Corriendo sin moverse
En breve me voy a la cena de Navidad de mi empresa, la cual me apetece menos que una operación de muelas. Estoy en casa viendo "El Abogado". Ha sido un día frenético... para nada, y en el que el cúmulo de despropósitos ha estado a la altura de alguna de las recetas de Bita...
La verdad es que es un rollo contarla, pero sólo diré que por poco me quedo sin poder solicitar una de las universidades que más me interesan en EEUU... Y todo por apurar los plazos hasta el último día y un fallo electrónico en el servidor de la universidad. Me he pasado el día corriendo, preparando papeles... y he firmado el último documento justo cuando el mensajero salía por la puerta.
Una de las pocas cosas buenas de mi trabajo es que estas cosas pasan casi todos los días. Cuando uno ha pasado unas cuantas veces por la locura de preparar documentos de los que dependen millones de euros en el último minuto, después de haberlos cambiado mil y una veces, con decenas de personas estresadas pidiéndolos incesantemente, normalmente sin haber dormido más de dos horas en semanas y seguro sin haber dormido la noche antes, cuando uno ha pasado por todo eso un par de veces, consigues arriesgarte a echar a perder tu futuro profesional por firmar un documento un minuto tarde sin que te suban las pulsaciones.
Y eso que esta vez ni siquiera se me ha estropeado la impresora, ni el ordenador se ha colgado seis veces seguidas, ni ha habido un apagón en el edificio...





