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lapislázuli
blog para perder mucho tiempo en cosas que importan poco
Acerca de
didi: inmaduro, melancólico y racional
Sindícame!
 
lapislázuli echa el cierre
pues sí. Hoy hace dos años que escribí el primer post en lapislázuli. Después vinieron más de 300, chapitas, definiciones y mucho más. Todo lo que ha rodeado este blog me reconforta un montón.

didi seguirá escribiendo, pero sobre otras cosas. Si queréis saber a dónde me voy, no dejéis de visitar el blog el próximo 9 de noviembre.

Mi nueva idea y el sitio donde estaré, de momento, indefinidamente. Espero que os guste:

esmadriz!


Gracias por leerme y por comentar aquí, de verdad.

Un abrazo gordo a todos!

 
primer día de otoño
aunque la estación empezó hace casi un mes, hoy ha sido el primer día verdaderamente otoñal en Madrid.

Un apañero
dice que los días como hoy le recuerdan a la escuela. Para mí, hoy es un día como de domingo, de andar en calcetines de lana por casa y jugar a las damas y al parchís.

Voy a mojarme un rato a la calle, que apetece.

 
guía práctica para viajar en bus
si alguien pensó alguna vez que viajar en autobús era tan sencillo como llegar a la estación, coger un billete y aparecer en el destino deseado, está muy equivocado. O no.

Para las mentes inquietas que piensan que una acción tan cotidiana esconde trampas insospechadas y trucos altamente satisfactorios, lapislázuli ha elaborado esta miniguía de tres capítulos.

Capítulo 1: la compra del billete.


El momento de adquirir un billete resulta crucial para un viaje, pues determina los compañeros que vas a tener a tu alrededor durante todo el trayecto. Si tan sólo vas a necesitar el autobús durante una hora, la vecindad busera no es tan importante, pero para viajes largos (de 3 a 15 horas), una elección equivocada puede resultar nefasta.

¿Cuándo comprar el billete? En el caso de adquerirlo demasiado pronto, se corre el riesgo de juntarse en la zona de gente-previsora-moñas, que habrán reservado su plaza varios días antes. Si quieres tener unos compañeros de viaje rancios, generalmente personas de la tercera edad, monjas o ejecutivos calculadores, compra tu billete al menos un par de días antes.

Resulta mucho más atractiva la idea de juntarse con los que lo compran a última hora, gente mucho más interesante y de existencia más azarosa (estudiantes y jóvenes en general, además de inmigrantes con problemas de comunicación con el taquillero y que perdieron el bus anterior).

Esta segunda opción es, como hemos dicho, mucho más interesante, pero cuenta con el riesgo de que el viajero en cuestión puede quedarse sin billete por apurar demasiado.

Sin embargo, la llegada de las nuevas tecnologías ha venido a solucionar este problema. Ahora, es posible adquirir la plaza 36 del autobús varios días antes. Eso garantiza que tendrás como pareja a un azaroso (los billetes de pasillo siempre son los últimos que se venden).

Próximo capítulo: la película del autobús

 
los segundones, esos entrañables personajes
desde pequeñito siento auténtica predilección por los segundones*, personajes que estaban a la sombra de la estrella triunfadora y que se dedicaban a mantenerse en un discreto segundo plano mientras el personaje estrella acaparaba todas las miradas.

Esta tendencia, muy influída por el perdedorismo del que adolezco, dejó importantes secuelas en mi infancia. Me explico: cuando jugaba al fútbol, yo no quería ser como Oliver ni como Benji. Mi ídolo en realidad era Bruce Harper, el defensa malo del equipo.



Bruce, a pesar de sus limitaciones técnicas, le ponía mucho esfuerzo y pundonor, y al final siempre conseguía jugar de titular. Claro que ser el segundón de la serie Campeones tiene sus peros y, al final, sus actuaciones más destacadas solían consistir únicamente en parar balones en boca de gol con la cara. Triste pero cierto.

Un caso parecido al de Bruce era mi simpatía por El Chino , amigo de Dan Zeleste, que aparecía habitualmente en Bola de Dan jugando a ese deporte que la serie llamaba balón prisionero y que todo el mundo conocía como campos quemados.

Pero mi influencia más llamativa es la de Los Caballeros del Zodíaco. Cuando todos mis amigos soñaban con repartir a diestro y siniestro los meteoros de Pegaso o soltar la furia del Dragón, yo me sentía identificado con la pose y la actitud de Shun, el caballero de Andrómeda.

Y es que es muy duro de joven elegir al caballero más llorica y con más tendencias homosexuales (como bien apunta Viruete) de la serie. Sin embargo, en teoría era el más poderoso. Una pena que le faltara sangre y le sobraba indolencia.

Por supuesto, mis predilecciones en las series de animación infantil también se trasladaban a la vida real y, más concretamente, al plano sentimental. Es decir, que siempre me acababa gustanto la chica que era amiga de la más popular de clase.

En series de televisión, esa chica se identificaría claramente con Gabrielle, el personaje de Xena, la princesa guerrera. Claro que Gabrielle era segundona, pero estaba bien buena.

* Como en todo, hay excepciones. Las mías respecto a los no segundones de los que soy fan son Indurain y el Real Madrid. Por coherencia, yo debería ser de Perico y del Atleti. En fin.

 
sueño: los espaldas dobladas
iba a decir que no suelo contar mis sueños en el blog, pero repasando me he dado cuenta de que lo he hecho no sólo en una, sino en dos ocasiones.

El caso es que este merece la pena contarlo porque es de los buenos, más por el concepto que ha alumbrado. Me explico:

Estaba yo en mi casa cuando me enteraba de que había sido convocado un concurso sobre dobladores de espalda. Esta disciplina deportiva, que yo desconocía hasta este sueño, consiste en arquear todo lo que se pueda la espalda como si de un bailador de limbo se tratara, sin llegar a perder el equilibrio en ningún momento y sin separar las plantas de los pies del suelo. Sería más o menos así:

El concurso era a nivel local, y los dobladores -todos conocidos míos- apenas podían llegar a formar un ángulo de 90º con su cuerpo.

Lo gracioso del sueño es que el doblamiento de espalda constituía una disciplina atlética con tanto prestigio como los 100 metros lisos, y los campeones locales acudían a competiciones nacionales y, de ahí, a las internacionales, en las que las máximas estrellas llegaban a doblarse tanto que se asemejaban a auténticos bichos bola.

Me he despertado convencido de que alguien habría hecho un concurso de esto alguna vez en este planeta. Seguro.

 
pasatiempos


en algo tenía que ocupar mi tiempo mientras estaba enfermo...