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La Teta de Julieta
. . .Crónicas desde Verona. . .
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¡Hola! Somos María y César, y tenemos 22 años. Como ya era hora de cambiar de aires, hemos decidido irnos a pasar un año a Verona. ¡Este es el resultado!
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El momento visagra

Hoy es 19N, estamos cerca de este día tan esperado por todos, ese día en que la televisión, el periódico y la radio no paran de repetir lo que pasó hace... 32 años. Qué pena me da perdérmelo. Una de las cosas que me hace feliz de haberme ido es darme cuenta de la cantidad de tiempo que he perdido delante de la televisión en Madrid, cuánta basura me he tragado! (en el sentido metafórico de la palabra).
En el sentido real, cuanta basura me estoy tragando, porque sí, tal y como decía un comentario en el post anterior, tirar de salchichas más que de carne de confianza es un elemento de riesgo. Y comprar un kilo de carne por 4 euros ya es ser un temerario.

En realidad yo no quería hablar del generalísimo. Pero mediados de noviembre es una fecha rara. Porque no es nada. No es otoño, las temperaturas no son suaves, pero no es invierno, ya que uno siempre recuerda que la navidad empieza el 22 de diciembre, lo dicen los niños de san Ildefonso. En este año, noviembre es el mes en que tengo que estar agusto pero todavía no demasiado. Tengo que conocerme la ciudad pero no sabérmela entera. Tengo que tener amigos pero no haber conocido a todo el mundo. Tengo que saber defenderme en el idioma pero no saber aún hablar perfectamente. Tengo que tener frío pero no tanto como para congelarme. Pero... puedo hacer una valoración llegado a este punto? Puedo pensar si lo que me he encontrado es realmente lo que creía que iba a encontrarme? O debo dejar que los meses sigan pasando y amontonar las conclusiones para el final?

Noviembre es extraño porque estás pero no estás. Tengo la sensación de llevar aquí 2 años pero en cambio de que me quedan un montón de cosas por hacer. Noviembre también es triste. Triste porque es de noche a las 5 de la tarde (no quiero pensar cuando anochecerá a mediados de diciembre). Ayer, domingo, como buen dominguero que soy, me levanté como a las 12. Sólo me quedaban 4 horas de sol!! Noviembre es el típico mes que solo recuerdas si suceden cosas extraordinarias.Y todo lo que me ha ocurrido es extraordinario, en el sentido literal de la palabra. Fuera de lo ordinario. Cogí un vuelo entre dos ciudades que no son las mías, visité ciudades hasta ese momento desconocidas, conocí gente nueva, fui a dos festivales de cine, un ciclo dedicado a Billy Wilder y un festival de cine Africano... pero eso será en el siguiente post.

Y todavía me quedan 10 días!

 
La Bolognia decadente y carne como bien preciado.

Cuando eres niño, preadolescente, adolescente... y lo que sigue, sabes los precios del cine, los cd's, los conciertos, los batidos... pero no sabes cuanto cuesta la carne. Ah! No lo compras tú, sino tu madre, hermana mayor, padre, abuelos... Es en los momentos de soledad culinaria cuando te das cuenta de las cosas. Entras a un supermercado y buscas algo de una óptima relación calidad-precio. No existe. Buscas algo de una aceptable relación calidad-precio. No existe. Al final acabas cogiendo una bandeja de carne híbrida (sí, seguramente del cubo de los desechos de las demás carnes, homenaje a mcdonalds) insanamente rebozada para matar el mal olor, y pagas 8 euros. 8 euros! Con eso compras desayuno para una semana, te pagas un billete de tren a Venezia, te tomas 6 capuccinos... 8 euros dan para mucho. Pero como no está aquí tu madre, te los tienes que gastar en carne. O en algo parecido.

Este domingo fuimos a Bologna. Después de dos domingos en blanco, es decir, caseros. No sé muy bien porqué ocurrió pero fue así, el primero no salimos porque la marcha de los dos domingos anteriores nos obligaba a tener un día de dormir hasta tarde (los sábados tenemos clase de Italiano a las 8.30.... hachazo!), y el segundo fue un domingo extraño, ya que no se sabe muy bien por qué no salió nada. Pues bien, a la tercera fue la vencida. Pocos pero bien avenidos (los tedescos aprovecharon el puente y se fueron a sus germanias, y el otro español se marchó al Salón del Manga, en Barcelona. Sí, sé lo que estáis pensando) nos plantamos en la città rossa. Qué decepción! Nos encontramos con una ciudad triste, apagada, pobre y, por no repetir el adjetivo del título, descuidada. Lo más gliorioso fue que subimos a una torre de casi 100m desde la cual las vistas eran dignas de su altura, y que escenificamos una corrida de toros, en la que yo era el maromo y Noora la finlandesa el toro. Digno de ver. Pero aún no.

Pasado mañana me voy a Barcelona. Me apetece cambiar de aires. Qué absurdo, cambiar de aires, no? Sí, a mí también me lo parece. Pero dado que me he planteado este año como de desconexión, vacaciones santillana o relax (escójase la que proceda), me apetece viajar, moverme. Las asignaturas que apruebe bienvenidas serán. Las que no, mejor suerte la próxima vez. Sé que este puede ser mi penúltimo año de pseudo-libertad. Um... ya va siendo hora de ser mayor. O al menos de hacérselo. Pero hasta entonces, me encanta el día a día de no hacer prácticamente nada, estudiar por relajación, casi por placer, ver pelis, hacer viajecitos, tomarse una cerveza por la noche (y no muy de noche, todo cierra a las 2 a.m.)... es una sensación de placer y libertad de la cual supongo en junio estaré cansado pero de la que ahora mismo me encanta disfrutar.

Tenemos planeado un viaje a Rumanía para primavera. Por cortesía de EasyJet y sus vuelos Milan-Bucarest de 30 euros. Sería el primer gran viaje erasmusiano, si antes no cae Eslovenia y Croacia, que los tenemos en el punto de mira. También haremos una escapada finalndesa, pero esa aún no tiene fecha.

Todos estos detalles, en el próximo episodio.