Blogs.ya.com Quitar publicidad
Las vacas dicen mu
diario de un pesimista nato
Acerca de
Pequeñas y humildes historias de un hombre que admira a las vacas
Sindicación
 
Maníatico compulsivo
Bueno, como cada vez escribo menos en el blog, nadie ha contado conmigo para la chorradita esta de las cinco excentricidades que veo en muchos de los blogs que leo. Así que yo mismo me autoinvito para contarlas, así de sencillo lo veo.

Algunas de mis extrañas manías son:

1.- Siempre me sueno la nariz de la misma forma. Cojo el pañuelo abierto y me sueno una vez, lo doblo por la mitad y otra vez, y lo vuelvo a doblar y me sueno una tercerca vez, y ya nunca lo vuelvo a usar. No puedo soportar usar un pañuelo que ya he utilizado antes.

2.- No puedo dejar de sacudir el cigarro mientras fumo, aunque no tenga ceniza que echar. Además, me suelo acercar el cenicero si lo tengo lejos, aunque haya otra persona fumando y compartiéndolo conmigo.

3.- No soporto que haya cosas encima del sofá. En cuanto alguien pone una revista o un papel, lo cambio de sitio. Soy muy ordenado para el salón y muy desordenado en mi dormitorio.

4.- Me trago los chicles. Me han comentado que es malo, y ya he escuchado cientos de veces la leyenda urbana de que tardas siete años en digerirlos, pero sin duda para mi el momento más placentero a la hora de masticar chicle es cuando lo trago.

5.- Tengo cientos de manías culinarias, pero me quedaré con mi manía de las cucharillas. En casa de mis padres hay unas cucharas con el mango azul, y sólo puedo comerme un yogur con esas cucharas, sino siento que no voy a disfrutarlo igual.

Y como nadie me ha pasado el testigo, yo tampoco lo haré. Bueno, si, con mi única lectora (o al menos comentarista) de los últimos meses, Merrick.
 
Se acabó lo que se daba
Bueno, mi experiencia fuera de España llega a su fin, al menos en su primera etapa. Me he dado cuenta de que mis posts son cada vez más aburridos y pesimistas, así que al menos este segundo aspecto voy a corregirlo a partir de ahora.

Por mucho que me joda decir adios a las personas que me he ido encontrando por el camino, por pocas ganas que tenga de volver a mi pequeña ciudad del sur, por mucho que me cueste readaptarme a la vida familiar, me voy con una gran sonrisa en la boca.

Haber aprendido a desenvolverme sin la ayuda de nadie, haber conseguido mantener un estado de serenidad, estabilidad y grandes momentos de diversión y felicidad y haber abierto mi mente y fortalecido mi espíritu son cosas de las que me enorgullezco infinitamente. Creo que después de estos meses he conseguido ser una mejor persona, y no me refiero a bondad, sino al hecho de que me gusta mucho más como soy en estos momentos. Me encanta mirarme al espejo, que cojones.

Cada persona que he conocido y cada situación que he vivido las tomo como aportaciones positivas para mi futuro más cercano. Está claro que vuelvo al mismo lugar y con la puñetera misma gente, a la que tanto aborrecía antes de venir, pero no pienso permitir que eso me devuelva a mi estado anterior. Me he planteado una nueva forma de afrontar la rutina de siempre.

Y total, con cinco dedos de nieve, un frío polar que está a punto de provocarme la gangrena en todos los dedos de mis manos y pies (todo hay que decir que no voy yo muy equipado para soportarlo) y un sol que brilla muchísimo, pero por su ausencia, nada como volver a casa con la mantita de cuando eras un renacuajo, la sopita caliente casera de mamá (nunca conseguiré hacerla como ella) y una cama del siglo XXI, sin muelles y con almohada. Que gustito...

Nota al pie: Cambiaría todas esas cosas por seguir aquí otros cinco meses, pero hoy me quiero ir a la cama con una sonrisa. Me apropio esa cita de "no llores porque se acaba, sonríe porque ha sucedido", que a pesar de no gustarme nada (muy pastelosa y en realidad con cierta parte de estupidez porque joder, jode), me viene bien al tema.

Y a dormir se ha dicho.