tuve mi oportunidad, la reventé, y que no merezco una segunda.
En cualquier caso, de momento sigo mi vida hacia delante. ¿Huyendo? No lo sé. Sólo sé, hoy por hoy, que he decido encerrar todos esos sentimientos con siete llaves. De momento, sólo puedo esperar. Esperar y disfrutar de su amistad. Lo cual, dicho sea de paso, es una de las mejores cosas que tengo y, de paso, una de esas siete cerraduras, la más fuerte y resistente de todas. Porque perder esa amistad (otra vez) no lo justificaría ni siquiera el amor que pueda sentir por ella.
Vuelta a la ciudad y vuelta de tuerca a viejos dilemas existenciales. Empiezo a estar cansado de Barcelona, del trabajo, pero he encontrado gasolina que me ayude a seguir adelante en los planes de futuro. Estados Unidos a medio plazo. Pasar allí mínimo seis meses, seguramente un año, tal vez más. Y, una vez allí, hacer rodar los dados de nuevo. Tal vez establecerme allí, tal vez volver pero a otra ciudad. Lo que tengo claro es que, al menos en el terreno de las ideas, no soy capaz de mirar hacia delante y ver sólo una sucesión ilimitada de días prácticamente iguales entre ellos mismos. El cuerpo y la mente me piden cambio, de lugar, de ambiente, de gente. Y sólo la promesa de cambios en un plazo relativamente corto de tiempo hace que el cuerpo y la mente se relajen, aunque sigan vigilantes de que cumpla mis promesas.
Sin duda, estos planes significan seguir escalando en mi carrera profesional. Pero, en lo personal, me ronda, como una mosca incómoda, la idea de que estos pasos, igual que otros que di en el pasado, sean una huida hacia delante. O tal vez ni siquiera sean una huida, sino simplemente el resultado de haberle despojado al plano personal toda su importancia a la hora de tomar decisiones. En realidad, no tendría por qué hacerlo. No hay nadie a quien esté ligado actualmente, no existe ninguna mujer a la que tenga que consultar o a la que mis planes pudieran afectar. Y eso es algo que, hasta cierto punto, he buscado yo. No he querido limitarme ni que me limiten. Y, a día de hoy, esto es así.
Pero ahora vuelvo a la ciudad y, de forma casual en un caso, deliberada en otro, me encuentro haciendo frente a mi pasado y dándome cuenta de que tal vez pese más de lo que yo mismo quiero admitir. Casual fue el encuentro con una persona con la que estuve saliendo. Inevitable fue hablar con ella y descubrir que la atracción sigue existiendo, pese al paso del tiempo. Atracción recíproca, quiero decir. Ya ha pasado mucho desde que me dijo que yo era su gran asignatura pendiente… Y cuando estoy allí, frente a frente, pienso que es alguien con quien podría compartir el tiempo, con quien podría plantearme iniciar un camino en común. Y recuerdo que ella es una de las cosas a las que renuncié cuando decidí “exiliarme” y buscar mi camino solo y lejos. Y pienso que más vale que ese camino merezca la pena de las renuncias y los sacrificios que estoy haciendo.
Luego, una vez que no la tengo delante, y no me hechiza su mirada de esmeralda, ni sus dulces gestos, ni sus suaves palabras, ni lo estupenda que es (no es poco para un hechizo) me doy cuenta de que las cosas, así, están bien. Porque, sí, ella es estupenda, y podríamos hacer una buena pareja, y hasta me atrevo a decir que ella querría que lo intentásemos, y recuerdo que fui yo el que no quiso hacerlo, por eso de la distancia y el futuro incierto. Pero también me doy cuenta de que no la quiero tanto, no me gusta tanto, de que el 100% de compatibilidad que tenemos no se traduce en que prenda una chispa duradera ni sincera. Tendría que ser, todo estaría a favor de que lo sea, pero no lo es. Entonces me acuerdo de que ya he pasado por esto, de que ya me he dado cuenta de esto antes, y me digo que las cosas están bien así, aunque ella me diga que soy su gran asignatura pendiente y a mí me encante perderme en su mirada.
Pero el destino es cruelmente justo y al día siguiente me encuentro sentado en el lado opuesto de la mesa. Enfrente, esa chica de la que me enamoré hace ya tanto tiempo, aquella chica que se enamoró de mí, aquella chica a la que dejé, aquella chica a la que quise recuperar, aquella chica de la que, tanto tiempo después sigo enamorado. Ahora, reconvertidos en grandes amigos, nos encontramos periódicamente y hablamos frecuentemente. Ella me cuenta cosas de su ciudad, de sus amigos, de su trabajo, de su novio. Yo le cuento cosas de mi ciudad, de mi trabajo, de mis amigos. Ella me confiesa que quiere volver a nuestra ciudad común. Yo le cuento que sigo hacia delante con mi vida profesional, desatado de la personal, y me planteo si es en realidad una huida hacia delante. Me pregunto en voz alta si todas las metas que alcance en lo profesional me darán la felicidad en lo personal, y en silencio me respondo que tengo muchas dudas al respecto. Ella me pregunta que qué quiero. Yo pierdo la mirada y respondo que llegar muy lejos. Secretamente pienso que cambiaría mi éxito profesional, mis perspectivas de futuro, el sueño americano, por volver a su lado, por volver a aquel amor que yo mismo cercené sin que yo mismo sepa por qué. ¿Lo entenderé algún día?
No sé qué me deparará el futuro. Tengo un secreto sueño de que algún día una pirueta del destino vuelva a colocar todo en su sitio, y que las piezas que hoy están desordenadas y no encajan lo hagan después de seguir removiéndolas. Espero que algún día vea la lógica diáfana en lo que hoy me parecen elementos sin sentido. Y que los acontecimientos creen las circunstancias para que las cosas sean como sueño que lo sean. Pero de momento no lo son. A veces creo ver indicios de que tal vez así lo sea algún día. Pero esos son sólo algunos arbolitos en un bosque mucho más grande que me dice que, hasta donde la vista alcanza, nuestros destinos siguen caminos separados y no hay ninguna intención de que se junten.
De momento sigo con mi vida como si todo lo anterior no existiera. Sigo alejándome de ella en lugar de ir a su encuentro, sigo callando lo que en mi interior resuena con fuerza cada vez que la veo. Me dejo llevar a veces por el absurdo de que haciendo todo lo contrario de lo que la lógica indica que tendría que hacer para volver con ella, algún día podré volver con ella (dicho de otra forma, me abandono al destino y confío en que él quiera lo que yo quiero y haga lo que yo no hago); otras veces me dejo llevar por aquella estupenda frase, “la vida no es justa, sólo es más justa que la muerte”, y me doy cuenta de que tuve mi oportunidad, la reventé, y que no merezco una segunda.
En cualquier caso, de momento sigo mi vida hacia delante. ¿Huyendo? No lo sé. Sólo sé, hoy por hoy, que he decido encerrar todos esos sentimientos con siete llaves. De momento, sólo puedo esperar. Esperar y disfrutar de su amistad. Lo cual, dicho sea de paso, es una de las mejores cosas que tengo y, de paso, una de esas siete cerraduras, la más fuerte y resistente de todas. Porque perder esa amistad (otra vez) no lo justificaría ni siquiera el amor que pueda sentir por ella.
Comentario:
como estas niño? todo bien?
solo pasaba a dejarte un besito! muak!!
solo pasaba a dejarte un besito! muak!!
Comentario:
Un beso antiolvidoooo¡¡
Comentario:
ains niño... estos post tuyos... a veces te animaria como brisa a dejarte llevar y decirselo todo, pero otras... pienso que no es el mejor momento, que quizas acabarias destrozado... no se, no se...que difidil es todo esto...
solo se que tampoco es bueno que te centres tanto en el trabajo, que en el fondo creo que es tu via de escape y que si sigues llenando esa caja, un dia tendra tantas cosas dentro que estallará y no habrá vuelta atrás...
un abrazo enorme peque!! y miles de besitos!!y vuelve pronto!!
solo se que tampoco es bueno que te centres tanto en el trabajo, que en el fondo creo que es tu via de escape y que si sigues llenando esa caja, un dia tendra tantas cosas dentro que estallará y no habrá vuelta atrás...
un abrazo enorme peque!! y miles de besitos!!y vuelve pronto!!
Comentario:
Brisa,
No creas que lo he pensado... Pero en la vida, como en el tenis, hay que saber cuando hay que ir a por el punto, cuando hay que mantener la bola en juego; cuando merece la pena correr, cuando es imposible llegar; cuando hay que arriesgarse y lanzarse a la red, cuando es mejor defenderse desde la línea de fondo...
Y aunque nos podemos equivocar, lo bueno es que después de cada punto perdido, de cada set perdido, incluso después de cada partido perdido... ¡Hay otros que jugar!
Besos,
Ale
No creas que lo he pensado... Pero en la vida, como en el tenis, hay que saber cuando hay que ir a por el punto, cuando hay que mantener la bola en juego; cuando merece la pena correr, cuando es imposible llegar; cuando hay que arriesgarse y lanzarse a la red, cuando es mejor defenderse desde la línea de fondo...
Y aunque nos podemos equivocar, lo bueno es que después de cada punto perdido, de cada set perdido, incluso después de cada partido perdido... ¡Hay otros que jugar!
Besos,
Ale
Comentario:
Mientras te leía he pensado, que pasaría si le dijeras lo que sientes? la vida te puede ayudar, pero es como pedir que te toque la lotería sin comprar un número...
Igual deberías dar un pequeño paso, a lo mejor ella piensa lo mismo que tú y siente lo mismo. Y tambíen espera.. esperar a veces solo hace que desesperar.
Un fuerte abrazo, que el amor te llene de éxito, estoy segura de que en lo profesional siempre llegarás lejos. Atreveté¡¡ :) Sí?
Igual deberías dar un pequeño paso, a lo mejor ella piensa lo mismo que tú y siente lo mismo. Y tambíen espera.. esperar a veces solo hace que desesperar.
Un fuerte abrazo, que el amor te llene de éxito, estoy segura de que en lo profesional siempre llegarás lejos. Atreveté¡¡ :) Sí?





