El comienzo
Los últimos rayos de sol asomaban tímidos entre las esponjosas nubes. Antes de irme quería un sorbo más de esta impresionante copa de colores, de furtivas miradas a sus espectadores que hipnotizados dejaban transparentes sus expresiones, sus sensaciones, sus sueños. Algunos abrazados cariñosamente a su supuesto reflejo de vivencia otros solitarios como yo inmortalizando tanto esplendor.
Al no poder compartirlo con nadie me lo guardo en el disco duro… algún día podré hacerlo, pienso…
Por fin decido emprender el camino a casa, ha sido un día largo y deliciosamente artístico. Mi cámara guarda con recelo lo que mis ojos ha sentido, lo que mi corazón ha visto. Un día solitario con mi propia compañía que aun a veces me resulta extraña.
Bajando las escaleras del parque sonó mi teléfono, una voz femenina me ofrecía un café en un sitio agradable. Me apetecía bastante aunque mis músculos estaban cansados de tanto deambular sin rumbo fijo en una ciudad con tantos rincones mágicos. Después de pensarlo un poco y de tener mi típica lucha con mi siempre presente reflejo acepte la invitación y me dirigí a su encuentro, hacía tiempo que no la veía y echaba de menos nuestras filosóficas conversaciones.
Ahora que lo pienso todavía no te he hablado de mi reflejo y es importante que le conozcas, ya que prácticamente es el protagonista de los hechos que nos acontecen.
No le puedo poner nombre, pues sería tan absurdo como llamarme a mi mismo de otra manera. Se trata de mi alter ego. Hace cosa de un año más o menos fue cuando por fin despertó de un largo sueño de veintinueve años y desde entonces no hay nada que diga o haga sin que me lo discuta o me reprima con sus sermones.
Su llegada a este mundo se debió a una gran conmoción que sufrí, y esta fue el día que descubrí que lo podía hacer todo, llegar hasta donde quisiera, alcanzar cualquier meta…y que el único obstáculo que me podía frenar era yo mismo. Puede sonar absurdo pero realmente no me había dado cuenta antes, ni siquiera me lo había preguntado. Estaba tan ocupado mirándome el ombligo y culpando al resto del mundo de mis problemas que no había reparado en el jamás.
Su llegada fue impresionante, en muy poco tiempo comencé a notar el cambio. Sus sabias palabras resonaban en mi interior como si de la boca del mismísimo creador se tratase. Me hacia observar cada pequeño detalle, cada insinuación de belleza que me rodeaba, cada persona con la que me cruzaba. Todo esto ya estaba aquí antes, el que no estaba era yo, o mas bien el.
Al principio su presencia era necesaria, imprescindible. Ahogaba mis temores oscuros que me paralizaban y empujaba mi autoestima realizando por primera vez juicios justos conmigo. Ya no era el abogado inquisidor que me miraba desde los ojos del miedo y la represión. Ahora entendía que todo se basa en un proceso, un aprendizaje que lleva su esfuerzo, su tiempo y su dedicación, por eso me agarre de su mano con tanta fuerza, lo que llevó a que aflojara otras manos cercanas que tenía. Era algo que necesitaba hacer solo, solo “conmiego”.
Al no poder compartirlo con nadie me lo guardo en el disco duro… algún día podré hacerlo, pienso…
Por fin decido emprender el camino a casa, ha sido un día largo y deliciosamente artístico. Mi cámara guarda con recelo lo que mis ojos ha sentido, lo que mi corazón ha visto. Un día solitario con mi propia compañía que aun a veces me resulta extraña.
Bajando las escaleras del parque sonó mi teléfono, una voz femenina me ofrecía un café en un sitio agradable. Me apetecía bastante aunque mis músculos estaban cansados de tanto deambular sin rumbo fijo en una ciudad con tantos rincones mágicos. Después de pensarlo un poco y de tener mi típica lucha con mi siempre presente reflejo acepte la invitación y me dirigí a su encuentro, hacía tiempo que no la veía y echaba de menos nuestras filosóficas conversaciones.
Ahora que lo pienso todavía no te he hablado de mi reflejo y es importante que le conozcas, ya que prácticamente es el protagonista de los hechos que nos acontecen.
No le puedo poner nombre, pues sería tan absurdo como llamarme a mi mismo de otra manera. Se trata de mi alter ego. Hace cosa de un año más o menos fue cuando por fin despertó de un largo sueño de veintinueve años y desde entonces no hay nada que diga o haga sin que me lo discuta o me reprima con sus sermones.
Su llegada a este mundo se debió a una gran conmoción que sufrí, y esta fue el día que descubrí que lo podía hacer todo, llegar hasta donde quisiera, alcanzar cualquier meta…y que el único obstáculo que me podía frenar era yo mismo. Puede sonar absurdo pero realmente no me había dado cuenta antes, ni siquiera me lo había preguntado. Estaba tan ocupado mirándome el ombligo y culpando al resto del mundo de mis problemas que no había reparado en el jamás.
Su llegada fue impresionante, en muy poco tiempo comencé a notar el cambio. Sus sabias palabras resonaban en mi interior como si de la boca del mismísimo creador se tratase. Me hacia observar cada pequeño detalle, cada insinuación de belleza que me rodeaba, cada persona con la que me cruzaba. Todo esto ya estaba aquí antes, el que no estaba era yo, o mas bien el.
Al principio su presencia era necesaria, imprescindible. Ahogaba mis temores oscuros que me paralizaban y empujaba mi autoestima realizando por primera vez juicios justos conmigo. Ya no era el abogado inquisidor que me miraba desde los ojos del miedo y la represión. Ahora entendía que todo se basa en un proceso, un aprendizaje que lleva su esfuerzo, su tiempo y su dedicación, por eso me agarre de su mano con tanta fuerza, lo que llevó a que aflojara otras manos cercanas que tenía. Era algo que necesitaba hacer solo, solo “conmiego”.





