Alea jacta est ("¡que vuelen alto los dados!")
Me falta un "London walking (y III)" por escribir, para acabar de contar mi paso por Londres, y algún otro para contar cosas de mi viaje a Kenia. No me apetece escribir sobre la llamada de C., que no llegó a concretarse en una cita (incompatibilidad de agendas...), ni sobre otros "encuentros" casuales con personas de mi pasado porque me da la sensación de que sólo me sirve para alimentar fantasmas quee está mejor dejar enterrados. Y a lo mejor me lanzo con algún tema nuevo... Pero todo eso tendrá que ser en otro momento.
Esta noche sólo doy la avanzadilla del que será el gran tema del año, y que son mis planes de futuro. Creo que ya conté, pero de forma muy confusa e incomprensible, que mi empresa me había ofrecido irme a trabajar un año a USA. En realidad, esto era un premio y un compromiso: premio porque era una buena oportunidad de irme a "descansar trabajando" allí, fuera del stress de Barcelona y viviendo bien, con horarios y buen sueldo, un año. Compromiso porque me ataba, al menos a corto y medio plazo, a mi empresa, y también a la ciudad, cerrando la puerta a otros planes más largos y más interesantes fuera (obviamente) de mi empresa y la ciudad.
Lo cierto es que era una gran oportunidad que llegaba en el momento de mayor cansancio y agotamiento de dos años vividos intensamente, al menos en lo profesional. La recompensa a muchos fines de semana trabajando, muchas noches sin dormir, muchos nervios y preocupaciones. Y sin embargo, la intuición primero, el corazón después y la cabeza por último me han llevado a rechazar esa opción.
¿Los motivos? Ya los he apuntado: creo que puedo tener opciones mejores en el futuro, si me pongo a ello. Creo que este camino era de corto recorrido, ida y vuelta sin más. Creo que me esperan horizontes más lejanos.
Pero no es sólo eso. También creo que hay algo en mi interior que me lleva siempre a buscar una nueva meta en cuanto he superado la anterior. Imagino que el hecho de que me plantearan como un premio esta oportunidad hizo saltar mi "alarma de comodidad". Fue como decir, ¡eh! Oficialmente, ya has alcanzado tus metas en Barcelona: tienes el reconocimiento de tus jefes, has hecho un buen trabajo, todo está encauzado. Y entonces sale esa vena mía, la que me lleva siempre a huir hacia adelante, que dice "entonces, levántate, busca un nuevo objetivo, y a por él". Es parte de mi personalidad.
No creo que el afan de superación tenga nada de malo. Al contrario, es algo fenomenal. Sí que es verdad que a veces resulta paradójico pensar que, después de trabajar duro para alcanzar una meta, rechace los premios que ésta me ofrece y simplemente la use como plataforma para lanzarme a por la siguiente. Como un peldaño sólo lleva a otro peldaño, no me siento cómodo si me quedo parado en uno. Aunque sé que si lo hiciera estaría muy bien, cómodo, disfrutando de la vista, suficientemente alto, y sin necesidad de seguir mirando hacia arriba y de preocuparme de continuar la escalada.
La verdadera cuestión es si esto es un camino hacia delante un una huida hacia delante. Eso nunca lo he sabido bien. Tal vez el verdadero desafío sería triunfar en mi tierra, entre mi gente, en la ciudad que me ha visto nacer, y en realidad esa persecución de metas más lejanas y más altas no sea más que la increiblemente compleja y difícil excusa para no hacerle frente. Tal vez al final de este camino no me lleve a ningún sitio. Tal vez simplemente siga subiendo porque de hecho hay un camino que sube. Pero tal vez más arriba no sea mejor, e ir más lejos no suponga estar más satisfecho.
Y es que por más cotas que he superado eso nunca me ha llenado totalmente por dentro... Dice mi amiga A. que soy la persona más autoexigente que conoce, que nunca estoy contento con lo que hago ni me parece suficientemente bien. Es estúpido alcanzar más y más metas y que éstas no me llenen. O cambio las metas, o me dejo llenar por ellas.
A lo mejor la explicación es más sencilla, y no he tenido sino una forma de "miedo al compromiso", no con una persona sino con una organización, una empresa. El que habría representado aceptar este gran premio. Y por eso lo rechazo y, acto y seguido, me vuelvo a poner a pensar en echarme a la carretera, irme y volver a empezar de cero en otro lugar. Como si lo que hubiera hecho hasta ahora ya no fuese suficiente; incluso si para otros,sólo llegar aquí y poder quedarse ya sería más que suficiente... Pero yo no soy "otros", para bien y para mal.
Sólo sé que, por lo que he rechazado y por lo que voy a acometer, ésta ha sido seguramente la decisión más importante y arriesgada que he tenido que tomar. Sólo sé que, la última vez que tomé la decisión de romper con lo que ya daba por hecho, pese a que fuese muy bueno, y de salir a buscar algo mejor, me perdí por el camino y aún hoy me arrepiento. Son decisiones muy difíciles y que sólo sabré si fueron correctas desde la distancia.
Pero también otras veces me he arriesgado y ha salido bien. Que una vez no fuese así no es excusa para la cobardía. Tal vez ha llegado la hora de fijarme más en mis logros y aciertos y no tanto en los errores y fracasos. Voy a necesitar toda mi confianza para la tarea. Y, quien sabe, tal vez cuando llegue al destino entienda por qué hice el camino que a veces me pareció sin sentido, como elegido a ciegas.
En cualquier caso, lo que quería decir es que he vuelto a cruzar un Rubicón: en menos de un año, Barcelona y lo que ella encierra será otro capítulo cerrado.
P.D.: Los versos del post anterior son del poema "If", de Rudyard Kipling: http://www.kipling.org.uk/poems_if.htm
Esta noche sólo doy la avanzadilla del que será el gran tema del año, y que son mis planes de futuro. Creo que ya conté, pero de forma muy confusa e incomprensible, que mi empresa me había ofrecido irme a trabajar un año a USA. En realidad, esto era un premio y un compromiso: premio porque era una buena oportunidad de irme a "descansar trabajando" allí, fuera del stress de Barcelona y viviendo bien, con horarios y buen sueldo, un año. Compromiso porque me ataba, al menos a corto y medio plazo, a mi empresa, y también a la ciudad, cerrando la puerta a otros planes más largos y más interesantes fuera (obviamente) de mi empresa y la ciudad.
Lo cierto es que era una gran oportunidad que llegaba en el momento de mayor cansancio y agotamiento de dos años vividos intensamente, al menos en lo profesional. La recompensa a muchos fines de semana trabajando, muchas noches sin dormir, muchos nervios y preocupaciones. Y sin embargo, la intuición primero, el corazón después y la cabeza por último me han llevado a rechazar esa opción.
¿Los motivos? Ya los he apuntado: creo que puedo tener opciones mejores en el futuro, si me pongo a ello. Creo que este camino era de corto recorrido, ida y vuelta sin más. Creo que me esperan horizontes más lejanos.
Pero no es sólo eso. También creo que hay algo en mi interior que me lleva siempre a buscar una nueva meta en cuanto he superado la anterior. Imagino que el hecho de que me plantearan como un premio esta oportunidad hizo saltar mi "alarma de comodidad". Fue como decir, ¡eh! Oficialmente, ya has alcanzado tus metas en Barcelona: tienes el reconocimiento de tus jefes, has hecho un buen trabajo, todo está encauzado. Y entonces sale esa vena mía, la que me lleva siempre a huir hacia adelante, que dice "entonces, levántate, busca un nuevo objetivo, y a por él". Es parte de mi personalidad.
No creo que el afan de superación tenga nada de malo. Al contrario, es algo fenomenal. Sí que es verdad que a veces resulta paradójico pensar que, después de trabajar duro para alcanzar una meta, rechace los premios que ésta me ofrece y simplemente la use como plataforma para lanzarme a por la siguiente. Como un peldaño sólo lleva a otro peldaño, no me siento cómodo si me quedo parado en uno. Aunque sé que si lo hiciera estaría muy bien, cómodo, disfrutando de la vista, suficientemente alto, y sin necesidad de seguir mirando hacia arriba y de preocuparme de continuar la escalada.
La verdadera cuestión es si esto es un camino hacia delante un una huida hacia delante. Eso nunca lo he sabido bien. Tal vez el verdadero desafío sería triunfar en mi tierra, entre mi gente, en la ciudad que me ha visto nacer, y en realidad esa persecución de metas más lejanas y más altas no sea más que la increiblemente compleja y difícil excusa para no hacerle frente. Tal vez al final de este camino no me lleve a ningún sitio. Tal vez simplemente siga subiendo porque de hecho hay un camino que sube. Pero tal vez más arriba no sea mejor, e ir más lejos no suponga estar más satisfecho.
Y es que por más cotas que he superado eso nunca me ha llenado totalmente por dentro... Dice mi amiga A. que soy la persona más autoexigente que conoce, que nunca estoy contento con lo que hago ni me parece suficientemente bien. Es estúpido alcanzar más y más metas y que éstas no me llenen. O cambio las metas, o me dejo llenar por ellas.
A lo mejor la explicación es más sencilla, y no he tenido sino una forma de "miedo al compromiso", no con una persona sino con una organización, una empresa. El que habría representado aceptar este gran premio. Y por eso lo rechazo y, acto y seguido, me vuelvo a poner a pensar en echarme a la carretera, irme y volver a empezar de cero en otro lugar. Como si lo que hubiera hecho hasta ahora ya no fuese suficiente; incluso si para otros,sólo llegar aquí y poder quedarse ya sería más que suficiente... Pero yo no soy "otros", para bien y para mal.
Sólo sé que, por lo que he rechazado y por lo que voy a acometer, ésta ha sido seguramente la decisión más importante y arriesgada que he tenido que tomar. Sólo sé que, la última vez que tomé la decisión de romper con lo que ya daba por hecho, pese a que fuese muy bueno, y de salir a buscar algo mejor, me perdí por el camino y aún hoy me arrepiento. Son decisiones muy difíciles y que sólo sabré si fueron correctas desde la distancia.
Pero también otras veces me he arriesgado y ha salido bien. Que una vez no fuese así no es excusa para la cobardía. Tal vez ha llegado la hora de fijarme más en mis logros y aciertos y no tanto en los errores y fracasos. Voy a necesitar toda mi confianza para la tarea. Y, quien sabe, tal vez cuando llegue al destino entienda por qué hice el camino que a veces me pareció sin sentido, como elegido a ciegas.
En cualquier caso, lo que quería decir es que he vuelto a cruzar un Rubicón: en menos de un año, Barcelona y lo que ella encierra será otro capítulo cerrado.
P.D.: Los versos del post anterior son del poema "If", de Rudyard Kipling: http://www.kipling.org.uk/poems_if.htm
Comentario:
Buscar nuevas metas, nuevos objetivos esta bien, no conformarse con lo que se ha encontrado... pero llegará un momento en el que te des cuenta de que, sin saber cómo, has encontrado ese sitio de donde no te apetece moverte...
miles de besitos niño y suerte con tu nuevo viaje!
miles de besitos niño y suerte con tu nuevo viaje!
Comentario:
Hacía días que no pasaba por aquí, he estado leyéndote...puff.. me has hecho pensar mucho mientras leía, pensaba que siempre depende de donde pongamos nuestra meta, de que es lo que nos interesa más en la vida. El miedo es un adversario duro, el que más, y creo que quizás lo ideal sería conciliar tú éxito personal con el laboral, a lo mejor lograr el equilibrio en las dos áreas te permite lograr encontrar eso que parece que echas de menos. Ale, me acabo de dar cuenta, de que te hablas de marcharte de mí ciudad y apenas si me he enteradooooo que rapido que pasa todo.
Un besito sigo leyendooo
Un besito sigo leyendooo





