La tendera, el farmaceútico y el gitano de los pañuelos
Es extraño volver a casa después de varios meses casi incomunicado (más por propia elección que por falta de medios). Llegas y crees que todo va a ser diferente, que tus amigos tendrán millones de novedades que contarte y que todos los reencuentros van a ser efusivos, llenos de abrazos, besos y alguna que otra lágrima. Si ya vine deprimido por dejar todo aquello atrás, mucho no ha ayudado la frialdad que he encontrado por parte de la gente.
En parte (y en todo) soy bastante contradictorio. No puedo soportar ir encontrándome a gente y que empiece a preguntarme por mi experiencia:
Sujeto Cansino: "¿Y qué tal por allí?"
Muuu: "Bien..."
Sujeto Cansino: "¿Y cómo es aquello?
Muuu: "Pues muy bonito"
Sujeto Cansino: "¿Y hacía frío?
Muuu: "Uy si, muchísimo"
Sujeto Cansino: "¿Y no estás triste por volver?"
Muuu: "Pues la verdad es que SI" (y si sigues preguntándome las mismas cosas absurdas que no ha dejado de preguntarme la gente desde que aterricé, puede ser que de aquí a un mes me veas adicto perdido al Prozak)
Sin embargo, me pareció muy deprimente llegar a la farmacia de toda la vida, después de tantos años de cliente fiel, y que el farmaceútico de siempre me despachara como si me hubiera visto el día anterior. En realidad no se de que me quejo.
Seis meses fuera de casa se te pasan en nada, pero la cantidad de situaciones que se viven en una experiencia de este tipo es mayor (por lo general) a las que vives en tu vida cotidiana. Quizá por eso, aunque yo tenga cientos de historias que contar, la tendera, el farmaceútico y el gitano de los pañuelos siguen en su sitio, ajenos a la felicidad que he sentido en este período, y mis amigos siguen contándome los mismos problemas y satisfacciones que tenían antes de mi partida. Esto ha provocado que todos los retornados hayamos creado una especie de grupo terapeútico en el que nos reunimos, intercambiamos experiencias y fumamos marihuana para olvidar que lo bueno acabó (de momento).
Actualización: Y para comenzar una nueva etapa, nuevo look. A ver si recuerdo cómo se ponían imágenes, que tengo memoria de pez martillo.
En parte (y en todo) soy bastante contradictorio. No puedo soportar ir encontrándome a gente y que empiece a preguntarme por mi experiencia:
Sujeto Cansino: "¿Y qué tal por allí?"
Muuu: "Bien..."
Sujeto Cansino: "¿Y cómo es aquello?
Muuu: "Pues muy bonito"
Sujeto Cansino: "¿Y hacía frío?
Muuu: "Uy si, muchísimo"
Sujeto Cansino: "¿Y no estás triste por volver?"
Muuu: "Pues la verdad es que SI" (y si sigues preguntándome las mismas cosas absurdas que no ha dejado de preguntarme la gente desde que aterricé, puede ser que de aquí a un mes me veas adicto perdido al Prozak)
Sin embargo, me pareció muy deprimente llegar a la farmacia de toda la vida, después de tantos años de cliente fiel, y que el farmaceútico de siempre me despachara como si me hubiera visto el día anterior. En realidad no se de que me quejo.
Seis meses fuera de casa se te pasan en nada, pero la cantidad de situaciones que se viven en una experiencia de este tipo es mayor (por lo general) a las que vives en tu vida cotidiana. Quizá por eso, aunque yo tenga cientos de historias que contar, la tendera, el farmaceútico y el gitano de los pañuelos siguen en su sitio, ajenos a la felicidad que he sentido en este período, y mis amigos siguen contándome los mismos problemas y satisfacciones que tenían antes de mi partida. Esto ha provocado que todos los retornados hayamos creado una especie de grupo terapeútico en el que nos reunimos, intercambiamos experiencias y fumamos marihuana para olvidar que lo bueno acabó (de momento).
Actualización: Y para comenzar una nueva etapa, nuevo look. A ver si recuerdo cómo se ponían imágenes, que tengo memoria de pez martillo.