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Bajo una palmera
La vida, contemplada a la sombra de mi palmera
Acerca de
Soy un "suresteño" desplazado (voluntariamente) a Barcelona donde llevo mi vida, sin saber bien si estoy en un fin de trayecto o en una parada más en el camino. Mientras lo decido, me siento bajo la palmera que yo mismo he plantado y construido para escribir las cosas que voy viendo, que me van pasando... ¡sin que me dé mucho el sol en la cabeza!
Sindicación
 
El día de la marmota
Estoy intentando encontrar tres diferencias entre el día de ayer y el de hoy pero me está costando. A ver si repasando...

Llego al despacho más tarde de lo que quisiera. Otra vez. Me tomo un café. Saludo a un compañero. Me siento a trabajar. Me llama un compañero de otro departamento con una pregunta. La respondo, Me pide que redacte un e-mail en que le repita lo que le he dicho. Lo redacto. Se lo envío. Trabajo un poco. Me voy a Notaría, la misma que el día anterior. Por la calle pienso que no hace frío, ni parece Navidad, ni nada. Recuerdo que debería reservar mesa para cenar con S. en aquel restaurante tan bonito de mi ciudad donde el otro día no pudimos cenar (porque no reservé). Lo dejo pasar. Pienso que la idea de ir a cenar a un sitio romántico con S. es tan bonita como patética, aunque a ella le pareció buena idea. Me acuerdo de que tiene novio desde hace más de dos años y que vive en otra ciudad. Y que fui yo quien la dejó hace... ¿ocho años? Vuelvo al siglo XXI, a mi vida real y, de paso, al despacho. Trabajo un poco más. Chafardeo un poco con un compañero, criticando lo mal que está el trabajo, lo malos que son los jefes, lo malos que son los nuevos compañeros. Sigo trabajando.

A las 14.00 (siempre), recibo un e-mail: "¿Comemos?". Los mismos de siempre copiados en él. "Ok" "Ok" "Ok". Vamos al mismo restaurante que el día anterior, que ya me da hasta asco. He pedido un plato que nunca había tomado porque los bocadillos ya me dan eso, asco. Hablamos de lo mal que está el trabajo, lo malos que son los jefes, lo malos que son los nuevos compañeros. Y de lo liadísimos que estamos. Nos reimos un poco comentando la última tontería que ha pasado, la última equivocación que hemos cometido. Intercambiamos conocimientos técnicos. Vuelta al trabajo.

E-mail: "tenemos que reunirnos y ver esto". El remitente, uno de los seres más subnormales de la galaxia que resulta ser uno de mis suministradores de trabajo habituales, del departamento de fiscal. "A las 17.00". "Ok". Voy para que me pase un tema y de rondón me cuela otro. Encima desprecia mi trabajo (no el mío, el de mi departamento entero). Vuelvo a mi mesa. Me doy un paseo para saludar a mis colegas. No me hacen mucho caso, están ocupados y yo también. Criticamos el despacho, a los jefes, a los nuevos compañeros, a los del departamento de fiscal. Trabajo un poco.

Ya son las 18.00 o así. Un cliente me llama y me pregunta algo que en realidad debería preguntarle al de la ventanilla del banco. "No sé rellenar este formulario". "Yo tampoco. Y hay pocas cosas que me interesen menos que el maldito formulario" (pienso). "Ok, me pongo con ello" (le digo). Le paso la pregunta a uno de otro departamento, por si cuela. Decidimos responderle nuestra opinión pero recomendarle que LO PREGUNTE AL DE LA VENTANILLA DEL BANCO. Llamo de vuelta al cliente, pero ya son las 18.15 y ya han cerrado. Llamo a otro cliente (que encima es excompañero del despacho) para decirle que el error que cometió (ÉL) en un tema no es tan grave como (ÉL) creía. "Estupendo". Y aprovecha para echarme en cara el retraso que llevamos en otro asunto. Pocas cosas podrían importarme menos. Chafardeo un poco. Cruzamos unos e-mails riéndonos del Real Madrid y criticando el despacho, a los jefes, a los nuevos compañeros. Veo unos videos de youtube. Baja un colega y nos reimos viendo los videos de youtube otra vez. Me centro y trabajo un poco más.

Llegan las 22.00. Le mando un e-mail a dos compañeras para ir a cenar (que son las mismas con las que he comido, con las que cené ayer, con las que comí ayer. Sólo falta el otro compañero, pero ya se ha ido a casa). Vamos a cenar al mismo restaurante. Un bocadillo asqueroso. Nos reimos criticando al despacho, a los jefes, a los nuevos compañeros. Una nos dice que, finalmente, deja el despacho mañana. Ya lo sabíamos desde hace algún tiempo, pero es una pena. La conozco desde el día en que entré y encima antes nos sentábamos juntos. Lo hemos pasado mal, bien a veces, hemos discutido e incluso una vez estuvimos un día sin hablarnos. La voy a echar de menos.

Vuelvo a casa. Escribo en el blog. Me quería haber ido a dormir hace un rato pero se me ha hecho tarde.

Creo que salvo algún e-mail que brilla como una bengala de las fiestas en medio de una noche sin estrellas, todo lo demás ha sido igual...
No