logotipo

img_google
La vida al sol
Cada momento vivido es irrepetible: comunícalo.
Acerca de
La vida transcurre como también lo hace el sol que le da soporte. Comunicar aquello que nos gusta o que nos destroza, pero que -al fin y al cabo- nos acontece, puede ser una buena experiencia.
Sindicación
 
Privilegio
Un matrimonio cualquiera, estándar a tope. Viven bien, regular y mal, como muchos, como casi todos. Dos hijas para verlas crecer y madurar, para observar cómo despliegan sus alas en la vida, estudian, se casan, etc. La madre cae postrada por larga y mortal enfermedad. La familia se resquebraja, pierde su equilibrio y su norte. Pasan los años y esa mujer fallece.

El padre se niega a aceptar lo sucedido y prosigue la vida irregular que comenzó cuando la situación anterior empezó a poder con su ánimo y con sus fuerzas. Se hace trajes nuevos con el vapor del alcohol que lo acompaña por doquier, desatiende su negocio, que se mantiene en pie a pesar de él, e ignora a los restos de lo que antaño fue su familia.

El tiempo, ese gran cabrón, persiste en su obra terca y obstinada hasta que lo consigue. Tras dos infartos cerebrales el colega M. muere de cuerpo el día uno de Noviembre. De alma, nos había dejado ya hace algunos años.

Y comienzan las sorpresas en cuanto al dinero, al estado del negocio, a la aparición de un socio-parásito verbal que pretende exigir unos ciertos derechos sobre la carroña … y surgen de mano de mi hija un par de huérfanas en la puerta de mi casa pidiendo ayuda, amparo, pañuelos … lo que sea.

Y este zopenco ególatra que os mal-escribe tarde y a destiempo, se embarca en una guerra de guerrillas empresarial en defensa de las desheredadas, de la cual os ahorraré detalles macabros y pinceladas de veneno. Para qué. No merece la pena chapotear en ese barro.

¿No os sorprende mi silencio en la red? ¿No consideráis extraño que me vea embarcado en una película que ni me va ni me viene? No estoy siendo justo. No tenéis todos los datos para opinar ni para formaros un juicio sobre este asunto.

Es que, realmente, soy parte interesada en la contienda. Salvo por el detalle de la muerte de la esposa, hace un montón de años (muchos o pocos son cuestión del punto de vista de quien lo mire) que yo estuve en una situación que se aproximaba a velocidad de crucero a la que os he referido.

Sorprendentemente, una última chispa de coraje, o de cordura, o de sana insensatez, qué sé yo, me sacó de ese pozo lúgubre a hostias y con el alma en carne viva. Desde ese punto, he ido subiendo y bajando todos los días por las montañas y las simas de esta vida y, evidentemente, no seré yo quien haga escarnio de alguien caído en el mismo agujero donde yo pude haberme quedado.

Es más, siento que en mi cuenta corriente aparece con carácter perpetuo una deuda que no caducará jamás y a la que nunca deberé negar mi apoyo.

Por lo tanto, aquí estoy … pagando. Con una incierta y amarga sonrisa en la cara, tragándome el marrón y pagando lo que deberé eternamente: el derecho a la vida de los demás, de los menos favorecidos que yo, de los que no han sido unos privilegiados al carecer de una segunda oportunidad en este juego.

Y esto es todo, dreamers. No es un post muy gallardo, pero tenía que sacarlo de dentro de mí. Al fin y a l cabo, sigo siendo un privilegiado, ¿no?

Sweet kisses, anyway ;-))))).

PD.: La canción que os cuelgo del “casposo” es como mi estado de ánimo, roqueña, quejumbrosa y un poco bronca. Del Boss Springsteen. Tiempo habrá para otras más alegres, que la vida está llena de música. Smuacccccccs, corazones ;-))).



Powered by Castpost
 
Gritos y Susurros
Con el paso de los días y la presión de las obligaciones laborales noto que se van diluyendo las ensoñadoras sensaciones de mi viaje portugués. No creo que me ayude pensar que ya es la tarde-noche de un Domingo, que he trabajado todo el finde en el despacho, que me escuecen los ojos, que estoy cansado y un tanto desencantado … y que me gusta quejarme un poco, claro ;-))))))).

Así que voy, me atrevo y me quejo. Me quejo insensatamente en nombre de la pareja que estaba comiendo en un banco de la Plaza de España cuando yo venía esta tarde a mi oficina. Tenían trazas de pensar que una “solución habitacional” de 30 metros cuadrados, como las que propone nuestra señora ministra, eran algo infinitamente mejor que el puto y duro banco que constituía su “hogar” actual. Sus pertenencias yacían a sus pies, descalzos, metidas en un par de bolsas del Corte Inglés, y sus caras decían a gritos “no tengo futuro” y “ahora estoy comiendo, después no sé qué haré”.

Y me quejo por boca del colega rumano, pequeñito y moreno, que toca el acordeón a la salida del Mercadona, llueva, granice o caiga sacrosanto fuego del cielo, con una infinita sonrisa en su cara. Debo pensar que adora su trabajo y que las monedas que le echamos en la cajita que pone en el suelo le dan para inversiones inmobiliarias. Dudo por ello que acceda a ofrecerme en traspaso su lucrativo y cómodo negocio, sobre todo ahora que está a punto de sacarlo a cotización en Bolsa.

Qué decir de los ecuatorianos que estoy oyendo bajo mi balcón intentando vender alguna baratija artesanal para cenar. No sé si comprarles el arco con flechas, aunque resulta mucho menos vistoso y aparente que el de los juguetes de marca. Quizás me quede con uno de esos collares de cuentas de colores “tan” étnicos y coloniales a la vez, y así lavaré un poco la mala conciencia que me queda tras asomarme y ver a toda la familia al completo afanarse en torno a su trozo de tela con escasa mercancía.

Hombre, diviso también a mis queridos black-top-manta favoritos. Se nota por lo lustrososos que están, por los repletos anaqueles donde muestran los CD y DVD que tienen a la venta, y por los opulentos fajos de billetes que exhiben, porque le están ganando el pulso a las multinacionales discográficas. Con ellos, faltaría más, no puede ni la SGAE con su canon abusivo ni la policía municipal … que corre bastante menos que ellos.

Y ¿qué decir de mí? Llevo tres o cuatro días con esa infame sensación de fracaso o de descontento mordiéndome en la boca del estómago, diciéndome que no lo estoy haciendo bien, que me he vuelto a equivocar de tren y que no merezco ni el pan que me como.

Conozco esa punzada macabra y cabrona a la vez, porque me acecha periódicamente y me mete el miedo a mí mismo en el cuerpo. Me tiene bien cogida la medida y no para de insinuarme que yo soy yo, pero metido en el cuerpo y en la vida de otro, y que no tengo huevos ni para tunear ese cuerpo y que me quede como a medida, ni para salir de él y buscar el que me pueda corresponder. Vamos, que me pone de cobarde, pringao y mamón hasta las cejas de los ojos de ver.

Me parece recordar, de otras ocasiones en que estos sentimientos me visitan de ciclotímica forma, que mi única defensa es apretar los dientes, seguir con mi vida y mi curro e intentar ser una persona razonable y serena hasta que amaine la galerna … pero siempre me queda el resquemor de que pudiese haber alguna punta de razón en sus argumentos.

Y eso me pone a parir, en el disparadero, con el corazón palpitando camino de la boca y un poso de infinito cansancio en el fondo de mis pupilas otras veces rientes y soñadoras.

Ya lo sé, es Domingo, festivo, vacacional, yo he comido y cenaré, tengo familia, trabajo, coche, un par de casas y hasta algún que otro ordenador para quejarme a gritos en la red. El post que acabo de escribir a navajazos no es elegante, ni tranquilizador, ni está excesivamente bien escrito.

Pero es que los exabruptos del alma son eso: gritos toscos, emitidos sin orden, envueltos en aromas de angustia y miedo, que salen sin control alguno ... al sol.

Sorry, pues. Os pido disculpas. :-((((

Mañana que es sweet Lunes, será otro cantar. So long, dreamers, so long. ;-))))



 
Saliendo Fuera


A menudo siento que la rutina diaria, aquella que se sustenta en esquemas tipo "de la casa al trabajo y del trabajo a la casa", llena de sombras de insatisfacción esa vida que pretendo rutilante, maravillosa y plena en todos los sentidos. De ahí que, de vez en cuando, ceda a unos ciertos deseos de cambio y me largue a otra parte, lo más lejos que pueda (me da igual una playa en las Seychelles que otro barrio en mi ciudad).

Así, pienso, todas mis penas se tornarán alegrías, todas mis incertidumbres serán certezas inamovibles, no conoceré ya más el desaliento ni la tristeza, viviré por siempre envuelto en aromas de jazmín y azahar en el jardín de la eterna felicidad ... y no tendré que hacer nada para conseguirlo. ¡Wowww, baby ;-)))!

Pero, como siempre, nada de ello sucede, y veo que caigo de nuevo en la vieja trampa que me promete comenzar de nuevo, sin ataduras del pasado y sin problemas para el futuro, viviendo un presente que se presenta plácido, venturoso y ¿diferente?. Siempre me sorprenderá esa palabra: "diferente". ¿Diferente a qué? ¿Por qué tiene que ser diferente? ¿Tan jodidos y arrastrados vamos que nos vendemos por un bocata de diferente con bacon y mozzarella?

Venga ya. Lo guapo de estar fuera de tu casa, de viaje por ahí, consiste en que tienes la oportunidad de enriquecerte con un montón de sensaciones nuevas, de las que no disfrutas a diario. Y nada más ... y nada menos ;-). Tras ello, es hora de volver a tu redil, con el zurrón un poco más lleno de especias y vivencias, y seguir con tu camino, con tu música, con tus amigos y con tu vida.

Pero para convencerse de todo esto, es necesario engañarse periódicamente, quemar tus naves cotidianas y salir hacia el infinito, con el espíritu ligero y las piernas frescas, que ya descansarás a la vuelta.

He pasado una semanita larga en Lisboa, con mi chica, y ahora me encuentro la mesa de trabajo llena, no de postales de viaje, sino de curro puro y duro. Y, ¿sabéis qué le he dicho al infame montón de papeles cuando los he visto?: apartad a un lado, cabrones, que hoy vengo con los ojos llenos de sueños maravillosos y vosotros podéis esperar hasta mañana para tocarme los huevos. Sorprendidos por mi bravata, me han dejado tranquilo por hoy, con mi placidez y mis recuerdos recientes. Aproveché la pequeña tregua para escribiros unas líneas y subirlas al blog, que ya tocaba.

Esta tarde iré a darme un voltio por mi querido Sunset, ese que me acompaña allá donde voy, que no tiene nacionalidad ni espacio físico real donde ubicarse.

Y es que el sol, tras sonreirme descarado, cae lentamente por el horizonte todas las tardes y en todas partes.

Bye, dreamers. Hasta luego y hasta siempre ;-))))))))).


 
Querido Calendario. Dos Puntos.
Miro de reojo el calendario y contemplo con asombro la fecha: es día 11 de Agosto. No hace mucho era plena Semana Santa y ahora estoy sentado en la mitad del verano. Mis tareas en el trabajo han cambiado, y llevo una semana manteniendo los equipos informáticos, instalando un par de discos duros ethernet, automatizando la política de copias de seguridad … haciendo tareas metódicas, precisas, controladas … desacelerando al fin de la vorágine del mes pasado.

Es un curro borde, absorbente, que te deja ensimismado a las mínimas de cambio y con cara de pantalla cuadrada, pero hay que hacerlo … o pagar porque te lo hagan, claro. Lo que está meridianamente claro es que moi, el que suscribe, su seguro servidor, se abre a media mañana del Lunes 21 y desaparece del tráfico ciudadano diez o doce días … si es que los clientes y las urgencias me lo permiten.

De ahí mi alucine inicial al constatar la fecha de hoy: he comenzado mi particular cuenta atrás en el tiempo hacia la desconexión. Ya no es una utopía que se esconde en el lejano horizonte, ya no es un concepto esgrimido en los momentos de cansancio, está ahí, al lado, tiene nombre y apellidos, la alcanzo con la yema de los dedos.

Y os prometo que me hace falta la parada. Llevo un año de locos y me sabe mejor el pensamiento de que voy a hacer stop durante unas pocas jornadas que lo que efectivamente haga y deshaga en ellas. Preciso dejar de gestionar “ad continuum” una agenda en la cabeza, resetear momentáneamente mi locura y desfragmentar en condiciones mi cerebro.

Quiero llevar a cabo cosas simples, nada sofisticadas. Tomar un poco el sol, pasear al atardecer-anochecer-amanecer, oler la brisa marina cuando me plazca, guiñarle el ojo derecho (siempre el derecho) a las estrellas … incluso dar la nota y tomarme una Pepsi-Max cuando los demás se tercien un Cardhu o una Bombay Saphir ;-))))).

Pero, tras ese aparente descanso, lo que más deseo es pensar. No sé muy bien en qué, pero pensar, diletante, absurda y aleatoriamente, porque el resto del año nunca tengo tiempo para eso, y me apetece, narices.

Y es que me encantaría saber qué quiero hacer en el futuro inmediato, cómo quiero hacerlo y por qué/para qué realizar ese esfuerzo ímprobo, cuando se está tan de puta madre charlando en el Sunset con voz queda y sin agobios. Comprendo que todo esto sean quizás pensamientos que tenemos todos en algún momento, y que deben formar parte de la propia naturaleza humana.

Pero esa es otra historia, compañeros, y ya os contaré cómo termina la novela … cuando la lea, por supuesto ;-)))))).

Mientras tanto, deseadme un feliz aterrizaje que, de alguna forma y entre pensamiento y pensamiento, seguiré entre vosotros, os leeré y comentaré/postearé lo que buenamente pueda y la infame conexión a Internet de la playa me deje.

Al fin y a la postre, cuando uno se pone régimen, aunque sea de dejar de mano las cosas que habitualmente hace, cuando mejor se lo pasa es cuando se lo salta, ¿no? ;-P

Felices vacaciones a quien las tenga, bloggers. Os veo por ahí.


 
El Samurai
Hace un rato hice acopio de valor y me dirigí, con la cabeza gacha y las manos en los bolsillos, como disimulando, hacia la puerta del Sunset. Desde lejos, he visto la pintura de la puerta, desgastada, pidiendo a gritos una reparación urgente. Al llegar, abrí con esfuerzo el herrumbroso candado. Mmmmmm, joder, cómo se desgasta el metal bajo la brisa marina.

¡Ñiuikkk! Hay polvo para barrer y limpiar. El frigorífico y las bebidas están bajo mínimos, y en el bote del café no queda ni para hacer un cortadito medio decente. Sin embargo, mi dulce Sunset me ha recibido sin un reproche, casi con un “como decíamos ayer…” coloquial, lleno de agradecimiento como un perrillo temporalmente abandonado.

Y claro, me ha sacado los colores su bondad y su paciencia para conmigo. Así que le he hecho promesas de fidelidad y, poco a poco, he notado como se auto-limpiaba, abastecía y redecoraba el muy bribón. Ahora brilla y vuelve a lucir esa pátina de lugar amable y cómplice, propicio para las confidencias y la reparación de mentes y de almas.

Hice un largo y profundo viaje, le conté. En él, o mejor a través de él, restauré muchos lazos que me unen con mi pasado, me sentí respetado y oído por otras personas … y conseguí no herir ni humillar a nadie, aunque no me faltasen razones para hacerlo. Muchas veces, me bastó con mi mirada (que ahora presumo más penetrante o más expresiva que antes), otras tantas fue mi presencia, que es definitivamente diferente a la de tiempo atrás. Crecí. Soy otro, y quizás os deba a vosotros, bloggers, buena parte de mi evolución.

A la vuelta, cayó con fuerza sobre mi chica y sobre mí el cambio habido en nuestra forma de vida. Habíamos pasado de vivir por y para cuidar a sus dos viejos a perderlos, y con ello a quedar un tanto vacíos de contenido, de sentido, de “misión”. Hemos debido readaptarnos nuevamente a este puñetero mundo, reescribir otra vez nuestro tiempo libre y nuestras ocupaciones: y eso nos ha llevado un tiempo, ¿vale?

Ha coincidido con el comienzo de “mi” temporada de Impuestos, así que he ido en volandas, montado sobre el negro corcel del trabajo hasta hoy, 31 de Julio, en el que finalizo mi último plazo. No renegaré de este ajetreo laboral, porque me ha servido para desconectar del dolor de la pérdida de seres queridos, y en estos casos cualquier ayuda es bienvenida.

En este bendito día de frontera hacia “il ferragosto”, me doy cuenta, asombrado, de que comienza a bajar mi nivel de adrenalina que me ha mantenido alerta y funcionando estos duros meses, que debo acostumbrarme a mi nueva situación e ir desconectando poco a poco, hasta que me vaya de vacaciones allá para el lejano día 21 … y que este jodido tiovivo ha seguido girando sin esperarme ni tenerme en cuenta para nada ;-))).

Así que, resumiendo, salí de viaje en un ya lejano mes de Abril vestido de Peregrino, y vuelvo a aparecer casi en Agosto, con las vacaciones en puertas, surgiendo de entre las brumas del curro, los plazos, los impuestos … y pertrechado como un Samurai, que es en lo que me he convertido.

Efectiviwonder, ahora sé que soy una suerte de Guerrero muy diferente, dotado de un código de honor, de una cierta sabiduría y de una forma “especial” de hacer las cosas, para bien y para mal.

Ser un Samurai obliga a mucho, y yo he decidido atreverme.

Sayonara, bloggers, anyway.
 
El Peregrino
Mañana a primera hora, casi de madrugada alevosa, salgo de viaje. Este no es un viaje normal, dentro de la excepcionalidad que suelen llevar aparejada, ya que no marcho por motivo de placer, diversión o trabajo, sino que voy/vamos a enterrar las cenizas del padre de mi chica, y eso marca bastante la diferencia.

A través de 700 kilómetros, pensaré en cómo me ha ido durante mis últimos veintitantos años. Siento que una etapa de mi vida ha terminado, que las cosas han cambiado definitivamente, que –como siempre- todo va a ser distinto a partir de ahora. Afronto el tránsito como si de un viaje iniciático se tratase, pero a la inversa.

No voy exactamente a comenzar algo, sino a terminarlo. Veré lugares, calles, gentes que probablemente no vuelva a contemplar o que -en todo caso- tarde mucho tiempo en volver a visitar. Camino a despedirme de un amplio trozo de mi vida, a cerrar un círculo largo tiempo atrás comenzado, a guardar en la mochila del recuerdo un montón de imágenes y de sentimientos cuya evocación me llena de congoja y me hace reflexionar sobre la condición humana.

Cabalgo, pues, al encuentro de mí mismo en otra línea temporal, con la intención de afrontarme con una sonrisa indulgente y de dar las gracias a todo lo bueno y lo malo que me aconteció en mi “inmediato” pasado. Me gustaría que fuese una despedida sin rencores, sin malos sentimientos … madura. Y estoy dispuesto a matar porque así sea.

El Domingo por la noche estaré de vuelta, con la mirada un poco perdida y alguna lágrima huyendo por mi rostro, quizás más humano, quizás algo cansado, pero con la firme certeza de haber hecho lo que debía hacer por mis mayores, con el deseo de que exista alguien que haga lo propio por mí cuando llegue mi momento.

Me doy cuenta que me expreso con cierto aparente desánimo. No es del todo cierto. Busco las palabras, entrenándome ya, para no herir a nadie, para transmitir paz a otra gente, para decir que la vida sigue y que yo estoy preparado para hacer de ella mi compañera y no mi enemiga.

Cuando vea en qué queda este cóctel de enfrentados pensamientos, cuando los contraste con la realidad y con la peregrinación de este viaje … prometo contároslo todo, compañeros.

Mientras tanto, felices sueños, buena música, mucha suerte y un venturoso finde, dreamers.


 
Maquillaje
Llevo varios post seguidos pontificando sobre temas trascendentes y de una aparente suma importancia, hasta que he caído en la cuenta de que, en nuestra pelea diaria, nos ocurren cosas del más variado pelaje. Y no necesariamente son sucesos del más alto nivel filosófico, sino acontecimientos normales, vulgares, dotados de una dulce pátina de cotidianeidad.

Anteayer me miré en el espejo mientras me lavaba la jeta, as every day, cuando contemplé un rostro amigable pero cansado que me observaba desde la otra parte del vidrio.

Cansado, esa era la palabra. La falta de sueño, las preocupaciones y los ajetreos de los últimos meses vividos de una forma caótica, me habían dibujado unas preciosas ojeras de diseño gótico bajo mis ojos.

Pensado y hecho. De un golpe borré siglos de barbarie pretendidamente masculina y me chuté un par de dosis de igualitarismo “de género” postmoderno ;-))))). Me tragué todo lo burdamente aprendido por generaciones de hombres de pelo en pecho, rebusqué por los armaritos del cuarto de baño y localicé el Santo Grial que mi dolorida piel ansiaba.

¡Hélas! Tomé con mano temblorosa un frasquito de crema hidratante con liposomas, de esos que te entran en el típico lote de colonia, adjuntos al frasco de perfume varonil y, sin saber muy bien cómo hacerlo, comencé a extender el “infernal”. brebaje sobre mis trabajadas ojeras.

Sorpresa mayúscula la mía, readers. No sólo no me encuentro menos hombre que antes, sino que mi piel respiró aliviada y confortada. Se está de puta madre cuando te aplicas un remedio “pretendidamente” femenino, y además no te crecen cuernos, ni tetas ni nada por el estilo.

Así que he decidido salir del armario empotrado en el que antiguos recelos genéticos me habían encerrado, y pasarme a la acera de enfrente, a la de la comodidad, la autoestima y el correcto conocimiento de la realidad. Lo que sí pido, a quien tenga experiencia en estas lides, es que me déis un curso acelerado de marcas, calidades y procedimientos para reconvertirme en el hombre metro-sexual que siempre he llevado dentro y nunca he sabido descubrir.

Va en serio, se agradecería información detallada y contrastada con experiencias personales propias, niñas.

Pero, en fin, me rindo y prometo dejar de hacer el gilipollas y utilizar cuanto de bueno hay en este mundo, sin parar en mientes de su posible y/o perversa adscripción unilateral a uno u otro sexo. ¡Los productos de belleza son para quien los necesita! Y sin pedir acreditación de sexo o condición para su uso.

A raiz de comenzar “a cuidarme” un poquito, he notado la ampliación de mi capacidad para levantar un par de días de trabajo duro y difícil, así como la mejora de mi humor y de mi trato con los demás.

Puede ser una casualidad. Puede. Pero yo, por si acaso, sigo con mi crema mágica, meciéndola a diario como un fetiche y maldiciendo mi anterior estupidez al haber estado aplicando (quizás sin saberlo) clichés que pensaba tenía superados.

Big Doc ha tenido de nuevo, y no será la última, otra lección. Estoy vivo, pues, ya que sigo aprendiendo cosas en esta vida canalla y veleidosa.

Y os dejo, dreamers, que antes de pasar por el suave Sunset de este finde que nos comienza a acariciar … debo ir a maquillarme un poco ;-))))))).







 
Long and winding road
Poquito a poco mi chica va recuperando un atisbo de normalidad en su vida, y yo siento que mi adrenalina, que la ha ido sosteniendo de la mano durante este tiempo, desciende dentro de mi cuerpo. Así que intento aguantar tranquilamente la bajada, ya que sé exactamente de lo que se trata.

Es curioso que, cuando sientes que eres absolutamente necesario e imprescindible para alguien querido, te multipliques y eches el resto aun por encima de tus auténticas fuerzas. Tras ello, una vez finalizado el apretón, es bueno ser consciente de que has traspasado el límite físico y anímico, y que debes aletargarte momentáneamente en un pequeño descanso reparador antes de seguir y quemarte en el intento.

Eso es lo que me dicta mi pensamiento racional, y tengo claro que es así. Lo que ocurre es que se te queda una cara como de una lasitud y un cansancio infinitos … y el puto día a día no te espera ni se detiene. En fin, que he identificado los síntomas y sus causas, pero que eso no quita para que uno se sienta, en el fondo de los fondillos más fondeados, miserablemente jodido, ¿vale? ;-))).

Me tumbo sobre la esplendente hierba de la blogosfera y os veo a los demás, o mejor dicho os intuyo a partir de lo que dejáis traslucir en vuestras bitácoras, cada cual con sus problemas, sus victorias, sus achaques, sus satisfacciones … y su forma de vida. Y me place un montón contemplar cuanto de pálpito vital, de sinfonía de sentimientos y de derroche de anhelos exudan vuestras letras, aunque reconozco que no siempre van las cosas como quisiérais.

Bueno es plantearse que bastará un minúsculo rayito de sol reverberando en el agua de una fuente, la percepción de la amable quietud de una calleja del casco antiguo, la mirada franca de un amigo o el olor del césped recién cortado de mi Alameda, para que me transfigure, henchido el pecho con renovados bríos, y grite: “ a por ellos, que son pocos y cobardes … “

Y a la espera del próximo subidón, que llegará, con infinita paciencia y una sonrisa abierta y cómplice, se despide hoy de vosotros vuestro hijo amantísimo, vuestro seguro servidor, quedando a la disposición de V.I., cuya vida guarade Dios muchos años …

… Digoooooo, que Viva Zapata, o que arriba er Betis manque pierda, o que George Clooney for President, o …

O que esta noche sirvo personalmente las copas en el Sunset. Con todo lo que trajísteis la última vez, tenemos para una semana larga de orgía, cabrones ;-))).

Brindo por vosotros, dreamers, y especialmente por Paloma, Wolf, Cam, sweet Lola, le Capitain y tantos otros que puedan necesitarlo: os echo de menos más de lo que gustaría confesar. Izo la bandera pirata, el Jolly Rogers,. ¡A por todas, sin compasión!.

 
Filosofía barata
Vivimos en pleno siglo XXI, en la era de la supercomunicación, de la revolución informática, de internet a cualquier hora y en cualquier sitio. Técnicamente, entre la red y el móvil perdemos nuestra privacidad a cambio de estar permanentemente localizables, eternamente accesibles, a un par de clicks de distancia de ninguna parte.

Y a veces, bastantes más de las que desearía, esta aparente situación de disponibilidad y comunicación se me muestra como una gran mentira. ¿Vale que puedo charlar con multitud de personas y desarrollar un montón de actividad, y a la vez notar un gran vacío en las relaciones con la gente más cercana?

¿O es que el rechazo, la incomprensión y las dificultades de compartir la vida nos arrojan en brazos de blogs, foros, correos, chats y páginas web? Siento que podría volar a la Luna o a Marte, pero que casi no sé hablar con mi compañero de trabajo, con mi vecino … o con mi hijo. Es quizás una de las paradojas de la civilización actual, uno de los aparentes dilemas que se me plantea cada vez que percibo el vacío amargo que se me instala allende el corazón en las horas bajas.

Tranquilos. No me encuentro mal en absoluto en este momento. Es más, estoy contento de mis últimas jornadas, de mis vivencias y de mis comportamientos: bueno, de casi todos ;.))), como era de esperar. Sólo son absurdas reflexiones recurrentes que surgen entre la niebla de vez en cuando … y ahí deben estar.

De hecho, he aprendido a positivizar al máximo cuanto me sucede cada día. Me esfuerzo por “trabajar” mis relaciones humanas, tanto en casa, como en el trabajo … como en la red. Todos nos necesitamos a todos. No es “homo hominis lupus” sino “homo hominis colega”, o así debiera serlo.

Ya no me machaco más con cuestiones de cómo me gustaría a mí que fuesen las cosas, sino que intento disfrutar de cuanto de bueno (mucho o poco) pueda obtener de ellas. No me peleo con lo que sucede: me hago aliado del suceso y, guiñándole pícaramente el ojo, le robo la cartera si se deja.

Discuto poco, miro con los ojos muy abiertos todo cuanto ocurre a mi alrededor, escucho con mucha atención a los demás, tiendo siempre una mano y las dos a veces, sé que estoy aquí para vivir y no para morir a base de bofetones morales por ver quién tiene la razón. Normalmente todos tienen/tenemos un poco de ella, y sólo nos falta conocer el porcentaje y asumirlo.

Ni de coña pongo la otra mejilla, por si me la parten en mil trozos. Necesito abiertamente que los demás se encuentren bien, les vayan bien las cosas, sean moderadamente felices, porque así lo soy yo también. No creo que sea pecado este pensamiento.

Así que en este mundo bloggiano en el que escribo de ciento en viento, el personal derrocha sentimientos por un tubo, nos contamos nuestro pasado, nuestras vivencias, nuestros hobbys, nuestra lucha diaria, nuestros amores y desamores, con una franqueza que raya en la familiaridad manifiesta, en el streap-tease descarado y en el psicoanálisis más profundo.

¿Qué queréis que os diga? Yo no veo malicia, ni prepotencia, ni exhibicionismo, sino ternura, apoyo y solidaridad … ganas de querer y de ser queridos. ¿Acaso es un agravio desmesurado?

Luego la red no es ese mundo tan sórdido, metálico e impersonal que yo quería hacer aparecer al principio de este difuso post. Lo que yo he vivido aquí “dentro” me ha hecho ser después mucho mejor “fuera”, en la vida de carne y hueso, en la de currar, lavar, hacer la comida, ir al Mercadona o al Carrefour, pasar el aspirador y tomarse unas copas con los amigos. Hago lo mismo que siempre, pero con otra filosofía, con otras formas, con más respeto y menos tropiezos.

Dicho queda. Os lo debía. Me tenéis a vuestra disposición, compañeros.

Pero tampoco os paséis, no sea que me dé el punto borde y os eche del Sunset a patadas.

Por lo menos, traed algo de bebida de vez en cuando, gorrones ;.)))).

Os quiero, dreamers.


 
Un tren a la Malvarrosa



Está sólo con sus pensamientos, dormido, en stand-by. O eso cree él. Ya pasó el examen de ayer viernes, aunque exuda por todos sus poros efluvios de ecuaciones diofánticas de Bernouilli y modelos estocásticos de alta bondad estadística. Lleva poco más de una semana volviéndose a dejar barba.

Realmente no puede ni con los huevos, pero es un chico “de palabra”, y cumple con lo prometido aunque se caiga de cansancio. Salió del examen a las ocho y media de la tarde. Una cerveza con los compañeros, un pequeño paseo, la cena y un café. Después, a empezar a preparar el próximo martirio: Economía de la Empresa-2. Estudió toda la noche, desayunó y tomó el “trenet” hasta la playa de la Malvarrosa.

Había quedado con su chica de entonces para ir a la playa, ¿no? … y aquí está. Descansa, perdida momentáneamente la fuerza, sin calibrar lo que le deparará la vida en el futuro. Aún no sabe que se casará un año de estos … aunque no con esta chica de ahora ;-)))).

Ignora que tendrá un par de hijos, o mejor dicho que los tendrá su mujer. No tiene ni idea de qué tipo de trabajo desarrollará en el futuro, aunque piensa … sí, que quizás una buena oposición para funcionario de alto nivel le satisfará, y además esos son puestos de trabajo cómodos, que no se cambian, que te acompañan toda la vida. Y, si es posible, le gustaría aterrizar en Madrid y en sus Ministerios.

Porque el chaval es bueno en sus estudios, condenadamente bueno y con chispazos de genialidad que le hacen salirse de caminos trillados en las asignaturas. Bueno, bueno, sólo está en cuarto de carrera y esto no ha terminado todavía. Corren los primeros días de Julio y le faltan aún un par de materias por finalizar. Después, un curso más, la puta mili, las jodidas oposiciones (o quizás al revés, no lo tiene pensado todavía …) y el bendito curro “oficial”.

Lo que ignora aún, porque lo ciega el sol que atraviesa sus Ray Ban y le cuece el pensamiento, es que en cuanto termine el servicio militar se verá envuelto, casi por casualidad, en su primer trabajo (en el sector privado, que no en el público) y sin tiempo para digerirlo se verá inmerso en una vorágine vital y laboral que lo llevará en volandas a sucesivos desempeños, a aumentos de responsabilidades y a su situación profesional actual, independiente y free lancer. Ningún Ministerio, ningún funcionariado, nada de echar raíces en la capital.

Claro que, entre medio, se habrá enamorado y desenamorado del tabaco, de la desesperanza y del alcohol, y habrá efectuado una pertinaz travesía del desierto personal, familiar y social que lo ha dejado marcado de por vida … y de por muerte si eso fuese posible. Y que sorprendentemente emergerá de esa maraña, de ese fondo de abismo, sintiendo a menudo que le está tocando vivir una vida que probablemente no se parece en nada a la que correteaba por sus pensamientos en este caluroso Sábado de Julio.

Y desconoce que, en el fondo, estará agradecido de estar vivo, de disfrutar de su actual condición y de haberse ido a la playa aquel día en vez de permanecer durmiendo y descansando tras su noche de estudio.

Así, una hermosa chica anónima (¡hola, MT!) no le habría robado el alma al realizarle esta instantánea ya descolorida. Y yo no la hubiera descubierto entre unos papeles de archivo olvidados.

Y este viernes no os estaría escribiendo este blue-post.

Y tampoco, quizás, idiota y sensible … lloraría.

Pero qué dulce besaba esa chica. ¡Por Dios … qué dulce, dreamers!.

 
Entre las brumas habita la Esperanza
Hoy he comenzado a vivir el mes de Febrero. Tengo la sensación, desde hace ya como diez o doce días, de haberme despertado de un sueño nebuloso, de haber aparecido entre brumas nuevamente en el mundo real.

Así que era eso. Ocurren un montón de cosas en tu vida. Te llevas unos cuantos revolcones en las costillas, te aletargas mentalmente una temporada … y optas: o bien te vas al carajo y no despiertas más, o un buen día tu mente decide que hay que seguir tirando del carro y de tu propia jeta.

O.K. , vaya un jodido “jet lag” vital que nos sacude de vez en cuando. ¡Mmmmmm!, me desperezo con absoluta concentración, miro a mi alrededor y observo que este circo no se ha dignado pararse ante mi aparente ausencia, sacudo la cabeza como hacen los perrillos cuando se mojan … y ya estoy otra vez dentro de este juego.

Por cierto, laboralmente, vaya puñetero mes de Enero. Aún estoy empachado de Impuestos y cierres fiscales. Ahora toca relajarse de la urgencia asumida con continuidad y alevosía de estas últimas jornadas e irse reciclando a la carga de trabajo habitual … que ya es bastante, compañeros.

Bueno, por casa voy bien … bien jodido, por supuesto. Lamento contaros mis miserias cotidianas, pero es el “tesoro” que tengo. Mi chica sigue con su recuperación de la operación de túnel carpiano en la “patita” izquierda. Dentro de unos meses acometerá la reparación de la derecha, cuando se vea en condiciones. Mi enano favorito tiene los pies hechos polvo de hacer deporte y no cuidarse en absoluto. Estoy haciéndole curas a ver si lo saco para adelante sin necesidad de pasar a mayores.

… Y parió la abuela: mi niña tiene paperas. Casi veinte años y las coge ahora que había vuelto a casa desde la Universidad, a preparar sus exámenes cuatrimestrales. En fin, ya puestos, cuidaré a todos mis polluelos y cultivaré mi espíritu y mi paciencia, porque sólo me falta que “alguien” me deje embarazado, n’est-ce-pas? ;-)))

Vale, tengo fuerzas, y si no las buscaré en algún sitio. Hoy voy por la calle con los ojos verdes de recién-despierto, mirándolo todo de nuevo con asombro, saludando a los colegas, diciéndome a mí mismo que voy a arreglar el mundo … o por lo menos a intentarlo un poquito. Y que sé que tengo que ser mejor, que soy mejor que hace algún tiempo, y que no me conformo con eso.

No soy un optimista incorregible, sino por convencimiento y necesidad. Necesito autoconvencerme continuamente de que las cosas van a ir mejor … o de que podré subsistir si no es así. Y me encantaría que a todos os fuera bien en la vida, bloggers.

Así yo me sentiría mucho mejor ;-))))

Que os quede claro que desde ya oteo el horizonte y llegan a mí aires de vida, de futuro y de cambios. Voy a por todas.

Posteo de nuevo. Un renacido y orgulloso beso para todos, dreamers.




 
El año pasado ... en Marienbad
El año pasado fue un periodo de tiempo sorprendente, al menos para mí. Comenzó con el que os escribe viviendo instalado en una suerte de rutina que me ahogaba en su inercia, y terminó con la muerte de mi suegro en la mañana del día 31 de Diciembre. Entre medio, me ocurrió de todo, menos estarme quieto sentado apaciblemente.

En efecto, conocí el blog … os conocí a vosotros: buenas, ¿qué tal estáis?, tuve un par de ajetreados viajes a Francia y otro financieramente delirante a Barcelona, falleció también mi suegra tras una dura pelea con el Alzheimer, paseé o fui paseado por mi perro a diario, trabajé como un borrego, ayudé a crecer a mis hijos, contemplé el mar todo lo a menudo que pude, hice de la música una querida compañera, serví de puntal de apoyo a mi chica mucho más de lo que hubiera querido, realicé chapucillas informáticas en casa y en el trabajo (ya estoy over-puesto en el tema), fui pasado a cuchillo diariamente por el jodido año que me/nos tocó vivir … y tuve tiempo de darme más de una vuelta por el dorado Sunset bloggero.

Omito a propósito los detalles de los cuidados médicos y humanos de los viejos de mi chica, las broncas de ella con sus tibios y lejanos hermanos, y las repercusiones que sobre nuestro día a día han tenido física y emocionalmente estas dolorosas vivencias. En la distancia y en un piadoso olvido quedan enterrados ya.

Un añito, pues, de los que dejan cicatrices, de los que te hacen pensar que ya lo has visto casi todo, que ya te ha pasado lo inimaginable y que, a partir de Enero, todo será coser y cantar y descansar con placidez. Ya sabéis que me gusta soñar que todo está tranquilo y bien ;-).

Pero esta mañana, yendo al trabajo, he visto desde mi Alameda y entre las nubes erguirse como un lejano mascarón de proa la figura del Edificio 2001 en la Plaza España. Es grande para tratarse de un rascacielos de Cartago: tiene unas 15 plantas de altura y cubre bastante extensión. Yo estaba a unos 500 metros, y desde la distancia me miraba socarrón mientras me susurraba entre el viento húmedo:

“Es que no te enteras, listillo de las narices, que vivir es no terminar nunca de que te sucedan cosas. ¿Por qué te empeñas en quedarte quieto, atrapado en una burbuja de tu existencia, sin que nada ni nadie te perturbe? ¿Acaso deseas la muerte, el descanso eterno y todas las demás letanías? Vete corriendo tú que aún puedes y sigue descubriendo la inmensa cantidad de situaciones que te amenizan el transcurrir diario, aunque a veces te hagan jirones el alma”.

Y, azorado, he avivado el paso hasta mi despacho y me he acurrucado ante mi mesa, mi ordenata y mi sillón, pensando en que debo hacer algo para seguir mi camino, puesto que no creo que nadie lo vaya a caminar por mí y, además, no pienso renunciar a cuanto de dulce o amargo me pueda deparar el futuro.

Así que, sólo, mirando la pantalla vacía y desconectada de mi máquina, esta mañana a las 08:05 he no-llorado lo que quizás debí, he palpado el sentimiento de vacío que se ha instalado en la boca de mi estómago, y voy digiriendo mi hiel y la de mi chica, mientras hago firmes propósitos de fulminar cuanto de malo pueda haberme sucedido y encarar este anodino 2006 de la mejor manera que sepa.

Prometo desahogarme con más moderación en otro momento, compañeros. Por hoy ya he abusado demasiado de vuestra comprensión y de vuestra paciencia.

El Sunset ha abierto. Barra libre para todos.

Y un besazo con el helado corazón que aún me queda. Ya lo calentaré. So long, dreamers.
 
Lo prometido es deuda
Cumpliendo con las peticiones de "un Fraile" que todos conocemos, aquí os cuelgo el escritorio de mi ordenador en la oficina.

Algún día, alguien escribirá un libro sobre lo locos que estamos, pero lo cierto es que el ordenata de cada cual dice bastante acerca de nuestros respectivos cocos, ¿eh?





Y por acá, hoy que parece que funciona castpost, podéis escuchar la canción de Lou Reed que referenciaba en mi anterior post. Debo ser la leche, pero a mí me inquieta y me gusta a la vez. Que la disfrutéis, compañeros.



Powered by Castpost


" ... and take a walk on the wild side ...", dreamers.





 
The Wild Side
Es cierto. Llevo un mes sin postear y me da vergüenza constatar que esto haya podido suceder. Me apercibo que, a veces, el transcurso de la vida marca sus propias directrices y no te das cuenta de ello hasta que lo observas con cierta perspectiva y ves todo lo sucedido en un periodo determinado de tiempo.

Este mes ha sido un plazo dedicado casi por completo al trabajo, a las migraciones de sistema informático y a los viajes, también de trabajo y no de placer precisamente. Pasado el cabo del día 11 me las prometía muy felices, con mis ordenadores y mi red funcionando por fin a pleno rendimiento, y conectado a la banda ancha por cable a 4 Mb.

Y entonces empezaron las sorpresas y los curros extras. He estado preparando dossiers para la implantación de una nueva empresa de tecnología industrial. Necesitan un aporte de financiación de 18-20 millones de euros, y negociar eso con empresas de capital riesgo no es sencillo para un pequeño outsider como yo. He estado un par de veces en Barcelona, presentando documentación y contestando preguntas. Añadidle la preparación de datos y la transmisión de contrapropuestas y tendréis una agenda convertida en un campo minado, sin resquicios para los momentos de ocio y bloggeo. Es posible que tenga que repetir ronda en Madrid. Si así fuese, avisaría al clan madrileño del blog, a ver si pudiera aprovechar para conocer a algún colega “face à face”, cosa que me apetece un montón.

Con este frente abierto, el sábado 19 explotó la bomba. Mis clientes de la conexión francesa estaban en pie de guerra. El día 22 me esperaban (realmente a todas las filiales europeas) en París, y el 24 en Saint Etienne-Doizieux. El mail y el fax se pusieron a echar humo … y mis neuronas también.

El sector químico va jodido de verdad, y habrá despidos. En Madrid no, por suerte, pero esto ha resultado una victoria temporal, y nada nos garantiza que no rueden cabezas según sucedan los acontecimientos. Por de pronto, las restricciones presupuestarias y los informes especiales por toneladas van a ser el pan nuestro de cada día. No os aburro más con esta jerga económica, que bastante hay con haberla padecido como para tener que recordarla en el blog otra vez.

Me quedo con unas horas agradables de paseo parisino por el Boul’ Mich (el Boulevard Saint Michel), donde unos aburguesados estudiantes diletaban sin asomo alguno de los disturbios en los banlieux exteriores, y con la presencia morena de Justine Z., mi contacto con la empresa matriz.

Ya en Doizieux, sede de la central, más de lo mismo en el nivel financiero y empresarial. Prefiero no extenderme. Salvaré de nuevo una mini-salida el viernes al Vol de Nuit de Saint Etienne para charlar y relajarme con Justine después de las últimas sesiones de trabajo. Menos mal que sigue habiendo un agradable feeling entre nosotros, porque la semana fue de lo más ingrato que te puedas echar a la cara.

Por cierto, navega en Blogger, así que –por si nos está leyendo- “je te dirai, Justine, qu’il n’ira plus sur les chemins, pleins de roses et de jazmins, jolie”. Disculpad el pequeño mensaje secreto para ella, compañeros ;-)).

El Sábado por la tarde llegué a Cartago. Deambulé agotado el Domingo, y desde ayer me voy peleando como puedo con las tareas pendientes del despacho. Al entrar el Lunes al mail, choqué de golpe con un montón de correos vuestros (tengo enlazado el blog) y caí en la cuenta del abandono en que había dejado tanto a mi bitácora como a vosotros. Y me sentí mal por no haber compartido todo lo sucedido con todos, como otras veces. Desde estas ralas e insuficientes líneas intento remediarlo dentro de lo posible. Tiene narices que otros se preocupen por mí cuando yo he estado missing, quizás egoístamente. Intentaré que no me ocurra en lo sucesivo.

Pensando un poquito, creo que he tenido la oportunidad de ver a mucho tiburón y a más de un caimán financiero juntos, y que no hace falta irse al Bronx o a Harlem para “darse un paseo por el lado salvaje de la vida”. Os lo juro, dreamers, a veces conoces a gente que te hace dar la vuelta al estómago, … y te la tienes que tragar, por muy incómodo que resulte.

Y como recordatorio, os cuelgo esta canción engañosamente suave de Lou Reed: “Take a Walk on the Wild Side”.

“… And the coloured girls say chup, chup, churududupchup, chup, …”.

Y los violines chirrían al fondo , y el saxo nos acompaña a ese lado salvaje.

Os quiero, bloggers.


P.D.: El cabroncete del Castpost dice que no le da la gana de funcionar, así que la canción os la intentaré subir otro día.