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La vida al sol
Cada momento vivido es irrepetible: comunícalo.
Acerca de
La vida transcurre como también lo hace el sol que le da soporte. Comunicar aquello que nos gusta o que nos destroza, pero que -al fin y al cabo- nos acontece, puede ser una buena experiencia.
Sindicación
 
Un suave Blues
Esta tarde-noche tengo el alma de blues. Debe ser la lluvia cayendo mansa sobre la calle o quizás la oscuridad vistiendo poco a poco los edificios lo que hace que me vaya impregnando de ese poso de … groovin’. O es que es eso, Groovin’, lo que está cantando Aretha Franklin en el ordenador.

No me resistiré. Me ví-a-poné-morao de música: Roberta Flack (No Tears), Dire Straits (Romeo and Juliet), Don Mc Lean (Vincent), Neil Diamond (Suzanne, la de Leonard Cohen), Eva Cassidy (You take my breath away), Simon and Garfunkel (The only living boy in New York). Hoy nada en francés, que me conozco.

Y una sorpresa, Soledad Giménez (A la sombra de un león), que está en el CD “Entre todas las mujeres”, con 12 mujeres interpretando canciones de Joaquín Sabina, y que te pone los pelos de punta escuchándola cantar con su pequeña pero sensible voz una auténtica poesía de canción. Una muy agradable sorpresa. Quien pueda, que la escuche.

Así que entre esas y otras canciones que van cayendo, acabo really groovin’ , en armonía, flotando. Hasta he terminado un par de tareas pendientes sin gruñirle al teléfono ni al e-mail.

Suzanne, take your down … You can spend the night for ever …

Que soñéis en paz, bloggers.
 
Le Métèque (El Extranjero)
Agonizan los sones mediterráneos de Moustaki y su “Le Métèque”en el disco duro de este ordenador: “Avec ma gueule de métèque, de jüif errant, de pâtre grec, de voleur et de vagabond, …”, y te entra una angustia vital en el cuerpo, una languidez existencial, una depre que …

Y es que se te aparecen de golpe los cien mil fantasmas del pasado de tu vida. Sí, lo que pudiste ser y, de momento, no has sido. Lo que pudiste haber hecho y no hiciste. Las ideas que tuviste y que ahora yacen, hechas jirones, a tus pies. Ese amigo que no escuchaste. Esa niña que no quisiste amar. Ese padre que no comprendiste porque no te entendía. Las veces que no abriste tu corazón a tu chica “pa” no preocuparla. Esa hija que quiere volar sola a pesar de que tú no entrenaste sus alas. Esas veces que no lloraste porque “no era cosa de hombres”. Esa mano tendida que nadie recogió … o que tú no recogiste. Esa lucha entre el tener que ser así y el querer ser de otra forma. Los bofetones dados y los golpes recibidos. Joder, casi nada y casi todo.

Y es que te sientes así, como un métèque, como un extranjero en tu propia vida, como viviendo de prestado en unas circunstancias que no son las que tú pensabas, diciendo ¿qué coño hago yo aquí en medio de esta fiesta? Si no hay ni siquiera Absolut + Orange para celebrarla. Si cuando a mí me da por hablar en francés, me acabo poniendo fatal.

Así que, ya que he abierto mi “lado femenino”, ese que se supone que no tenemos ;>P, y he comenzado a desnudar mi negra alma (al menos ante mis bloggers), voy a aprovechar el tiempo yéndome de compras, que me hace mucha falta y se acaban las rebajas.

Oigo aplausos etéreos y suenan los acordes de “Bittersweet Symphony” de The Verve: Su música me dice que las cosas pueden estar cambiando …
 
El ¿perro? que está triste y azul
Hace unos años lo dije con voz fuerte y rotunda: no quiero ningún perro en casa. Y efectivamente, con un par, ha pasado el tiempo y no tengo ningún bicho de esa calaña en mi house. Hasta ahí podíamos llegar. ¿Acaso no soy yo un tío de palabra?

Claro que sí. Después de trabajar todo el puto día como un cabrón, voy a llegar al hogar para tener un animal baboso que me ensuciará los pantalones, que me podrá histérico con sus ladridos, que me obligará a perder mi precioso tiempo de descanso paseándolo por Hill Street, que tendré que alimentar a mi costa como a un pobre vergonzante y de cuyos cuidados médicos y esquizofrenias varias seré un neto sufridor. ¡Ja! ¡Y un huevo!

Yo no soy de esos tipos que cambian de idea así como así, demostrando debilidad y cobardía. Por el contrario, mantengo mi lucidez de raciocinio contra viento y marea. Tengo toda la razón, y basta de discutir chorradas.



Ello/él es un pequeño bólido de color negro azabache (o zaíno, como los toros), peludo y suave, y no se llama Platero, que es un nombre poco internacional. Realmente es un mega-ser humanoide de no sé qué planeta, aunque ello/él se considera humano a todos los efectos dentro de la delicada geo-política doméstica. No estoy seguro de su adscripción política ni de si ha votado o no en el último referéndum.

Tiene sus trabajos y los desempeña a la perfección. Faltaría más: es un profesional desde las orejas/alerones hasta la cola/timón. Nada sucede en la casa que ello/él no controle. Tiene un cronómetro Rolex y una agenda electrónica con los cuales gestiona los quehaceres, entradas y salidas del resto del personal.

Ha determinado que, siguiendo sus prudentes consejos, le prepare la comida todos los días, porque sabe que con ese modesto rol manual descargaré las tensiones matutinas de mi aberrante trabajo. Insiste (siempre por mi bien) en sacarme a pasear al menos tres veces al día, ya que de todos es bien sabido que un moderado ejercicio físico procura bienestar anímico, a la par que incrementa mi concentración y eficacia posteriores.

Ello/él cree que nadie conoce su secreto. Yo lo descubrí accidentalmente el viernes pasado, cuando llegué (as always) hecho un guiñapo desde el despacho. Por unos instantes, y pensando (sí, he escrito pensando) que nadie le observaba, bajó la guardia y se acercó hasta el sofá salonero en el que yo me había lanzado y en el que mi espíritu se estaba haciendo unos largos a crawl.

Tío, me tele-transmitió, acaríciame, pásame la mano por el lomo, suave, lentamente. Siente como mi fluido magnético sube por tus músculos. Relájate y piensa que el mundo está muy bien y que la vida es un colega que juega en tu mismo equipo. No controles, que ya me ocupo yo de todo. Vive, que todo lo que ocurre es fascinante. A ver, sé bueno. A la de tres: uno, dos…

… Y dos y medio, carajo, stop. De golpe me di cuenta que el cabrón de ello/él (siempre me resistiré a llamarlo perro), aparte de telépata, cosa que ya intuía, también tenía poderes mesmerizantes (hey, gata, hey).

Y lo más jodido del asunto, es que la película me gustó. No dije nada, ni siquiera mudé el gesto. El (definitivamente, él) me comprendió, sabía que yo sabía. ¿Creéis acaso que intentó disimular? Qué va. Simplemente, me miró. Y qué mirada. Su mirada de sabiduría era tan antigua como el Universo. Después, sugirió que le dejase unas gotas de mi próximo cubata (por aquello de la complicidad, ¿comprendes?), me guiñó (os lo juro) un ojo, se dio la vuelta y se quedó hecho un ovillo a mis pies.


 
Buenos días, tristeza
Sí, buenos días, tristeza (hola, Françoise Sagan) . Buenos días. ¿Qué tal estás, amiga? Ya sé que estás aquí. No me importa. A las viejas amigas se les recibe siempre. Pero un ratito solamente, ¿de acuerdo? No vaya a ser que me ocupes el día entero o te quieras quedar para siempre y, entonces, no me dejes hacer otras cosas fabulosas e interesantes, pero que son menos tristes que tú.

¿Comprendes, corazón? Me jode firmar contratos en exclusiva con nadie y, sobre todo, contigo. Porque después me apetece divertirme y resulta que no me dejas, amparándote en no sé qué cláusulas firmadas por mí antesdeayer. Y eso no es justo para mi ánimo, que hoy es lunes y tengo toda la semana por planchar y almidonar.

¿Sabes que te quiero, te adoro y te compro un loro? Sí, cuando estoy contigo, tristeza, estoy deseando dejarte por otra más lozana y risueña. Pero es que tu melancolía es lo que me impulsa a ponerte los cuernos y a dar valor a la aventura que existe fuera de tu esclavitud.

Bienvenida, tristeza. Pasa, ponte cómoda, tomarás un martini (con dos aceitunas, ¿no?), charlaremos un instante o dos, nos desearemos felicidades y venturas.

Luego tú, ... tú te irás, querida, y yo seguiré mi camino hasta tu próxima visita. Ciao.
 
So hot, wapos
Enfundo los Colt 45 en las pistoleras. Aún están calientes de disparar números, argumentos , documentos de Word, hojas de Excel y artículos de la Ley General Tributaria. Aparco el ordenata portátil, los papeles de trabajo, el paraguas y el bombín.

Escucho a Sabina decir que se va "a soplar la raya del amanecer" y yo,como sólo está anocheciendo, en vez de hacer lo propio, me calzo tres o cuatro canciones para desacelerar la marcha y reducir la presión.

La semana del Consulting ha estado caliente y ha dejado en el alma las correspondientes cicatrices (ni más ni menos que otras veces, la verdad). Tengo el cerebro travestido de calculadora y la barba harta de que mis manos la mesen para evitar estrangular algún que otro gilipollas.

Dice el singer que "amor se llama el juego en que un par de ciegos juegan a hacerse daño". Menos mal que viene Carol King y su "You've got a friend" y me saca poco a poco del pozo. ¡Oh, yeah!

Eso es: los friends. Esta noche vamos a hacer hablar el silencio desde el dock of the harbour. El mar, nuestros ojos cómplices y otro trozo más de vida vivida.

Para mañana, me dejo el Carrefour ...

Bye, dockers.
 
¿Acabaré madurando?
Acabó el dulce week-end. Podría decir que, cuando menos, resultó sorprendente. Siempre esperamos algo soberbio, lleno de fuegos de artificio, de grandes cosas, de lo más de lo más, porque si sucede lo contrario habremos fracasado en nuestra "misión".

Pero he descubierto que es mentira. Que no podemos fiar que en dos días suceda lo que no ocurre en meses o años de nuestra vida. Que las cosas, cuando pasan, lo hacen en función de una serie de antecedentes y de "ladrillos" que nosotros les hemos estado poniendo previamente y, un poco también (es cierto) por auténtica casualidad.

Es variado el sabor que el fin de semana ha dejado en mis labios/fauces. Hay acontecimientos brillantes que cumplieron las expectativas, y otros que, simplemente, transcurrieron. Y no me molestó que no todo fuesen torbellinos, grandes cambios, luces de colores y muñequitas con su camisita y su canesú.

También disfruté de momentos más suaves y pausados, en los que daba tiempo a ver pasar la vida casi a cámara lenta. Y os juro que la muy jodida de ella me guiñaba un ojo mientras decía lo de "tempus fugit" y otras zarandajas.

Resumiendo, darlings, que tendremos la vida que construyamos día a día y no la que queramos soñar que ocurrirá de golpe en un mágico fin de semana.

Sigo oyendo a Cat Stevens "pa desengrasar" la jornada que termina, y es que la canción que suena viene al pelo : "Tuesday's dead". ¡Viva el Miércoles, dockers!
 
Shift Expectations
Estoy terminando la semana laboral, avasallándola, diría yo, porque sólo me queda media hora de oficina. Bendita la hora en la que se me ocurrió comenzar un blog: pensé que podría "dejarlo" cuando quisiera, pero creo que se me está empezando a meter en la sangre lo de escribir.

Las cosas van bien, razonablemente bien. No me quejo demasiado, y comienzo ya un dulce week end: salidas, risas, música, un poco de descanso, y una ración de relaciones humanas. Ahora mismo no sé qué tal me irá. El Lunes será momento de hacer capítulo de todo lo que suceda y de cómo suceda.

Mientras tanto, recojo mis trastos y empiezo a maquillar mi alma con los compases de "How can I tell you", Cat Stevens en estado puro y divino.

Bye, readers.
 
¿Y por qué no?
Pensé que nunca me decidiría a escribir y/o publicar en la red. También pensé que una persona debía estar realmente muy segura o muy puesta en algún tema para atreverse a exponerlo.

Pero, no es así. La decisión de escribir acerca de algo, de nuestra propia vida si queremos, me puede hacer más libre. Romper los miedos anteriores y relajarme divagando sobre lo que yo quiera es bueno para mí.

Sí, lo haré. ¿Por qué no?

Hoy me sentaré sobre el muelle de la bahía y dejaré pasar el tiempo.