Sólo pienso en tí
Ni siquiera era viernes, ni sábado, ni finde. Aconteció ayer, un simple miércoles a las once y pico de la noche. Y lo ocurrido me reafirmó en la idea de que hay que vivir todos los días que se nos pongan por delante, en lugar de dejarlos pasar en pos de un “maravilloso e irrepetible” week-end que quizás nunca suceda.
Habito en los aledaños de la Alameda con la Avenida Reina Victoria de mi ciudad. La zona es un boulevard amplio, de edificios modernos, con hileras de palmeras en las aceras laterales y un ancho paseo central lleno de arbolado, césped y fuente. Bastante agradable para pasear casi “a la antigua”, sin prisas y disfrutando del tiempo.
Por ese lugar tan “adecuado” tiene por costumbre sacarme a caminar mi amo-perro todas las noches, llueva o no (que no lo hace casi nunca), para tranquilizar mis ánimos encendidos tras una jornada de trabajo y dotarme de un liviano ejercicio físico que vigorice mi cuerpo y me permita organizar mi cerebro y todo lo que bulle en su interior.
Serían casi las once y media de la noche. Hacía una temperatura mediterráneamente sabrosa: diecisiete grados de auténtico lujo. Comenzamos (mi amo y yo) nuestro paseo nocturno, él hozando por todas partes y disfrutando de sus locas idas y venidas, yo controlándolo desde lejos y abstrayéndome a un tiempo, tal como me gusta hacer habitualmente, dejando la cabeza pensando al ralentí, permitiendo que mis pensamientos fluyesen libremente y con suavidad.
Me crucé con la gente de siempre. Otros pares de amos-perros/siervos-humanos ejercitándose en idénticas tareas a la nuestra. Parejitas chico-chica haciendo acrobáticos ejercicios amorosos, dándose unos piquitos cuando no devorándose en feliz nocturnidad. Pandillas de chavales volviendo a casa, hablando fuerte, desperdigando hormonas en ruidoso bullicio. Lo de siempre, nada especial bajo la Luna.
Y entonces lo ví. Mejor dicho, les ví. A ella, flaquita, larguirucha, melenita morena corta, vaqueros interminables sobre finos alambres de piernas, la conocía. Sé de su ligera deficiencia mental, porque la veo a diario tomar el autobús que la lleva junto a otros compañeros a la “Escuela de Educación Especial”, eufemismo que indica el sitio donde les entretienen enseñándoles un oficio primario para ocupar sus horas y darles sensación de trabajo. A pesar de cómo lo expreso, sé que funcionan muy bien, porque conozco el centro. Sólo critico el nombre, ya sabéis, por joder un poco.
Él, algo más bajo y definitivamente más fuerte, con el pelo rubio corto, tenía buena planta visto de espaldas. Sólo su andar vacilante, como el de un marino que acabara de bajar a tierra tras una larga travesía, me hizo sospechar algún tipo de complicación etílica. Errónea apreciación. La chavala lo llevaba amorosamente cogido de la punta de la mano, tirando de él, hablándose los dos en media lengua, mientras chapoteaban en seco y trastabillaban pugnando por mantener una inquieta dignidad.
Yo me encontraba a la sazón a no más de 15 ó 20 pasos. De repente, se pararon en firme. Lentamente, compusieron a cámara lenta una extraña figura, en la que se ponían las manos en los hombros, separando el resto del tronco y acercando entre sí las caritas pálidas. No necesité más para intuir el lejanamente infinitesimal piquito que se estaban dando. Como niños jugando a los médicos, recordé.
Aparté al momento ese pensamiento de mi mente. ¿Acaso no tienen derechos, ... ningún derecho? La idea se abrió paso en mi cabeza de forma contundente, dolorosa. Y torpemente, casi pidiendo perdón, me dí la vuelta con mi perro de forma arrebatada, para no molestarlos, con la intención de dejarles el escenario verde y frondoso de la Alameda para ellos solos y para su amor cómplice.
Mientras lo hacía, me venía a la cabeza aquella canción que nos brindaba Víctor Manuel hace unas primaveras : “ Hey, sólo pienso en ti. Juntos de la mano se les ve por el jardín. No puede haber nadie en este mundo tan feliz. Hey, sólo pienso en ti”.
Y se me cayeron, toc-toc, los pirulos al suelo. Y un par de lagrimillas ensayaron a salir de mis ojos y a querer rodar por la nariz, pero fui un pistolero rápido y me las limpié antes que nadie las observara.
Y me fui para casa. Jodido pero contento de los prodigios que nos son dados ver en algunas ocasiones, aunque no sea fin de semana, sino sólo un puto miércoles casi a media noche. Y os prometo que llevaba una sonrisa de oreja a oreja, que todo el mundo me parecía buena gente y que hoy el día está resultando una balsa de aceite.
“Sólo pienso en ti”, je, je , … y en el blog, y en el Sunset, y en la vida que parece ser un poco más humana si cabe.
Cálidos besos, con croissants y café con leche, queridos dreamers.
Habito en los aledaños de la Alameda con la Avenida Reina Victoria de mi ciudad. La zona es un boulevard amplio, de edificios modernos, con hileras de palmeras en las aceras laterales y un ancho paseo central lleno de arbolado, césped y fuente. Bastante agradable para pasear casi “a la antigua”, sin prisas y disfrutando del tiempo.
Por ese lugar tan “adecuado” tiene por costumbre sacarme a caminar mi amo-perro todas las noches, llueva o no (que no lo hace casi nunca), para tranquilizar mis ánimos encendidos tras una jornada de trabajo y dotarme de un liviano ejercicio físico que vigorice mi cuerpo y me permita organizar mi cerebro y todo lo que bulle en su interior.
Serían casi las once y media de la noche. Hacía una temperatura mediterráneamente sabrosa: diecisiete grados de auténtico lujo. Comenzamos (mi amo y yo) nuestro paseo nocturno, él hozando por todas partes y disfrutando de sus locas idas y venidas, yo controlándolo desde lejos y abstrayéndome a un tiempo, tal como me gusta hacer habitualmente, dejando la cabeza pensando al ralentí, permitiendo que mis pensamientos fluyesen libremente y con suavidad.
Me crucé con la gente de siempre. Otros pares de amos-perros/siervos-humanos ejercitándose en idénticas tareas a la nuestra. Parejitas chico-chica haciendo acrobáticos ejercicios amorosos, dándose unos piquitos cuando no devorándose en feliz nocturnidad. Pandillas de chavales volviendo a casa, hablando fuerte, desperdigando hormonas en ruidoso bullicio. Lo de siempre, nada especial bajo la Luna.
Y entonces lo ví. Mejor dicho, les ví. A ella, flaquita, larguirucha, melenita morena corta, vaqueros interminables sobre finos alambres de piernas, la conocía. Sé de su ligera deficiencia mental, porque la veo a diario tomar el autobús que la lleva junto a otros compañeros a la “Escuela de Educación Especial”, eufemismo que indica el sitio donde les entretienen enseñándoles un oficio primario para ocupar sus horas y darles sensación de trabajo. A pesar de cómo lo expreso, sé que funcionan muy bien, porque conozco el centro. Sólo critico el nombre, ya sabéis, por joder un poco.
Él, algo más bajo y definitivamente más fuerte, con el pelo rubio corto, tenía buena planta visto de espaldas. Sólo su andar vacilante, como el de un marino que acabara de bajar a tierra tras una larga travesía, me hizo sospechar algún tipo de complicación etílica. Errónea apreciación. La chavala lo llevaba amorosamente cogido de la punta de la mano, tirando de él, hablándose los dos en media lengua, mientras chapoteaban en seco y trastabillaban pugnando por mantener una inquieta dignidad.
Yo me encontraba a la sazón a no más de 15 ó 20 pasos. De repente, se pararon en firme. Lentamente, compusieron a cámara lenta una extraña figura, en la que se ponían las manos en los hombros, separando el resto del tronco y acercando entre sí las caritas pálidas. No necesité más para intuir el lejanamente infinitesimal piquito que se estaban dando. Como niños jugando a los médicos, recordé.
Aparté al momento ese pensamiento de mi mente. ¿Acaso no tienen derechos, ... ningún derecho? La idea se abrió paso en mi cabeza de forma contundente, dolorosa. Y torpemente, casi pidiendo perdón, me dí la vuelta con mi perro de forma arrebatada, para no molestarlos, con la intención de dejarles el escenario verde y frondoso de la Alameda para ellos solos y para su amor cómplice.
Mientras lo hacía, me venía a la cabeza aquella canción que nos brindaba Víctor Manuel hace unas primaveras : “ Hey, sólo pienso en ti. Juntos de la mano se les ve por el jardín. No puede haber nadie en este mundo tan feliz. Hey, sólo pienso en ti”.
Y se me cayeron, toc-toc, los pirulos al suelo. Y un par de lagrimillas ensayaron a salir de mis ojos y a querer rodar por la nariz, pero fui un pistolero rápido y me las limpié antes que nadie las observara.
Y me fui para casa. Jodido pero contento de los prodigios que nos son dados ver en algunas ocasiones, aunque no sea fin de semana, sino sólo un puto miércoles casi a media noche. Y os prometo que llevaba una sonrisa de oreja a oreja, que todo el mundo me parecía buena gente y que hoy el día está resultando una balsa de aceite.
“Sólo pienso en ti”, je, je , … y en el blog, y en el Sunset, y en la vida que parece ser un poco más humana si cabe.
Cálidos besos, con croissants y café con leche, queridos dreamers.
No sabes cómo sufrí
Más de un Viernes me tropiezo haciéndome la misma reflexión. Vale, Doc, ya tienes otra semana fuera. Por fin es Viernes. Ahora, a disfrutar del fin de semana, loco si se tercia, marchoso si se deja, tranquilo si te hace falta para descansar.
Y el Lunes, hoy Lunes, me veo delante de otro enorme folio en blanco que llenar, inmaculado, impoluto, con un letrero en la otra punta, allá, a lo lejos, diciendo en letras doradas “Hoy es Viernes, “nuevamente”, capullo. Y dentro de tres días “otra vez” será Lunes”.
Y me entra el vértigo al déjà vu, la sensación de haber vivido esa experiencia en otro momento, de haber estado en esa misma situación en instantes anteriores. Naturalmente es cierto. Me lleva ocurriendo desde hace un montón de fines de semana, en los que primero es Viernes y al poco tiempo deviene Lunes. Matemáticas puras, diría yo.
Y es que creo que me estoy equivocando. Que lo importante no es “llegar” al Viernes después de haber transitado meramente por los días previos, como si el único objetivo de la vida fuese arribar al week-end para perderme en sus exiguas horas de transición hacia la nueva semana.
Empiezo a pensar que si obro así me estoy perdiendo cinco séptimos del tiempo que me ha tocado vivir; que estoy dilapidando, tirando por la borda la mayor parte de mi vida. Que el Lunes, el Martes y compañía están ahí para ser aprovechados, sufridos, gozados, … y vividos, pero nunca para pasar por encima de ellos simplemente como quien transita por un puente que nos lleva a ninguna parte.
Me temo que esa visión de transitoriedad que le doy a la parte “laboral” de mi vida debe ocultar algún fallo, algún problema que se me escapa, alguna brecha que se abre entre “el sistema” y yo. No lo sé. Quizás me esté abandonando un tanto a la rutina y me haga falta replantearme mis objetivos, subir a la montaña y ver las cosas desde arriba, abarcando más el camino y redefiniendo a dónde quiero llegar.
Igual debo empezar a despojarme de la cómoda careta que me he puesto, olvidarme un tanto de los bálsamos que me he estado aplicando, de las heridas que he ido cauterizando, de mi ombligo contemplado en demasía, para aprovechar las nuevas fuerzas y la sabiduría que creo haber adquirido en los últimos meses y comenzar a pensar unas cuantas cosas primero … y a llevarlas a cabo después.
Al fin y al cabo, para eso parece que me sobra un poco de tiempo. Total, todos los días de Lunes a Viernes los tengo libres de las enormes cargas que abarrotan mi tiempo libre de los fines de semana. Sólo me sirven para dejar caer sus hojas de almanaque en la papelera y besarle el culo al fin de semana, santificarlo, sacralizarlo como el único leit motiv de éste su seguro servidor.
Es que es bueno leer de vez en cuando. Y la palabra “desidia” dibujada en medio de un post inteligente y brujo (gracias, P) me acaba de pegar un gancho al hígado y me ha tumbado sobre la lona de mi autocomplacencia. He sacudido la cabeza resoplando y con el aire pujando por salir de mis pulmones. Buen golpe. Duro pero necesario.
Como os decía, creo y/o necesito pensar que he cambiado. Así que, en vez de quedarme cómodamente sobre el tapiz, saboreando la derrota y negando las evidencias, he decidido ponerme primero de rodillas, después de pie, y seguir en la pelea con todas las consecuencias, que uno ya conoce las reglas … y hay mucha gente que apostó por este gladiador … y no me da la gana de defraudarles … ni a ellos, ni a mí.
Escucho a Ella Baila Sola versionar la antediluviana “No sabes cómo sufrí”:
“El agua no me saciaba, el pan no me alimentaba: no sabes cómo sufrí … No me quedaban palabras, ni mi voz podía expresarse: no sabes cómo sufrí … Yo me ví rodeando el mundo, yo me ví rodeándolo por ti: no sabes cómo sufrí …”
Entre fintas y golpes, van cayendo asaltos. Y tras ellos, hay descansos. En ellos, me paso por el Sunset, jodido y “joli” (precioso, que me apetece decirlo en francés) Sunset, y me tomo algo con vosotros, lo que sea que estoy seco. Hasta una P’Max, que hoy -aunque no me lo crea- … hoy, a los puntos, voy ganando la pelea ;-))))
Besazos de vida, dura vida (dura lex, sed lex), my bloggers.
Y el Lunes, hoy Lunes, me veo delante de otro enorme folio en blanco que llenar, inmaculado, impoluto, con un letrero en la otra punta, allá, a lo lejos, diciendo en letras doradas “Hoy es Viernes, “nuevamente”, capullo. Y dentro de tres días “otra vez” será Lunes”.
Y me entra el vértigo al déjà vu, la sensación de haber vivido esa experiencia en otro momento, de haber estado en esa misma situación en instantes anteriores. Naturalmente es cierto. Me lleva ocurriendo desde hace un montón de fines de semana, en los que primero es Viernes y al poco tiempo deviene Lunes. Matemáticas puras, diría yo.
Y es que creo que me estoy equivocando. Que lo importante no es “llegar” al Viernes después de haber transitado meramente por los días previos, como si el único objetivo de la vida fuese arribar al week-end para perderme en sus exiguas horas de transición hacia la nueva semana.
Empiezo a pensar que si obro así me estoy perdiendo cinco séptimos del tiempo que me ha tocado vivir; que estoy dilapidando, tirando por la borda la mayor parte de mi vida. Que el Lunes, el Martes y compañía están ahí para ser aprovechados, sufridos, gozados, … y vividos, pero nunca para pasar por encima de ellos simplemente como quien transita por un puente que nos lleva a ninguna parte.
Me temo que esa visión de transitoriedad que le doy a la parte “laboral” de mi vida debe ocultar algún fallo, algún problema que se me escapa, alguna brecha que se abre entre “el sistema” y yo. No lo sé. Quizás me esté abandonando un tanto a la rutina y me haga falta replantearme mis objetivos, subir a la montaña y ver las cosas desde arriba, abarcando más el camino y redefiniendo a dónde quiero llegar.
Igual debo empezar a despojarme de la cómoda careta que me he puesto, olvidarme un tanto de los bálsamos que me he estado aplicando, de las heridas que he ido cauterizando, de mi ombligo contemplado en demasía, para aprovechar las nuevas fuerzas y la sabiduría que creo haber adquirido en los últimos meses y comenzar a pensar unas cuantas cosas primero … y a llevarlas a cabo después.
Al fin y al cabo, para eso parece que me sobra un poco de tiempo. Total, todos los días de Lunes a Viernes los tengo libres de las enormes cargas que abarrotan mi tiempo libre de los fines de semana. Sólo me sirven para dejar caer sus hojas de almanaque en la papelera y besarle el culo al fin de semana, santificarlo, sacralizarlo como el único leit motiv de éste su seguro servidor.
Es que es bueno leer de vez en cuando. Y la palabra “desidia” dibujada en medio de un post inteligente y brujo (gracias, P) me acaba de pegar un gancho al hígado y me ha tumbado sobre la lona de mi autocomplacencia. He sacudido la cabeza resoplando y con el aire pujando por salir de mis pulmones. Buen golpe. Duro pero necesario.
Como os decía, creo y/o necesito pensar que he cambiado. Así que, en vez de quedarme cómodamente sobre el tapiz, saboreando la derrota y negando las evidencias, he decidido ponerme primero de rodillas, después de pie, y seguir en la pelea con todas las consecuencias, que uno ya conoce las reglas … y hay mucha gente que apostó por este gladiador … y no me da la gana de defraudarles … ni a ellos, ni a mí.
Escucho a Ella Baila Sola versionar la antediluviana “No sabes cómo sufrí”:
“El agua no me saciaba, el pan no me alimentaba: no sabes cómo sufrí … No me quedaban palabras, ni mi voz podía expresarse: no sabes cómo sufrí … Yo me ví rodeando el mundo, yo me ví rodeándolo por ti: no sabes cómo sufrí …”
Entre fintas y golpes, van cayendo asaltos. Y tras ellos, hay descansos. En ellos, me paso por el Sunset, jodido y “joli” (precioso, que me apetece decirlo en francés) Sunset, y me tomo algo con vosotros, lo que sea que estoy seco. Hasta una P’Max, que hoy -aunque no me lo crea- … hoy, a los puntos, voy ganando la pelea ;-))))
Besazos de vida, dura vida (dura lex, sed lex), my bloggers.
¡Qué noche la de aquel día!
Tras mi ralentización "voluntaria" del posteo bloggero, debida en buena medida al intenso chaparrón de trabajo que me ha caído estos días y que me ha hecho replantearme la forma de llevar esta wappa actividad, pensaba que mi vuelta al mundo del blog sería gloriosa, exuberante, llena de inspiración y de renovadas fuerzas.
Haría, estaba claro, un "artículo" pleno de inteligencia y sagacidad, con gracia a raudales, excelente manejo del vocabulario y propenso a epatar al vecino, para que se viese nítidamente quién llevaba los galones aquí. Y por supuesto la cagué.
Esta historia comienza el pasado día 19 por la mañana. Recibí un angustiado telefonazo de mi chica desde Murcia, pidiéndome si podía hacerme cargo de su padre, que lo trasladaban de urgencia a un hospital en Cartagena, porque todos los indicadores de su escasa salud estaban bajo mínimos y tenían que transfundirle entre 4 y 6 bolsas de sangre, además de sondarlo y hacerle mil análisis y perrerías.
Pensé comentarle no sé qué acerca de cómo habrían adivinado en las altas esferas el día que era hoy, que mañana finalizaba un plazo de presentación de impuestos y que tenía trabajo para regalar a toda la Unión Europea y lo que no me sobraba precisamente era tiempo para irme de juerga. No lo hice porque, a pesar de ser todo cierto, resultaba de una grosería innecesaria y por un súbito atisbo de prudencia.
Dicho esto, es evidente que me acerqué al hospital en cuestión y me ocupé de la recepción del enfermo y de los primeros trámites, mientras esperaba la llegada de Pilar para empezar a comernos el marrón que sabíamos se avecinaba.
Ella se quedó con su padre toda la tarde, con los nervios aposentándose en su cuerpo y tragando sapos y culebras porque -ah, ¿es que no os lo había dicho?- él es el peor paciente de España y parte del extranjero. Os lo juro.
Yo salí tarde del trabajo. Me ocupé de la casa, de la cena, del enano y del perrillo, aunque no recuerdo exactamente en qué orden, y cuando ví que estaba todo más o menos controlado, volví a pasarme por el hospital para darle un relevo a my love y pasar la noche con el enfermo.
Dormí poco, tal que un par de horas mal contadas y de forma discontínua. Estuve pendiente de los goteros, de la máscara de oxígeno, de los suspiros incontrolados y de las ganas de compañía que tenía mi “suegro”. A las ocho y media de la mañana, relevo, una ducha y al trabajo, que era día 20 y ningún cliente entiende de asuntos familiares graves, sino de su propio negocio y de sus relaciones con la Hacienda Pública.
Gracias a Internet, una vez cierran los Bancos y la Agencia Tributaria a mediodía, puedes seguir presentando impuestos a través de la red, con lo cual mi trabajo se extendió hasta bien entrada la tarde. A eso de las seis y media terminé y, lo confieso, me conecté al blog para leeros un poquillo, que ya hacía bastante tiempo que no disfrutaba con vuestras ocurrencias.
Hice las compras necesarias para el hogar. Ya sabéis que tenemos la manía de comer todos los días, y para eso están los Mercadonas y los Carrefour de este mundo. Llegué a casa y repetí la rutina de trabajo del día anterior. Al terminar, me vine nuevamente al “hospi”: chicos, estoy de turno de noche nuevamente.
Esta tarde papá la ha pasado quejándose de todo, gruñendo y con un humor de perros. Se ha llegado a arrancar la sonda (increíble, pero cierto), ha tirado los goteros por el suelo y ha llevado de culo al personal de planta. O sea, que lo consideran un “cliente modelo” y están encantados con él y con su comportamiento.
Y en medio de esta movida aterrizo yo ante la mirada desesperada de mi chica, que me dice como despedida que está hasta el gorro del asunto, pero con palabras más contundentes. Me he traído un par de revistas de Informática y una agenda electrónica (un PDA de Dell Computer) en la que estoy escribiendo este extraño post con el Pocket Word. Pili le ha pedido a su papi que me deje dormir un poco, que me hace falta un poco de sueño para poder rendir el día 21 en el despacho.
Vana ilusión. A las dos de la madrugada ha intentado montarme otro show con la sonda, intentando arrancársela otra vez, pero yo he sido algo más rápido y he conseguido pararlo. Se ha dado cuenta que ha sido peor el remedio que la enfermedad, ya que los enfermeros le han hecho más daño resituándosela que si se la hubieran puesto de nuevo. He intentado razonar con él, explicarle el por qué de todos los aditamentos que le han enchufado y de las cosas que puede y que no puede hacer. Parece que, dentro de su neblina mental, he abierto en su mente una brecha de conocimiento y comienza a hacerme caso.
A eso de las cuatro de la mañana cambia de táctica. Ahora se lamenta diciendo que se va a morir, que se encuentra fatal, que no puede respirar (y es cierto, le están chutando Oxígeno a 5.0 de presión, que es una animalada) y yo permanezco en vela, sin dormir, mientras escucho sus pulmones luchando contra lo que acabará siendo inevitable. Reconozco que me ha puesto los pelos de punta cuando me ha hecho estar con él, a su costado, cogiéndole la manita como a una novia. Lo que intenta es compartir su miedo y su angustia con alguien, sindicar con otra persona la amargura que le atenaza la garganta. Y no es agradable, pero es el tipo de cosas que se hacen sin planteártelas ni pensarlas.
Yo le hablo de que aprenda a respirar relajándose, que se concentre en aprovechar el oxígeno que le llega, que no se preocupe porque estoy a su lado y no le voy a dejar solo … de mil y una cosas para que aparque sus sombríos pensamientos y se sienta acompañado en este trance nocturno.
Y con el amanecer, un poco antes de las siete, llegan las consabidas rutinas de un centro hospitalario: la toma de temperatura, el análisis de glucosa, la analítica de sangre, el cambio de sueros y de bolsas para la sonda, la tanda de pastillas para el desayuno, … Me pide que le ponga la TV y se queda viendo programas sobre el nuevo Papa, discusiones parlamentarias e informaciones sobre la marcha del Plan Ibarretxe. Joé, qué saque tiene el tío.
A las ocho y media, llega mi relevo. Nos pasamos las últimas noticias y me vengo a trabajar a la Oficina, desde donde vuelco lo que tenía escrito en la agenda electrónica al ordenata, lo concluyo y me dispongo a colgarlo del blog. No es agradable contemplar las maniobras previas al abandono de este mundo, y menos si te tocan muy de cerca, pero es lo que hay y tengo que asumirlo.
Durante la mañana, recibo varias llamadas de los hermanos de mi chica. Parece que algo flota en el aire, porque todos me hablan de disposiciones a tomar, papeles a tramitar, consultas a efectuar, formas de encarar el último treap del viejo … Y entonces caigo en la cuenta que se dirigen a mí y no a Pilar, quizás porque ellos están a bastantes kilómetros de aquí y porque no desean enfrentarse a la ira de my love ni contestar preguntas acerca de su “culpable” ausencia. Qué putada.
Y ahora, cansado porque hoy no he dormido nada salvo un par de cabezadas, voy a publicar este post anómalo y, releyéndolo se me ocurre que espero que os gusten los Beatles, porque, joder, “It’s a hard days night”, o no literalmente, ¡uffff qué noche la de aquel día!.
Os veo en el Sunset si es que sigo despierto. Guardadme una miqueta d’Absolut con Coca-Cola de la normal, con cafeína por si acaso, que nunca se sabe, dreamers.
Haría, estaba claro, un "artículo" pleno de inteligencia y sagacidad, con gracia a raudales, excelente manejo del vocabulario y propenso a epatar al vecino, para que se viese nítidamente quién llevaba los galones aquí. Y por supuesto la cagué.
Esta historia comienza el pasado día 19 por la mañana. Recibí un angustiado telefonazo de mi chica desde Murcia, pidiéndome si podía hacerme cargo de su padre, que lo trasladaban de urgencia a un hospital en Cartagena, porque todos los indicadores de su escasa salud estaban bajo mínimos y tenían que transfundirle entre 4 y 6 bolsas de sangre, además de sondarlo y hacerle mil análisis y perrerías.
Pensé comentarle no sé qué acerca de cómo habrían adivinado en las altas esferas el día que era hoy, que mañana finalizaba un plazo de presentación de impuestos y que tenía trabajo para regalar a toda la Unión Europea y lo que no me sobraba precisamente era tiempo para irme de juerga. No lo hice porque, a pesar de ser todo cierto, resultaba de una grosería innecesaria y por un súbito atisbo de prudencia.
Dicho esto, es evidente que me acerqué al hospital en cuestión y me ocupé de la recepción del enfermo y de los primeros trámites, mientras esperaba la llegada de Pilar para empezar a comernos el marrón que sabíamos se avecinaba.
Ella se quedó con su padre toda la tarde, con los nervios aposentándose en su cuerpo y tragando sapos y culebras porque -ah, ¿es que no os lo había dicho?- él es el peor paciente de España y parte del extranjero. Os lo juro.
Yo salí tarde del trabajo. Me ocupé de la casa, de la cena, del enano y del perrillo, aunque no recuerdo exactamente en qué orden, y cuando ví que estaba todo más o menos controlado, volví a pasarme por el hospital para darle un relevo a my love y pasar la noche con el enfermo.
Dormí poco, tal que un par de horas mal contadas y de forma discontínua. Estuve pendiente de los goteros, de la máscara de oxígeno, de los suspiros incontrolados y de las ganas de compañía que tenía mi “suegro”. A las ocho y media de la mañana, relevo, una ducha y al trabajo, que era día 20 y ningún cliente entiende de asuntos familiares graves, sino de su propio negocio y de sus relaciones con la Hacienda Pública.
Gracias a Internet, una vez cierran los Bancos y la Agencia Tributaria a mediodía, puedes seguir presentando impuestos a través de la red, con lo cual mi trabajo se extendió hasta bien entrada la tarde. A eso de las seis y media terminé y, lo confieso, me conecté al blog para leeros un poquillo, que ya hacía bastante tiempo que no disfrutaba con vuestras ocurrencias.
Hice las compras necesarias para el hogar. Ya sabéis que tenemos la manía de comer todos los días, y para eso están los Mercadonas y los Carrefour de este mundo. Llegué a casa y repetí la rutina de trabajo del día anterior. Al terminar, me vine nuevamente al “hospi”: chicos, estoy de turno de noche nuevamente.
Esta tarde papá la ha pasado quejándose de todo, gruñendo y con un humor de perros. Se ha llegado a arrancar la sonda (increíble, pero cierto), ha tirado los goteros por el suelo y ha llevado de culo al personal de planta. O sea, que lo consideran un “cliente modelo” y están encantados con él y con su comportamiento.
Y en medio de esta movida aterrizo yo ante la mirada desesperada de mi chica, que me dice como despedida que está hasta el gorro del asunto, pero con palabras más contundentes. Me he traído un par de revistas de Informática y una agenda electrónica (un PDA de Dell Computer) en la que estoy escribiendo este extraño post con el Pocket Word. Pili le ha pedido a su papi que me deje dormir un poco, que me hace falta un poco de sueño para poder rendir el día 21 en el despacho.
Vana ilusión. A las dos de la madrugada ha intentado montarme otro show con la sonda, intentando arrancársela otra vez, pero yo he sido algo más rápido y he conseguido pararlo. Se ha dado cuenta que ha sido peor el remedio que la enfermedad, ya que los enfermeros le han hecho más daño resituándosela que si se la hubieran puesto de nuevo. He intentado razonar con él, explicarle el por qué de todos los aditamentos que le han enchufado y de las cosas que puede y que no puede hacer. Parece que, dentro de su neblina mental, he abierto en su mente una brecha de conocimiento y comienza a hacerme caso.
A eso de las cuatro de la mañana cambia de táctica. Ahora se lamenta diciendo que se va a morir, que se encuentra fatal, que no puede respirar (y es cierto, le están chutando Oxígeno a 5.0 de presión, que es una animalada) y yo permanezco en vela, sin dormir, mientras escucho sus pulmones luchando contra lo que acabará siendo inevitable. Reconozco que me ha puesto los pelos de punta cuando me ha hecho estar con él, a su costado, cogiéndole la manita como a una novia. Lo que intenta es compartir su miedo y su angustia con alguien, sindicar con otra persona la amargura que le atenaza la garganta. Y no es agradable, pero es el tipo de cosas que se hacen sin planteártelas ni pensarlas.
Yo le hablo de que aprenda a respirar relajándose, que se concentre en aprovechar el oxígeno que le llega, que no se preocupe porque estoy a su lado y no le voy a dejar solo … de mil y una cosas para que aparque sus sombríos pensamientos y se sienta acompañado en este trance nocturno.
Y con el amanecer, un poco antes de las siete, llegan las consabidas rutinas de un centro hospitalario: la toma de temperatura, el análisis de glucosa, la analítica de sangre, el cambio de sueros y de bolsas para la sonda, la tanda de pastillas para el desayuno, … Me pide que le ponga la TV y se queda viendo programas sobre el nuevo Papa, discusiones parlamentarias e informaciones sobre la marcha del Plan Ibarretxe. Joé, qué saque tiene el tío.
A las ocho y media, llega mi relevo. Nos pasamos las últimas noticias y me vengo a trabajar a la Oficina, desde donde vuelco lo que tenía escrito en la agenda electrónica al ordenata, lo concluyo y me dispongo a colgarlo del blog. No es agradable contemplar las maniobras previas al abandono de este mundo, y menos si te tocan muy de cerca, pero es lo que hay y tengo que asumirlo.
Durante la mañana, recibo varias llamadas de los hermanos de mi chica. Parece que algo flota en el aire, porque todos me hablan de disposiciones a tomar, papeles a tramitar, consultas a efectuar, formas de encarar el último treap del viejo … Y entonces caigo en la cuenta que se dirigen a mí y no a Pilar, quizás porque ellos están a bastantes kilómetros de aquí y porque no desean enfrentarse a la ira de my love ni contestar preguntas acerca de su “culpable” ausencia. Qué putada.
Y ahora, cansado porque hoy no he dormido nada salvo un par de cabezadas, voy a publicar este post anómalo y, releyéndolo se me ocurre que espero que os gusten los Beatles, porque, joder, “It’s a hard days night”, o no literalmente, ¡uffff qué noche la de aquel día!.
Os veo en el Sunset si es que sigo despierto. Guardadme una miqueta d’Absolut con Coca-Cola de la normal, con cafeína por si acaso, que nunca se sabe, dreamers.
Nos seguiremos leyendo, compañeros
Hoy, de repente, he visto la luz. Me he dado cuenta de golpe que la gente se mueve, que Des se va unos días de marcha con unos colegas, que Pickles va a meterse su chute bisemanal de puente aéreo, que Wolf se nos ha marcado un stop temporal en su bitácora, … que la vida rueda y sigue su movimiento, mientras el blog se queda quieto, esperándola a ver cómo ella da otra veloz pirueta y vuelve a visitarlo con sonrisa luminosa. Únicamente le falta la música de fondo. “Samba pa ti” de Carlos Santana le iría de perlas al día emergente y a mi cerebro extrañamente bullidor en estas horas de nebulosa matinal.
Me he levantado temprano, bastante temprano, teniendo en cuenta que entro al curro a las nueve y que vivo a quince minutos de él. Son las seis y media de la mañana. Desde el salón, sólo, o mejor dicho, acompañado por el perro, contemplo el amanecer desplegando sus rosadas luces, y me digo que parece una película pasada por la moviola, con la marcha atrás puesta, del atardecer que contemplé ayer. El sol se puso ayer al ocaso, el mismo sol surge hoy por levante. Todo lo que parecía finalizar en el crepúsculo del día, vuelve a estar por hacer en la jornada que se alza. Pues vale, habrá que ponerse a la labor.
Y sigo dándole vueltas a la ruleta del papel que representa el Blog en mi vida. Soy consciente que me ha hecho mucho bien escribir, “hablar”, en mi página. Que me ha aportado, me habéis regalado, serenidad y comprensión cuando más lo he necesitado. Espero haber correspondido igualmente con mis comentarios a quien también le pueda haber hecho falta. Pero no deseo que el exceso, la sobre-abundancia, se cobren una nueva muesca conmigo, porque me conozco y sé que lo ha hecho otras veces en otros tiempos (tabaco, alcohol, intolerancia, dejadez, …).
Como pienso haber aprendido un poco de errores anteriores, reacciono ahora que tengo todavía el control. Es bastante sencillo de expresar, nada espectacular, pero hay que decirlo. Tengo “desgraciadamente” una prioridad que se llama trabajo, y a ella debo supeditar el gozo que me supone mi actividad bloggera. Por lo tanto, voluntariamente (qué remedio) he decidido tomar unas pocas medidas de higiene mental para mí:
.. Limitaré mis post semanales. No serán casi diarios, sino dos o tres por semana. Realmente, los que mi actividad profesional me pueda permitir. Evidentemente, si tengo vacaciones, tiempo libre … o mi cabeza dice basta por algún motivo, escribiré cuantas veces pueda.
.. Salvo motivos concretos y puntuales, no responderé los comentarios a mis post. Me lleva bastante tiempo, y sé que (con un gran pesar, porque enriquecen mucho la comunicación entre nosotros) no puedo permitírmelo.
.. No siempre comentaré en los post de vosotros, compañeros míos, por idénticas razones. Os garantizo que estaré ahí, en las sombras, muchas veces, pero no escribiré sistemáticamente como hasta ahora.
.. Y me comeré las uñas de envidia pensando en quienes tenéis la habilidad o la inteligencia suficientes como para mantener bajo control lo que para mí ha sido una gratísima sorpresa de explosión de sentimientos, de compartición de vidas y milagros, de solidaridad y de calidez encontrada en un medio aparentemente tan frío como pueda ser considerado Internet.
He preferido contaros estos cambios con antelación, para que nadie se sorprenda por ellos, ni penséis que soy descortés al no responderos como solía, ni que me he olvidado de todos vosotros. En ese sentido, sabed que podéis contar conmigo para casi todo ;-))). Tenéis en mi blog y en mis comentarios una cuenta de correo electrónico por si os hace falta. Ahí estaré. Os lo prometo.
Pienso seguir viniendo por estas ciber-casas que considero tan mías como mi propio hogar, y transmitir todo lo que mi alma dé de sí, y recoger cuantos diamantes surjan de vuestros post, y alegrarme de vuestros éxitos y consolaros de vuestras penas si es que soy capaz de hacerlo. Necesitaré siempre sentirme uno de los vuestros, se vean o no mis palabras en este Sunset que compartimos y defendemos a muerte.
Y no pasará absolutamente nada, porque creo que me comprenderéis: estaré simplemente en la dura tarea de intentar ser feliz, …
Y en eso estamos todos, compañeros.
Un montón de besazos con sentimiento, y brindo por todos vosotros, benditos y locos dreamers. Que corra el Absolut y la Pepsi Max, joder, que no me apetece llorar y está acabando este Viernes.
Gracias por todo y hasta luego.
Me he levantado temprano, bastante temprano, teniendo en cuenta que entro al curro a las nueve y que vivo a quince minutos de él. Son las seis y media de la mañana. Desde el salón, sólo, o mejor dicho, acompañado por el perro, contemplo el amanecer desplegando sus rosadas luces, y me digo que parece una película pasada por la moviola, con la marcha atrás puesta, del atardecer que contemplé ayer. El sol se puso ayer al ocaso, el mismo sol surge hoy por levante. Todo lo que parecía finalizar en el crepúsculo del día, vuelve a estar por hacer en la jornada que se alza. Pues vale, habrá que ponerse a la labor.
Y sigo dándole vueltas a la ruleta del papel que representa el Blog en mi vida. Soy consciente que me ha hecho mucho bien escribir, “hablar”, en mi página. Que me ha aportado, me habéis regalado, serenidad y comprensión cuando más lo he necesitado. Espero haber correspondido igualmente con mis comentarios a quien también le pueda haber hecho falta. Pero no deseo que el exceso, la sobre-abundancia, se cobren una nueva muesca conmigo, porque me conozco y sé que lo ha hecho otras veces en otros tiempos (tabaco, alcohol, intolerancia, dejadez, …).
Como pienso haber aprendido un poco de errores anteriores, reacciono ahora que tengo todavía el control. Es bastante sencillo de expresar, nada espectacular, pero hay que decirlo. Tengo “desgraciadamente” una prioridad que se llama trabajo, y a ella debo supeditar el gozo que me supone mi actividad bloggera. Por lo tanto, voluntariamente (qué remedio) he decidido tomar unas pocas medidas de higiene mental para mí:
.. Limitaré mis post semanales. No serán casi diarios, sino dos o tres por semana. Realmente, los que mi actividad profesional me pueda permitir. Evidentemente, si tengo vacaciones, tiempo libre … o mi cabeza dice basta por algún motivo, escribiré cuantas veces pueda.
.. Salvo motivos concretos y puntuales, no responderé los comentarios a mis post. Me lleva bastante tiempo, y sé que (con un gran pesar, porque enriquecen mucho la comunicación entre nosotros) no puedo permitírmelo.
.. No siempre comentaré en los post de vosotros, compañeros míos, por idénticas razones. Os garantizo que estaré ahí, en las sombras, muchas veces, pero no escribiré sistemáticamente como hasta ahora.
.. Y me comeré las uñas de envidia pensando en quienes tenéis la habilidad o la inteligencia suficientes como para mantener bajo control lo que para mí ha sido una gratísima sorpresa de explosión de sentimientos, de compartición de vidas y milagros, de solidaridad y de calidez encontrada en un medio aparentemente tan frío como pueda ser considerado Internet.
He preferido contaros estos cambios con antelación, para que nadie se sorprenda por ellos, ni penséis que soy descortés al no responderos como solía, ni que me he olvidado de todos vosotros. En ese sentido, sabed que podéis contar conmigo para casi todo ;-))). Tenéis en mi blog y en mis comentarios una cuenta de correo electrónico por si os hace falta. Ahí estaré. Os lo prometo.
Pienso seguir viniendo por estas ciber-casas que considero tan mías como mi propio hogar, y transmitir todo lo que mi alma dé de sí, y recoger cuantos diamantes surjan de vuestros post, y alegrarme de vuestros éxitos y consolaros de vuestras penas si es que soy capaz de hacerlo. Necesitaré siempre sentirme uno de los vuestros, se vean o no mis palabras en este Sunset que compartimos y defendemos a muerte.
Y no pasará absolutamente nada, porque creo que me comprenderéis: estaré simplemente en la dura tarea de intentar ser feliz, …
Y en eso estamos todos, compañeros.
Un montón de besazos con sentimiento, y brindo por todos vosotros, benditos y locos dreamers. Que corra el Absolut y la Pepsi Max, joder, que no me apetece llorar y está acabando este Viernes.
Gracias por todo y hasta luego.
Una tarde especial
Ayer Martes me desperecé pensando no en el día que tenía por delante, que también, sino en un doce de abril de otro año en el que mi D.N.I. informaba de una edad más temprana. “Es el día de nuestro aniversario, feliz mañana love”, murmuré mientras besaba a mi chica en los ojos aún cerrados. Llevamos ya un poco de tiempo luchando en esta vida, siendo cómplices a diario, peleándonos a veces, reinventándonos siempre.
Tras una cuidadosa audición de sus pulmones, constaté que seguían meciéndose a golpes de Vicks Vaporub con rumorosidad de motor Diesel. Conseguí que se quedase un día más en casa, a resguardo, sin viajar al trabajo. Sorprendentemente y por una vez, me hizo caso ;-)).
Soy el dueño de mi tiempo de trabajo, o eso me cuento yo de vez en cuando. Decidí echar unas cuantas horas por la mañana, marcarme una feliz ausencia por la tarde y salir a comer por ahí con ella a mediodía. Después, nos iríamos a cualquier parte, sin rumbo fijo, sin ideas preconcebidas, dejando pasar gozosamente el tiempo hasta que otros pensamientos, los niños, la cena, el jodido perrillo, … nos hiciesen buscar el hogar de nuevo. Hacer sin hacer nada, qué delicia.
Pero la mente del ser humano es impredecible. Cuando llegué a las dos y cuarto a casa, noté que algo había cambiado sutilmente en el ambiente. Mi nena estaba aún en pijama y no tenía trazas de querer salir a comer al exterior. Adiós marisquería, restaurante japonés o vegetariano guapo de turno. Tarde especial, ¿qué pasará con tus horas?
La miré y la entendí en décimas de segundo. La conozco bastante; quizás totalmente algún día. No se encontraba cien por cien recuperada, no podría disfrutar de una buena comida, lo aplazaríamos hasta el Sábado que ya estaría mejor y así ya salimos con los niños. Mejor, ahora comemos algo aquí en casa, que tenemos alguna que otra cosa para las ocasiones. ¿OK? Vale mi amor, lo entiendo. Debemos entendernos, pensé, mientras se me caían los biorritmos al suelo.
Y comimos, y charlamos, y nos reenamoramos otra vez. Una vez más. Y a media tarde me pidió que fuésemos a visitar a sus padres, que con su enfermedad llevaba diez días sin verlos, cuando ella los ve cada dos o tres jornadas. Adiós tarde especial. Volví a comprender. Llevo tiempo comprendiendo. Este es el juego de la vida, y se basa en la comprensión. Y nos fuimos “de visita”.
Siempre que veo a los viejos me ocurre lo mismo: se me cae la moral hasta el sótano de mi alma. No lo puedo evitar. Eso sí, aguanto el tirón en público, que no voy a ponérselo más difícil aún a los pobres. La mamá de mi nena nos “no-mira” desde el fondo de sus ojos glaucos, que dirigen su foco a ninguna parte. Admite nuestros besos y caricias, y su imagen permanece en mi corazón como una mala fotografía de Auschwitz postrada en silla de ruedas, encogida, silente, esperando algún tipo de liberación. Pero el tío Alzheimer no perdona ni te libera.
El padre, persona ya irremediablemente anclada en un tiempo y un espacio que él no volverá a contemplar, me cuenta sus cuitas y sus sinsabores diarios. No le cuidan, no le quieren, se encuentra mal, le duele esto y lo otro, come fatal, total ¿para qué estoy aquí? Y, paciente, a partir del final de esa verborrea inicial, comienzo el cansino juego de llenar su tiempo de noticias, de ánimos, de frases tranquilizadoras, de apoyo moral y humano, para trenzar nuevamente a su alrededor otra red que lo proteja y lo haga aguantar unos días más hasta nuestra próxima visita.
Al cabo de unas horas, les dejamos con su rutina diaria, y yo me voy con pensamientos lúgubres acerca de lo que es una vida digna y un también digno tránsito hacia el más allá. Pero no quiero profundizar demasiado en el tema de la eutanasia, que uno desea estar para cosas más dulces y livianas, y hay que recuperar la pose ante la vida antes de volver a casita.
Y llegamos. A las nueve y media de la noche, pero llegamos. Los enanos, las clases, las explicaciones de Matemáticas y de Sociales, odio la Lengua, la cena, el perro dando saltos hasta los ojos, … , uffff, parece que la vida vuelve a su run-run habitual.
Y en estas que me vuelvo hacia my love, le planto un húmedo beso a tornillo y, mirándola fijamente y con dulzura le digo: “oyessss, nena, que la próxima vez, cuando te diga que quiero hacer algo especial, salirme de lo habitual, estar nosotros juntitos y todo eso, … pues primero me das un par de hostias … y luego me llevas de compras al Carrefour, ¿valesss, corazón?
Y la jodía de ella, con super-catarro y todo, le dio por descojonarse de risa, y me contestó: “pues vale, mi amor, cuando quieras quedamos … y si no, el sábado por la tarde te espero para que conduzcas el carrito, mi león, que sabes que siempre tenemos que comprar cosas”.
Un montón de abrazos, mis queridos dreamers.
Tras una cuidadosa audición de sus pulmones, constaté que seguían meciéndose a golpes de Vicks Vaporub con rumorosidad de motor Diesel. Conseguí que se quedase un día más en casa, a resguardo, sin viajar al trabajo. Sorprendentemente y por una vez, me hizo caso ;-)).
Soy el dueño de mi tiempo de trabajo, o eso me cuento yo de vez en cuando. Decidí echar unas cuantas horas por la mañana, marcarme una feliz ausencia por la tarde y salir a comer por ahí con ella a mediodía. Después, nos iríamos a cualquier parte, sin rumbo fijo, sin ideas preconcebidas, dejando pasar gozosamente el tiempo hasta que otros pensamientos, los niños, la cena, el jodido perrillo, … nos hiciesen buscar el hogar de nuevo. Hacer sin hacer nada, qué delicia.
Pero la mente del ser humano es impredecible. Cuando llegué a las dos y cuarto a casa, noté que algo había cambiado sutilmente en el ambiente. Mi nena estaba aún en pijama y no tenía trazas de querer salir a comer al exterior. Adiós marisquería, restaurante japonés o vegetariano guapo de turno. Tarde especial, ¿qué pasará con tus horas?
La miré y la entendí en décimas de segundo. La conozco bastante; quizás totalmente algún día. No se encontraba cien por cien recuperada, no podría disfrutar de una buena comida, lo aplazaríamos hasta el Sábado que ya estaría mejor y así ya salimos con los niños. Mejor, ahora comemos algo aquí en casa, que tenemos alguna que otra cosa para las ocasiones. ¿OK? Vale mi amor, lo entiendo. Debemos entendernos, pensé, mientras se me caían los biorritmos al suelo.
Y comimos, y charlamos, y nos reenamoramos otra vez. Una vez más. Y a media tarde me pidió que fuésemos a visitar a sus padres, que con su enfermedad llevaba diez días sin verlos, cuando ella los ve cada dos o tres jornadas. Adiós tarde especial. Volví a comprender. Llevo tiempo comprendiendo. Este es el juego de la vida, y se basa en la comprensión. Y nos fuimos “de visita”.
Siempre que veo a los viejos me ocurre lo mismo: se me cae la moral hasta el sótano de mi alma. No lo puedo evitar. Eso sí, aguanto el tirón en público, que no voy a ponérselo más difícil aún a los pobres. La mamá de mi nena nos “no-mira” desde el fondo de sus ojos glaucos, que dirigen su foco a ninguna parte. Admite nuestros besos y caricias, y su imagen permanece en mi corazón como una mala fotografía de Auschwitz postrada en silla de ruedas, encogida, silente, esperando algún tipo de liberación. Pero el tío Alzheimer no perdona ni te libera.
El padre, persona ya irremediablemente anclada en un tiempo y un espacio que él no volverá a contemplar, me cuenta sus cuitas y sus sinsabores diarios. No le cuidan, no le quieren, se encuentra mal, le duele esto y lo otro, come fatal, total ¿para qué estoy aquí? Y, paciente, a partir del final de esa verborrea inicial, comienzo el cansino juego de llenar su tiempo de noticias, de ánimos, de frases tranquilizadoras, de apoyo moral y humano, para trenzar nuevamente a su alrededor otra red que lo proteja y lo haga aguantar unos días más hasta nuestra próxima visita.
Al cabo de unas horas, les dejamos con su rutina diaria, y yo me voy con pensamientos lúgubres acerca de lo que es una vida digna y un también digno tránsito hacia el más allá. Pero no quiero profundizar demasiado en el tema de la eutanasia, que uno desea estar para cosas más dulces y livianas, y hay que recuperar la pose ante la vida antes de volver a casita.
Y llegamos. A las nueve y media de la noche, pero llegamos. Los enanos, las clases, las explicaciones de Matemáticas y de Sociales, odio la Lengua, la cena, el perro dando saltos hasta los ojos, … , uffff, parece que la vida vuelve a su run-run habitual.
Y en estas que me vuelvo hacia my love, le planto un húmedo beso a tornillo y, mirándola fijamente y con dulzura le digo: “oyessss, nena, que la próxima vez, cuando te diga que quiero hacer algo especial, salirme de lo habitual, estar nosotros juntitos y todo eso, … pues primero me das un par de hostias … y luego me llevas de compras al Carrefour, ¿valesss, corazón?
Y la jodía de ella, con super-catarro y todo, le dio por descojonarse de risa, y me contestó: “pues vale, mi amor, cuando quieras quedamos … y si no, el sábado por la tarde te espero para que conduzcas el carrito, mi león, que sabes que siempre tenemos que comprar cosas”.
Un montón de abrazos, mis queridos dreamers.
Y la vida sigue
El fin de semana no me ha “defraudado” en absoluto. Poco sueño, bastante trabajo, cuarto y mitad de portarme decentemente con Pili, una pizca de llevar la casa, dos tazas de “controlar” a los enanos, rehogado en buena cantidad de creación de “estado mental balsa de aceite para que no hayan estridencias”, echado encima de “mente clara con los reflejos a punto para lo que salga” bien pochada. Cuarenta y ocho horas de cocción a fuego lento. Salpimentar a discreción, … et voilà.
Pues bien, las cosas siguen su curso con cierta tranquilidad y no hemos tenido “accidentes” dignos de mención. Excepto el enano Pablo (el colega de Borja-Wolff) que con 13 años y un buen cuerpo, consiguió colarse con su hermana en el concierto rock del Coyote Ugly, ¡qué cabrón! Y venía después relamiéndose de su hazaña, con sus pantalones super-anchos-y-caídos, su chupa con capucha y trazas de rapero en ciernes.
Hay que joderse de ver a los dos hermanos de marcha juntos. Pero de alegría. Un subidón, y la impresión de que el mushasho empieza a deslizarse de niño a hombrecillo a la velocidad del tren bala de Osaka. Snif, me empiezo a ver en un espejo (y no es el de Lola, maravilloso) y me da el ramalazo flash-back.
My love sigue en casa por prescripción mía (ella quería ir ya a currar, a pesar de tener en los pulmones más sonidos que la Electronic Light Orchestra). He decidido que no se la juegue más, que espere a que su cuerpo le gane por goleada a la neumonía, antes de que ésta le ponga la zancadilla a ella. Que para héroes ya tenemos a los americanos vacilando en Bagdad y Kabul y presumiendo después de salvadores de la patria.
Creedme si os digo que apenas he tenido un par de ratos para picotear por el blog y contestar a vuestros amables comentarios. Por cierto, gracias a todos por interesarse por la salud de mi “donna é móbile”. Aunque no os conoce, porque “mi” blog es sagrado, vuestros buenos deseos se los he transmitido, y los agradece.
Hoy, antes de retomar el curro, los impuestos, las contabilidades, los clientes, … y la madre que los parió, he querido buscar un instante para fabricar un post y, a través de él, retomar la comunicación con vosotros. Esa comunicación por medio de la cual nos decimos de todo, nos contamos lo inimaginable, nos regalamos sentimientos al por mayor y nos sentimos acompañados en todo momento y más ricos que el sultán de Brunei y el Aga Khan.
No creo que sea un vacile innecesario, pero os digo que yo me he sentido arropado durante todo el week-end por una fuerza intangible (supongo que imaginaria) pero potente, que me ha dado la calma necesaria, el temple exacto, la determinación firme que precisaba para cambiar un finde de relax, de descanso del trabajo semanal, de salidas y disfrute por otro que me ha dejado sabor “a mesa camilla” y “fogones de la abuela”.
Y ese “poder” que se puede suponer emanaba de la red (y eso que yo no estaba conectado) me ha traído en volandas hasta hoy, Lunes, dejándome en el alma un cierto cansancio y la sensación de estar bien conmigo mismo, de “ser” un poco mejor o, en todo caso, algo diferente a lo que yo “era” la semana pasada. He pasado dos días viviendo hacia el interior, pensando y conociéndome un poco más, aprovechando el tiempo de espera baldío solo en apariencia. Espero que lo que haya podido aprender me sirva en los días futuros y no sea sólo algo que ahora sucedió y me tuvo un tiempo encerrado en casa.
Pero, aunque hace un poco de fresco, el día es soleado, el ánimo bueno y la semana resulta nueva y sin estrenar todavía. Así que, duchita, slips negros como bandera pirata (que sé que a Lobbo “le ponen”), olor a Vicks Vaporub en las manos (en vez de Máximo Dutti) y … a trabajar, que no nos regalan nada si no nos dejamos un poco la piel en ello.
El Exit de U2, como decía Lola el otro día, suena extrañamente potente por los altavoces. Después, algo de El Bosco y de Pachelbel (el Canon, quizás). Remataré con Pink Floyd, que hoy tengo el día así …
Un abrazo de saludo, compañeros. He vuelto, puede que más sabio, …y estoy con vosotros. Aceptaré esa Pepsi Max, aunque me guste la Coca Cola. ¿A qué jugamos hoy, Bloggers?
Pues bien, las cosas siguen su curso con cierta tranquilidad y no hemos tenido “accidentes” dignos de mención. Excepto el enano Pablo (el colega de Borja-Wolff) que con 13 años y un buen cuerpo, consiguió colarse con su hermana en el concierto rock del Coyote Ugly, ¡qué cabrón! Y venía después relamiéndose de su hazaña, con sus pantalones super-anchos-y-caídos, su chupa con capucha y trazas de rapero en ciernes.
Hay que joderse de ver a los dos hermanos de marcha juntos. Pero de alegría. Un subidón, y la impresión de que el mushasho empieza a deslizarse de niño a hombrecillo a la velocidad del tren bala de Osaka. Snif, me empiezo a ver en un espejo (y no es el de Lola, maravilloso) y me da el ramalazo flash-back.
My love sigue en casa por prescripción mía (ella quería ir ya a currar, a pesar de tener en los pulmones más sonidos que la Electronic Light Orchestra). He decidido que no se la juegue más, que espere a que su cuerpo le gane por goleada a la neumonía, antes de que ésta le ponga la zancadilla a ella. Que para héroes ya tenemos a los americanos vacilando en Bagdad y Kabul y presumiendo después de salvadores de la patria.
Creedme si os digo que apenas he tenido un par de ratos para picotear por el blog y contestar a vuestros amables comentarios. Por cierto, gracias a todos por interesarse por la salud de mi “donna é móbile”. Aunque no os conoce, porque “mi” blog es sagrado, vuestros buenos deseos se los he transmitido, y los agradece.
Hoy, antes de retomar el curro, los impuestos, las contabilidades, los clientes, … y la madre que los parió, he querido buscar un instante para fabricar un post y, a través de él, retomar la comunicación con vosotros. Esa comunicación por medio de la cual nos decimos de todo, nos contamos lo inimaginable, nos regalamos sentimientos al por mayor y nos sentimos acompañados en todo momento y más ricos que el sultán de Brunei y el Aga Khan.
No creo que sea un vacile innecesario, pero os digo que yo me he sentido arropado durante todo el week-end por una fuerza intangible (supongo que imaginaria) pero potente, que me ha dado la calma necesaria, el temple exacto, la determinación firme que precisaba para cambiar un finde de relax, de descanso del trabajo semanal, de salidas y disfrute por otro que me ha dejado sabor “a mesa camilla” y “fogones de la abuela”.
Y ese “poder” que se puede suponer emanaba de la red (y eso que yo no estaba conectado) me ha traído en volandas hasta hoy, Lunes, dejándome en el alma un cierto cansancio y la sensación de estar bien conmigo mismo, de “ser” un poco mejor o, en todo caso, algo diferente a lo que yo “era” la semana pasada. He pasado dos días viviendo hacia el interior, pensando y conociéndome un poco más, aprovechando el tiempo de espera baldío solo en apariencia. Espero que lo que haya podido aprender me sirva en los días futuros y no sea sólo algo que ahora sucedió y me tuvo un tiempo encerrado en casa.
Pero, aunque hace un poco de fresco, el día es soleado, el ánimo bueno y la semana resulta nueva y sin estrenar todavía. Así que, duchita, slips negros como bandera pirata (que sé que a Lobbo “le ponen”), olor a Vicks Vaporub en las manos (en vez de Máximo Dutti) y … a trabajar, que no nos regalan nada si no nos dejamos un poco la piel en ello.
El Exit de U2, como decía Lola el otro día, suena extrañamente potente por los altavoces. Después, algo de El Bosco y de Pachelbel (el Canon, quizás). Remataré con Pink Floyd, que hoy tengo el día así …
Un abrazo de saludo, compañeros. He vuelto, puede que más sabio, …y estoy con vosotros. Aceptaré esa Pepsi Max, aunque me guste la Coca Cola. ¿A qué jugamos hoy, Bloggers?
Azúcar y Menta
Tiene mi chica nombre de Virgen racial hispana, aunque como muchos de vosotros ya no lo sea ;-)) . Lo contrario resultaría sorprendente, después de un par de enanos en nuestro haber y tras unas cuantas maravillosas (o eso espero, … uupss) y dulces “batallas” amorosas.
Pilar es un nombre rotundo, potente, que despierta evocaciones arquitectónicas y resistentes. Desde luego, para aguantarme a mí y a mis circunstancias hay que tener la fuerza sobrada, el corazón pleno y, probablemente, estar enamorada.
Desde el Martes pasado, se venía quejando de toses cavernosas y cuerpo maltrecho. Está claro, compañeros, un catarro, un enfriamiento de libro, que te deja hecho unos zorros y con la moral por los suelos. Acudimos a lo típico, Frenadol, Narine, jarabe, paracetamol … La cama es visita obligada y parada forzosa en la mayoría de estos casos.
El Miércoles se fue a Murcia (50 kilómetros) a trabajar. Era “importante”; había quedado con su Jefe de Unidad Macro para resolver unas comparecencias en el Juzgado. Fue como pudo, y volvió a mediodía sin estar casi dentro de su cuerpo.
Medicinas, cuidados, mimitos y cama … mucha cama para el “bebé”. Ayer Jueves, amaneció malamente y pasó una mañana de perros. Al llegar yo a las dos y media y verla tan flojita, la llevé al médico (aunque no era necesario, según ella) y éste, tras examinarla, la diagnosticó una casi-neumonía. Bien. O mal, porque quieras que no vamos de culo.
Ella, porque se encuentra fatal, encamada y no por gusto y con los nervios reconcomiéndola por su “inútil incapacidad”. Pero mira que llegáis a ser tontas las tías ¿eh? ;-DD . Y yo, porque estoy “doblando turno” doméstico, aunque a esto más de una ya estáis acostumbradas, verdad, reinonas.
Ya lo sé. Si no me quejo, Si yo tengo ya mis horas de vuelo hechas en estos menesteres pretendidamente menores, corazones. Si hace tiempo que aprendí los arcanos hechizos para que funcionasen las lavadoras, lavavajillas, cocinas, aspiradores, escobas y scotchbrites. Entre el curro, el doblete y la espera de horario para administrar medicinas, me he acostado tarde y he dormido poco. De ahí que me haya conectado a horas de la madrugada no habituales al blog para estar con vosotros.
Pero, tras estos trabajos no precisamente mundanos, lo que había también era amor, ¿comprendéis?. La parte menos glamourosa y más oculta del amor. Y me he fijado que todo ello se envuelve en toneladas de ternura que yo pensaba ya olvidada desde los tiempos de ligues y noviazgos “cuasi” infantiles.
Yo no me recordaba así, cursi de mí, diciendo y recibiendo esos palabros que en su contexto nos agradan tanto y nos parecen tan normales y que nos resultan de carcajada salvaje cuando los oímos en terceras personas. El “cariño, ¿tienes bubita aquí?”, “cómo estás reina mía”, “ no te enfríes, cuco” y otras palabras de dar dentera por el almíbar que destilan, las estoy pronunciando a mogollón en estas jornadas en las que siento que el pilar de mi vida se remueve un poco y necesita de mis parcheos mimosos y de mi ayuda casi más que de las medicinas ad-hoc.
Y he venido a recordar que, para muchas situaciones de la vida, con nuestros amores, con nuestros hijos, con nuestros amigos o colegas (curioso, siempre con gente a la que queremos de una u otra manera), tendemos a recrear el lenguaje, a incorporar modismos nuevos y palabras difícilmente incorporables a otros ámbitos.
Así, yo no tengo hijos, sino dulces enanos, ni Sara sino Saridú o Magsapus, ni Pablo, sino lindo borregú o Paulosky, ni perro sino estimado señor Perruk, … y así nos va la vida ;-)) No sé si es que juego a esconderme de la realidad o es que hago salir mi lado femenino, la ternura y la empatía que tenéis las mujeres, por unos cauces ciertamente extraños y estrambóticos.
Os recuerdo que nuestro lenguaje inter-blogs va en esa dirección. Todos tenemos nuestras pautas de escritura, pero vamos incorporando formas de expresión comunes, de pertenencia a grupo, de homogeneización, de decir, hey colega, estamos juntos, qué pasada, estamos muy bien así. Y tengo que reconocer que eso da cohesión, compañerismo, amistad, solidaridad entre amigos. Y me hace sentir bien.
Por esa incongruente manía que tenemos de “etiquetarlo” todo, he interiorizado esta teoría, poniéndole de nombre-etiqueta el de Creación Amorosa de Meta-Lenguajes. Y me he quedado tan tranquilo, que esta noche volveré a decir a my love “arrorró, nena guapa, ¿cómo te encuentras?” cuando le dé un par de mimos al verla.
Voy a colgar este post del blog en unos momentos, mientras me voy pensando qué me tomo mientras llega el Sunset y empiezo a chupar fuerza mental para el fin de semana que me tocará pasar. Ya me organizaré, no temáis, compañeros, que las penalidades son menos bordes si se agitan en la coctelera del amor y tienes con quién compartir esa “amarga” copa.
Poco a poco, los catarros se pasan, incluso los catarros mentales, las cosas se enderezan, amanece otro día y estamos vivos … y al sol.
Un montonazo de besos y abrazos para todos. Os veo en el Sunset y el Blog cuando pueda. Hasta luego, dreamers.
PD-1: ¿Es que no se puede usar el verbo “enderezar” con vosotros o qué? ;-)))
PD-2: Pos no sabía yo que los pantalones que llevo se llaman “dockers”. Joé, y el Dock sin saberlo. No somos nadie. Más ;-))))
Pilar es un nombre rotundo, potente, que despierta evocaciones arquitectónicas y resistentes. Desde luego, para aguantarme a mí y a mis circunstancias hay que tener la fuerza sobrada, el corazón pleno y, probablemente, estar enamorada.
Desde el Martes pasado, se venía quejando de toses cavernosas y cuerpo maltrecho. Está claro, compañeros, un catarro, un enfriamiento de libro, que te deja hecho unos zorros y con la moral por los suelos. Acudimos a lo típico, Frenadol, Narine, jarabe, paracetamol … La cama es visita obligada y parada forzosa en la mayoría de estos casos.
El Miércoles se fue a Murcia (50 kilómetros) a trabajar. Era “importante”; había quedado con su Jefe de Unidad Macro para resolver unas comparecencias en el Juzgado. Fue como pudo, y volvió a mediodía sin estar casi dentro de su cuerpo.
Medicinas, cuidados, mimitos y cama … mucha cama para el “bebé”. Ayer Jueves, amaneció malamente y pasó una mañana de perros. Al llegar yo a las dos y media y verla tan flojita, la llevé al médico (aunque no era necesario, según ella) y éste, tras examinarla, la diagnosticó una casi-neumonía. Bien. O mal, porque quieras que no vamos de culo.
Ella, porque se encuentra fatal, encamada y no por gusto y con los nervios reconcomiéndola por su “inútil incapacidad”. Pero mira que llegáis a ser tontas las tías ¿eh? ;-DD . Y yo, porque estoy “doblando turno” doméstico, aunque a esto más de una ya estáis acostumbradas, verdad, reinonas.
Ya lo sé. Si no me quejo, Si yo tengo ya mis horas de vuelo hechas en estos menesteres pretendidamente menores, corazones. Si hace tiempo que aprendí los arcanos hechizos para que funcionasen las lavadoras, lavavajillas, cocinas, aspiradores, escobas y scotchbrites. Entre el curro, el doblete y la espera de horario para administrar medicinas, me he acostado tarde y he dormido poco. De ahí que me haya conectado a horas de la madrugada no habituales al blog para estar con vosotros.
Pero, tras estos trabajos no precisamente mundanos, lo que había también era amor, ¿comprendéis?. La parte menos glamourosa y más oculta del amor. Y me he fijado que todo ello se envuelve en toneladas de ternura que yo pensaba ya olvidada desde los tiempos de ligues y noviazgos “cuasi” infantiles.
Yo no me recordaba así, cursi de mí, diciendo y recibiendo esos palabros que en su contexto nos agradan tanto y nos parecen tan normales y que nos resultan de carcajada salvaje cuando los oímos en terceras personas. El “cariño, ¿tienes bubita aquí?”, “cómo estás reina mía”, “ no te enfríes, cuco” y otras palabras de dar dentera por el almíbar que destilan, las estoy pronunciando a mogollón en estas jornadas en las que siento que el pilar de mi vida se remueve un poco y necesita de mis parcheos mimosos y de mi ayuda casi más que de las medicinas ad-hoc.
Y he venido a recordar que, para muchas situaciones de la vida, con nuestros amores, con nuestros hijos, con nuestros amigos o colegas (curioso, siempre con gente a la que queremos de una u otra manera), tendemos a recrear el lenguaje, a incorporar modismos nuevos y palabras difícilmente incorporables a otros ámbitos.
Así, yo no tengo hijos, sino dulces enanos, ni Sara sino Saridú o Magsapus, ni Pablo, sino lindo borregú o Paulosky, ni perro sino estimado señor Perruk, … y así nos va la vida ;-)) No sé si es que juego a esconderme de la realidad o es que hago salir mi lado femenino, la ternura y la empatía que tenéis las mujeres, por unos cauces ciertamente extraños y estrambóticos.
Os recuerdo que nuestro lenguaje inter-blogs va en esa dirección. Todos tenemos nuestras pautas de escritura, pero vamos incorporando formas de expresión comunes, de pertenencia a grupo, de homogeneización, de decir, hey colega, estamos juntos, qué pasada, estamos muy bien así. Y tengo que reconocer que eso da cohesión, compañerismo, amistad, solidaridad entre amigos. Y me hace sentir bien.
Por esa incongruente manía que tenemos de “etiquetarlo” todo, he interiorizado esta teoría, poniéndole de nombre-etiqueta el de Creación Amorosa de Meta-Lenguajes. Y me he quedado tan tranquilo, que esta noche volveré a decir a my love “arrorró, nena guapa, ¿cómo te encuentras?” cuando le dé un par de mimos al verla.
Voy a colgar este post del blog en unos momentos, mientras me voy pensando qué me tomo mientras llega el Sunset y empiezo a chupar fuerza mental para el fin de semana que me tocará pasar. Ya me organizaré, no temáis, compañeros, que las penalidades son menos bordes si se agitan en la coctelera del amor y tienes con quién compartir esa “amarga” copa.
Poco a poco, los catarros se pasan, incluso los catarros mentales, las cosas se enderezan, amanece otro día y estamos vivos … y al sol.
Un montonazo de besos y abrazos para todos. Os veo en el Sunset y el Blog cuando pueda. Hasta luego, dreamers.
PD-1: ¿Es que no se puede usar el verbo “enderezar” con vosotros o qué? ;-)))
PD-2: Pos no sabía yo que los pantalones que llevo se llaman “dockers”. Joé, y el Dock sin saberlo. No somos nadie. Más ;-))))
On-Off
Ayer sentí una sensación extraña. Después de estar casi todo el día “haciendo la calle” en organismos oficiales, bancos, empresas y otros sitios de mal vivir, me cansé. No me ocurrió esencialmente nada. Simplemente, como un coche que se queda sin gasolina, sin previo aviso, me quedé quieto, parado, stopped o como queráis llamarlo.
No había ningún motivo aparente, ningún acontecimiento que lo causara de forma directa, ni odios viscerales, ni agobios de trabajo, ni situaciones estresantes, ni nada que se les parezca. Pero llegué a media tarde a la oficina, encendí el ordenata … y me quedé sentado, mirando al Outlook mientras su traidora pantalla llena de colorines y banderitas me hacía guiños sonrientes.
Años atrás, me habría dejado llevar por la angustia, y marcharía para ahogar esa caída al vacío en un lago de copas sin rumbo. Como empiezo a considerar que ese es tiempo pasado, que he crecido un poco y que ya funciono de otra manera, me lo tomé con calma.
Dije, vale tío, estás como sin fuerzas. Tómate un Kit-Kat. Pero no lo hagas sólo. Conéctate con los amigos y empieza a hacer un poco de zapping por el blog. Y lo hice.
Descubrí (o redescubrí, o recordé) que no solo de escribir post vive el hombre. Que no se puede estar todo el tiempo pretendiendo ser el ojo central del Universo. Que al resto del personal también le ocurren cosas, que se dignan compartirlas con los demás, que las escriben de puta madre … y que hay que saber leer aparte de escribir.
Mmmm, y había una buena cosecha de opiniones, de vivencias y de bellas historias. Disfruté como un enano (as a little man with a high red gorro, Maribel), leyendo, contestando con comentarios pretendidamente ingeniosos, diciéndole a todos los colegas con mi presencia en sus bitácoras que ellos también son protagonistas en mi vida, que son importantes para mí, que es un lujazo y un placer leerlos y saber de sus alegrías y de sus desdichas. Y me lo pasé muy bien ;-))
Y poco a poco, se me fueron despertando los sentidos que sabía sólo adormecidos. Noté como mi pila vital subía de nivel: noventa por ciento, noventa y cinco por ciento, … llena, carga completa). Mi cabeza volvió a funcionar full time, mis ideas, de repente, volvieron a estar donde yo las había dejado aparcadas y mi vida entró en “on” de nuevo. Había vuelto de ninguna parte … y yo estaba en casa, en mi casa. Contento y agradecido.
Supongo con esto que no siempre ocurren enormes movidas en nuestro acontecer diario, pero sí que se suceden cambios en nuestra personalidad, soterrados, sutiles, sin hacer demasiado ruido. Y en sacar provecho de ellos y no desesperaciones y agonías está la base de nuestro futuro caminar.
Y hoy, más tranquilo, relajado en mitad de esta semana, voy y en voz queda os lo cuento, bloggers. Que, como ya he dicho en alguna ocasión: “No vale menos una brizna de hierba que el camino que recorren las estrellas”.
Feliz día y mejor Sunset, dreamers. Mañana, seguiremos comiéndonos el mundo a bocados. No creo que se mueva mientras tanto de donde lo dejé.
Como anticipo del verano, os paso una "afoto" don de el merluzo de mi enano Pablo (carne creciendo) está próximo a ahogar a un par de vecinillas. ¡Que os refresquéis en mi piscina de esperanza "azul relax"!
Besazos, compañeros.

No había ningún motivo aparente, ningún acontecimiento que lo causara de forma directa, ni odios viscerales, ni agobios de trabajo, ni situaciones estresantes, ni nada que se les parezca. Pero llegué a media tarde a la oficina, encendí el ordenata … y me quedé sentado, mirando al Outlook mientras su traidora pantalla llena de colorines y banderitas me hacía guiños sonrientes.
Años atrás, me habría dejado llevar por la angustia, y marcharía para ahogar esa caída al vacío en un lago de copas sin rumbo. Como empiezo a considerar que ese es tiempo pasado, que he crecido un poco y que ya funciono de otra manera, me lo tomé con calma.
Dije, vale tío, estás como sin fuerzas. Tómate un Kit-Kat. Pero no lo hagas sólo. Conéctate con los amigos y empieza a hacer un poco de zapping por el blog. Y lo hice.
Descubrí (o redescubrí, o recordé) que no solo de escribir post vive el hombre. Que no se puede estar todo el tiempo pretendiendo ser el ojo central del Universo. Que al resto del personal también le ocurren cosas, que se dignan compartirlas con los demás, que las escriben de puta madre … y que hay que saber leer aparte de escribir.
Mmmm, y había una buena cosecha de opiniones, de vivencias y de bellas historias. Disfruté como un enano (as a little man with a high red gorro, Maribel), leyendo, contestando con comentarios pretendidamente ingeniosos, diciéndole a todos los colegas con mi presencia en sus bitácoras que ellos también son protagonistas en mi vida, que son importantes para mí, que es un lujazo y un placer leerlos y saber de sus alegrías y de sus desdichas. Y me lo pasé muy bien ;-))
Y poco a poco, se me fueron despertando los sentidos que sabía sólo adormecidos. Noté como mi pila vital subía de nivel: noventa por ciento, noventa y cinco por ciento, … llena, carga completa). Mi cabeza volvió a funcionar full time, mis ideas, de repente, volvieron a estar donde yo las había dejado aparcadas y mi vida entró en “on” de nuevo. Había vuelto de ninguna parte … y yo estaba en casa, en mi casa. Contento y agradecido.
Supongo con esto que no siempre ocurren enormes movidas en nuestro acontecer diario, pero sí que se suceden cambios en nuestra personalidad, soterrados, sutiles, sin hacer demasiado ruido. Y en sacar provecho de ellos y no desesperaciones y agonías está la base de nuestro futuro caminar.
Y hoy, más tranquilo, relajado en mitad de esta semana, voy y en voz queda os lo cuento, bloggers. Que, como ya he dicho en alguna ocasión: “No vale menos una brizna de hierba que el camino que recorren las estrellas”.
Feliz día y mejor Sunset, dreamers. Mañana, seguiremos comiéndonos el mundo a bocados. No creo que se mueva mientras tanto de donde lo dejé.
Como anticipo del verano, os paso una "afoto" don de el merluzo de mi enano Pablo (carne creciendo) está próximo a ahogar a un par de vecinillas. ¡Que os refresquéis en mi piscina de esperanza "azul relax"!
Besazos, compañeros.

Para P. ... con amor
He leído hace poco, ayer Lunes por más señas, un post precioso en la expresión escrita, hondamente demoledor en el juicio que hace de ciertos comportamientos humanos y desmayadamente cansado en lo que de rendición y agotamiento ante esas situaciones contiene.
Es que, a veces, vas al trabajo que amas (sí, se puede amar tu trabajo; yo lo sé) y encontrar que las personas con las que interactúas (los clientes, digo yo con sorna) hacen todo lo endemoniadamente posible por joderse la vida unos a otros … y jodértela a tí de paso, si te pones por delante.
Vamos a ver, y entramos en el terreno de los ejemplos. Si tú le das un pequeño toquecito por detrás a un vehículo (a mí me lo dieron el año pasado), te bajas, miras si hay algún desperfecto y, si no ha ocurrido realmente nada, pues adiós my friend. Hasta luego, colega. Sigamos nuestra vida, que tenemos muchas cosas que hacer, y la vida no nos va a esperar toda la ídem.
Pues no. Eso es demasiado fácil. Así “no se vale”. Es necesario emputecer un tanto más este juego macabro en el que convertimos las relaciones entre seres humanos. No seas tonto, hazte el dolido: quizás tengas una contractura en el cuello y debas estar de baja laboral más de 80 días; eso sí, con collarín puesto cuando estemos en público.
Vamos a ver si hay suerte y le sacamos a este pringao una capa de pintura nueva para el coche. Pero si no tiene nada el vehículo. Tú cállate, que no entiendes, que se joda y pague, que para eso nos ha dado por culo y nosotros tenemos la razón de nuestra parte.
O sea, que en aras de ser más listos que nadie, intentamos conseguir la victoria más pírrica que se pueda conseguir. A cambio de joderle la vida al prójimo, conseguimos caer al pozo abyecto de nuestros más bajos instintos, descalificándonos como personas y entrando en la espiral de ser gente “al loro” de lo que hay que hacer. Ajá, nada de ser pardillos o maketos que no saben ni por donde pisan.
Y hay veces que, de rebote, meten en este sucio lodazal a los seres cuyo trabajo está previsto para ayudar a hacer cumplir las leyes. Y como en sentido estricto (vale, strictu sensu), los canallas tienen razón, pues a poca ética que tengan quienes deben aplicar la ley, quedan atrapados bajo su duro y rígido peso. Valga esto para las mil y una triquiñuelas “presuntamente legales” que deben tragarse estas sufridas personas.
Y vuelven a casa hechos unos zorros, con la piel cuarteada de los latigazos sufridos, con los ojos henchidos de la ira que deben tragarse, con el día de mañana esperando agazapado para darles otra ración de lo mismo, y con la mala conciencia repiqueteándoles en las sienes el siniestro mensaje: ¿quién coño te dijo que amaras este trabajo hediondo en el que te pasas toda la jornada chapoteando entre charcos de miserias humanas? ¿Quién carajo te prometió que serías útil al prójimo, que salvarías princesas y que los horribles dragones siempre caen derrotados?
Abandona, imbécil. Humíllate. No vales para nada. ¿No ves que eres incapaz de detener las injusticias? ¿Acaso no te das cuenta que las malas artes y la peor baba son la moneda corriente de este circo infernal? Familiares, amigos, enemigos; todos están aquí para que unos sinvergüenzas hagan prostituirse la razón y tú pierdas tu frescura y tu inocencia.
Y tú, corazón, volviste a casa que no había quien te hablara. Y a duras penas aguantaste los embates últimos del día que se diluía en el ocaso. Llegaste. Ensombrecida tu frente, saludaste en voz baja a tus amigos de blog, con los sentidos embotados, con el alma afligida …
Y yo todavía no sé cómo de bonito te habrá ido hoy, si el día habrá merecido mínimamente la pena, si habrás aguantado otra jornada de desencanto …
Pero si le quieres dar valor a mis palabras, ten claro que yo creo en ti y en las cosas que haces. Que necesito saber que gente como tú estará todos los días aguantando la vela y desafiando lo innombrable. Ya que el día que eso no ocurra, tendré que quitarme las gafas del color de la esperanza que me pongo, limpias, cada amanecer y pisarlas con mis botas de trekking, porque será el momento de salir corriendo, ya que nos habremos quedado sin una vida que merezca la pena ser vivida, “linda P”.
Así que, como tengo muchísimas ganas de venir un día sí y otro también a este Sunset que me lleva de culo abordar cada atardecer, levanta tu preciosa nariz, escúpele en los putos morros a quien proceda … y tira p’adelante, que necesitamos creer en algo. Necesitamos creer en ti, aunque seas una bruja.
Y los brebajes (Absolut incluido) corrieron con denuedo por las gargantas mientras los compañeros, reunidos, repetían el mantra: “Aquí estoy, aquí estoy, … here, I am”. El Sol se puso por el horizonte y el día siguiente, acojonado, se acurrucaba pensando en portarse bien.
Fin del cuento, the end, Kôniek (sí, yo también ví los jodidos dibus animados checos). Hasta mañana. Otro mañana, bloggers.
Es que, a veces, vas al trabajo que amas (sí, se puede amar tu trabajo; yo lo sé) y encontrar que las personas con las que interactúas (los clientes, digo yo con sorna) hacen todo lo endemoniadamente posible por joderse la vida unos a otros … y jodértela a tí de paso, si te pones por delante.
Vamos a ver, y entramos en el terreno de los ejemplos. Si tú le das un pequeño toquecito por detrás a un vehículo (a mí me lo dieron el año pasado), te bajas, miras si hay algún desperfecto y, si no ha ocurrido realmente nada, pues adiós my friend. Hasta luego, colega. Sigamos nuestra vida, que tenemos muchas cosas que hacer, y la vida no nos va a esperar toda la ídem.
Pues no. Eso es demasiado fácil. Así “no se vale”. Es necesario emputecer un tanto más este juego macabro en el que convertimos las relaciones entre seres humanos. No seas tonto, hazte el dolido: quizás tengas una contractura en el cuello y debas estar de baja laboral más de 80 días; eso sí, con collarín puesto cuando estemos en público.
Vamos a ver si hay suerte y le sacamos a este pringao una capa de pintura nueva para el coche. Pero si no tiene nada el vehículo. Tú cállate, que no entiendes, que se joda y pague, que para eso nos ha dado por culo y nosotros tenemos la razón de nuestra parte.
O sea, que en aras de ser más listos que nadie, intentamos conseguir la victoria más pírrica que se pueda conseguir. A cambio de joderle la vida al prójimo, conseguimos caer al pozo abyecto de nuestros más bajos instintos, descalificándonos como personas y entrando en la espiral de ser gente “al loro” de lo que hay que hacer. Ajá, nada de ser pardillos o maketos que no saben ni por donde pisan.
Y hay veces que, de rebote, meten en este sucio lodazal a los seres cuyo trabajo está previsto para ayudar a hacer cumplir las leyes. Y como en sentido estricto (vale, strictu sensu), los canallas tienen razón, pues a poca ética que tengan quienes deben aplicar la ley, quedan atrapados bajo su duro y rígido peso. Valga esto para las mil y una triquiñuelas “presuntamente legales” que deben tragarse estas sufridas personas.
Y vuelven a casa hechos unos zorros, con la piel cuarteada de los latigazos sufridos, con los ojos henchidos de la ira que deben tragarse, con el día de mañana esperando agazapado para darles otra ración de lo mismo, y con la mala conciencia repiqueteándoles en las sienes el siniestro mensaje: ¿quién coño te dijo que amaras este trabajo hediondo en el que te pasas toda la jornada chapoteando entre charcos de miserias humanas? ¿Quién carajo te prometió que serías útil al prójimo, que salvarías princesas y que los horribles dragones siempre caen derrotados?
Abandona, imbécil. Humíllate. No vales para nada. ¿No ves que eres incapaz de detener las injusticias? ¿Acaso no te das cuenta que las malas artes y la peor baba son la moneda corriente de este circo infernal? Familiares, amigos, enemigos; todos están aquí para que unos sinvergüenzas hagan prostituirse la razón y tú pierdas tu frescura y tu inocencia.
Y tú, corazón, volviste a casa que no había quien te hablara. Y a duras penas aguantaste los embates últimos del día que se diluía en el ocaso. Llegaste. Ensombrecida tu frente, saludaste en voz baja a tus amigos de blog, con los sentidos embotados, con el alma afligida …
Y yo todavía no sé cómo de bonito te habrá ido hoy, si el día habrá merecido mínimamente la pena, si habrás aguantado otra jornada de desencanto …
Pero si le quieres dar valor a mis palabras, ten claro que yo creo en ti y en las cosas que haces. Que necesito saber que gente como tú estará todos los días aguantando la vela y desafiando lo innombrable. Ya que el día que eso no ocurra, tendré que quitarme las gafas del color de la esperanza que me pongo, limpias, cada amanecer y pisarlas con mis botas de trekking, porque será el momento de salir corriendo, ya que nos habremos quedado sin una vida que merezca la pena ser vivida, “linda P”.
Así que, como tengo muchísimas ganas de venir un día sí y otro también a este Sunset que me lleva de culo abordar cada atardecer, levanta tu preciosa nariz, escúpele en los putos morros a quien proceda … y tira p’adelante, que necesitamos creer en algo. Necesitamos creer en ti, aunque seas una bruja.
Y los brebajes (Absolut incluido) corrieron con denuedo por las gargantas mientras los compañeros, reunidos, repetían el mantra: “Aquí estoy, aquí estoy, … here, I am”. El Sol se puso por el horizonte y el día siguiente, acojonado, se acurrucaba pensando en portarse bien.
Fin del cuento, the end, Kôniek (sí, yo también ví los jodidos dibus animados checos). Hasta mañana. Otro mañana, bloggers.
No fue tan fiero el Lunes/Lundi/Monday/Montag/Dilluns
El Lunes, mi Lunes, ha sido largo y más difícil de lo esperado. Pero ya está fuera. Menos mal que hay momentos interesantes que te compensan.
Uno, leer vuestros comentarios a mi último post, que me siguen dejando estupefacto por su positividad. Es que, realmente, cuando abres el blog empiezas a notar el subidón. Estás deseando tener un momento libre para ver las gotas de vida que dejan los compañeros tras leerte. Casi te sientes importante y todo ;-DD
Dos, ser tú el que lea, el que beba de las copas que llenaron otros con su esfuerzo y con sus vivencias. Es un lujazo y un privilegio,que rompe, además, las cadenas de incomunicación que nos hunden en el barro de la insolidaridad. Segundo chute del día, pues.
Tres, recibir la visita de una amiga que lleva un año en Argentina, y con la cual me he ido comunicando y ayudándola/ayudándome a llevar la mejor apariencia de vida posible. Gracias, Internet, Correo, Messenger, ... La he visto muy bien, y me he sentido mejor. Ya voy colocado perdido.
Cuatro, al igual que otros colegas al uso (¿qué tal Wendeling?), me he decidido a colgar una foto del tipo ¿dónde está Wally (o Doc, que es lo mismo). En mi caso, respecto al de la condenada Wen y su Mereth, lo tenéis más fácil, porque yo soy el más guapo y el más joven de la convención ... y porque ya conocéis mi jeta de verla en la portada de mi blog ;-)) Subidón bestial.
Disfrutadla con salud:

Al que acierte, ¿qué le damos como premio?
Lo que quiera, ¿acaso no tiene derecho a todo mi afecto después de compartir trozos de vida, retazos dealma y un tonel de Absolut?
Sea. Hoy, barra libre en el Sunset, ... y que la Luna y el Sol se tomen también una copa con nosotros.
Hasta mañana, Bloggers.
Uno, leer vuestros comentarios a mi último post, que me siguen dejando estupefacto por su positividad. Es que, realmente, cuando abres el blog empiezas a notar el subidón. Estás deseando tener un momento libre para ver las gotas de vida que dejan los compañeros tras leerte. Casi te sientes importante y todo ;-DD
Dos, ser tú el que lea, el que beba de las copas que llenaron otros con su esfuerzo y con sus vivencias. Es un lujazo y un privilegio,que rompe, además, las cadenas de incomunicación que nos hunden en el barro de la insolidaridad. Segundo chute del día, pues.
Tres, recibir la visita de una amiga que lleva un año en Argentina, y con la cual me he ido comunicando y ayudándola/ayudándome a llevar la mejor apariencia de vida posible. Gracias, Internet, Correo, Messenger, ... La he visto muy bien, y me he sentido mejor. Ya voy colocado perdido.
Cuatro, al igual que otros colegas al uso (¿qué tal Wendeling?), me he decidido a colgar una foto del tipo ¿dónde está Wally (o Doc, que es lo mismo). En mi caso, respecto al de la condenada Wen y su Mereth, lo tenéis más fácil, porque yo soy el más guapo y el más joven de la convención ... y porque ya conocéis mi jeta de verla en la portada de mi blog ;-)) Subidón bestial.
Disfrutadla con salud:

Al que acierte, ¿qué le damos como premio?
Lo que quiera, ¿acaso no tiene derecho a todo mi afecto después de compartir trozos de vida, retazos dealma y un tonel de Absolut?
Sea. Hoy, barra libre en el Sunset, ... y que la Luna y el Sol se tomen también una copa con nosotros.
Hasta mañana, Bloggers.
... Here, I am
Tengo que hacer constar que, tras un primer impacto emocional, he pensado fríamente y no estoy en absoluto sorprendido por la respuesta de los compañeros del blog ante problemas personales y/o laborales que puedan surgir en alguno de nosotros.
Efectivamente, no me sorprende nada. Ya lo he visto casi todo. Es una reacción normal entre gente también normal y civilizada.
Y una mierda. No me siento incapaz de mentiros. Realmente estoy alucinado. Intuía la existencia de una nebulosa de voluntades que envolvía al conjunto de amigos que nos leemos/somos leídos, algo de una fuerza mental superior a la suma del conjunto de sus componentes.
Ya lo había comprobado anteriormente en cierta ocasión en que mi alma se había quejado en algún post a través de la web. Los colegas, con sus palabras, con su presencia etérea, con su “estoy a tu lado”, con sus deseos, son capaces de sacarte desde el fondo del pozo a poco que tú quieras hacerlo. Y lo increíble es que funciona.
Y es que casi todo está ya inventado en el terreno de los sentimientos. Lo que han cambiado son las técnicas, los instrumentos. Hace algunos años, cuando Internet era sólo un instrumento de trabajo científico y militar, cuando no era un elemento de comunicación e información tal como resulta ahora, existían la radio y las canciones.
Recuerdo una, ya vieja, “The only living boy in New Cork” de Simon y Garfunkel (¿demasiado vieja, quizás?). No me quiero mover en el exacto terreno de la letra, que era preciosa, sino en el de las sensaciones.
Refiere como, de alguna forma, una persona experimenta sus padecimientos, sus amarguras y sus problemas, y se siente el único al que todo eso le ocurre. ¿Os suena un poco, corazones? Se encuentra mentalmente sólo y jodido, a pesar de estar en una ciudad enorme. Ya veis: soledad y aislamiento dentro de una multitud.
Se pregunta si acaso es el único chico que vive en N.Y., como en el título, y en un final escalofriante grita su pregunta a la gran ciudad: “acaso soy el único chico que vive en N.Y.”. La respuesta es un coro que parece surgir de debajo de las piedras, de dentro de todos los edificios, de lo más recóndito de todas las almas (bueno, de bastantes de ellas). El sincopado son le contesta, llenando el aire de tristeza: “Here, I am” (Aquí estoy)
Todos somos, en el fondo, “el único chico que vive en” … este puto, jodido y hermoso mundo. Y viviremos mejor siempre que los demás nos den la mano, aunque sea de vez en cuando. Y será menos puto y jodido y más hermoso este mundo cuantas más manos cojamos y tendamos. No lo compliquemos, no lo emputezcamos más. ¿No os parece?
Y yo, que era un chavalín cuando oí esta canción, tapado hasta la cabeza en mi cama juvenil, lloraba en silencio a moco tendido, sintiéndome más acompañado por los millones de chicos como yo que en mundo eran, sentían y padecían, aunque de amores fuera ...
No creáis, que ahora de adulto se me humedecieron un tanto los ojos, con el recuerdo y con el bálsamo que me aportaba la melodía. Vaya, ahora melancólico y sentimental en vez de duro y avezado por el paso de la vida. Si es que no somos nadie, joé.
Ni qué decir tiene que, después de escribir estas líneas, me bebí el CD entero de S.&G, me chuté en vena lo que quedaba de la última remesa de Absolut, me acordé de todos vosotros … y me sentí “como Dios” ;-))
Besazos encantadamente solidarios, y gracias por aguantarme, bloggers.
Efectivamente, no me sorprende nada. Ya lo he visto casi todo. Es una reacción normal entre gente también normal y civilizada.
Y una mierda. No me siento incapaz de mentiros. Realmente estoy alucinado. Intuía la existencia de una nebulosa de voluntades que envolvía al conjunto de amigos que nos leemos/somos leídos, algo de una fuerza mental superior a la suma del conjunto de sus componentes.
Ya lo había comprobado anteriormente en cierta ocasión en que mi alma se había quejado en algún post a través de la web. Los colegas, con sus palabras, con su presencia etérea, con su “estoy a tu lado”, con sus deseos, son capaces de sacarte desde el fondo del pozo a poco que tú quieras hacerlo. Y lo increíble es que funciona.
Y es que casi todo está ya inventado en el terreno de los sentimientos. Lo que han cambiado son las técnicas, los instrumentos. Hace algunos años, cuando Internet era sólo un instrumento de trabajo científico y militar, cuando no era un elemento de comunicación e información tal como resulta ahora, existían la radio y las canciones.
Recuerdo una, ya vieja, “The only living boy in New Cork” de Simon y Garfunkel (¿demasiado vieja, quizás?). No me quiero mover en el exacto terreno de la letra, que era preciosa, sino en el de las sensaciones.
Refiere como, de alguna forma, una persona experimenta sus padecimientos, sus amarguras y sus problemas, y se siente el único al que todo eso le ocurre. ¿Os suena un poco, corazones? Se encuentra mentalmente sólo y jodido, a pesar de estar en una ciudad enorme. Ya veis: soledad y aislamiento dentro de una multitud.
Se pregunta si acaso es el único chico que vive en N.Y., como en el título, y en un final escalofriante grita su pregunta a la gran ciudad: “acaso soy el único chico que vive en N.Y.”. La respuesta es un coro que parece surgir de debajo de las piedras, de dentro de todos los edificios, de lo más recóndito de todas las almas (bueno, de bastantes de ellas). El sincopado son le contesta, llenando el aire de tristeza: “Here, I am” (Aquí estoy)
Todos somos, en el fondo, “el único chico que vive en” … este puto, jodido y hermoso mundo. Y viviremos mejor siempre que los demás nos den la mano, aunque sea de vez en cuando. Y será menos puto y jodido y más hermoso este mundo cuantas más manos cojamos y tendamos. No lo compliquemos, no lo emputezcamos más. ¿No os parece?
Y yo, que era un chavalín cuando oí esta canción, tapado hasta la cabeza en mi cama juvenil, lloraba en silencio a moco tendido, sintiéndome más acompañado por los millones de chicos como yo que en mundo eran, sentían y padecían, aunque de amores fuera ...
No creáis, que ahora de adulto se me humedecieron un tanto los ojos, con el recuerdo y con el bálsamo que me aportaba la melodía. Vaya, ahora melancólico y sentimental en vez de duro y avezado por el paso de la vida. Si es que no somos nadie, joé.
Ni qué decir tiene que, después de escribir estas líneas, me bebí el CD entero de S.&G, me chuté en vena lo que quedaba de la última remesa de Absolut, me acordé de todos vosotros … y me sentí “como Dios” ;-))
Besazos encantadamente solidarios, y gracias por aguantarme, bloggers.
Eres el más ... Golfo
¿Lo vísteis, incrédulos? Esta vez yo tenía razón. El Viernes ha llegado, y el Sunset de este día siempre tiene un sabor especial, más relajado, como el de un atleta que finaliza una carrera y sabe que puede cejar en su esfuerzo. Por esa suave tranquilidad que te da el trabajo ya hecho, el “párate” y mira desde lo alto para ver qué enfoque le das a tu vida la semana que viene.
Pero, hete aquí que la jodida semana que muere se niega a hacerlo sin dar un penúltimo zarpazo. Y estos golpes brutales duelen más cuando se los propinan a tus amigos, a aquellos a los que quieres por un acto de fe, ya que sólo los conoces por sus obras, y no por su bonita cara o por sus palmadas en la espalda.
No soy un ferviente admirador de panegíricos sonrojantes, pero me veo en la obligación de hablaros de un colega que por unos pocos días, por unos escasos instantes de “descanso forzoso”, no va a poder dedicarse a su trabajo favorito, al que le da de comer a su cuerpo y a su alma, porque a él le encanta hacerlo y a otros, desde hace unos cuantos meses, se les ha ocurrido la infeliz idea de cargarse la empresa en la que curraba. Puta gente. Negros y torcidos sentimientos.
No he acabado de comprender todavía que, arrancando esta situación desde hace más de un año, hayas tenido –compañero- la valentía de seguir haciéndonos disfrutar día a día con tus post, dulces a veces, amargos otras, geniales siempre. Yo me habría hundido en la cuarta parte de ese tiempo en la más imbécil de las miserias. Admiro por lo tanto la garra de la que has hecho gala, la presión que has sido capaz de soportar y la generosidad que nos has regalado a los demás, sin pestañear a pesar de que el dolor de lo irremediable asediaría tu alma un día sí y otro … también.
Y así he visto cómo tus colegas del blog se movilizaban, se preocupaban por ti (pudieran o no hacer algo) y estuvieran dispuestos a moverse porque les dolía tu dolor, la pérdida de tu sonrisa, de tu compartir sueños y anhelos con todos nosotros.
Y me ha conmovido hasta lo que yo creía imposible ese ir y venir de las palabras buenas por estas autopistas de la red, ese fluir de los sentimientos que moverían montañas con tal de darle la vuelta al tiempo si este se dejara, esa rabia contenida con ganas de darle de hostias a esta bronca sociedad en la que estos sucesos son moneda frecuente … y donde no passsssa nada, joder.
Pero no te escondas, cabrón. No lo hagas, que hoy bebe todo Dios Pepsi Max en este Sunset que celebramos, como siempre, al atardecer dorado de esta Primavera llena de futuro. Da la cara delante de nosotros, ríe y llora si quieres, pero en compañía de nosotros, que hasta el Sol tendrá que acostarse sollozando en este limpio crepúsculo del Sur.
Después, sacaremos el Absolut (ay, Cap) y la demás artillería, y nos pondremos todos a modo. Y arreglaremos el mundo. Y las risas aflorarán de nuevo, y los niños que llevamos dentro saldrán a darse un paseo y a chapotear por el agua ya templada.
Y cuando riele sobre las olas la Luna menguante de plata, esta noche nos abrazaremos y sabremos todos que te espera un futuro mañana mucho más rico y plácido que el amargo ayer que se desvanece por el Poniente. La brisa lo dispersará en dos soplidos, el hermano Tiempo nos echará un cable y nosotros dormiremos, también como niños, en la playa, con olores de sal, cáñamo y brea.
Bendito seas Wolffo. Menos mal que la vida es generosa de tanto en cuanto, y me ha dado lugar a haberte conocido.
Hoy sólo os bajo dos “afotos marinas”. Observen vuesas mercedes las texturas que ostentan:

Yo lo llamo "Mar de Seda". No haré comentarios. Vuestro es, para siempre.

A este, lo denomino "Mar de Hierba". Y no se vale pensar en costo, peta o fumete, ¿fale, colegas?
Un montón de abrazos, besos y sentimientos. La semana que viene es la nuestra, dreamers. Tú también, Lobbo. Con dos pares ;-))
Pero, hete aquí que la jodida semana que muere se niega a hacerlo sin dar un penúltimo zarpazo. Y estos golpes brutales duelen más cuando se los propinan a tus amigos, a aquellos a los que quieres por un acto de fe, ya que sólo los conoces por sus obras, y no por su bonita cara o por sus palmadas en la espalda.
No soy un ferviente admirador de panegíricos sonrojantes, pero me veo en la obligación de hablaros de un colega que por unos pocos días, por unos escasos instantes de “descanso forzoso”, no va a poder dedicarse a su trabajo favorito, al que le da de comer a su cuerpo y a su alma, porque a él le encanta hacerlo y a otros, desde hace unos cuantos meses, se les ha ocurrido la infeliz idea de cargarse la empresa en la que curraba. Puta gente. Negros y torcidos sentimientos.
No he acabado de comprender todavía que, arrancando esta situación desde hace más de un año, hayas tenido –compañero- la valentía de seguir haciéndonos disfrutar día a día con tus post, dulces a veces, amargos otras, geniales siempre. Yo me habría hundido en la cuarta parte de ese tiempo en la más imbécil de las miserias. Admiro por lo tanto la garra de la que has hecho gala, la presión que has sido capaz de soportar y la generosidad que nos has regalado a los demás, sin pestañear a pesar de que el dolor de lo irremediable asediaría tu alma un día sí y otro … también.
Y así he visto cómo tus colegas del blog se movilizaban, se preocupaban por ti (pudieran o no hacer algo) y estuvieran dispuestos a moverse porque les dolía tu dolor, la pérdida de tu sonrisa, de tu compartir sueños y anhelos con todos nosotros.
Y me ha conmovido hasta lo que yo creía imposible ese ir y venir de las palabras buenas por estas autopistas de la red, ese fluir de los sentimientos que moverían montañas con tal de darle la vuelta al tiempo si este se dejara, esa rabia contenida con ganas de darle de hostias a esta bronca sociedad en la que estos sucesos son moneda frecuente … y donde no passsssa nada, joder.
Pero no te escondas, cabrón. No lo hagas, que hoy bebe todo Dios Pepsi Max en este Sunset que celebramos, como siempre, al atardecer dorado de esta Primavera llena de futuro. Da la cara delante de nosotros, ríe y llora si quieres, pero en compañía de nosotros, que hasta el Sol tendrá que acostarse sollozando en este limpio crepúsculo del Sur.
Después, sacaremos el Absolut (ay, Cap) y la demás artillería, y nos pondremos todos a modo. Y arreglaremos el mundo. Y las risas aflorarán de nuevo, y los niños que llevamos dentro saldrán a darse un paseo y a chapotear por el agua ya templada.
Y cuando riele sobre las olas la Luna menguante de plata, esta noche nos abrazaremos y sabremos todos que te espera un futuro mañana mucho más rico y plácido que el amargo ayer que se desvanece por el Poniente. La brisa lo dispersará en dos soplidos, el hermano Tiempo nos echará un cable y nosotros dormiremos, también como niños, en la playa, con olores de sal, cáñamo y brea.
Bendito seas Wolffo. Menos mal que la vida es generosa de tanto en cuanto, y me ha dado lugar a haberte conocido.
Hoy sólo os bajo dos “afotos marinas”. Observen vuesas mercedes las texturas que ostentan:

Yo lo llamo "Mar de Seda". No haré comentarios. Vuestro es, para siempre.

A este, lo denomino "Mar de Hierba". Y no se vale pensar en costo, peta o fumete, ¿fale, colegas?
Un montón de abrazos, besos y sentimientos. La semana que viene es la nuestra, dreamers. Tú también, Lobbo. Con dos pares ;-))





