Happy Chicken's New Year!
Hoy, con un día de retraso, aprovecho para desear a todo el mundo y especialmente a la comunidad china (que al paso que vamos, pronto serán términos sinónimos) un Feliz Año:
Xin Nian Kuai Le!
Happy Rooster's New Year! (sí, soy consciente que lo que figura en el título está mal traducido)
Pues sí, ayer día 8 de febrero era el primer día del año del calendario chino. Ayer fue el inicio del año del gallo y también de la madera. Para los chinos, el gallo representa el esfuerzo, el trabajo y el sacrificio (oh, ¡que Dios nos coja confesados!¡La jornada laboral de los chinos pasará de las 24 horas diarias actuales a 36!) ya que es el animal más madrugador de todos. También en la cultura occidental el gallo es un animal importante que siempre está, de una forma u otra, en todos sitios. Un claro ejemplo, podría ser el apellido del celebérrimo escritor británico Charles Chickens. Pero, sin ir más lejos, en España, podemos gozar de unos deliciosos gallos a la madrileña, cuyas crestas son la debilidad de los gourmets más entendidos. Y a quien no le guste comer, siempre puede relajarse yendo de compras a Paris y arrasar en la gran tienda de diseño exclusivo Coq-o-Chanel (gallo o canal).
Por otro lado, me consta que la madera no tiene ningún significado especial, simplemente forma parte de los cuatro elementos del horóscopo (madera, oro, agua y tierra) que van rotando cada año.
El calendario chino consta de 12 meses y cada uno de ellos, a su vez, está formado por 30 días. Los chinos se lo montan bien y gracias a la llegada del nuevo año tienen unos diez días de fiesta. A lo largo de estos días las familias se reúnen y organizan comidas. Es tradición que los adultos regalen dinero en un sobre rojo (color que para los chinos simboliza la felicidad y la prosperidad) a los niños y a los jóvenes que no trabajan. El primer día del año, los chinos deben vestir con prendas nuevas, mejor si son de color rojo, para tener suerte en el año entrante. Tienen que hablar bien y no decir cosas que puedan ahuyentar la mala fortuna. En tiempos más antiguos, la superstición llegaba hasta tal punto que incluso la gente no usaba tijeras ni cuchillos, dado, supongo, al carácter agresivo de estos instrumentos domésticos.
Aquí, en Barcelona, se celebró una gala en el Teatre Musical de Catalunya, donde asistieron ni más ni menos que 3000 chinos. Según lo que me han dicho, sólo asistieron un 10% del total, la cual cosa me sorprendió enormemente, ¿tantos chinos hay en Barna? La verdad es que son gente muy discreta y no se hacen notar demasiado. Me gusta que los inmigrantes se integren en la sociedad catalana, pero también me gusta que mantengan sus tradiciones cuando llegan aquí. Espero que para el próximo año no se olviden de invitarme a la gala.
IMQC

Xin Nian Kuai Le!
Happy Rooster's New Year! (sí, soy consciente que lo que figura en el título está mal traducido)
Pues sí, ayer día 8 de febrero era el primer día del año del calendario chino. Ayer fue el inicio del año del gallo y también de la madera. Para los chinos, el gallo representa el esfuerzo, el trabajo y el sacrificio (oh, ¡que Dios nos coja confesados!¡La jornada laboral de los chinos pasará de las 24 horas diarias actuales a 36!) ya que es el animal más madrugador de todos. También en la cultura occidental el gallo es un animal importante que siempre está, de una forma u otra, en todos sitios. Un claro ejemplo, podría ser el apellido del celebérrimo escritor británico Charles Chickens. Pero, sin ir más lejos, en España, podemos gozar de unos deliciosos gallos a la madrileña, cuyas crestas son la debilidad de los gourmets más entendidos. Y a quien no le guste comer, siempre puede relajarse yendo de compras a Paris y arrasar en la gran tienda de diseño exclusivo Coq-o-Chanel (gallo o canal).
Por otro lado, me consta que la madera no tiene ningún significado especial, simplemente forma parte de los cuatro elementos del horóscopo (madera, oro, agua y tierra) que van rotando cada año.
El calendario chino consta de 12 meses y cada uno de ellos, a su vez, está formado por 30 días. Los chinos se lo montan bien y gracias a la llegada del nuevo año tienen unos diez días de fiesta. A lo largo de estos días las familias se reúnen y organizan comidas. Es tradición que los adultos regalen dinero en un sobre rojo (color que para los chinos simboliza la felicidad y la prosperidad) a los niños y a los jóvenes que no trabajan. El primer día del año, los chinos deben vestir con prendas nuevas, mejor si son de color rojo, para tener suerte en el año entrante. Tienen que hablar bien y no decir cosas que puedan ahuyentar la mala fortuna. En tiempos más antiguos, la superstición llegaba hasta tal punto que incluso la gente no usaba tijeras ni cuchillos, dado, supongo, al carácter agresivo de estos instrumentos domésticos.
Aquí, en Barcelona, se celebró una gala en el Teatre Musical de Catalunya, donde asistieron ni más ni menos que 3000 chinos. Según lo que me han dicho, sólo asistieron un 10% del total, la cual cosa me sorprendió enormemente, ¿tantos chinos hay en Barna? La verdad es que son gente muy discreta y no se hacen notar demasiado. Me gusta que los inmigrantes se integren en la sociedad catalana, pero también me gusta que mantengan sus tradiciones cuando llegan aquí. Espero que para el próximo año no se olviden de invitarme a la gala.
IMQC

Comentario:
Comentario:
Hay que ver la de talento desaprovechado que se encuentra hoy en día por la red, leyendo tu artículo, IMQC, me he sentido, bien vien, coma hace veinte minutos que estaba hojeando el país de las tentaciones, donde por cierto, incluyen un reportaje sobre Zhang Ziyi, la acrtiz top 10 china del momento. Bien,yendo al grano quiero decirte que me gusta tu estilo y creo que deberías aprovecharlo para colaborar con algun periódico. Muévete y ya veras como consigues lo que quieras. Por otra parte, tu dominio de la GEOGRAFÍA es poco común a tus 17: explota aquello conlo que disfrutes y a vivir!
HerZe
HerZe
Comentario:
Yo también consideraba discretos a los chinos (amén de bastante siniestros, pero ese es otro tema).
Hace dos semanas me desengañé. Resulta que iba en un autobús que se accidentó en mitad de la autopista, donde estuvimos parados durante un lapso de hora y media. Pues bien, entre el silencio sepulcral solo interrumpido por alguna ocasional llamada para tranquilizar familias, sobresalían dos sonidos, que curiosamente provenían ambos de los asientos contiguos al mío, donde se hallaban sentados dos chinos.
El más bajito de los dos, se tiró media hora probando las más de 100 melodías que tenía descargadas en su móvil, que abarcaban un repertorio que iba desde la 5ª de Beethoven hasta la Bulería de Bisbal, pasando por música oriental a base de gong.
El más grande y cabezón, sin embargo, se dedicaba a carraspear y escupir una flema, exactamente cada dos minutos (lo juro, era como un reloj atómico), con el consiguiente y desagradable ruido, dentro de un paquete de Boca Bits, cuya degustación debe ser un auténtico manjar, intuyo.
Desde entonces, he decidido no fiarme de ningún estereotipo nunca mais.
Hace dos semanas me desengañé. Resulta que iba en un autobús que se accidentó en mitad de la autopista, donde estuvimos parados durante un lapso de hora y media. Pues bien, entre el silencio sepulcral solo interrumpido por alguna ocasional llamada para tranquilizar familias, sobresalían dos sonidos, que curiosamente provenían ambos de los asientos contiguos al mío, donde se hallaban sentados dos chinos.
El más bajito de los dos, se tiró media hora probando las más de 100 melodías que tenía descargadas en su móvil, que abarcaban un repertorio que iba desde la 5ª de Beethoven hasta la Bulería de Bisbal, pasando por música oriental a base de gong.
El más grande y cabezón, sin embargo, se dedicaba a carraspear y escupir una flema, exactamente cada dos minutos (lo juro, era como un reloj atómico), con el consiguiente y desagradable ruido, dentro de un paquete de Boca Bits, cuya degustación debe ser un auténtico manjar, intuyo.
Desde entonces, he decidido no fiarme de ningún estereotipo nunca mais.