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La vida al sol
Cada momento vivido es irrepetible: comunícalo.
Acerca de
La vida transcurre como también lo hace el sol que le da soporte. Comunicar aquello que nos gusta o que nos destroza, pero que -al fin y al cabo- nos acontece, puede ser una buena experiencia.
Sindicación
 
Si es que estoy "pillao"
Calla ya, corazón desbocado, que nos van a oir. Aquieta tu desenfrenada carrera por mis venas, sangre inquieta, que me vas a delatar. Sosegad vuestro nervioso pulso, manos irrefrenables, que me ponéis en evidencia. Apagad vuestro febril brillo, ojos estremecidos, que me tomarán por enajenado.

Y es que tengo un mono en el cuerpo que me puede, que me saca de quicio, que me tiene en un sin vivir. Llevo apenas un par de días que no me chuto mi ración de blog, y eso es antinatural. ¿Cómo vivir yendo contra lo que te pide el alma? Así estoy yo … sin tí, sin vosotros, compañeros.

Han bastado unas jornadas de final de plazo de impuestos (Modelo 347 de la Agencia Tributaria) para hacernos trabajar en el despacho hasta las tantas, dejándome sin tiempo material para disfrutar de vosotros. Y lo he notado. Ya lo creo que lo he notado. Tengo que confesarlo, chicos: estoy pillado por el Santo Blog.

El bendito juego de escribir, leer, relacionarme con vosotros, soltar las ideas que te bullen por el cerebro, saber de las genialidades o de los problemas de los demás, estar “al loro” de la buena literatura que corre por aquí, “tomármelas” con los colegas en el Sunset … mmmmmm, qué maravilla. Os echaba de menos un montón. De corazón.

Supongo que también a vosotros os habrá ocurrido alguna vez lo de no disponer de tiempo para el blog, debido a problemas familiares, a viajes, al tirón del trabajo, a mil cosas. Me gustaría saber cómo os habéis sentido y qué tal lo habéis llevado. Auténtica curiosidad. O ganas de cotillear, que hay que confesarlo todo.

Pero, basta ya de charla, que tengo que pasearme por un montón de bitácoras huérfanas de mi presencia y que me están esperando con ansiedad (¿o soy yo el ansioso?).Ya he terminado la presentación de las jodidas declaraciones, y aquí estoy de nuevo. Adiós, trabajo. Hola, bloggers. Allá voy.

Os paso una foto del Submarino de Isaac Peral, y otra de la entrada a la Calle Mayor, donde está mi oficina.

Y esta tarde, si ningún cliente puñetero me incordia a última hora, nos veremos donde ya sabéis, al crepúsculo, para tomarnos un café, una Pepsi Max o un brebaje del infierno, pero juntos, en compañía, bendito hatajo de dreamers.

Es que necesito un buen masaje en el alma.

Sonoro estruendo de besos y aplausos. Suavemente, desciende … el telón.




Este es el primer submarino del mundo. Ni el Polaris americano, ni el Octubre Rojo soviético. El único, el inimitable, el soberbio submarino del cartagenero Isaac Peral, construído en los astilleros de la Carraca en Cádiz. Como era tan genial inventor, en vez de forrarlo a millones, la madre patria lo olvidó, muriendo casi en el exilio intelectual. ¿Os suena, corazones?





He aquí el precioso edificio modernista del Gran Hotel, realizado por Víctor Beltrí a principios del siglo XX, financiado por la riqueza minera del momento. Flanquea la entrada de "mi" calle Mayor, donde se ubica la oficina en la que curro y "padezco".
 
La mer m'a donné
Este no es un post al uso. Quiero decir al uso de Doc. Sólo lo bajo para intentar ponerle imagen a un posible sitio de reunión, en el Sunset, así como a mi Mar y a mi Harbour-Puerto.

Dice la canción de Moustaki: "La mer m'a donné sa carte de visite misterieuse: je t'invite a voyager ..." (el mar me ha dado su tarjeta de visita misteriosa: te invito a viajar ...)

Y como estamos varados en tierra, sujetos por las cadenas de nuestros curros y nuestras obligaciones, os deseo fertilidad en vuestra imaginación para gozar de viajes sin cuento a través del Mare Nostrum.



Sencillo, marinero, irremediablemente viejo, pero muy cálido. Aquí se pueden entrelazar palabras cómplices y sonrisas sinceras. Al crepúsculo.





Hace bruma, cálida y sensual bruma, para tapar todas las imperfecciones que tenemos y dejar en la proa solo la parte más amable de nuestras almas. Feliz singladura, bloggers, y en nuestros ojos el azul de este Mar que lo ha visto todo.





Ante vuestros rostros, la bocana del Puerto, "a quien los de Cartago dieron nombre, cerrado a todos vientos y encubierto, a cuyo claro y singular renombre se postran cuantos puertos el mar baña, descubre el Sol y ha navegado el hombre" ;-)) Me ha quedado vacilón y chulo, pero es de Cervantes, lo siento.

Comencemos bien la semana, dreamers. El Viernes tarde ya está más cerca, ¿o no?, y la conversación tranquila, el Absolut frío y el café caliente nos esperan.

Y que el vibrante Céfiro y el cálido Mistral, alegren vuestros corazones.

Besos salados (y no son de Choi ;-)) para todos vosotros.
 
Necesito que me sonrías, love
Nada es inmutable ni eterno, excepto que te quiero, por lo menos por hoy. Y ese pensamiento debo repetirlo todos los días, porque yo, aparte de mirarle la cara al día, debo tener una esperanza en que ese sentimiento mío por tí continúe alimentándome el alma. Realmente, necesito tener esa esperanza porque, lo queramos o no, es lo que nos mantiene en pie, permitiéndonos seguir el camino.

Tengo la experiencia de que, por lo menos en mi caso, no funciona lo de “a partir de hoy” o el “para siempre”, porque son conceptos que me añaden presión, me bloquean y consiguen el efecto contrario al que debieran. Yendo a lo claro, yo dejé de fumar hace catorce años (antes de que naciese mi dulce Pablo), y de beber (salvo en el Sunset con vosotros) hace seis. Lo hice. Lo conseguí.

Pero, a pesar de que eran objetivos que deseaba lograr, no me marqué opciones absolutas. Más bien me dije, qué bien, llevo dos días sin fumar; un día más no me perjudicará. O, quizás no pueda dejar el alcohol para toda mi vida; pero por mis huevos que estas veinticuatro horas no voy a beber. Y con esa flexibilidad (nada es inmutable …) llevo ganando el partido unos cuantos años.

Ahora, sé que muchas veces las personas no están contigo durante toda la vida (a pesar de que mis amigos harían protestas y juramentos al respecto), o que mi hijo no mantendrá conmigo la misma relación que tiene ahora con sus trece añitos, o que puede que yo dentro de dos meses no me asome jamás a un blog. No lo sé fijo. Pero conozco que debo vivir el día a día, y con esa medida del tiempo en mi cabeza, mantener mis promesas de amor y mis sentimientos.

El futuro es eso: futuro. Aunque también tengo claro que lo que se realiza en el presente incide fuertemente en él, por lo cual se hace necesario trabajarlo todos los días para convertirlo en algo más placentero. Respecto a mis fantasmas del pasado, ya sabéis, los que me derriban de mi pedestal de cuando en cuando (porque soy débil, claro, y ellos conocen mis debilidades), voy asumiendo que poco puedo hacer al respecto, salvo suavizar su impacto limpiando poco a poco mi alma de los desastres cometidos, saludándolos como viejos conocidos y … procurando ir por calles distintas a aquellas por las que ellos suelen pasear.

Y con este convencimiento, te digo cada día en silencio, cuando me levanto quince minutos antes que tú, que hoy también te quiero. Vida mía. Nena. Y que te necesito otro día más, como una medicina, como una copa, como un pitillo, y como a mis queridos bloggers. Anda, porfa, sonríeme otra vez, love, que mañana será otro día.

Serenos kisses, dreamers.
 
Besos y abrazos de malva y romero
Hoy es Viernes Santo. Estoy de vacaciones. No voy a mi despacho. O mejor dicho, sí que voy. Voy todos los días con la familia y los amigos a ver pasar las procesiones de esta Semana Santa. Y las vemos de puta madre desde el balcón y el mirador del primer piso en el que trabajo, que da a una calle por donde transitan todas ellas.

La calle, … mi calle. Es raro en los tiempos que corren, pero trabajo en la calle Mayor (Main Street, que dirían los ingleses) de la ciudad mediterránea en la que yo nací. Ya no es habitual, por la movilidad geográfica y social y por el propio ritmo de vida que llevamos, crecer y trabajar en la misma villa en la que “caímos” al mundo. Pero así ha sido, debido a una serie de casualidades. Y no me quejo … demasiado.

Aunque se llama calle Mayor, su nombre es un anacronismo, una reminiscencia del pasado. No es la más grande, ni la mejor cuidada, ni la de mejores edificios, … ni siquiera vive gente en ella, porque está ocupada por oficinas, bancos, cafeterías y tiendas, pero está enclavada en su sitio justo, en medio del casco antiguo, en la ruta que lleva del edificio de Capitanía General al Puerto “a quien los de Cartago dieron nombre”, hendiendo esa vieja zona como un cuchillo, y convirtiéndose durante el día en la Wall Street de la ciudad.

Para mí representa casi la cuadratura del círculo, porque en sus aledaños comencé mis estudios infantiles hace “dos o tres días” ;-)) (es broma, claro), y tras salir fuera a cursar carrera universitaria, hacer de comando con el ejército, volver e iniciar mi primer curro adulto, he vuelto a terminar en el mismo sitio donde empecé, apenas a unos pocos cientos de metros, los que separan mi antiguo colegio de mi actual despacho.

Y eso me lleva a preguntarme si así es el devenir de la vida. Si estamos condenados a volver siempre al mismo lugar para aprender de nuevo y desaprender después. Si tenemos que desenamorarnos cada vez para posteriormente volvernos a querer. Si habrá otro fin para esta rueda que no sea la propia desaparición nuestra cuando nos llegue el momento.

Quiero pensar que no funcione esta ruleta así, de forma tan determinista. Necesito también creer que se puede romper esa rutina lineal y convertirla al menos en círculos concéntricos que siguen girando pero se agrandan y mejoran cada vez más, conforme nosotros mejoramos, aprendemos, maduramos y ensayamos ser felices.

No deseo ser tan esotérico, pero es que cuesta explicarse. No me importa seguir en mi “inicio del círculo” en mi calle Mayor. No. Pero quiero, necesito cambiar y mejorar. No me conformo con quedarme como soy, con no evolucionar, con acomodarme. A través de vuestra ayuda, lo estoy consiguiendo. Por de pronto, me he puesto a escribir, que hacía siglos que no lo intentaba. He comenzado a comunicarme, a no estar solo. Y me gusta, Y me gustáis, bloggers.

Y me sigo desnudando. Ya lo creo que lo hago. Con una impudicia extraña y deseada a la vez, casi sensual. Pero con auténtica necesidad y ansia. De verdad.

Hoy, tras la ducha, para enfrentar o acariciar al día, que lo mismo da, llevaba perfume de Yatchman, unos ceñidos culeros de color malva … y ganas de que el día se hiciera mi amigo o mi amante. Ya es un cambio, corazones.

Ha pasado el Sunset del día. Ya son las nueve de la noche. Entré en casa, en la playa, respondí a vuestros comentarios del blog con mucho cariño, porque me apetecía, no por obligación. Allí estábais todos, bellos y risueños como dioses griegos. Mi corazón se alegró al veros. Tomé exóticos brebajes con vosotros y me despedí hasta mañana, en el mismo sitio. Feliz.

Tras nuestro encuentro, remansé las sensaciones vividas y ahora, en bandeja de algodón, os las sirvo en forma de post.

Un montón de besos y abrazos de malva y romero ¿sensuales?

 
Vale la pena poder mirarse al espejo
Quizás el nombre de mi pequeño blog pueda llamar a engaño. Lo estuve pensando el otro día, cuando “jodido y al sol” estaba lamiendo mis heridas en un rincón.

Nunca quise dar a entender que, por estar en una parte de España por lo general bien soleada (y si no que se lo pregunten a los guiris jugando en los campos de golf de la zona), debiera este nombre al buen tiempo reinante en mi ciudad.

Puede que, inconscientemente, yo intuyera hace tiempo que mi destino era poner “la vida/mi vida al sol”, las interioridades de mi vida -toda una ídem celosamente guardadas- completamente al descubierto, ante el sol de vuestras miradas. Sí, sin tapujos, sin vestidos que artificialmente las maquillen y disimulen. Tal como son, salvo las diferencias que en ellas pueda marcar el tiempo, la distancia o la nostalgia.

Si así ha sido, soy consciente del riesgo que he corrido, estoy corriendo y correré. Cualquier secreto cuyo velo se rasga y se pone de manifiesto ante los demás, se convierte al instante en una posible arma arrojadiza que, usada con mala conciencia, puede servir para herir y ahondar en sufrimientos.

De todas formas, he decidido no ocultar determinadas informaciones, porque son reales, y esconderlas hubiera sido mostrar un escaso porcentaje de mí a mis amigos. No hubiera sido leal. Además, de momento, el hecho de abrir este pequeño agujero de mi alma me ha procurado sosiego, calma y bálsamo sobre algunas cansadas cicatrices.

Y eso viene muy bien. Curte mis miserias, serena mis angustias, quita amargor a mi boca … y viene de puta madre para mi cutis interior. ¡Qué mejor “tratamiento de belleza”!

Ahora, me resta estabilizar el vuelo, centrar nuevamente los objetivos y trabajar para conseguir que mi vida se acerque lo máximo posible a lo que yo pretendo que sea. Además, he utilizado un espejo fabuloso y casi mágico que me han prestado (sí, tú ya sabes quién) y voy a intentar por todos los medios no ser el Doc que pretenden otros que sea (y no me refiero a vosotros, bloggers), sino el que de verdad se refleja en el espejo.

Ojalá que mis ojos no tengan que avergonzarse jamás de mi mirada. Ojalá que los ojos de nadie tengan que hacerlo jamás cuando se reflejan en un espejo. Ojalá “nos” merezcamos … y también merezcamos un poco la pena para los demás.

Algunos, prefieren cerveza Paulaner, otros ron Brugal añejo, otros pastas dulces … Tomad lo que encontréis. Hay barra libre para todos.

Muchos “baisers” (con lengua, por supuesto) para todas. Para vosotros, sólo abrazos, no te jode. Pero muy fuertes y de los de verdad ;-)))


 
Dockof ... el Ruso
Soy definitivamente cartaginés. De Cartago (hoy en Túnez), mezclado con griego y fenicio, amalgamado con romano, con unas gotas de árabe. Bien lo sé. Y absolut-amente (uupps, ¿en qué bebida estaría yo pensando?) mediterráneo. O sea, español de pura cepa, mestizo como todos.

Pero, a pesar de mi nick, lo que nunca soy ni seré es nada de ruso. Dockof no tiene nada que ver con gélidas estepas, ni con arrasadas tundras siberianas. Sólo es un capricho del destino, una casualidad reciclada de una canción nostálgica atrapada/abarloada en un puerto, que para mí viene a significar siempre la entrada del aire fresco exterior y el abrigo ante la inclemencia de la vida.

Hace ya bastantes años, Otis Redding cantaba una canción preciosa, “Sitting on the dock-of the Bay” (Sentado en el muelle de la Bahía). Aunque se refiere a la bahía de San Francisco, no entremos en su letra; es lo de menos. Más de uno de vosotros la conocerá por su aparición en TV en los anuncios de Larios, aquellos donde el cantante silbaba de forma inconfundible (Fuí-fui,fui-fu … ) y el sonido del mar le ponía el contrapunto a la hermosa música.

Como cualquier software informático que se precie, el de estos blogs no iba a ser menos, y para permitirme entrar en este Wonderful World, me exigió nombre de usuario (a más de otros requisitos), y yo recordé al viejo Otis, a su vieja canción (debe ser de antes del Diluvio) y su olor a viejo puerto marino también.

Y las cartas, de repente, estaban echadas. No me dejaron otra opción que rendir homenaje al intérprete de Dock of the Bay y de la intimista My Girl (Mi chica, casi nada, mi vida), y adoptar un trocito de su música rhythm & blues como nombre de amor y guerra.

No es tan complicado, pues, como parece. Como casi siempre, las cosas, los hechos, suelen ser tremendamente fáciles de explicar, si es que te lo permiten. Yo quería dejarlo claro, no fuera que los de Extranjería me quisiesen regularizar ahora, con la que está cayendo. Nada de extranjero. Sólo producto “mestizamente” nacional.

Girando por estribor, el transcurrir del tiempo no ha arreglado realmente ningún problema que yo pudiera tener, pero el simple hecho de conocerlos y la determinación presente y futura de afrontarlos parece que ha cambiado el color de mi situación. Sé que me sentiré mal en muchos momentos, pero pretendo estar preparado para cuando lleguen.

El día se ha portado decentemente, aunque quisiera haber hecho más cosas, entre ellas haber podido “cambiar el mundo”, pero estaba un poco cansado de mi madrugón sexy y de las fiestas, así que le he perdonado la vida al viejo y querido World, y he aplazado su ejecución para la semana que viene.

Mientras tanto, voy haciendo acopio de cremas balsámicas, espejos gratos, vendas, café … y algo de ron y vodka para cuando lleguen (que llegarán, seguro) los días malos. A la espera de las dificultades, intento pasarlo lo mejor que puedo.

Ya falta menos tiempo para el mágico momento del “Sunset Day”. Aquí, los atardeceres suelen ser preciosos y, además, me esperan unos amigos, el Absolut, el café, su cariño … unas risas.

Esperad un poquito más. Dentro de un rato termino en este trabajo. Nos vemos allí, en la casa de la playa. Coged lo que os apetezca. Yo tomaré un Absolut “on the Blog”.

Besaos con moderación. Yo, cuando llegue, haré lo mismo ;-)))
 
El Stripper
El stripper ha terminado su función. No sé si llamarla “Dulce et decorum est pro patria mori” o “Errare humanum est”. Hasta ahí llegan mi Latín y mis ganas, que yo soy “de Ciencias” y no “de Letras”, aunque funcione en plan polivalente.

Mmmmm, vale, ya me desperezo. Es muy temprano, apenas amanece. Mientras la ciudad duerme, yo renazco como casi todos los días.

Me he levantado y tengo frente a mí un día nuevo. Habrá que pelearlo, ¿no? Pues eso haré. Me pongo slips nuevos. Unos Unno color “carne” muy sexys, marcando huevera y culo prieto (norte y sur): hay que hacer el amor con el día que nos toca lidiar, para que aunque algo nos salga mal al menos disfrutemos ;-))

Colonia para mi piel: Máximo Dutti, que me encanta. No me afeito (eso sí que tendría mérito). Nada de “uniforme-traje”. Hoy, casual style: todo muy cómodo. Vaqueros ceñidos y suficientemente desgastados, niki deportivo, chupa molona, vistazo al espejo … y a currar.

Hay un nieblón de narices, una temperatura pasable y mucha humedad. ¿Dónde está mi sol mediterráneo? Me consuelo pensando que llueve “a joder” y hace malo en el resto de Sssspaña. Es buen tiempo para trabajar, encerrado, concentrado y en paz.

Llego a mi-vuestra Oficina. Conecto el servidor y my computer. Comienzo a ordenar la Agenda del día. Mientras, pongo el Album “Days of the Future Passed” de los “Moody Blues en el Media Player del PC.

Muy evocador: comienza con “The Day begins” y acaba con la más conocida “Nights in white satin” (blanco satén, ¡qué suave!), aunque a mí personalmente me puede “The Evening: the Sunset”. La caída del sol, el crepúsculo, el atardecer siempre han sido un momento mágico, en el que todo se detiene y el día te pregunta en voz queda: “hey, tío, ¿cómo te ha ido conmigo?” . Y tú, si te quedan fuerzas y nadie te ha partido la boca, le contestas lo que puedes.

Vuelvo en mí. Los franceses, “nuestros franceses” (gracias, justa Justine) han pagado mis servicios. Y han pagado pronto y bien. Me podré permitir alguna alegría. Quizás compraré espejos nuevos para verme los ojos verdes, limpios y serenos todos los días.

O quizás no lo haga, y me mire simplemente en los blogs de mis amigos, donde encuentro calor, achuchones, arte (hay que ver cómo escriben algunos), algún pescozón y … vida, musha vida.

Efectivamente, en cada bitácora encuentras lo que necesitas para casi cada momento. Sin ser exhaustivo, hay quien tiene siempre la idea más loca de cada momento, quien maneja el lenguaje como un blues, quien mezcla soft porno con sentimientos delicados, quien pone cordura y calidez, quien te empuja solidario, quien te enseña que en todas partes hay problemas, quien destila dulzura ante la adversidad, quien te nutre de literatura y películas para compartir, quien se toma un café contigo, at the sunset everyday …

Gracias por el día que aún no ha terminado, compañeros. Con vosotros al lado resulta mucho más fácil. Ya os contaré cómo me fue la jornada.

Vamos al tajo. Esforzados besazos, bloggers.


 
Intentando volver a nacer ... cada día
Reconozco que he escrito muy caliente en el blog esta mañana. Lo que anoté es totalmente cierto, y no ha cambiado nada desde entonces … excepto mi determinación. Pero todo tiene un comienzo, siempre existe algún comienzo.

Tras terminar mi carrera y “cumplir” con la Patria (soldadito español y todo lo demás), yo me planteaba dos opciones: realizar oposiciones públicas (para ser un buen burguesito) o intentar el asalto de alguna gran compañía sita en Madrid o Valencia, para crecer profesionalmente y ser “la de Dios”.

No obstante, la casualidad se interpuso en mi camino, y a través de lo que iba a ser un mero trabajo temporal, me ví de Jefe de Administración en una pequeña empresa de mi zona. Allí me rodé, aunque no al nivel que yo deseaba y pasé cinco años de mi vida. Descubrí también que soy brillante en el terreno de las ideas y de la planificación … y discreto en el trabajo sordo del administrativo. Bueno es conocerse. Vino mi hermosa (digo mi porque hablo en primera persona, please) primera hija y la primera toma de conciencia de mis obligaciones de futuro.

Me surgió la oportunidad de cambiar de oficio, y pasé a un nuevo trabajo en un despacho profesional dedicado al consulting de empresas. Se me asignó el Departamento de Sociedades Mercantiles, que estaba en sus comienzos. Lo puse en marcha, lo desarrollé y lo hice productivo, conectándolo con el tema de Informática, en el que las empresas del momento estaban en pañales. Apareció mi maravilloso hijo pequeño en este mundo difícil.

Seguí dándome cuenta que lo mío continuaba siendo el curro de las rutilantes ideas y de la materia gris, y no (aunque también lo hiciera) el de los manguitos y la letra redondilla en los libros. Y empezó, o siguió la cadena de presiones y tensiones. Cada cual lo aguanta como puede y, muchas veces, no como debe. Yo me defendí, es un decir, con el alcohol. Vengo a decir que el alcohol se hizo cargo, poco a poco, de mi vida.

Y de tanto agredirme, sin sentirlo, casi pierdo el combate. Hubo un momento en que mi vida dejó de merecer ser llamada vida. Casi pierdo familia, amigos, trabajo y patrimonio. Lo que sí me dejé en el camino fueron jirones de autoestima a mogollón, y me quedó, irremediable, esa sensación de vértigo que de cuando en cuando me asalta y me paraliza. ¿Lo entendéis ya un poco mejor, corazones?

Desde aquellas cruentas batallas, han transcurrido más de cinco años. Soy, qué duda cabe, mucho más fuerte, pero es igual. No puedo evitar (¿quién podría?) la intuición de “tiempo perdido” que me llega periódicamente, restregándoseme por la cara y destrozándome (de verdad, no retóricamente) el alma. He vencido. De momento, he vencido, aunque ¿a qué precio lo hago?

Prosigo mi andadura profesional, ahora de forma independiente, y me va bien. Razonablemente bien, como os he referido alguna vez. Me gusta un montón mi curro. Sin embargo, permanezco en mi “otro” trabajo diario de aprender a quererme otro poco más y espero, en silencio, los ataques sorpresa que me propina mi propio pasado, casi siempre disparados por algún acontecimiento que me recuerda a ciertas situaciones pretéritas, por alguna persona que -viniendo entre las brumas- aterriza de repente ante mi vista, por alguna “deuda emocional” no cerrada aún de mis tiempos anteriores y que me mortifica con su fuerza evocadora.

Es por esto que ,alguna que otra vez, me sube a la boca el sabor de esa amargura que no puedo controlar, y me bloqueo de mala manera, sabiendo que en el fondo perdí una ocasión de oro para hacer de mi vida otra diferente, de otra galaxia, y recojo ahora los frutos de un ayer que no controlé como debía.

No obstante, tengo que reconocer que he decidido, al menos, darle un par de hostias a ese pasado vergonzoso, y hacer lo que buenamente pueda en el futuro, porque lo que no pueda sé que nadie en sus cabales debería tenérmelo en cuenta.

Y eso debe ser lo que valga.

He sacado otra botella árticamente fría de Absolut (yo sigo bebiendo literariamente, no me importa) y he vuelto a poner la cafetera y el samovar. Servíos. Yo me estoy tomando una “grappa” de Aosta y me voy meciendo lentamente en mi coy.

El puerto de Cartagena me mira con sus pequeñas olas de comprensión y yo me siento, poco a poco, en paz. Ya sé que mis ojos no tendrán la misma limpia mirada de antaño, pero habrán visto vida y muerte, … y más vida después.

Salud, compañeros. Besazos emocionados por vuestro aliento.




 
Una ráfaga de viento en la mejilla
De repente, sin enviarme ni un miserable e-mail de aviso, sin tirarme siquiera de la manga de la chaqueta, ha aparecido ante mí como un espectro. Silencioso, etéreo, agraviante. El miedo, mi miedo al futuro, se abalanza sobre mí y me hace un placaje digno del campeonato de rugby.

Al punto, estoy poseído de todas las inseguridades del mundo. Lo que hasta hace un momento eran gozosos momentos a vivir, trabajos a desarrollar, abrazos por repartir, han saltado hechos añicos por el impacto del irracional miedo que me acongoja.

Me encuentro bloqueado, sin mecanismos de defensa ni respuesta. Sé lo que debo hacer, más o menos, pero mi cerebro no da las órdenes que debe y mi positivismo se desliza por pendientes cenagosas hacia el pozo de la desesperación. ¡Socorro!, digo. Pero lo hago con voz tenue y extrañamente ronca. ¡Socorro!, repito. Pero sé que estoy realmente solo, y la revelación súbita de esa impactante soledad me sepulta bajo toneladas de agobio.

Me miro en el espejo, y mi rostro no está sereno. Peligro. Veo culpabilidad en mis ojos y mudas súplicas de perdón no consiguen traspasar el umbral de mis labios. La amargura del tiempo perdido en mis años anteriores, la decepción por mis expectativas no cumplidas, se mezclan con la certeza de un fracaso personal no superado todavía.

Noto la sequedad de mi boca y el vértigo de mi sangre galopando por mis venas. La desesperación por las cosas que no he hecho y que sé que nunca haré, porque no he conseguido cambiar mi forma de ser lo suficiente, me sume en un estado de pánico inquietante y fatalista.

Sé también que esto no tiene nada que ver con la Primavera y sus aditamentos de melancolía y cambios hormonales. Mi pasado, ya escrito e inamovible, ha venido a reclamar tributos a mi presente y a comprometer mi futuro. Y lo hace con severidad y cargado de razones, recordándome que no he sido capaz de rehacerme lo suficiente como para enfrentarlo con éxito.

Me dice también, y se ríe, que soy un mierda, y que estoy jodido. Y hoy por hoy, midiéndome con objetividad, llego a la conclusión de que tiene razón, que hay cosas que tímidamente enterradas por mí salen hoy a la luz para golpearme nuevamente en lo más hondo. Y hace bien su trabajo, hurgando en mis heridas apenas restañadas, sacando al aire mis peores defectos y carcajeándose de mis vanos esfuerzos por escapar de sus acusaciones ciertas.

Resulta sorprendente que uno pueda cambiar de ánimo en el transcurso de pocas horas, instantes a veces. Pero no estoy bromeando. El optimista Doc no está de coña. No pide compasiones ni palmadas gratuitas en la espalda, porque tiene que replantear su vida él mismo, y eso siempre es doloroso. Nadie puede/debe hacerlo por él.

Os agradezco la lectura de este post no tan agradable como acostumbra ser. Perdonadme que hoy no tenga respuestas, ya que no las conozco todavía, y debo buscarlas dentro de mi alma y con el valor de mi voluntad. Disculpad que no sea más concreto, pero es que contar la vida completa de uno llevaría muchos discos duros de ordenador, y además hay muchas cosas que me dan vergüenza todavía. Quizás otro día supere esta barrera y me decida a enseñaros lo gilipollas que se puede llegara a ser en esta vida.

Me basta con un pensamiento vuestro mientras sufrís mis palabras. Con saber que no estoy solo en este universo mientras amargamente enfrento mi lado oscuro. El resto, eso espero, será el transcurrir del tiempo, el romper de las olas y el silbar del viento.

P.D.: Os dejo la cafetera al lado de la puerta, en la terraza. El café está caliente, y hay una botella de Absolut muy frío por si alguien siente necesidad de caldear su espíritu

Hasta pronto. Besos, queridos dockers.
 
E un attimo d'amore
Leía hace poco un precioso post de mi admirada Des, en el cual ella evocaba su vida juvenil en un pueblo de Valencia y calibraba, por comparación con las circunstancias de su hija, la evolución de las costumbres y de los comportamientos, observados con las amables gafas de la nostalgia.

Joder. Me puso a parir. Contemplé a través de sus ojos mi vida universitaria en la misma ciudad, y sentí que perdía agua por el camino, que casi lloraba de felicidad contenida al visualizar mi inocencia (sí, yo también fui inocente algún día) y mis vivencias en aquel vertiginoso caleidoscopio quinquenal, que me golpeaba súbitamente saludándome desde la distancia.

Tenía dieciséis primorosos añitos (¡ay, yogurín!), cuando me planté en una gran ciudad hace un cuarto de siglo. Por razones de fecha de cumpleaños (Diciembre) iba adelantado en los estudios y allí estaba yo, cual hombrecito, dispuesto a acometer el primer curso de Económicas. Mi Beca de Estudios, mis habilidades de fútbol y baloncesto y mi “niño, ten cuidado” recién susurrado junto a mi mejilla aún sin barba.

Años de estudiar a base de bien. Noches completas. Muchas horas, porque tenía que sacar la carrera en cinco años, en Junio y con notas más que aceptables. Sí, nada de Septiembre, porque la situación estaba muy clara: si no obtenía la renovación anual de la Beca, tendría que volver a casa y mi aventura habría finalizado. No sobraba ni un duro en casa, y sí habían tres hermanos más para gastar money en ellos. Como la vida misma.

Las vacaciones que me enteré que, en casa, estaban sin postre (visto desde ahora, parece una chorrada) para ahorrar un poco más y suplementar la magra Beca, me eché a llorar (en privado, claro, no era cuestión de montarles encima el numerito). Lágrimas de responsabilidad por las privaciones que ellos pasaban, auto-compromiso firme para no fallarles, presión del carajo por la “asquerosa” situación, control y disciplina para no derrumbarme …

Me contenía cuando algún colega decía la socorrida frase “me dejo esta y esa asignatura para Septiembre; es para prepararlas mejor”. ¿Mejor? ¿A quién quieres engañar, chaval? O es que realmente puedes permitirte el engañarte. Que tengas suerte, corazón, en la lotería de la vida.

Pero me organicé. Me dio tiempo para casi todo, para estudiar, para divertirme … y para crecer. En una región con una lengua extraña para mí, aprendí gracias a mis novietas a que se me llenase la boca al decir “Bon día, amor: et vullc” (Buenos días, amor: te quiero), y a levantarme de la cama por el lado adecuado, y a saber el valor de llevar un desayuno a una chica hambrienta, y a fregar, y a desear … y a querer .. y a des-querer … y a levantarme y comenzar de nuevo: a aprender a vivir, en suma.

Y acabé. Y empezaron otras etapas de mi vida. Y seguí siendo fiel a la última de mis chicas adolescentes (no me lo puedo creer ;P)

Y nunca, nunca, mi mirada fue más limpia que en ese tiempo.

En cuanto al resto de mi vida, mi oscura vida, esa es otra historia, compañeros.

Dejad las tazas de café en el fregadero. Si es que a mí me encanta fregar. Tened en cuenta que lo aprendí de joven …

Nostálgicos kisses, “e un attimo d’amore”, corazones


 
¿Qué me pasa, Doctor?
A veces, es duro reconocerlo, tomo conciencia de que tengo mis adicciones. No es que me dedique al levantamiento de vidrio, a la jeringuilla o al polvo blanco. No, aunque podría hacer un intento. Más bien me refiero al duro deporte del bloggin’, de las bitácoras en internet.

No es un deporte olímpico, aunque pudiera merecerlo, sino algo más disciplinado y suave, como el tai-chi, la meditación trascendental, la cocina japonesa o el tute. No os riáis, compañeros. Contestadme si no. Llegó desmañadamente un día, como una de esas cosas que se prueban porque estás harto de verlas publicitadas en revistas informáticas y en anuncios que te llegan vía e-mail. Ya sabéis, si no tienes un blog no eres nadie ;-))

Entré, por probar y por probarme, una melancólica tarde (ah, el “spleen” de las tardes en algunas ciudades). Tras cumplimentar las formalidades que te exigen este tipo de prácticas informáticas (usuario, password, nombre del espacio, …) pergeñé unas descoloridas líneas en las que intentaba contar por qué narices me metía en estos vericuetos. No miento. Ahí está. En mi blog. Conformando mi primer post de hace un mes o algo así.

Sorpresivamente, dos, creo que tres, personas se asomaron y me escribieron los primeros comentarios. Asombroso, había gente que dedicaba un poco (o un mucho) de su tiempo a estos menesteres. Y no les importaba compartirlo/perderlo con los demás. De ahí a que pensara en el blog como un instrumento solidario pasaron pocos instantes. Estaba realmente sorprendido.

Me piqué. Y eso fue mi perdición. Poco a poco fui navegando, conociendo más gente a través de la red, atreviéndome a desgranar post tras post, comenzando a desnudarme ante los demás (cosa que jamás hubiera siquiera contemplado) y aprendiendo las reglas “non scriptas” del juego: respeto, libertad, tolerancia, curiosidad, diversión, generosidad, solidaridad, familiaridad, vida –pues- vivida de otra forma “diferente” y novedosa.

También aprendí que buscando buena gente … sueles encontrar buena gente. Casi nada. Y que todo este jaleo me gustaba, me encantaba. Y ahora no puedo pasar sin ello, doctor. ¿Usted cree, vosotros creéis, que esto es malo? ¿Pensáis que me curaré de esta adicción? ¿O quizás sea mejor renunciar a toda cura y vivir bajo el mandato de este dulce pecado?

Pero, ¿qué razones te pueden impulsar a este “strip-poker” periódico de tu alma y de tus sentimientos ante gente a la cual no has visto en tu puñetera vida? Yo ando hecho un lío. No sé si se debe a un natural impulso exhibicionista que podamos tener. O quizás a la urgente necesidad de contar tus penas o tus alegrías a quien sea. O será la apremiante sensación de compartir en vez de meramente atesorar vivencias. O es posible que prime el instinto de ejercer de “voyeur” en los post ajenos, espiando por un agujerito de la pared sin que nos vean. Algún día os preguntaré vuestros motivos para hacerlo.

¿Y sabéis qué os digo? Que me da igual. Que me importa un huevo. Que no pienso (hoy por lo menos ;-D) plantearme siquiera qué arcanas razones me llevaron a este vicio o a esta aventura.

Porque aquí estoy, con vosotros, tomándome un café y charlando tan rica y placenteramente. En mi casa, con tranquilidad y relax.

Al sol. Con un par …

Besos de Café con Leche, bloggers.
 
Moderadamente ... Transgresor
Conozco gente que no puede evitarlo. Basta que les pongas delante una norma para que, inmediatamente, intenten hacer justo lo contrario. Si les prohiben fumar, lo harán como carreteros y a dos manos; si les indican que usen las papeleras, no encestarán ni un puto papel; si les ruegan que se vistan de determinada manera, se pondrán harapos preconciliares.

Es el síndrome del transgresor compulsivo, del rebelde sin causa, del campeón del fuera de la ley, del outsider integral. Dirán que no resisten tener que seguir las normas establecidas, que no nació nadie que pusiera puertas a su campo, que son ab-so-lu-ta-men-te libres y lo demuestran coherentemente día a día.

Vale. Mas yo creo que no todo puede reducirse a la exageración total y única de la libertad individual, y que los demás, como Teruel y el Sur :-)), también existen. Pero, héteme aquí que, buceando en mis recuerdos lejanos y en los que no lo son tanto, he descubierto que pertenezco a una subtribu no menos insidiosa: la de los moderadamente transgresores.

Así, rememoro que ,en clase de francés del colegio, cuando había que preparar un tema para hablar los Lunes en clase, todo quisqui acababa parloteando “je me suis levé a neuf heures du matin; je me suis allé a la Messe” (me he levantado a las 9 de la mañana; he ido a Misa…), mientras el “moi” puteaba a la profa diciendo un “je vais vous parler sur l’éclat du volcan de l’île de Krakatoa” (le voy a hablar acerca de la explosión del volcán de la isla de Krakatoa), verídico, con lo cual le rompía los esquemas, metiéndola de paso en un tema del cual yo conocía más vocabulario que ella. Joputa que era uno, o que quizás siga siéndolo.

Sé que, cuando se me pedía una redacción acerca del puerto de mi ciudad, me hartaba de oir descripciones pormenorizadas del trajín portuario al uso (grúas Sanson incluidas), o cuasi-fotografías del aspecto del puerto expuestas por una Polaroid literaria infantil (es un puerto bonito, donde se ven buques militares y barcos pesqueros, etc.), … y en cuanto a mí, puff, el chaval no tenía arreglo: ¿a quién se le ocurriría simular que era un viajero extranjero, que arribaba en un buque de tres palos aparejados de goleta al puerto y que, según llegaba, definía lo que veían sus ojos y sentía su corazón? Definitivamente, no había manera de que cumpliera mi papel coral en la función. Resultaba cabroncete.

También recuerdo mi Universidad. Sus exámenes. A ver, imbéciles, habladme sobre el mercado de la naranja y sus implicaciones económicas. Fácil, se decían. La naranja es un bien alimenticio, producto de primera necesidad, con precios sensibles a las variaciones de la cesta de la compra, sus precios son rígidos a la baja, etc. Pues no, decía este subnormal que os escribe. Yo no estoy en Valencia como vosotros, sino en London :D. La naranja es un producto de lujo, se compra por piezas individuales, sus precios son volátiles, dependiendo de la renta disponible, etc. A pesar de lo dicho, o puede que por eso, que conste que me ponían muy buenas notas, ¿eh? ;)

Y en la actualidad, pues más de lo mismo. Recordad los cambios sobre la marcha en el asunto del viaje a Saint Étienne, y sus resultados finales. No cortar cabezas, colaborar, sorprender siendo amigo y no enemigo, … De lo de Justine Zavette, a pesar de las posibles apuestas eróticas, … tranquilos: dos piquitos en el Vol de Nuit como amistosa despedida. ¿Es que cabía otra cosa?¿O es que las normas no escritas indicaban como predefinidas otras acciones?

Como veis, después de este ratito de strip-soul, realmente soy muy poco transgresor. No me salto normas legales. No iré (eso espero) a la cárcel. No llevaré la pancarta de la manifestación contra lo establecido. No seré el abanderado de la post-modernidad disconforme e iconoclasta. Eso sería una “passada” para mí. No sería yo.

A lo mejor, lo que ocurre es que pienso que las cosas tienen más de una y más de dos vías para hacerlas. Y me encanta buscarlas, y no conformarme con lo unitariamente trillado.

O puede que lo que de verdad me guste sea tomarme un café (“One more cup of coffee”, Dylan en el Hurricane) con vosotros, sentados displicentes en el blog del atardecer.

¿O se decía “vosotras y vosotros” para ser políticamente correcto, pedo-caca-culo-pis, cojones?

Besazos y sonrisas para todos.

 
La Miscelánea Combinativa
Definitivamente, desde bien pequeño he sido un devorador de libros, aunque nunca he tenido en cuenta la edad para la que se supone que fueron escritos: y estoy vivo. No he muerto en el pecado por haberme pulido la Ilíada. el Decamerón o alguna novela policíaca de Peter Cheyney (donde la femme fatale tenía más curvas insinuantes que comas había en la página) antes de la edad en que teóricamente me correspondían.

Puestos a tragarme, incluso llegué a meter mano en los libros de ajedrez que tenía mi padre. De todo el vocabulario “exótico” que de estos se desprendía, recuerdo bien palabras como “celada”, “enroque”, “defensa india de Rey” y, la que más me atraía: la “Miscelánea Combinativa”. Áteme usted ese palabro, que se me asemejaba el abracadabra mágico que podría abrir cualquier puerta.

Pero vaya, esta madrugada de Lunes no aparecía bien encarada con el descanso, ya que nos hemos tenido que levantar a las cuatro de la mañana para llevar al “pequeño gran hombre” de mi enano a su Colegio, para comenzar uno de esos llamados Viajes de Estudio, en los cuales –si yo no recuerdo mal de mi cole- los estudios serían los pitifostios que solíamos montar a las tantas de la mañana por los pasillos de los desventurados hoteles que tenían la desgracia de cobijarnos.

Jodido Centro Educativo, que lo primero que se le ocurre, en aras de la “educación”, es hacernos polvo la noche a los sufridos padres. ¿Es que no pueden salir a las 12 de la noche, si es que quieren aprovechar el tiempo para hacer kilómetros? ¿O a las 7 de la mañana, y ya nos quedamos todos despiertos? No señor, había que buscar una hora que nos partiese en dos, de modo que al día siguiente deviniésemos improductivos, o sea, hechos una mierda.

Menos mal que (quizás dando cumplimiento al comentario de Augusto del otro día) ya que el sueño estaba roto y, en aplicación de los principios de la miscelánea combinativa (en adelante MC), a la vuelta nos ha dado por “retozar amorosamente” de forma muy cariñosa para aprovechar el tiempo y relajar el espíritu, que es cosa muy gozosa y necesaria, además de dar mucho gusto practicarla (se ruega que para los bellísimos detalles descriptivos de la acción, se trasladen al blog de la maestra Desordenada, en el cual hallarán puntualizaciones acerca de sentimientos, efluvios y auras a emplear ;)). Sí, Augusto, de vez en cuando, sólo muy de vez en cuando, follamos como tú bien dices.

Posteriormente, al comenzar el trabajo esta mañana, la selección aleatoria de mi Media Player ha hecho surgir una canción que yo ya pensaba olvidada. La grabé de unos cassettes viejos de mis hermanas, y hacía un siglo que no la escuchaba. La ronca voz de Patxi Andión hacía revolotear las estrofas de “Una, dos y tres”. De ella transcribo algunas líneas para solaz de los colegas Wolffo y Capitán, que para lágrimas ya tuvimos ración el viernes pasado. Escuchad, porque va de “cheli language”:

“Si usted busca pilcheo, le mercamos la ja. Y si dí que la pronto, le dejamos largar. Si no pucha en caliente, le jamamos el tres, los gallumbos, los calcos y le ponemos al bies. Una, dos y tres. Una, dos y tres …”

Sin embargo y, aunque parezca mentira, esta canción también tiene que ver con la MC, porque este mediodía, comiendo con los responsables de una empresa del sector naval, me ha ocurrido algo chocante por lo inusual. Hacía ya un mes que dos compañías del sector (una de ellas cliente mío) andaban a la gresca por el cobro de unas diferencias en gastos de depósito aduanero que buscaban, lógicamente, que no cobrase la parte contraria. Hasta ahí, bien, normal.

Lo habitual es que se discuta a través de técnicos en contabilidad, se busque alguna solución de reparto, y adiós muy buenas. Correcto. El otro profesional y yo ya habíamos hecho ese trabajo, y teníamos preparado el oportuno informe de reparto, bastante equilibrado por cierto (53.7 % para mi compañía y 46.3 % para la suya, tuve un poco de suerte al arañar gastos).

Pues bien, el otro empresario ha desbaratado el criterio de reparto, porque opinaba que no era muy ventajoso para su compañía y él quería decir la última palabra (poner la última coma, coloquialmente). Su profesional se desgañitaba diciéndole que dejase las cosas como estaban, y él se negaba, aduciendo (es de los de la antigua escuela) que si “acaso iba a saber más que él de ese tipo de negocio; que llevaba haciéndolo toda la vida” (y así le va, claro). Resumiendo, nuevo reparto: 74.2 % para mi representada y 25.8 % para él. ¿Os lo podéis creer? Y el tío tan contento: con un par de pares de cojones. Satisfecho y feliz. Firmado.

Pues allá va la broma/coincidencia de la canción. Dice lo siguiente casi al final:

“Si usted quiere engañarnos, nos dejamos de nén. Usted salva su ego y nosotros la piel. Usted se va contento y nosotros, ya ve, nos pagamos la cena con el ego de usted. Una. Dos y tres. Una, dos y tres”.

Y es que casi, casi todo está inventado. La música, los gilipollas sacabarrigas, los colegios que incordian, la Miscelánea Combinativa, el Sexo … y el Rock’n Roll.

Que el Lunes y la Semana os sean venturosos y favorables.

Kisses a millones, bloggers.

 
... Como un perro
Hoy voy a hablar de los muertos. Pero no de los que ya lo están, sino de los que vienen, aquellos a los que la fecha de caducidad ya se les empieza a apreciar en los hombros cansados, en el lento caminar y en la mirada acuosa y triste.

Hasta hace no mucho, los mayores compartían casa con sus hijos cuando llegaban a cierta edad, en la cual habían dejado de ser productivos y sólo disponían de sus recuerdos, su experiencia y un montón de años invertidos/derrochados generosamente en sus retoños. Los que tenemos enanos en fase de crecimiento sabemos bien a qué tipo de desvelos me refiero.

La duda ofende, la situación era distinta y las mujeres, en la inmensa y clamorosa mayoría de los casos, se ocupaban de la casa, de los muebles … y de los viejos. Eran tiempos, los de mis abuelos, en los que uno comenzaba y terminaba su existencia en el mismo lugar: su casa. Supongo que esto haría el trance un poco menos duro y, sobre todo, más digno de afrontar, ya que al menos jugabas en un campo conocido, y cuando te ibas, lo hacías rodeado de tu sangre y no de extraños..

Pues bien, los tiempos han cambiado. Las mujeres se van incorporando lentamente al mercado de trabajo y ya no hay nadie que se quede cuidando de las casas, de los muebles ni de los viejos a tiempo completo. Todos estos cuidados podemos asumirlos, pero a tiempo parcial, en los huecos del trabajo, en los fines de semana, … cuando podemos. Las casas (lo sabéis, ¿no?) son muy pequeñas y no hay apenas espacio para nada. Sea. Es así.

Lo referido nos lleva a un overbooking de las Residencias para Ancianos (odio el eufemismo de tercera edad, ¿qué pasa, que no se puede llamar a nadie viejo porque no es políticamente correcto?) . Es allí donde nuestros mayores, cuando cruzan el umbral de una determinada cantidad de cuidados especializados a necesitar, van a abarloar sus popas a la espera de su última canción. En esos centros (volvemos a cerrar el círculo vital), les duchan con grúas de movimiento, les limpian las caquitas, les controlan todos los niveles vitales, les nutren y velan sus sueños. Sea, también.

Mis suegros (o segundos padres, ¿puedo llamarlos así?) son gente del interior, castellanos viejos. Vivían en una ciudad mediana como la mía (+- 200.000 habitantes). Ya tienen ambos 80 años, y también ambos trabajaron fuera de casa toda su vida (ya sabéis, hasta los 65, santa jubilación). My girl es la menor de su 7 hijos, y yo me llevo bien con estos mis viejos.

Tras su jubilación, vinieron los segundos años de vino y rosas, empezaron a ver crecer a sus nietos, fueron centro de atención en todas las festividades (Navidades, Semanas Santas, …) en las que ejercieron su derecho a ser núcleo de reunificación familiar, recorrieron toda España viendo a sus hijos (cada uno estamos en un sitio diferente, incluso tienen dos en su ciudad natal), vivieron con la tranquilidad de la madurez y el desapego al reloj y a las prisas propios de su nueva situación.

Pero, chicos, él vio agravarse su azúcar, sus varices, su insuficiencia respiratoria, …, y ella entró en un Alzheimer atroz y galopante. Uno perdió su fuerza, su movilidad, su salud; la otra, su cabeza, sus recuerdos, su valía. Y los que eran ya no fueron. El buen ambiente desapareció por arte de magia y. de repente, comenzaron a estorbar, devinieron incómodos. Nene, el abuelo molesta. Nena, la abuela anda por los pasillos a las 4 de la madrugada. Vamos a llevarlos a una residencia.

Y les llevaron, ya lo creo que lo hicieron. Hasta aquí, bien, estaban/estábamos en nuestro derecho. Y empezaron a pudrirse lentamente, al baño maría, esperando que alguien al menos llenase parte de la pobre existencia que les quedaba, que no les hiciesen la parca visita del médico que de paso sirve para auto-limpiar conciencias negras, que les aportasen calor donde su corazón se les helaba lentamente. Y empezaron los disgustos, los “pues yo me quiero volver a mi casa”, los “vosotros ya no podéis valeros por vosotros mismos” …

Y mi chica …. mi chica reventó. Vivimos a 700 kilómetros de la tierra norteña y castellana que vio nacer a sus padres. Mi casa está en el Sur y en la Costa. Igual clima, iguales costumbres, igual gente: da igual, ¿no? Con la mirada me lo consultó/rogó, con los brazos y el corazón agarró a sus viejos y nos los trajimos. Nadie protestó. Todo el mundo estuvo de acuerdo. La Residencia de aquí es nueva, está muy bien equipada, es caríssssima, estarán muy bien. Y lo están, dentro de lo que cabe.

Mi suegro, definitivamente en silla de ruedas, vive con 100 pastillas al día, transfusiones de sangre y eritropoyetina (sí, la EPO de los ciclistas) por un tubo. Esta mañana le estaban transfundiendo tres bolsas, acompañado por su hija, que está al borde del shock. Mi suegra está … no está. Pensamos que al menos siente el poco cariño que la podemos transmitir y los besos y achuchones que le damos.

Si recordáis el estresante horario que os exponía en el post de la mujer trabajadora, habréis observado que no digo nada de las ocupaciones durante las tardes de my love. Ahora supongo que ya sabréis por qué y dónde está ella en esas horas la mitad de las veces. Los fines de semana, al menos un día y si podemos los dos, vamos todos, comemos con él, ya sólo con él y pasamos la tarde juntos.

El viejo sonríe al ver a sus nietos hablarle con naturalidad, sin llamarle enfermo con los ojos. Hace crucigramas, lee los libros que él me pide y yo le llevo, y se vuelve loco con las fotos viejas suyas que le he escaneado en el portátil. ¿Es que no me las vas a poner otra vez, canalla?, me dice como si fuese una antigua película de las de antes. Estoy intentando que aprenda a usar un teléfono móvil, pero no está por la labor.

Ese es el atisbo de normalidad que tiene en una existencia que se apaga sin remedio y sin pausa, y en la que intentamos por todos los medios poner coto al desarraigo que sienten lejos de su casa de toda la vida y de las figuras y los sitios que les eran familiares.

Y cada vez que lo visito, me encrespo y me aguanto, para que no me lo note. Después, me grito en soledad que yo no quiero morir como un perro, joder. Que hasta los perros tienen derechos.

Puta vida.

Así que ahora, despacito, me voy a poner 3 canciones, 3, para hacerle un recuerdo sonoro a mi chica: "Girl" (Beatles), "My Girl" (Otis Redding) y "Woman" (John Lennon), y que valgan de homenaje a mucha más gente.

Feliz week-end y emocionados kisses, anyway.
 
¿Te atreves a ser una niña?
Vamos a ver si me explico. No, si yo soy un tipo creo que tranquilo, sin aspavientos, que siente por dentro y sin audaces espectáculos pirotécnicos. Sin embargo, mi “falsa tranquilidad” natural se quiebra cuando pretende ser secuestrada por agentes coercitivos externos.

O sea, me puede la obligación de regalar por San Valentín, por ejemplo; ¿quién lo manda?, ¿acaso San Corte Inglés?. Mirad, rubias, morenas y pelirrojas de mi alma, yo no me niego a regalar (es delicioso y gratificante hacerlo), pero ¿por qué se me impone esa fecha?, ¿y por quién?, ¿y con qué arcanos motivos? De hecho, yo sí regalé aproximadamente por San Valentín a mi chica. Pero lo hice el día anterior :-P.

Viene a colación el circunloquio anterior porque no solo me rebelo contra esa “mágica” fecha, sino también contra el manoseado logotipo “onceeme”, o contra el pasado “ochoeme” o día de la mujer trabajadora (observaréis, queridas, que este post lo fabrico el día nueve). Es decir, he aquí un tío no demasiado visceral, pero al cual le cabrean determinadas “imposiciones”. Hum, rarito, ¿no?

Mirad, he sido educado según las normas de una generación que vio cómo por fin a sus madres les concedían el derecho a abrir una cuenta independiente en el Banco o a iniciar un negocio sin solicitar la obligatoria “licencia marital”. Tuvo que hacerse para ello hasta una modificación del Código de Comercio. Fastuoso.

Eso quiere decir que, evidentemente, no se me capacitó para coser, cocinar, limpiar y otros menesteres indignos de mi condición sexual. Empero, mi generación (y no sólo yo, lógicamente) evolucionó a partir de los monos y, al menos una parte de nosotros, hemos aprendido algo y somos casi autosuficientes. Digo yo que el salir de casa ayudaría a ello. Algo es algo, pues.

Os voy a poner un ejemplo hecho con “munición real”, aunque me cueste desnudar mi alma una vez más ante vosotros. Os ruego consideréis que no tengo la más mínima intención de vacilar ni de quedar bien, sino de enfrentar la realidad.

Mi chica trabaja, yo también. Ella lo hace en la Administración Estatal (horario 08:00 a 15:30), el que suscribe es profesional independiente (horario “oficial” 09:00-14:00 y 16:00-20:00). Ya estamos situados. 3,2,1, … 0.

Me levanto a las 6:45 (me adapto al horario de mi nena, es la única manera de estar juntos). Abluciones matutinas, desayuno preparado para el nene y para la nena. Bajo al Sr. Perro (o el me baja a mí, no lo sé). Expulso de su jergón al reptil de mi enano, le preparo el desayuno, le pongo el bocata en la mochila, hago las camas. Nos vamos.

¿Descanso;))? en el despacho. Son las dos y algo. Me voy corriendo. Llego a casa, bajo-o-me baja el perro. Preparo la comida. Como. Llega my sweet love. Le sirvo la comi, le pongo el café, la beso, me besa, la miro, me voy.

La oficina. ¿Nuevo descanso? Son las ocho y cuarto de la noche, joder qué tarde, me voy, soy marathon man, hago la compra pesada (leche, latas, droguería, …) al paso en Mercadona (El Carrefú me lo guardo para algunos fines de semana, Wolffo). Llego al home, sweet home. Uf, menos mal que sólo hay 15-20 minutos del trabajo a casa. Ventajas de ciudad mediana.

El enano me pone al loro de sus quehaceres en el Cole. My love me mira, está cansada, yo también amor, la sirvo una Coca; no me dice que no, se la toma y suspira. Mmmm. Un poquito de relax. El enano sale pidiendo explicaciones de Matemáticas. Mías son. Quiere bajarse unas “afotos” de Internet para un trabajo de Sociales, tengo que tomarle la lección de Lengua, el Inglés y el Francés los llevamos bien, gracias.

La cena la hacemos por libre, preparo la mesita para que cene el mini-marqués y nosotros picamos algo. Acometemos labores de alta cocina, vulgo, nos preparamos comida para días sucesivos, porque si no ya me diréis cómo lo íbamos a llevar. Menos mal que my love es una gran cocinera y yo tengo varios masters de pinche altamente especializado. Es un plis-plas. Soy el rey del pelapatatas, el apañaverduras, el friegacazuelas y el rascasartenes. Increíble, cuando terminamos, está todo recogido y como los chorros del oro (no es ficción, desordenada-linda Des). Bajo al jodido perro mesmerizante (lo bajo con gusto, en serio). Vemos la TV un poquito, charlamos, oímos música o nos colgamos un rato de Internet. Son las 12 o 12 y media. La dulce cama espera, corazón. El día ha muerto. Vivan los sueños.

Los fines de semana (y cuando hace falta) el aspirador y el lavavajillas para mí, la lavadora para ella, la cocina para mí, los cuartos de baño para mi sufrido love. Las compras (Ay, Carrefú, Carrefú) para los dos. Aún queda tiempo para ir al dock of the bay y tomarse unas copas. Fin del mensaje. Stop.

No está mal, no doy el perfil exacto del maltratador nato … aunque puedo intentarlo si queréis. Entonces, queridas mías, ¿por qué cuando miro a mi chica a los ojos siento en lo más hondo de mi conocimiento que yo soy un privilegiado y que sigue siendo una auténtica putada ser una “mujer trabajadora”?

Y entonces miras al cielo, juras en arameo y te cagas en la madre que parió a más de uno, ministros incluídos.

Tears in Heaven, que decía Eric Clapton en el Unplugged. Ya lo creo, Lágrimas en el Cielo, es la respuesta.

Mucha, mucha suerte, Compañeras.


 
Pero, ¿por quién doblan las campanas?
Hola. Buenas. Yo, … pasaba por aquí. ¡Fffiuuuu, banggg, poummmm …! ¿Pero qué cojones nos pasa, colegas? Estaba el “moi” dándose un garbeo por los blogs amigos, cuando me he visto envuelto en más de una explosión tumultuosa de sentimientos de ira, desesperación, encabronamientos varios y mala milk a raudales.

Yo mismo he tomado partido en las ¿conversaciones?, y me he contagiado del resquemor y la violencia, propiciadas por la impotencia que sentimos en Marzo del año pasado tras los atentados de Madrid. No debemos olvidar, nos decimos, y efectivamente no lo hemos olvidado.

Al apaciguamiento no han ayudado ni las crispadas elecciones que siguieron al evento, ni la vergonzosa/vergonzante conducta de los políticos que sufrimos, ni las dos Españas existentes (“españolito que vienes al mundo, te guarde Dios: una de las dos Españas ha de helarte el corazón”, Serrat cantó, Machado dixit)

Así que, de acuerdo. No olvidaré, corazones. Pero de la otra fiesta, y de lo que nos espera estos días mediáticamente hablando, ya me he hartado por anticipado. No quiero ver a nadie haciéndose fotos con los muertos, ni negociando con su carne, ni arrogándose la propiedad de su sangre, ni discutiendo el sexo de sus cenizas.

Y, antes de que ocurra, que lo hará, voy a mirar hacia otro lado, agarrándome fuerte mis manos (que me conozco), haciendo de tripas corazón, y me voy a obligar a testimoniarles el único homenaje que está en mis manos darles con mesura: algo de respeto.

Y que el latido de mi vida siguiendo su curso en el futuro sea la prolongación del que ellos no pudieron tener. ¿Valdrá por fin para algo, tendrá por fin algún sentido, sacaremos por fin alguna enseñanza de que ellos no estén con nosotros para pasear al sol esta próxima primavera?

Almas laceradas, mentes doloridas, …

Vamos. Arriba. Con un par …

P.D.: Pido disculpas con antelación a quienes tengan opiniones diferentes a las mías. Me he limitado a exponerlas. No quieren ser una agresión.

Sweet kisses, anyway.
 
Viaje a la dulce Francia
Os leí a todos, compañeros de la blogosfera, antes de partir. Y el Jueves, al salir, me sentía acompañado por vosotros y confortado por tanto bueno y bendito blog como existe. El viaje a Madrid, bien gracias a Iberia, y eso que eran las 06:40 de la mañana. El tiempo en Madrid, peor que malo, al menos en comparación con el Mediterráneo.

Llegada a Barajas, coche esperando (un BMW, se han estirado, vaya), salida al Soto de la Moraleja. Las oficinas centrales están ubicadas en dos chalets adosados contiguos. Son cómodas y el personal bastante atento, dadas las circunstancias. Decido cambiar de estrategia sobre la marcha, a pesar de que (estamos en España) parte de la puñetera documentación todavía no está preparada.

No grito, no me acuerdo de sus respectivas madres, no pierdo los nervios. Reparto los buenos días a todo el mundo y doy por supuesto ante ellos que todo se irá resolviendo durante el transcurso del día, que son eficientes, que estamos en el mismo barco y que yo no soy su enemigo, sino todo lo contrario. ¡Y funciona!

El trabajo es pesado, pero, sorprendentemente, se realiza con limpieza, tranquilidad y armonía. Creo que, a pesar de algunas diferencias de concepto y de cultura empresarial, tenemos una buena “chance” ante los franceses. Los resultados son buenos, la parametrización discreta, la organización es de aprobado alto, y supongo que el generoso cash-flow tapará las ligeras deficiencias de política empresarial. ¡No me lo puedo creer!

Entre medio, comida en Jose Luís, cafés por un tubo, sandwich como sustitutivo de la cena, y … al Meliá a las 11:30, sin irnos de juerga, o quizás la juerga la llevábamos puesta. Hay que intentar sobar un rato, que el avión sale a las 06:20. Menos mal que se ha suprimido el viaje hasta París para la conferencia previa con las otras empresas filiales, porque desde allí hasta Saint Étienne (Vuelo París-Lyon) el palizón era importante. En vez de eso, se han establecido comparecencias separadas para estudiar las cifras de cada una. Mejor así.

Me levanto a las 04:30. ¿Acaso soy yo ése que se mete en la ducha de madrugada? Joder, menos mal que la barba me adorna desde hace algunos años, porque a estas horas no tendría ni pulso para afeitarme. Me acuerdo de Quevedo, “érase un hombre a una barba pegado…”, y me da por descojonarme de risa mientras me aclaro el champú. Puerta, el BMW de la Gestapo y zumbando pa Barajas.

Ahora, Air France y dos horas y cuarto hasta el aeropuerto Antoine de Saint Exupery (increíble y encantadora la coincidencia bibliófila) de Lyon: ¡Unga, unga, yo Tarzán, tú el Principito! Aquí la rutina cambia. Hay un Citröen (todo muy francés) esperando. Ya sólo faltan 50 Km. Hasta Saint Étienne, y 15 Km. más hasta la empresa central en Doizieux. Joder, “nous sommes déjà arrivés” (ya hemos llegado de una puta vez).

A las 10 casi en punto de la mañana me estoy tomando un café largo (un américain, s’il vous plaît; merci bien) en recepción, mientras fuera llueve mansa y dulcemente. Ya me han asignado “couple” (pareja, controlador, interlocutor de referencia para las entrevistas): Mademoiselle Justine Zavette. No la conozco. Siempre traté con Paul Vouchet, de Presupuestos. Un cambio puede suponer empezar de nuevo, volver a marcar posiciones, incertidumbre… y un poco de miedo a lo que se desconoce.

Me dirijo a Control de Producción, deuxième étage (segundo piso, es para vacilar ¿sabéis?). Me presentan a Justine… Justine, mon Capitaine ;)), roza los cuarenta, es morena como la cerveza (como la cerveza negra, joder), menuda, agradable y de aspecto tremendamente eficiente, n’est-ce pas? La miro con curiosidad, la evalúo, la saludo “comment ça va?”; me responde “ça marche, Doc” (póngase aquí mi nombre real, claro), “est-ce-que tu pense que nous reussirons mettre au lieu les chiffres” (¿piensas que conseguiremos poner las cifras en su sitio?); “mais oui, vraiment, ça sera le temps de nous exprimer” (sí, ciertamente, será el momento de explicarnos), y nos decimos el tipo de frases que se sueltan al principio de una conversación financiero-comercial. Siento soltaros tanto latinajo en francés, pero es lo que hay, aunque sea para darle un poco de ambiente a la historia.

Entramos a su despacho. Cómodo y sencillo. Las comunicaciones informáticas… una envidia. Sabéis que pagan 25,00 Euros por una conexión a Internet de 10 (he dicho diez) Megas. Y aquí 40,00 Euros por una de 0,5 Megas. Desplegamos la parafernalia habitual de ordenador, informes, presupuestos, balances, resultados, comisiones,… Hay diferencias (por supuesto, siempre las hay), pero no insalvables. Existen diferentes criterios de contabilización, de legislación, de fiscalidad, de comercialización, etc., y también muchas ganas de mejorar las cosas, no de destruirlas.

Va pasando más gente, y más documentación por la oficina. Cambian los gráficos y los esquemas de producción, control y ventas. Añadimos estructuras nuevas y ponemos cosas en común. De través, intercalamos una ligera comida a las 13:00, café a las 16:00 y sandwiches (estaré más de un mes sin probarlos, os lo juro) a las 19.00. No me puedo quejar.

Los tiempos están cambiando. Menos mal. Anteriormente, Paul (casi 60 años) interpretaba que su papel era el de “cortar cabezas”. “Il faut de voir la sang; ça fait enlever le profit” (es preciso ver la sangre: eso hace subir el beneficio), decía el muy cabrón. De manera que había que pelearse con él para salvarle el cuello a alguien. Mal asunto, y acababas muy quemado de ese tipo de reuniones-guillotina.

Con Justine (cerca de 40 años) es diferente. Es otra generación. Tratamos de ver qué se puede hacer mejor y cómo llevarlo a cabo, pero partiendo de la situación que ya existe. Es fácil: si tú haces algo mal, yo intentaré decirte cómo lo puedes arreglar para que todo resulte bien con un coste mínimo. Esto implica involucrar al personal en la marcha del negocio, apelando a la responsabilidad, en vez de sacar el látigo de la intolerancia. Coincide bastante con mi profesión y con mi manera de hacer las cosas. Expuesto así suena muy simple, aunque en el trabajo real no lo es tanto.

Evidentemente, hay conexión, hay “feeling” entre nosotros. Todo ha resultado tan duro como ha sido necesario, pero no difícil ni imposible. A las 21.00 todo está terminado. Pasamos a hablar con Monsieur P. Y., le hacemos una relativamente breve exposición de nuestro trabajo en común, le presentamos unos borradores de conclusiones, y salimos al aire del exterior. P. Y. vive en una gran casona rural en las afueras del pueblecito, aunque yo diría que vive, come, mea y jode en su empresa, porque no parece salir de allí. Ya está bien: son las 22:15 de la puta noche.

Doizieux (leed Duassié) es un pueblo pequeño, de unos 10.000 habitantes. No hay mucho que hacer en él, y menos a estas horas. La empresa química es buena parte de su vida, y se mueve al son que toca la gente que trabaja en la factoría. De él y de sus historias os hablaré en algún post otro día.

Nuestro impecable Citröen (no muy nuevo, un XM, pero perfectamente cuidado) es amplio y confortable. Nos lleva a Justine y a mí hasta Saint Étienne. Le pido a la conductora que lleve primero a mi acompañante a su casa, pero ésta me responde que tiene instrucciones para ocuparse de que me alojen en el Terminus de Forez en la rue Denfert Rochereau, (a estas alturas mis maletas están todavía en el portaequipajes del Citröen) de tomar algo conmigo y de “mettre en scène” el esquema del futuro intercambio de documentación para finiquitar nuestra actuación profesional. Sabía yo que Monsieur P.Y no perdería ocasión de hacerme trabajar un poquito más.

Son las 22:35 cuando llegamos a mi hotel. Debo reconocer que todo está previsto, preparado para mi comodidad, y en perfectas condiciones (se nota la mano de P.Y.). Decidimos aprovecharnos de las bondades del establecimiento y cenar un poco, con tranquilidad, en la seguridad-privacidad-aislamiento de mi habitación. Así lo hacemos, diseñando de paso los últimos y protocolarios memorandums (sí, joder, ahora se dicen así) para las futuras relaciones.

Llegados a este punto, puedo optar por varios caminos para relataros lo que siguió, pero dejaré que cada uno se lo auto-cuente a su manera (sé que la imaginación es la barra libre de las ideas, pero si queréis hacerme caso no os compliquéis la vida demasiado). Sólo deciros que quizás no salí a tomar copas ni al Vol de Nuit en L’Elysée Gervais, ni a Le Black Baron en Victor Hugo, ¿o quizás sí?, pero sí me levanté el Sábado a las 09:00, porque a las 10:00 me esperaba el impoluto Citröen oficial para llevarme al aeropuerto de Lyon, desde donde salía mi vuelo a las 11:20.

Iberia-mon-amour me paseó por Madrid, donde hice escala, y llegué a Valencia casi a las 16:00, mal comido y bien molido, deseando llegar a casa cuanto antes, abrazar a mis amores, restañar mis heridas (si es que las hubiera), abrazar a mis-hermanos-en- Cristo-medio-locos del blog (coño, ¡cuánto habéis escrito desde la última, ciber-cabrones-as!), leer vuestros post, salir al puerto de la ciudad donde nací y ver (o no) a las estrellas saludarme desde el cielo.

Estoy cansado (très fatigué, so tired, hoy todavía voy de cosmopolita traductor de idiomas) y no pude ver las estrellas. Cosas del cielo joputa y cabroncete. Me echó un pulso y lo perdí: no tuve huevos para mearme en el muelle… porque en el fondo el puerto no tenía la culpa.

And I love you so …

 
Que la Fuerza os acompañe
Tras mis exabruptos de esta mañana, cuando me he visto obligado a aceptar un viaje profesional en fechas que no me gustaban en absoluto, me he dado un paseo por vuestras bitácoras, compañeros y, joder, después de tropezar con los temas más variados (unos sensibles, otros delirantes, otros líricos, todos maravillosos), he llegado al convencimiento que debo cambiar el chip y, en vez de “sufrir” el viaje, tengo que aprovecharlo al máximo, intentar extraer el zumo a todo … hasta a una reunión de presupuestos consolidados (je, je, eso sí que va a ser difícil).

Voy a decirle: hola, viaje cabrón, estoy vraiment enchanté de te connaître, pero si te crees que vas a joderme, estás muy equivocado. Llego a Madrid y no me he quemado dentro del Windsor: ¿qué te parece?, ¿a que he tenido suerte? Recojo y depuro datos para los franceses y estoy hasta las narices, porque me parece un trabajo pesado y plano. Pues no, porque estoy más calentito que los albañiles que se lo están currando al aire libre y sin red con el tiempecito que nos está cayendo. Aguanto los tirones y las tensiones interdepartamentales para que mis informes les dejen en buen lugar en las reuniones de Francia. Pues tampoco, porque hay unos cuantos desgraciados que se van a estar cagando los calzones y las bragas hasta que yo vuelva y reparta chocolate o cicuta, según les vaya ante les enfants de la patrie, y yo las hostias prefiero verlas venir de cara.

Visita turístico-química a Saint Étienne. Pas de probleme. Ça coule, ça marche. ¿De qué me quejo, si estoy en la región de la Mostaza con mayúsculas? Si aquí son tan agradables que en vez de echarle sacarina, se toman el café au lait con mostaza verde. Un tío que tiene redaños para tragarse el último post del Capitán (sí, el del callejón pútrido) sin soltar prenda, desde luego que bien puede tomarse un doble de Bourbon Knockando con mostaza à la selection des herbes.

Y cuando todo acabe, y sé que será dificultoso y farragoso (y el idioma en temas técnicos no ayuda, sino todo lo contrario) voy a ser duro pero objetivo y serio en mi trabajo. ¿Qué más me puede pasar? Al fin y a la postre, vuelvo a casa, a la tortilla de patatas (a la española, por supuesto), a la cama bien calentita, a mi gente que adoro y a vosotros; sí, a vosotros, mis sufridos y queridos bloggers que me estáis aguantando.

Además, me llevaré algo de música. Nada de Sabina, Wolffo. Pero sí algo de Manolo Tena (Buena Chica, de los Secretos), de Otis Redding (Sitting on the Dock of the Bay), de Neil Diamond (Lonely looking Sky), de Cat Stevens (Wild World, ¿o es que no es salvaje la vida?). Si alguien escucha alguna de ese estilo durante la semana, que tenga algún cósmico recuerdo pa mí. Thanks, muchas thanks. Que una buena música y un buen kiki siempre han sido buenos para el espíritu ;)))

Y la madrugada del Sábado al Domingo, si la Fuerza me sigue acompañando, veré pelearse las estrellas desde el muelle de la bahía y, si está nublado, … me mearé en el muelle para compensar el esfuerzo.
 
Gritando bajo la lluvia
No es cosa que me apetezca, pero muchas veces tienes que hacer cosas que quizás preferirías realizar en otro momento. Sin dilación, me toca viajar (ens anirem de viatge), y me fastidia porque en estos momentos yo estaba planificando determinados trabajos para cierres contables que es necesario efectuar en estas fechas.

Total que, un par de telefonazos apresurados (siempre lo son, ¿verdad?) y ya me véis haciendo las maletas para volar como un ganso a Saint Étienne. Sí, podía haber escrito “como un albatros”, que es más elegante, pero es que realmente me siento como un ganso, que remolonea antes de partir, porque siente que le están jodiendo la programación de trabajo que tenía hecha.

Así pues, mi programa será el siguiente: pasado mañana Jueves, Valencia-Madrid. Llegada, Visita a la filial central española y captura previa y puesta al día de datos (coñazo de reunión y sueño escaso). Viernes, Madrid-París-Saint Étienne. Arrivée a la empresa matriz francesa, compatibilización de datos, discusión de diferencias, nuevos criterios de gestión, se supone que comer y dormir (me apuesto a que no más de 3 ó 4 horas, la madre que los parió, jodidos gabachos). Prometo no escuchar música francesa en algunos meses. A ver si hay suerte y eludo las “falsas reuniones” de los Samedi-matin y, con un poco de suerte, puedo estar el Sábado tarde-noche en España.

Claro que no creo que ningún pajarito me haya hecho el trabajo que tengo aquí encima de la mesa, por lo que me temo que el próximo Lunes-Martes será de Juzgado de Guardia, y mi “sensibilidad” será del fino calibre del un obús del 88 y alto poder explosivo.

¿Qué por qué os cuento esto? Pues por dos motivos: uno, que tenía que desahogarme con alguien, y dos, porque os echaré de menos durante algunos días, y eso quiere decir que ya os habéis hecho un hueco en mi corazoncito y, en el fondo, me importáis más de lo que yo mismo creía, queridos bloggers. No quería ofender a nadie con mi falta temporal de respuesta.

Si pudiera o pudiese, me encantaría intentar conectar con vosotros desde Francia, pero sé que las condiciones serán difíciles y el tiempo escaso, así que prefiero curarme en salud y comunicároslo con antelación. En todo caso, prometo leeros el Sábado noche o Domingo por la mañana.

À bientôt, mes amis. Des caresses informatiques pour vous.