Ya son las dos de la mañana...
... Y no he acabado de hacer lo que tenía que hacer para mañana a las 10. Tocará madrugar una vez más.
Día raro. En cuanto empiezas a creerte algo, a desdibujar tus límites, vuelves a toparte con ellos. La rutina se repite, apoyas en varias patas, las consolidas firmemente, y entonces piensas, ¿por qué no otra más? Y te das cuenta de que sigue débil, y que encima al pasar el peso a ella, se tambalea todo el edificio. A lo mejor es que reparto mal las cargas. Equilibro, siempre equilibrio. Pero tan difícil de obtener...
El caso es que me doy cuenta de que el camino que quería emprender no me va a llevar a nada bueno. He pasado el día nervioso, tratando de raspar frialdad con la que aplacar la zozobra, tratando de decidir lo que no puedo tener claro nunca. A lo mejor es verdad que hay que hacerlo y luego créerselo (en el fondo, siempre es así) pero no sé. Simplemente, no sé.
Tal vez conocerla, invitarla a tomar algo, descubrir si somos compatibles y poder descansar el uno el el otro fuese maravilloso, o tal vez no. Pero me doy cuenta de que la mera idea de intentarlo desata una serie de malignos resortes psicológicos en mí que me bloquean y desestabilizan. Todos los fantasmas vuelven a aflorar y amenazan con encantar no sólo la hipotética relación sino también todo lo demás. Un campo sembrado de minas por mí mismo. Cualquier idea, cualquier iniciativa, se convierte en una partida de ajedrez perdida en tres, a lo sumo cuatro, movimientos. Una partida jugada dentro de mi cabeza, por mí contra mí. Mover las piezas es superfluo. Intentar otra jugada es imposible. Vencer no existe.
Por tanto, he decidido seguir adelante como si nada hubiese pasado, ni siquiera (especialmente) por mi mente. Seguiré adelante mi camino, mirando de reojo este oasis al que me podría haber acercado, sin saber si era real o pura ilusión.
Y por lo demás, todo bien, salvo que a veces me veo incapaz de mantener mis planes, mis pensamientos, mis ideas, coherentes con mis actos innatos. Siempre jugando contra mí mismo.
¡Eh! ¡Templanza! ¡Sentido común! ¡Prudencia! ¿Estáis por ahí? ¡Volved!
P.D.: En medio del terremoto, eché de menos a una persona y no pude resistir decírselo, al menos que hubiese querido siquiera chatear con ella esta noche. Y aunque era imposible, ella misma lo dijo, al final acudió a la cita. Quería hablarle de lo que he dicho antes... pero no quise estropearlo todo. No lo hice. Cada vez me cuesta más sacar mis sentimientos a la superficie... ¿pero acaso no es eso lo que siempre había anhelado?
Además, sé lo que me habría dicho... la verdad... ¡justo lo que no quería oir!
Día raro. En cuanto empiezas a creerte algo, a desdibujar tus límites, vuelves a toparte con ellos. La rutina se repite, apoyas en varias patas, las consolidas firmemente, y entonces piensas, ¿por qué no otra más? Y te das cuenta de que sigue débil, y que encima al pasar el peso a ella, se tambalea todo el edificio. A lo mejor es que reparto mal las cargas. Equilibro, siempre equilibrio. Pero tan difícil de obtener...
El caso es que me doy cuenta de que el camino que quería emprender no me va a llevar a nada bueno. He pasado el día nervioso, tratando de raspar frialdad con la que aplacar la zozobra, tratando de decidir lo que no puedo tener claro nunca. A lo mejor es verdad que hay que hacerlo y luego créerselo (en el fondo, siempre es así) pero no sé. Simplemente, no sé.
Tal vez conocerla, invitarla a tomar algo, descubrir si somos compatibles y poder descansar el uno el el otro fuese maravilloso, o tal vez no. Pero me doy cuenta de que la mera idea de intentarlo desata una serie de malignos resortes psicológicos en mí que me bloquean y desestabilizan. Todos los fantasmas vuelven a aflorar y amenazan con encantar no sólo la hipotética relación sino también todo lo demás. Un campo sembrado de minas por mí mismo. Cualquier idea, cualquier iniciativa, se convierte en una partida de ajedrez perdida en tres, a lo sumo cuatro, movimientos. Una partida jugada dentro de mi cabeza, por mí contra mí. Mover las piezas es superfluo. Intentar otra jugada es imposible. Vencer no existe.
Por tanto, he decidido seguir adelante como si nada hubiese pasado, ni siquiera (especialmente) por mi mente. Seguiré adelante mi camino, mirando de reojo este oasis al que me podría haber acercado, sin saber si era real o pura ilusión.
Y por lo demás, todo bien, salvo que a veces me veo incapaz de mantener mis planes, mis pensamientos, mis ideas, coherentes con mis actos innatos. Siempre jugando contra mí mismo.
¡Eh! ¡Templanza! ¡Sentido común! ¡Prudencia! ¿Estáis por ahí? ¡Volved!
P.D.: En medio del terremoto, eché de menos a una persona y no pude resistir decírselo, al menos que hubiese querido siquiera chatear con ella esta noche. Y aunque era imposible, ella misma lo dijo, al final acudió a la cita. Quería hablarle de lo que he dicho antes... pero no quise estropearlo todo. No lo hice. Cada vez me cuesta más sacar mis sentimientos a la superficie... ¿pero acaso no es eso lo que siempre había anhelado?
Además, sé lo que me habría dicho... la verdad... ¡justo lo que no quería oir!
Comentario:
Nit, a veces podemos ser enemigos formidables de nosotros mismos.
Pero a veces no... Y entonces, todo funciona mucho mejor...
¡Un beso!
Pero a veces no... Y entonces, todo funciona mucho mejor...
¡Un beso!
Comentario:
Nadie puede vencerte, salvo tú mismo
:*
:*
Comentario:
Me dejas sin respuesta...
Tendré que hacerte caso!
Un beso!
Tendré que hacerte caso!
Un beso!
Comentario:
Ufff!!! sino te arriesgas no pierdes, pero tampoco ganas.
No hagas de tu cuerpo la tumba de tu alma.
Dark kisses
No hagas de tu cuerpo la tumba de tu alma.
Dark kisses





