leyendas urbanas: los chinos de Gran Vía
En Madrid existen muchas historias sobre los asiáticos que habitan en esta gran ciudad. Mi preferida (y la única corroborada con mis propios ojos) es la de los chinos que venden comida y bebida en las esquinas de la Gran Vía hasta altas horas de la madrugada.
Para los que seáis de fuera de Madrid y no conozcáis a estos curiosos personajes, he de deciros que se trata de chinos normales (es decir, que tienen ojos rasgados y cierta tendencia a expresarse con monosílabos), que suelen situarse en las esquinas de la calle, acompañados de unas cajas de cartón y –en verano- neveras, de las que sacan bocadillos, envases de aluminio y botellines de agua.
Su función principal es la de alimentar al joven que vuelve a casa –generalmente borracho- y aportar a su organismo unos valiosos nutrientes en forma de hidratos de carbono (arroz o tallarines), que ayudarán a reducir los efectos del alcohol en sangre y a hacer más llevadero el camino de vuelta a casa en autobús.
Sobra decir que, de un tiempo a esta parte, se han hecho indispensables y, aunque el cambio al euro estuvo a punto de acabar con uno de sus clientes (el arroz con gambas pasó de costar 200 pesetas a 2 euros, casi na), se han convertido en una parada obligada para todo aquel que pasea de madrugada por las inmediaciones de esta bonita calle madrileña camino de su hogar.
Pues bien, volviendo al tema que nos ocupa (el de la leyenda), una vez me pregunté de qué manera estos simpáticos personajes se repartirían las esquinas de Gran Vía. Es obvio que hay puestos mejores que otros (véase el cruce con la calle Fuencarral), y supuse que eso podría plantear problemas. Investigué un poco y cuál no sería mi sorpresa al comprobar que el método por el que se adjudicaba cada plaza era más complicado de lo que aparentaba a simple vista.
Cada uno de los chinos que venden comida en las esquinas pertenece a una familia. Hay familias que tienen más y mejores puestos en la Gran Vía. ¿Cómo los consiguen? Muy sencillo: cada familia tiene un luchador (que es chino también), que pelea con el resto de luchadores de las demás familias por las plazas en disputa.
Todos los jueves por la noche combaten desnudos, en la Plaza de España, al final de la Gran Vía. En cuanto a las reglas, no las tengo muy claras, porque la china es una comunidad muy cerrada, y no suelen facilitar ese tipo de datos. Sólo sé que el ganador tiene derecho a quedarse con el puesto durante una semana, por lo que, cuanto más fuerte y habilidoso sea el luchador para mantener los puestos y conseguir a la vez otros nuevos, más comida podrá vender la familia.
Así que, ya sabéis, si vivís en Madrid o lo visitáis algún jueves, no dejéis de pasaros por Plaza de España de madrugada. Es un espectáculo digno de ver.
Para los que seáis de fuera de Madrid y no conozcáis a estos curiosos personajes, he de deciros que se trata de chinos normales (es decir, que tienen ojos rasgados y cierta tendencia a expresarse con monosílabos), que suelen situarse en las esquinas de la calle, acompañados de unas cajas de cartón y –en verano- neveras, de las que sacan bocadillos, envases de aluminio y botellines de agua.
Su función principal es la de alimentar al joven que vuelve a casa –generalmente borracho- y aportar a su organismo unos valiosos nutrientes en forma de hidratos de carbono (arroz o tallarines), que ayudarán a reducir los efectos del alcohol en sangre y a hacer más llevadero el camino de vuelta a casa en autobús.
Sobra decir que, de un tiempo a esta parte, se han hecho indispensables y, aunque el cambio al euro estuvo a punto de acabar con uno de sus clientes (el arroz con gambas pasó de costar 200 pesetas a 2 euros, casi na), se han convertido en una parada obligada para todo aquel que pasea de madrugada por las inmediaciones de esta bonita calle madrileña camino de su hogar.
Pues bien, volviendo al tema que nos ocupa (el de la leyenda), una vez me pregunté de qué manera estos simpáticos personajes se repartirían las esquinas de Gran Vía. Es obvio que hay puestos mejores que otros (véase el cruce con la calle Fuencarral), y supuse que eso podría plantear problemas. Investigué un poco y cuál no sería mi sorpresa al comprobar que el método por el que se adjudicaba cada plaza era más complicado de lo que aparentaba a simple vista.
Cada uno de los chinos que venden comida en las esquinas pertenece a una familia. Hay familias que tienen más y mejores puestos en la Gran Vía. ¿Cómo los consiguen? Muy sencillo: cada familia tiene un luchador (que es chino también), que pelea con el resto de luchadores de las demás familias por las plazas en disputa.
Todos los jueves por la noche combaten desnudos, en la Plaza de España, al final de la Gran Vía. En cuanto a las reglas, no las tengo muy claras, porque la china es una comunidad muy cerrada, y no suelen facilitar ese tipo de datos. Sólo sé que el ganador tiene derecho a quedarse con el puesto durante una semana, por lo que, cuanto más fuerte y habilidoso sea el luchador para mantener los puestos y conseguir a la vez otros nuevos, más comida podrá vender la familia.
Así que, ya sabéis, si vivís en Madrid o lo visitáis algún jueves, no dejéis de pasaros por Plaza de España de madrugada. Es un espectáculo digno de ver.
Comentario:
Ahí te has pasado, colega, ¿Cómo van a darse los chinos de hostiax por la calle, como en las pelis? ¿Cómo has establecido la relación entre las hostias de plaza España y el privilegio del cruce Fuencarral?
Aún así, hay que reconocer que es graciosa la historia, para partirse el eje.
Aún así, hay que reconocer que es graciosa la historia, para partirse el eje.
Comentario:
oh dios... :S si, mu lokos... miedo... XD pobres dientes... ;_;
Comentario:
Joder los de madrid estais locos y los chinos tambien jajaja
Comentario:
Uff, pero es muy duro.. Una vez vi a unos dándose de lo lindo entre las piernas de Don Quijote... Uno de ellos se rompió los dientes al darse contra la pata del pollino de Sancho...
Comentario:
¿Y las chinas que venden flores? ¿También pelean desnudas? Hay que investigar eso, que me interesa más...





