La Trilogía de los viajes: Ja, Slovenia (I)
Tanto tiempo hablando de los viajes, los vuelos, preparativos, fechas, presupuestos, planes, horarios de trenes, reservas de albergues, sitios de interés... que parecía que nunca llegaban. Pues el primero llegó y, cinco días después se fue.
Acontecimientos académicos no muy deseables hicieron que la fecha
de partida se adelantara, y del planificado sábado se pasó al viernes 15, en el que, a eso de las nueve de la mañana cogimos un tren dirección Venezia. Llegamos sobre las once, y con un hueco bastante grande, ya que hasta las tres no salía nuestro tren esloveno. Quedamos con Pablo, siempre raudo, veloz y puntual, y tras un breve paseo fuimos a casa de ¡Marco! a comer. Qué recuerdos de adolescente... En fin, después del remember fuimos a Santa Lucía, donde un tren de la compañía eslovenia de ferrocarriles majestuoso y con olor a recién hecho nos esperaba, mirando por encima del hombro a los viejos y desnutridos regionales de Trenitalia. La primera impresión del que sería nuestro país los siguientes cuatro días no podía ser mejor. El resto del día pasó en horas de tren, gélida acogida en el albergue de Ljubljana, y
una indeseable pero deseada hamburguesa de McDonalds, ese maldito payaso que está en los sitios más insospechados.
El sábado 16 nos despertó pronto, quizá demasiado, y por si no nos habíamos tragado mucho tren el día anterior, nos metimos otras dos horitas. Destino: Maribor. Ciudad coqueta, de centro pequeño y acogedor, con un frío glaciar y alguna exquisitez arquitectónica. Ah, y con una tienda de Aladín. Comimos en el autobús, un bocadillo
enorme con un riquísimo pan esloveno, a caballo entre bollo recién hecho y pan de hamburguesa. Llegamos a Ptuj en ese momento del día en que el sol cae freneticamente y el frío aprieta. Con eso, uno se imagina que eran las 6 o 7, pero no, eran las 15.30h. 2.000km al este de Galicia pero con misma franja horaria. Tenía que pasar. En apenas un par de horas vimos su centro, con algunos edificios preciosos, su convento dominico, y subimos a su castillo. Magníficas vistas. Aquel día éramos casi los únicos turistas, y de hecho le alegramos la tarde al de información cuando entramos a
pedirle mapitas. El autobús que esperábamos no pasó, y es que el hecho de que los nombres de la semana estén escritos en una lengua eslava es un impedimento para el ejercicio de la comunicación. Esperamos hasta las 7 y cogimos un tren que nos devolvía directamente a Ljubljana. Allí nos esperaban ya Flo y Noora. Un po' di latte, e al letto.
El domingo 17 lo dedicamos a ver Ljubljana. El centro, maravilloso. Es una ciudad que respira un aroma extraño, diferente. Un aroma a nueva capital, a capital que estos meses es eurocapital, que cuida todos y cada uno de sus rincones y por la noche se viste de gala, con la mejor iluminación de una ciudad que nunca he visto. El lujo del
viaje fue comer en un restaurante bastante aparente, pero en el que, con diez euros por cabeza, salimos llenos y con el paladar dando palmas. Ahí fue la primera vez que notamos la diferencia de precios en Ljubljana, apenas apreciable en otros momentos. Obviamente en otras ciudades no había que rebuscar para darse cuenta, y es que un capuccino, con azúcar de caña y servido en mesa por 0,60€ no es algo muy normal.
La tarde la pasamos a pie, viendo todo lo que el sol nos permitió, y empezando a acumular una cantidad ingente de fotos en las cámaras. Yo era el único que no hacía, y me estaba empezando a volver loco. Las piernas no dieron para más, y el sueño nos venció, en horario europeo, por supuesto.
El plan para el lunes 18 era ir a Bled, famosa por su gran lago. Fue un
día mucho más relajado, en el que por la mañana la principal ocupación fue ver a los numerosos patos y a dos majestuosos cisnes, los cuales, todo hay que decirlo, comieron de mi mano. Literalmente. Por la tarde subimos al castillo. Qué raro, un castillo, no? Todo muy medieval y muy reconstruido. Ah, y no vimos ni una nube en todo el día. En realidad en todo el viaje. Al menos en Eslovenia. Pasamos nuestra última noche en el albergue Alibi Hostel, al que al final cogimos cariño, con sus dibujos en las paredes y sus pantallas de ordenador que tenían casi nuestra edad. Eso sí, a caballo regalado no le mires el dentado. Si hay internet incluido... se mira por donde se tenga que mirar.
El martes 19 aparecimos en Postojna sobre las 11 de la mañana, y cuando hablando con la chica de información turística le preguntamos qué había de interesante en la ciudad a parte de sus
famosas cuevas, nos miró, y casi pidiendo clemencia, nos dijo un "the city center is not very big". Dejamos las cosas en el albergue, el cual era casi un hotel, con cama de matrimonio, tele y calefacción apagada. Apagada en nuestro lado, no en el del hotel. Ahí radicaba la diferencia.
Visitamos las cuevas, preciosas y enormes, con un guía esloveno de italiano para nosotros cuatro, dos españoles, un alemán y una finlandesa. Viva la multiculturalidad. Por la tarde/noche: albergue, partido de Champions en la tele croata, cena y un riquísimo vodka a las frutas del bosque que desembocó en el nacimiento de "El cugino's forest". Aunque esto último mejor lo explico otro día.
El último día de viaje fue el miércoles 20, en el que salimos de
Postojna más tarde de lo esperado, gracias a la incompetencia de las chicas de recepción de nuestro albergue, que nos dijeron un horario de trenes que debían haberselo inventado. Aparecimos ya en Trieste pasado el mediodía, y teníamos unas pocas horas para verla, antes de que saliera el tren, hacia las 18.30h. La ciudad fue de menos a más, y cuando vimos el centro, la plaza principal con salida al mar, el paseo marítimo y callejeamos por su corazón, me encantó. Justo en ese momento, en el de máximo orgasmo turístico, miré la hora y me di cuenta que nos teníamos que ir. Tren con destino Verona, previo transbordo en Venezia. Y fin del viaje.
Fin de nuestro primer viaje. Que en general califico de chachi. Nada
más ni nada menos. Eslovenia, preciosa y acogedora. Destino más que recomendable, aun sabiendo que dificilemente podrá competir contra monstruos como el norte de Italia, Hungría, Austria... sus paises vecinos.
Y este jueves, 28, comienza la segunda parte.
Hasta más leer!!
Acontecimientos académicos no muy deseables hicieron que la fecha
de partida se adelantara, y del planificado sábado se pasó al viernes 15, en el que, a eso de las nueve de la mañana cogimos un tren dirección Venezia. Llegamos sobre las once, y con un hueco bastante grande, ya que hasta las tres no salía nuestro tren esloveno. Quedamos con Pablo, siempre raudo, veloz y puntual, y tras un breve paseo fuimos a casa de ¡Marco! a comer. Qué recuerdos de adolescente... En fin, después del remember fuimos a Santa Lucía, donde un tren de la compañía eslovenia de ferrocarriles majestuoso y con olor a recién hecho nos esperaba, mirando por encima del hombro a los viejos y desnutridos regionales de Trenitalia. La primera impresión del que sería nuestro país los siguientes cuatro días no podía ser mejor. El resto del día pasó en horas de tren, gélida acogida en el albergue de Ljubljana, y
una indeseable pero deseada hamburguesa de McDonalds, ese maldito payaso que está en los sitios más insospechados. El sábado 16 nos despertó pronto, quizá demasiado, y por si no nos habíamos tragado mucho tren el día anterior, nos metimos otras dos horitas. Destino: Maribor. Ciudad coqueta, de centro pequeño y acogedor, con un frío glaciar y alguna exquisitez arquitectónica. Ah, y con una tienda de Aladín. Comimos en el autobús, un bocadillo
enorme con un riquísimo pan esloveno, a caballo entre bollo recién hecho y pan de hamburguesa. Llegamos a Ptuj en ese momento del día en que el sol cae freneticamente y el frío aprieta. Con eso, uno se imagina que eran las 6 o 7, pero no, eran las 15.30h. 2.000km al este de Galicia pero con misma franja horaria. Tenía que pasar. En apenas un par de horas vimos su centro, con algunos edificios preciosos, su convento dominico, y subimos a su castillo. Magníficas vistas. Aquel día éramos casi los únicos turistas, y de hecho le alegramos la tarde al de información cuando entramos a
pedirle mapitas. El autobús que esperábamos no pasó, y es que el hecho de que los nombres de la semana estén escritos en una lengua eslava es un impedimento para el ejercicio de la comunicación. Esperamos hasta las 7 y cogimos un tren que nos devolvía directamente a Ljubljana. Allí nos esperaban ya Flo y Noora. Un po' di latte, e al letto.El domingo 17 lo dedicamos a ver Ljubljana. El centro, maravilloso. Es una ciudad que respira un aroma extraño, diferente. Un aroma a nueva capital, a capital que estos meses es eurocapital, que cuida todos y cada uno de sus rincones y por la noche se viste de gala, con la mejor iluminación de una ciudad que nunca he visto. El lujo del
viaje fue comer en un restaurante bastante aparente, pero en el que, con diez euros por cabeza, salimos llenos y con el paladar dando palmas. Ahí fue la primera vez que notamos la diferencia de precios en Ljubljana, apenas apreciable en otros momentos. Obviamente en otras ciudades no había que rebuscar para darse cuenta, y es que un capuccino, con azúcar de caña y servido en mesa por 0,60€ no es algo muy normal.La tarde la pasamos a pie, viendo todo lo que el sol nos permitió, y empezando a acumular una cantidad ingente de fotos en las cámaras. Yo era el único que no hacía, y me estaba empezando a volver loco. Las piernas no dieron para más, y el sueño nos venció, en horario europeo, por supuesto.
El plan para el lunes 18 era ir a Bled, famosa por su gran lago. Fue un
día mucho más relajado, en el que por la mañana la principal ocupación fue ver a los numerosos patos y a dos majestuosos cisnes, los cuales, todo hay que decirlo, comieron de mi mano. Literalmente. Por la tarde subimos al castillo. Qué raro, un castillo, no? Todo muy medieval y muy reconstruido. Ah, y no vimos ni una nube en todo el día. En realidad en todo el viaje. Al menos en Eslovenia. Pasamos nuestra última noche en el albergue Alibi Hostel, al que al final cogimos cariño, con sus dibujos en las paredes y sus pantallas de ordenador que tenían casi nuestra edad. Eso sí, a caballo regalado no le mires el dentado. Si hay internet incluido... se mira por donde se tenga que mirar. El martes 19 aparecimos en Postojna sobre las 11 de la mañana, y cuando hablando con la chica de información turística le preguntamos qué había de interesante en la ciudad a parte de sus
famosas cuevas, nos miró, y casi pidiendo clemencia, nos dijo un "the city center is not very big". Dejamos las cosas en el albergue, el cual era casi un hotel, con cama de matrimonio, tele y calefacción apagada. Apagada en nuestro lado, no en el del hotel. Ahí radicaba la diferencia. Visitamos las cuevas, preciosas y enormes, con un guía esloveno de italiano para nosotros cuatro, dos españoles, un alemán y una finlandesa. Viva la multiculturalidad. Por la tarde/noche: albergue, partido de Champions en la tele croata, cena y un riquísimo vodka a las frutas del bosque que desembocó en el nacimiento de "El cugino's forest". Aunque esto último mejor lo explico otro día.
El último día de viaje fue el miércoles 20, en el que salimos de
Postojna más tarde de lo esperado, gracias a la incompetencia de las chicas de recepción de nuestro albergue, que nos dijeron un horario de trenes que debían haberselo inventado. Aparecimos ya en Trieste pasado el mediodía, y teníamos unas pocas horas para verla, antes de que saliera el tren, hacia las 18.30h. La ciudad fue de menos a más, y cuando vimos el centro, la plaza principal con salida al mar, el paseo marítimo y callejeamos por su corazón, me encantó. Justo en ese momento, en el de máximo orgasmo turístico, miré la hora y me di cuenta que nos teníamos que ir. Tren con destino Verona, previo transbordo en Venezia. Y fin del viaje.Fin de nuestro primer viaje. Que en general califico de chachi. Nada
más ni nada menos. Eslovenia, preciosa y acogedora. Destino más que recomendable, aun sabiendo que dificilemente podrá competir contra monstruos como el norte de Italia, Hungría, Austria... sus paises vecinos.Y este jueves, 28, comienza la segunda parte.
Hasta más leer!!
Comentario:
lo vuestro es demasiado.... vosotros estáis en verona o sois ciudadanos del mundo???
yo quiero tambien!!!! yo en abril me voy a miamI!!!
yo quiero tambien!!!! yo en abril me voy a miamI!!!
Comentario:
Unos pocos días más de interrail y me hubiera ido con vosotros a Eslovenia! ya me contaréis! Próximo Marruecos! Recuerdas los consejos que te di bruji? ;)
Un abrazo. San
Un abrazo. San
Comentario:
¿Por qué siempre hay un McDonald´s en cada una de las ciudades que uno visita?
¿Y por qué uno siempre acaba yendo algún día a comer ahí?
Magnífico viaje y magnífica crónica.
Besos desde la France!
¿Y por qué uno siempre acaba yendo algún día a comer ahí?
Magnífico viaje y magnífica crónica.
Besos desde la France!
Comentario:
Demasiado chachi, diría yo!! Madre mía, quedar en Venecia con un amigo para ir a comer a su casa y de ahí irte a Eslovenia (a miles de sitios de nombre impronunciable)... es la leche!!
Y ya con lo del capuccino me has matado. Meri, hoy hemos hecho café panameño en el fósil de cafetera que nos dejaste... te hubiera gustado mucho.
En espera de más crónicas, un beso grande, grande
Y ya con lo del capuccino me has matado. Meri, hoy hemos hecho café panameño en el fósil de cafetera que nos dejaste... te hubiera gustado mucho.
En espera de más crónicas, un beso grande, grande










