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La Teta de Julieta
. . .Crónicas desde Verona. . .
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¡Hola! Somos María y César, y tenemos 22 años. Como ya era hora de cambiar de aires, hemos decidido irnos a pasar un año a Verona. ¡Este es el resultado!
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La Trilogía de los viajes: Ja, Slovenia (I)
Tanto tiempo hablando de los viajes, los vuelos, preparativos, fechas, presupuestos, planes, horarios de trenes, reservas de albergues, sitios de interés... que parecía que nunca llegaban. Pues el primero llegó y, cinco días después se fue.

Acontecimientos académicos no muy deseables hicieron que la fecha de partida se adelantara, y del planificado sábado se pasó al viernes 15, en el que, a eso de las nueve de la mañana cogimos un tren dirección Venezia. Llegamos sobre las once, y con un hueco bastante grande, ya que hasta las tres no salía nuestro tren esloveno. Quedamos con Pablo, siempre raudo, veloz y puntual, y tras un breve paseo fuimos a casa de ¡Marco! a comer. Qué recuerdos de adolescente... En fin, después del remember fuimos a Santa Lucía, donde un tren de la compañía eslovenia de ferrocarriles majestuoso y con olor a recién hecho nos esperaba, mirando por encima del hombro a los viejos y desnutridos regionales de Trenitalia. La primera impresión del que sería nuestro país los siguientes cuatro días no podía ser mejor. El resto del día pasó en horas de tren, gélida acogida en el albergue de Ljubljana, y una indeseable pero deseada hamburguesa de McDonalds, ese maldito payaso que está en los sitios más insospechados.

El sábado 16 nos despertó pronto, quizá demasiado, y por si no nos habíamos tragado mucho tren el día anterior, nos metimos otras dos horitas. Destino: Maribor. Ciudad coqueta, de centro pequeño y acogedor, con un frío glaciar y alguna exquisitez arquitectónica. Ah, y con una tienda de Aladín. Comimos en el autobús, un bocadillo enorme con un riquísimo pan esloveno, a caballo entre bollo recién hecho y pan de hamburguesa. Llegamos a Ptuj en ese momento del día en que el sol cae freneticamente y el frío aprieta. Con eso, uno se imagina que eran las 6 o 7, pero no, eran las 15.30h. 2.000km al este de Galicia pero con misma franja horaria. Tenía que pasar. En apenas un par de horas vimos su centro, con algunos edificios preciosos, su convento dominico, y subimos a su castillo. Magníficas vistas. Aquel día éramos casi los únicos turistas, y de hecho le alegramos la tarde al de información cuando entramos a pedirle mapitas. El autobús que esperábamos no pasó, y es que el hecho de que los nombres de la semana estén escritos en una lengua eslava es un impedimento para el ejercicio de la comunicación. Esperamos hasta las 7 y cogimos un tren que nos devolvía directamente a Ljubljana. Allí nos esperaban ya Flo y Noora. Un po' di latte, e al letto.

El domingo 17 lo dedicamos a ver Ljubljana. El centro, maravilloso. Es una ciudad que respira un aroma extraño, diferente. Un aroma a nueva capital, a capital que estos meses es eurocapital, que cuida todos y cada uno de sus rincones y por la noche se viste de gala, con la mejor iluminación de una ciudad que nunca he visto. El lujo del viaje fue comer en un restaurante bastante aparente, pero en el que, con diez euros por cabeza, salimos llenos y con el paladar dando palmas. Ahí fue la primera vez que notamos la diferencia de precios en Ljubljana, apenas apreciable en otros momentos. Obviamente en otras ciudades no había que rebuscar para darse cuenta, y es que un capuccino, con azúcar de caña y servido en mesa por 0,60€ no es algo muy normal.
La tarde la pasamos a pie, viendo todo lo que el sol nos permitió, y empezando a acumular una cantidad ingente de fotos en las cámaras. Yo era el único que no hacía, y me estaba empezando a volver loco. Las piernas no dieron para más, y el sueño nos venció, en horario europeo, por supuesto.

El plan para el lunes 18 era ir a Bled, famosa por su gran lago. Fue un día mucho más relajado, en el que por la mañana la principal ocupación fue ver a los numerosos patos y a dos majestuosos cisnes, los cuales, todo hay que decirlo, comieron de mi mano. Literalmente. Por la tarde subimos al castillo. Qué raro, un castillo, no? Todo muy medieval y muy reconstruido. Ah, y no vimos ni una nube en todo el día. En realidad en todo el viaje. Al menos en Eslovenia. Pasamos nuestra última noche en el albergue Alibi Hostel, al que al final cogimos cariño, con sus dibujos en las paredes y sus pantallas de ordenador que tenían casi nuestra edad. Eso sí, a caballo regalado no le mires el dentado. Si hay internet incluido... se mira por donde se tenga que mirar.

El martes 19 aparecimos en Postojna sobre las 11 de la mañana, y cuando hablando con la chica de información turística le preguntamos qué había de interesante en la ciudad a parte de sus famosas cuevas, nos miró, y casi pidiendo clemencia, nos dijo un "the city center is not very big". Dejamos las cosas en el albergue, el cual era casi un hotel, con cama de matrimonio, tele y calefacción apagada. Apagada en nuestro lado, no en el del hotel. Ahí radicaba la diferencia.
Visitamos las cuevas, preciosas y enormes, con un guía esloveno de italiano para nosotros cuatro, dos españoles, un alemán y una finlandesa. Viva la multiculturalidad. Por la tarde/noche: albergue, partido de Champions en la tele croata, cena y un riquísimo vodka a las frutas del bosque que desembocó en el nacimiento de "El cugino's forest". Aunque esto último mejor lo explico otro día.

El último día de viaje fue el miércoles 20, en el que salimos de Postojna más tarde de lo esperado, gracias a la incompetencia de las chicas de recepción de nuestro albergue, que nos dijeron un horario de trenes que debían haberselo inventado. Aparecimos ya en Trieste pasado el mediodía, y teníamos unas pocas horas para verla, antes de que saliera el tren, hacia las 18.30h. La ciudad fue de menos a más, y cuando vimos el centro, la plaza principal con salida al mar, el paseo marítimo y callejeamos por su corazón, me encantó. Justo en ese momento, en el de máximo orgasmo turístico, miré la hora y me di cuenta que nos teníamos que ir. Tren con destino Verona, previo transbordo en Venezia. Y fin del viaje.

Fin de nuestro primer viaje. Que en general califico de chachi. Nada más ni nada menos. Eslovenia, preciosa y acogedora. Destino más que recomendable, aun sabiendo que dificilemente podrá competir contra monstruos como el norte de Italia, Hungría, Austria... sus paises vecinos.



Y este jueves, 28, comienza la segunda parte.

Hasta más leer!!
 
Asentamiento 3.0 Partenza y Verona in Love (y III)

Partenza (Cesi)

Mientras escribo esto, la potente luz de las 11.30 (hora coca-cola) entra por la ventana, el horrible olor a café recién hecho inunda la cocina, y María prepara su desayuno. Amaral (cuyo 5º disco está por salir de un momento a otro :P) ameniza el ambiente en nuestro último día antes del comienzo.

Academicamente, un desastre. No sé si por yogurín, por vago, o simplemente porque los dioses italianos no se han acordado de mí, pero esto ahora no importa. Mañana nos vamos a Slovenia.

Resulta raro escribir de algo que todavía no ha ocurrido, cuando ultimamente me he limitado a contar lo que ya habíamos vivido. Esta tarde haremos la mochila, llena de camisetas feas, mini-twix y tarjetas de memoria vacías.

Cuando volvamos la vaciaremos aquì.

Hasta pronto!!

Verona in Love (María)

Si, es justo lo que todos estais pensando. San Valentin en la ciudad de "Julieta". Bonito, verdad?. Verona se ha vestido de gala hoy para acoger a Cupido, o al menos eso debe pensar el Comune... ya que, si pensabais que las luces y adornos de Corte Inglès son una horterada nacional santificada en estos dìas, observar la elegancia de las calles Veronesas llenas de corazones iluminados (es lo màs pastel que he visto en mucho tiempo).

Lo bueno de todo esto es que hay bastantes conciertillos por la ciudad, obras de teatro... y lo malo, que como nos vamos de aqui este fin de semana no vamos a poder disfrutarlo.

El tiempo apremia y la ropa se marea en la lavanderìa Coixetiana.

Hasta màs contar y màs leer!

 
Asentamiento 3.0 La pioggia ci ferma (II)

Uno tras otro, con caras de sueño, resignación y añoranza por la almohada que hasta hacía poco nos acompañaba, salimos de casa a las 8.00 de la mañana dirección Porta Vescovo, donde cogeríamos el tren del carnaval. Y si el lunes anterior habíamos asistido a la mayor cadena de fortuna en cuanto a Trenitalia se refiere, por qué no repetir? El tren, inusualmente en hora, apareció majestuoso, nuevo, impecable, y con cada vagón dividido en dos amplios pisos. No era posible. Resignandome a la siempre recurrente frase de "siamo in Italia, tutto è possibile", me encogí de hombros y subí.

El día, para un virgen en cuanto a Venezia se refiere, estuvo bien. Vimos gran parte de la ciudad, paseamos mucho y, aunque no entramos en museos ni sitios dignos de ver, excepto en la Basílica de San Marcos, conseguimos respirar ese ambiente, ese ambiente a ciudad vieja y elegante, señorial y decadente. Y en este punto, mi barra de pedantería comienza a bajar, por riesgo a perder los pocos lectores que me queden.

Llovió, había niebla e hizo frío. Un día horrible. La mayoría de los actos se suspendieron, y lo más notable que vimos fue un baile "regional", aunque más bien parecía el segundo ensayo de una actuación infantil de final de curso. Eso sí, las señoras, muy señoriales todas. Si el baile casero obtiene el segundo puesto, la medalla de campeón se la ponemos a unos Hare Krisna que, armados de valor, un megáfono y poca vergüenza, hicieron que creyentes y ateos, sectarios y no sectarios, turistas todos, saltaran y gritaran sus frases. No sé si esta pobre descripción puede reflejar lo idem que fue el espectáculo del "Carnevale veneziano", espero que sus hagáis una idea.

Al día siguiente, por gentileza del Comune Lega Nord, los museos y sitios de interés de Verona eran de visita gratuita o, al menos, muy barata. Fuimos al teatro romano, al Castelvecchio, a l'Arena, al Duomo, comimos en la peor pizzería de Piazza Bra (como si dices la Plaza Mayor en Madrid, vaya) y, como no, cuando la luz se fue, comenzó a llover. Ya era como que faltaba algo si no nos mojábamos. El día finalizó con una gran visita al Cappa Cafè, en el que un Long Iceland Ice Tea (più o meno) hizo que terminara por ver todo de color de rosa. Viva Marge. Y viva su cogorza.

La última noche comunal finalizó cuando, después de haber partido el núcleo duro de la Hincadera a las 5.30h, Sandrá cerró la puerta de casa a eso de las 8.30 de la mañana. El resto de la semana y lo que llevamos de la siguiente ha transcurrido entre cosas que hacer, gritar al banco que nos roba, citas con la lavandería de Coixet, compras tediosas (la palabra tediosas me recuerda a tobillos frágiles, no sé muy bien porqué), estudiar mis escasos exámenes, y retomar nuestro ritmo cinéfilo.

Ah, y me he leido un libro de Dashiell Hammett. En italiano. Chachi!


 
Asentamiento 3.0 Empieza el espectáculo (I)

Ya hemos vuelto. En realidad volvimos hace unos 10 días, pero entre unas cosas y otras, se han pasado volando. Volvimos el día 28, en el que, no se sabe muy bien porqué, salió todo bien. El avión llegó con adelanto, y pudimos coger el autobús que une Malpensa con Milano Centrale por 5 minutos. Gracias a eso llegamos a coger el tren dirección Verona por 10 minutos. La alternativa era esperar casi 3 horas, hasta la 01:00h de la mañana para coger el siguiente. No sé cómo fue pero se alinearon los planetas. Y las pocas probabilidades de eficiencia en la Italia del Siglo XXI se unieron y nos hicieron un gran favor. Aunque como no podía ser todo perfecto... perdí el pasaporte. Esperemos que el proyecto marroquí no se resienta y la burocracia española esté a la altura de lo que la añoro. Y es que estar en un país donde las cosas no funcionan hacen que veas todo desde otro punto de vista. Hasta incluso parece que las funcionarias con cara de limon pocho en la ventanilla de hacienda no lo hacen tan mal.

Al día siguiente apareció nuestra primera visita juvenil, del círculo amistoso, y no familiar. Llegó Sandra con su billete de interrail bajo el brazo, y con una mochila horriblemente llena que destrozaba la espalda del que osara llevarla. Los primeros días no fueron gran cosa. Mi nerviosismo inicial por la pérdida del pasaporte, incluida la voz de mi madre que desde España me decía que denunciara o cualquiera podría hacer una barbaridad con mi pasaporte y que irían a por mi, fue amainando, pero el mal tiempo no hacía lo mismo.

El jueves 31 María y Sandra fueron al Lago di Como, 50km al norte de Milán. Y yo me quedé haciendo un horrible trabajo de Macroeconomia Applicata en casa. De Rodríguez. Gran cultura española. El día fue tan grandioso como los predecesores, climatológicamente hablando, y las niñas viajeras no pudieron ver gran cosa. Su gran penuria para ir y volver no fue recompensada.

Y el viernes 1 llegó la primera expedición bustareña, con ojos curiosos pero cerrados, cargados del sueño que arrastraban por haberse tenido que levantar a una hora más cercana a la cena que al desayuno. El carnaval de Verona nos pilló por sorpresa y, todavía preguntándonos de donde salía tanta gente disfrazada, el día nos permitió un pequeño paseo oscuro y lluvioso, antes que el cansancio venciera y fueramos a casa a ducharnos y cenar. Fue la primera noche en la historia de Vicolo Festa que dormimos 7 personas en la habitación... y a juzgar por mi cara de por la mañana, espero que la última.

Pero la siguente parte de la narración, que comienza con el carnaval veneziano del sábado 2 la dejo para otro momento.