¿QUE FUE DEL CACO ALFONSO?
Era un sábado por la mañana del verano del año 84. Mi mujer se había ido con mi hija de un año a la compra diaria y yo estaba tranquilo en casa, en pijama, disfrutando del comienzo del fin de semana. Vivíamos en el segundo piso de una casa de un pueblo de Lérida de menos de 2.000 habitantes donde yo trabajaba de médico desde hacía cinco años.
A media mañana suena el timbre de la puerta insistentemente. Debido a mi trabajo ya sé que ese tipo de llamada generalmente corresponde a algún aviso mas o menos importante. Aunque aquel día no estaba de guardia, es un tributo que a veces tenemos que pagar los médicos, el vivir esclavos del timbre.
Nada mas abrir la puerta, un chaval de unos veintitantos años con aspecto descuidado y con la respiración acelerada me dice que no se encuentra bien, que necesita beber un vaso de agua para contarme qué le ocurre.
Cuando estoy en la cocina, llenando el vaso, noto la presión de un filo metálico sobre mi cuello y en ese momento me doy cuenta de que, sin comerlo ni beberlo, estoy envuelto en un grave problema. El pajarito había venido detrás de mí y me estaba amenazando.
- Mira chaval, tranquilo, no sé que te ocurre pero tranquilo.
- Es que acabo de atracar un banco, me persiguen los civiles y me tienes que ayudar.

En esos momentos ya empezaba a escuchar a través de la ventana abierta los gritos de los guardias preguntándose dónde se les habría escondido el fugitivo.
¡Vaya panorama!, un atracador nervioso con el cuchillo jamonero de mi cocina en mi cuello, la guardia civil en la calle buscándolo y mi mujer y mi hija a punto de volver a casa.
- Quítame el cuchillo y no me hagas ningún daño, yo no tengo nada que ver en tus problemas.
- De momento dame dinero y ropa para cambiarme.
- Pues suéltame, te doy dinero y buscamos una solución.
Como Murphy siempre tiene razón y todo es susceptible de empeorar, en ese momento comienza a sonar nuevamente el timbre de mi casa. Mi mujer y mi hija están ya de vuelta y llaman desde la calle para que les ayude a subir las compras. Sintiendo el movimiento nervioso del cuchillo en mi cuello les grito desde arriba:
- No puedo bajar, estoy ocupado.
Y seguidamente, dirigiéndome a mi agresor, con la fuerza que da el instinto de protección a la familia le digo:
- Vamos a entrar a mi despacho a buscar una solución. Viene mi mujer y mi hija. Te lo juro que si esto se complica me la juego contigo.
Ya en mi despacho se me ocurre negociar con él una solución para terminar con aquello. Saldríamos de casa los dos, él se protegería detrás de mi cuerpo con el cuchillo, nos meteríamos al coche y yo le llevaría hasta Barcelona o hasta donde me dijera y allí podría huir sin problemas.
- No tenemos otra salida para acabar con esto, chaval.
- Si, pero la calle esta llena de maderos ¿Cómo salimos así?- me decía
- Les diré que no hagan nada, nadie querrá poner en peligro mi vida y nos dejarán marchar.
Mientras tanto, Pilar, mi mujer, ya había deducido lo que estaba pasando y, después de subir, volvió a bajar las escaleras diciéndole al sargento de la guardia civil:
- Mire, creo que el tipo que buscan está en mi casa y con mi marido, por lo que he escuchado a través de la puerta de su despacho, estoy convencida.
Supongo que al susodicho sargento se le pondrían los colgantes por corbata y pensaría que por qué no habría cogido las vacaciones la semana anterior. Yo no estaba muy a gusto allí, pero tampoco me hubiera cambiado por el de la Benemérita.
Afortunadamente dos pisos mas arriba le estaba convenciendo. Yo quería salir de allí como fuera. No oía a mi familia pero tampoco estaba seguro de que estaban en la calle.
Empezamos a bajar las escaleras. Yo delante y el detrás con el cuchillo. Mi corazón y seguro que también el suyo cada vez latían mas acelerados.
Al abrir la puerta del patio un montón de pistolas nos apuntan y los gritos de los guardias le piden que me suelte. Noto que la presión del cuchillo disminuye de mi cuello y aprovecho para soltarme. A partir de entonces todo se precipita, unos guardias se le echan encima mientras otros se preocupan por mi estado.
Y así acabó la historia que he contado muy resumida. Lo que ocurrió en cerca de una hora tiene muchos matices imposibles de condensar en un relato tan corto.Después supe que el chaval se llamaba Alfonso, que era un pobre desgraciado adicto a la heroína, que había atracado un banco en el pueblo de al lado y que en su huida, en un forcejeo con los guardias, había perdido la pistola.
En unos meses fue el juicio. Creo que le cayeron siete años. Ni siquiera recuerdo su fisonomía, no le reconocería si le volviera a ver. Alguna vez recuerdo el episodio y me pregunto ¿ Qué habrá sido del caco Alfonso ?.
Comentario:
Gracias a todos los que habeis pasado por aqui y habeis dejado vuestro comentario.
Simplemente añadir que la historia es completamente cierta.
Simplemente añadir que la historia es completamente cierta.
Comentario:
No se si lo he dicho ya, pero con su permiso, le enlazo
Comentario:
Vaya sangre fría! Yo no creo que hubiera podido aguantarlo y habría tenido algún acto reflejo desafortunado como intentar salir corriendo. Vaya historias don tonino!! quién te iba a decir en aquel momento que lo compartirías con nosotros como anécdota... un saludo!
Comentario:
Vaya experiencia mas desagradable, sobre todo me imagino lo que sentiste cuando llamaron tu mujer e hija a la puerta.
Menos mal que terminó bien y lo puedes contar como una historia mas de tu vida.
En todo caso te diré que me ha entretenido mucho leerla.
Menos mal que terminó bien y lo puedes contar como una historia mas de tu vida.
En todo caso te diré que me ha entretenido mucho leerla.
Comentario:
¡¡anonadada me quedé!!
y yo que pensaba que eso solo succedia en las pelis.....
y yo que pensaba que eso solo succedia en las pelis.....
Comentario:
Me ha dejado de piedra. ¡Qué valor! Y ¡qué situación! Increíble. Yo me invento las historias, pero usted es un "as" contando historias reales. No sé cómo se queja de que le cuesta escribir. Besurris
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Creo que es usted un hombre muy valiente.
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Joer, ¿a quién se le ocurre dejar la puerta abierta? Que confiados sois en los pueblos.
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Una aventura para contar a los nietos.
Aunque seguimos con la duda ¿qué paso con Alfonso?
Aunque seguimos con la duda ¿qué paso con Alfonso?
Comentario:
¡Jodo!