Canción para Pilar
Se fue. Mi chica mayor, la mami de mi otra chica, al irse, nos ha dejado un poco más solos si cabe. El Alzheimer la ha ido minando de forma lenta e inmisericorde hasta que, consumida ya, su cuerpo ha dejado de luchar. Su cerebro lo había hecho hace ya algún tiempo, regalándonos hasta hoy con su testimonial presencia y con el recuerdo de su cariño.
Ella fue una adelantada a su tiempo. Cursó estudios de Magisterio. Trabajó eficazmente en la Administración y en su casa como una mula. Quizás os suene eso a más de una, ¿verdad?. Su marido podríamos definirlo como "un modelo clásico", propio de su época, dicho muy suavemente, con todo el plus de esfuerzo añadido que esto supuso para ella.
Tuvo siete hijos y trece nietos, y su recio espíritu, encerrado en un pequeño cuerpo, lo ha resistido casi todo. Vivió entregándose por completo a los demás, hasta que el destino decidió hacerle un macabro y violento regate que la dejó con su mente K.O., con la cintura quebrada y perdiendo por las rendijas recuerdos a borbotones.
Es martes y a las 9:00 a.m. se marchó a hacerle una larga visita a sus antepasados y, de paso, a recobrar su memoria tanto tiempo perdida como en un descuido. Ahora son las 10:10 y comienzo a escribir a trompicones mientras esperamos el lejano goteo de sus restantes hijos para que le den un beso postrero. Yo soy un privilegiado: ya se lo he dado, mientras su piel amada aún tenía el calor del verano que entra y nos acaricia.
No por saber que este es nuestro final lógico deja de dolernos el latigazo recibido. Nunca me acostumbraré completamente a la muerte, aunque en este caso la tuviese perfectamente asumida desde hace tiempo. De todas formas, he visto morir a Pilar ante mis ojos, y lo ha hecho en paz, sin aspavientos, sin aparente sufrimiento, ... como a mí me gustaría hacerlo algún día.
Y he sido capaz de besar sus apagados ojos antes de cerrárselos, de acariciar su mejilla y sus enjutos y consumidos brazos antes de cruzárselos sobre el pecho, de sujetar su mandíbula antes de sellar su muda boca, de vestir su menguado cuerpo con aquel vestido que ella, coqueta siempre, prefería.
Mañana miércoles la incineraremos y celebraremos su funeral, o más bien el final de su sufrimiento. Deseo que, desde donde esté, me siga guiñando el ojo alegremente mientras me pide que me sirva una copa para poder beber un poquito de ella, "que así me sabe mejor, yernecillo", y en sus manos exhiba por enésima vez ese anuncio ajado de un periódico de provincias de hace 58 años en el que se informaba del matrimonio de una joven señorita castellana, la cual lució para la ocasión un precioso "vestido de novia ejecutado en tul ilusión ..."
Así estoy hoy, con ese espíritu herido que dejan traslucir mis quizás secas palabras, pero lúcido y vivo porque no quiero que su recuerdo amable se me pierda tras un crepúsculo que presumo teñido de "blues".
Sí. He dicho de blues. No me he equivocado de color fúnebre. A ella sí le habría gustado un buen Sunset del Sur. Pero odiaría que fuese de color negro ...
Con todo, recibid un cálido aunque húmedo beso, dreamers.
Ella fue una adelantada a su tiempo. Cursó estudios de Magisterio. Trabajó eficazmente en la Administración y en su casa como una mula. Quizás os suene eso a más de una, ¿verdad?. Su marido podríamos definirlo como "un modelo clásico", propio de su época, dicho muy suavemente, con todo el plus de esfuerzo añadido que esto supuso para ella.
Tuvo siete hijos y trece nietos, y su recio espíritu, encerrado en un pequeño cuerpo, lo ha resistido casi todo. Vivió entregándose por completo a los demás, hasta que el destino decidió hacerle un macabro y violento regate que la dejó con su mente K.O., con la cintura quebrada y perdiendo por las rendijas recuerdos a borbotones.
Es martes y a las 9:00 a.m. se marchó a hacerle una larga visita a sus antepasados y, de paso, a recobrar su memoria tanto tiempo perdida como en un descuido. Ahora son las 10:10 y comienzo a escribir a trompicones mientras esperamos el lejano goteo de sus restantes hijos para que le den un beso postrero. Yo soy un privilegiado: ya se lo he dado, mientras su piel amada aún tenía el calor del verano que entra y nos acaricia.
No por saber que este es nuestro final lógico deja de dolernos el latigazo recibido. Nunca me acostumbraré completamente a la muerte, aunque en este caso la tuviese perfectamente asumida desde hace tiempo. De todas formas, he visto morir a Pilar ante mis ojos, y lo ha hecho en paz, sin aspavientos, sin aparente sufrimiento, ... como a mí me gustaría hacerlo algún día.
Y he sido capaz de besar sus apagados ojos antes de cerrárselos, de acariciar su mejilla y sus enjutos y consumidos brazos antes de cruzárselos sobre el pecho, de sujetar su mandíbula antes de sellar su muda boca, de vestir su menguado cuerpo con aquel vestido que ella, coqueta siempre, prefería.
Mañana miércoles la incineraremos y celebraremos su funeral, o más bien el final de su sufrimiento. Deseo que, desde donde esté, me siga guiñando el ojo alegremente mientras me pide que me sirva una copa para poder beber un poquito de ella, "que así me sabe mejor, yernecillo", y en sus manos exhiba por enésima vez ese anuncio ajado de un periódico de provincias de hace 58 años en el que se informaba del matrimonio de una joven señorita castellana, la cual lució para la ocasión un precioso "vestido de novia ejecutado en tul ilusión ..."
Así estoy hoy, con ese espíritu herido que dejan traslucir mis quizás secas palabras, pero lúcido y vivo porque no quiero que su recuerdo amable se me pierda tras un crepúsculo que presumo teñido de "blues".
Sí. He dicho de blues. No me he equivocado de color fúnebre. A ella sí le habría gustado un buen Sunset del Sur. Pero odiaría que fuese de color negro ...
Con todo, recibid un cálido aunque húmedo beso, dreamers.
Y Johnny cogió su fusil
Este lunes me tocó practicar uno de los deportes que menos me gustan de la vida profesional: comer con clientes. En efecto, todo lo que mola irse a un buen restaurante con los amigos y pasarlo bien se torna problemático cuando tienes que hacerlo por obligación laboral, sin haberlo elegido tú voluntariamente.
El local era bueno, bastante bueno diría yo, forasteros. La comida resultaba agradable y bien preparada, la bebida de primera (para ellos, que yo me mantuve seco, ya sabéis), la compañía no era ningún muermo … pero … estás trabajando, contestando consultas, con el espíritu atento ante cualquier tema que pueda surgir, y así no hay manera de disfrutar en condiciones.
Comía con dos clientes, uno de 57 años y otro de 34, ambos expertos en sus negocios, relacionados con vertientes empresariales de la construcción de estructuras metálicas. Una generación de diferencia entre ellos (23 añitos), ideas muy profesionales en los dos y, ya entrados en los postres, el café y la sobremesa, un tema muy recurrente en las conversaciones pretendidamente varoniles con algún grado de alcohol: las tías.
Sí. No se dice “mujeres”, ni “chicas”, ni “guapas mozas”. Se dice “tías”. Y se me removieron las entrañas de todo cuanto oí exponer en aquella tertulia. Siempre consideré que tenía cierto aguante ante la imbecilidad humana, y de hecho aguanté el tipo, pero consiguieron que se me helase la sonrisa en mi jeta al oir sus bizarras disertaciones y su conspicuo manual del perfecto gentleman.
Por supuesto, las tías están pa gozarlas, exclusivamente para eso y para nada más. Sólo hay un problema, y es que siempre-siempre van a cazarte y a joderte, amigo mío (en ese punto, añaden un guiño confianzudo). Además, buscan tu dinero, tus regalos y amargarte la vida, intentando pillarte después del divorcio la casa, una buena pensión (inmerecida por supuesto), un bocado a tu patrimonio, … Así pues, hay que mantenerse alerta ante ellas y no dejarse embaucar (a esta altura, te ponen la mano en el hombro y te sonríen como buenos conocedores).
Llegaron a exhibirme fotos de alguna que otra “tía” de sus respectivas colecciones, incluso desde el escaparate de sus teléfonos móviles de super-recontra-última generación. Ante mi muda mirada, que tomaron por arrobado entusiasmo, hasta efectuaron llamadas a unas chicas de su confianza en México y en la República Dominicana, intentando demostrarme que estaban totalmente “en el candelabro” del conocimiento de las mujeres. Eran los Top Gun del rendimiento amatorio, por supuesto.
Y lo que más me jodió (aunque sé que yo lo hago mejor que ellos, claro ;-DDDD), es que, si había una generación de diferencia entre ambos “próceres” de los negocios, ambos hablaban con una misma voz e idénticas experiencias. Y eso era lo frustrante. Me apercibí que nada había cambiado en los 23 años que se llevaban de diferencia. Fui consciente de que mucha tecnología, mucha modernidad, muchas monsergas de cursos y Másters, … y no hemos aprendido nada.
Y me dolió. Me dí cuenta que no sabemos amar a la gente, y mucho menos a las “tías”. Con un par. Y así nos va. A ellas y a nosotros, claro.
A la broma, broma, terminamos el contubernio a las seis de la tarde, con lo cual me jodieron mi agenda, mis previsiones de trabajo, mis instantes de descanso, … y mi ego “de género” ;-)))). ¿Con qué cara me miraré cuando os salude en el Sunset, corazon”a”s?
Así que he decidido doblarles (más o menos) el precio por mis servicios de consultoría a semejante par de mastuerzos, y guardar esa diferencia con una factura normal por si un día os puedo pagar una ronda de desagravio, “tías”.
Y mientras tanto, esta tarde acabo de recibir a una mujer separada (al igual que los dos mamuts de referencia) que venía a efectuar también una serie de consultas profesionales y, francamente, después de evaluar uno y otro caso, me ha entrado la congoja y la vergüenza comparativas, y no me ha quedado más salida semi-honrosa que sentarme ante el teclado del ordenador y musitar este post para que sirva de disculpa humilde pero firme …
… A quien proceda, guapas.
Y un montón de besazos, aunque hoy sepan un poco amargos por el mal trago pasado.
Pero besos, dreamers.
El local era bueno, bastante bueno diría yo, forasteros. La comida resultaba agradable y bien preparada, la bebida de primera (para ellos, que yo me mantuve seco, ya sabéis), la compañía no era ningún muermo … pero … estás trabajando, contestando consultas, con el espíritu atento ante cualquier tema que pueda surgir, y así no hay manera de disfrutar en condiciones.
Comía con dos clientes, uno de 57 años y otro de 34, ambos expertos en sus negocios, relacionados con vertientes empresariales de la construcción de estructuras metálicas. Una generación de diferencia entre ellos (23 añitos), ideas muy profesionales en los dos y, ya entrados en los postres, el café y la sobremesa, un tema muy recurrente en las conversaciones pretendidamente varoniles con algún grado de alcohol: las tías.
Sí. No se dice “mujeres”, ni “chicas”, ni “guapas mozas”. Se dice “tías”. Y se me removieron las entrañas de todo cuanto oí exponer en aquella tertulia. Siempre consideré que tenía cierto aguante ante la imbecilidad humana, y de hecho aguanté el tipo, pero consiguieron que se me helase la sonrisa en mi jeta al oir sus bizarras disertaciones y su conspicuo manual del perfecto gentleman.
Por supuesto, las tías están pa gozarlas, exclusivamente para eso y para nada más. Sólo hay un problema, y es que siempre-siempre van a cazarte y a joderte, amigo mío (en ese punto, añaden un guiño confianzudo). Además, buscan tu dinero, tus regalos y amargarte la vida, intentando pillarte después del divorcio la casa, una buena pensión (inmerecida por supuesto), un bocado a tu patrimonio, … Así pues, hay que mantenerse alerta ante ellas y no dejarse embaucar (a esta altura, te ponen la mano en el hombro y te sonríen como buenos conocedores).
Llegaron a exhibirme fotos de alguna que otra “tía” de sus respectivas colecciones, incluso desde el escaparate de sus teléfonos móviles de super-recontra-última generación. Ante mi muda mirada, que tomaron por arrobado entusiasmo, hasta efectuaron llamadas a unas chicas de su confianza en México y en la República Dominicana, intentando demostrarme que estaban totalmente “en el candelabro” del conocimiento de las mujeres. Eran los Top Gun del rendimiento amatorio, por supuesto.
Y lo que más me jodió (aunque sé que yo lo hago mejor que ellos, claro ;-DDDD), es que, si había una generación de diferencia entre ambos “próceres” de los negocios, ambos hablaban con una misma voz e idénticas experiencias. Y eso era lo frustrante. Me apercibí que nada había cambiado en los 23 años que se llevaban de diferencia. Fui consciente de que mucha tecnología, mucha modernidad, muchas monsergas de cursos y Másters, … y no hemos aprendido nada.
Y me dolió. Me dí cuenta que no sabemos amar a la gente, y mucho menos a las “tías”. Con un par. Y así nos va. A ellas y a nosotros, claro.
A la broma, broma, terminamos el contubernio a las seis de la tarde, con lo cual me jodieron mi agenda, mis previsiones de trabajo, mis instantes de descanso, … y mi ego “de género” ;-)))). ¿Con qué cara me miraré cuando os salude en el Sunset, corazon”a”s?
Así que he decidido doblarles (más o menos) el precio por mis servicios de consultoría a semejante par de mastuerzos, y guardar esa diferencia con una factura normal por si un día os puedo pagar una ronda de desagravio, “tías”.
Y mientras tanto, esta tarde acabo de recibir a una mujer separada (al igual que los dos mamuts de referencia) que venía a efectuar también una serie de consultas profesionales y, francamente, después de evaluar uno y otro caso, me ha entrado la congoja y la vergüenza comparativas, y no me ha quedado más salida semi-honrosa que sentarme ante el teclado del ordenador y musitar este post para que sirva de disculpa humilde pero firme …
… A quien proceda, guapas.
Y un montón de besazos, aunque hoy sepan un poco amargos por el mal trago pasado.
Pero besos, dreamers.
Doc está vivo
Doc está vivo. Tras su silencio en la red se esconden agazapados el tigre del trabajo, la serpiente de los plazos por cumplir y el pesado elefante de los clientes que traen la documentación el penúltimo día y te dicen “tío, ya lo tienes todo; ahora date prisa que se me acaba el puto tiempo para presentar la declaración”
Y entonces el menda, con el cuchillo entre los dientes salta al abordaje de la Administración Tributaria. En silencio, con los dientes apretados, usando sábados, domingos y festivos el trabajo va saliendo, como todos los años, anyway. Y Doc sigue sobreviviendo una nueva entrada de verano, sudando la gota gorda de la soledad y de la mala planificación de sus paganos-mantenedores.
Y sonríe.
… Llegará algún día, piensa … Cuando sea mayor y las cosas funcionen de otra manera, y el personal sea más metódico y más cumplidor, y todos te hagan caso, y …
¡Desperta, ferro! Aterriza antes de que te partas la cabeza contra el suelo. Las cosas son como son, y solo puedes aspirar a organizarte lo mejor posible, a minimizar los problemas que emanan de la improvisación propia y ajena, a aprender que el curro es un componente de tu vida y no tu vida entera. Vive, cabrón.
Y se gira y detiene su andadura laboral. Y os semi-escribe estas líneas para deciros que está aquí, que sigue aquí y que, tranquilos, os aprecia un montón y sólo espera tener algún rato suelto para poder ponerse al día con vosotros y con vuestras/nuestras vidas. Es lo mínimo, joder.
Lo que cuento no es nuevo. Está ya inventado, y os ocurre a la mayoría de vosotros. Cada cual lo lleva como puede y se busca sus trucos para mantener la obligada cordura dentro de la vorágine que nos envuelve y nos confunde. Desde luego la familia, los amigos y el blog ayudan bastante. La música echa un cabo para templarnos el ánimo, y escribiros proporciona un masaje para el alma.
No os preocupéis. Estoy oyendo al colega Antonio Vega y a su “Angel de Orión”, y su son me va llevando entre los expedientes y las hojas de cálculo, haciendo slalom mental de desgravaciones y bases imponibles. Y esta noche, cuando llegue a casa (que a alguna hora arribaré, digo yo), me espera el último cómic de Blake y Mortimer, alguna revista a medias de Informática, el joputa de mi perro y mi gente a la que adoro hasta cuando la odio.
Y evidentemente esto no es ningún adiós (de eso nada, monadas), sino un hasta que pueda volveros a escribir, que no sé si será mañana, pasado o la semana que viene, compañeros.
Recordad que aunque no comente, de vez en cuando os echo un vistazo y disfruto con lo que me encuentro en vuestros blogs. Aunque no me leáis, estoy ahí. Soy el Gran Ojo que todo lo vé. La Gran Sonrisa que se nutre de vuestro aliento. El Sunset del presente y del futuro. La copa de Absolut que brinda por vosotros con esperanza y con cariño.
¿Me creeréis si os digo que os quiero, bloggers?
Yo sí ;-DDDDDDDDDD.
Y entonces el menda, con el cuchillo entre los dientes salta al abordaje de la Administración Tributaria. En silencio, con los dientes apretados, usando sábados, domingos y festivos el trabajo va saliendo, como todos los años, anyway. Y Doc sigue sobreviviendo una nueva entrada de verano, sudando la gota gorda de la soledad y de la mala planificación de sus paganos-mantenedores.
Y sonríe.
… Llegará algún día, piensa … Cuando sea mayor y las cosas funcionen de otra manera, y el personal sea más metódico y más cumplidor, y todos te hagan caso, y …
¡Desperta, ferro! Aterriza antes de que te partas la cabeza contra el suelo. Las cosas son como son, y solo puedes aspirar a organizarte lo mejor posible, a minimizar los problemas que emanan de la improvisación propia y ajena, a aprender que el curro es un componente de tu vida y no tu vida entera. Vive, cabrón.
Y se gira y detiene su andadura laboral. Y os semi-escribe estas líneas para deciros que está aquí, que sigue aquí y que, tranquilos, os aprecia un montón y sólo espera tener algún rato suelto para poder ponerse al día con vosotros y con vuestras/nuestras vidas. Es lo mínimo, joder.
Lo que cuento no es nuevo. Está ya inventado, y os ocurre a la mayoría de vosotros. Cada cual lo lleva como puede y se busca sus trucos para mantener la obligada cordura dentro de la vorágine que nos envuelve y nos confunde. Desde luego la familia, los amigos y el blog ayudan bastante. La música echa un cabo para templarnos el ánimo, y escribiros proporciona un masaje para el alma.
No os preocupéis. Estoy oyendo al colega Antonio Vega y a su “Angel de Orión”, y su son me va llevando entre los expedientes y las hojas de cálculo, haciendo slalom mental de desgravaciones y bases imponibles. Y esta noche, cuando llegue a casa (que a alguna hora arribaré, digo yo), me espera el último cómic de Blake y Mortimer, alguna revista a medias de Informática, el joputa de mi perro y mi gente a la que adoro hasta cuando la odio.
Y evidentemente esto no es ningún adiós (de eso nada, monadas), sino un hasta que pueda volveros a escribir, que no sé si será mañana, pasado o la semana que viene, compañeros.
Recordad que aunque no comente, de vez en cuando os echo un vistazo y disfruto con lo que me encuentro en vuestros blogs. Aunque no me leáis, estoy ahí. Soy el Gran Ojo que todo lo vé. La Gran Sonrisa que se nutre de vuestro aliento. El Sunset del presente y del futuro. La copa de Absolut que brinda por vosotros con esperanza y con cariño.
¿Me creeréis si os digo que os quiero, bloggers?
Yo sí ;-DDDDDDDDDD.
El encanto perdido
Silban las bocinas de los cruceros y su grave son atraviesa la dársena portuaria y muere en los balcones de mi oficina con un lento quejido final. No, compañeros, no vivo en las laderas de una hermosa sierra, ni me pilla precisamente al lado el forfait para esquiar. El espejo sobre el que reverbera el rojizo sol poniente no es el de un nevero helado, sino el espejo del mar que más sabiduría y cultura clásica atesora.
Le he comprado a mi enano favorito el cómic que venden con el País esta mañana. Y las aventuras en Venecia de Corto Maltés me transportan a otros años transcurridos en países bañados por el mismo mar que le moja los pies ahora a mi ciudad. Eché un vistazo a las sugerentes y personales figuras dibujadas por el gran Hugo Prat, y automáticamente me he encontrado trastabillando entre tinglados marítimos, con clippers abarloados al cantil del puerto, herrumbre por doquier y rodeado de viejos contramaestres y del resto de la vil canalla de proa.
En medio de tan “románticas” figuraciones, salí este mediodía a la calle Mayor y me acerqué al muelle (sí, al dock of the Carthago’s bay), porque tenía que resolver unas gestiones en la Cámara de Comercio, que está en pleno puerto. Y no encontré ningún rufián emboscándome entre las naves de almacenamiento, ni ninguna chica a la que socorrer de bandidos ignominiosos, ni siquiera alguna pequeña conspiración francmasónica de la que salvar al mundo.
El dock estaba lleno de turistas en uniforme reglamentario; a saber, calzón corto, camisa o guayabera amplia y floreada (imposible definir los colores para un ser simple como yo ;-DDD), sandalias con calcetines ad-hoc, cámara de fotos o de vídeo a elegir, gafas de sol, piel de gambita cocida … y una cara de perenne sorpresa por todo, desde la propia ensenada natural, hasta los edificios de estilo modernista, pasando por la diletante y funesta decrepitud de cualquier casco antiguo que se precie.
No están, pues, los tiempos para llevar una vida de novela, sino para convertir nuestras almas que queremos de poema en una papilla que sea cómoda de digerir y que nos permita la subsistencia hasta el siguiente amanecer de ilusión. Y yo tengo paciencia y mantengo mi esperanza en que del crisol en el que vierto diariamente mi sudor surjan un día, más o menos próximo, los sentimientos que necesita mi conciencia y las hermosas palabras que acompañen a mis actos.
Mientras tanto, los turistas se nutren, renuevan fuerzas y degluten provisiones. En otros tiempos, llenarían el Gran Hotel los más cultivados, con un servicio solemne y cuidado; los que fuesen de baja estofa se apalancarían en las mil y una tabernas portuarias de raigambre al uso. Hoy, ni el uno ni las otras existen ya. La globalización iguala las conciencias, las costumbres y la comida: el Mac Donald y la TelePizza están a tope, sin distingos de chequera ni de edad.
Comprendo, por fin. La igualdad ha triunfado, aunque sea nivelando los gustos por debajo. Hola, querida hamburguesa. Adiós, glamour. La madre que os parió, USA boys.
Menos mal que sé que a mi hijo le encanta leer. Si no ¿cómo le explicaría esa otra vida que se está perdiendo?
Sé que a través de las viñetas y palabras de nuestro común cómic compartirá conmigo ese viaje que muchos de mis turistas “accidentales” e igualitarios que hoy contemplé no harán jamás. Olé sus huevos.
Brindo por él con el Absolut del encanto perdido, para que conozca aunque sea por literarias referencias cómo fue un mundo diferente (supongo que ni mejor ni peor) del que nos está tocando vivir.
… Y que lo viva, dreamers.
Un montón de besos como cañonazos para vosotros.
Le he comprado a mi enano favorito el cómic que venden con el País esta mañana. Y las aventuras en Venecia de Corto Maltés me transportan a otros años transcurridos en países bañados por el mismo mar que le moja los pies ahora a mi ciudad. Eché un vistazo a las sugerentes y personales figuras dibujadas por el gran Hugo Prat, y automáticamente me he encontrado trastabillando entre tinglados marítimos, con clippers abarloados al cantil del puerto, herrumbre por doquier y rodeado de viejos contramaestres y del resto de la vil canalla de proa.
En medio de tan “románticas” figuraciones, salí este mediodía a la calle Mayor y me acerqué al muelle (sí, al dock of the Carthago’s bay), porque tenía que resolver unas gestiones en la Cámara de Comercio, que está en pleno puerto. Y no encontré ningún rufián emboscándome entre las naves de almacenamiento, ni ninguna chica a la que socorrer de bandidos ignominiosos, ni siquiera alguna pequeña conspiración francmasónica de la que salvar al mundo.
El dock estaba lleno de turistas en uniforme reglamentario; a saber, calzón corto, camisa o guayabera amplia y floreada (imposible definir los colores para un ser simple como yo ;-DDD), sandalias con calcetines ad-hoc, cámara de fotos o de vídeo a elegir, gafas de sol, piel de gambita cocida … y una cara de perenne sorpresa por todo, desde la propia ensenada natural, hasta los edificios de estilo modernista, pasando por la diletante y funesta decrepitud de cualquier casco antiguo que se precie.
No están, pues, los tiempos para llevar una vida de novela, sino para convertir nuestras almas que queremos de poema en una papilla que sea cómoda de digerir y que nos permita la subsistencia hasta el siguiente amanecer de ilusión. Y yo tengo paciencia y mantengo mi esperanza en que del crisol en el que vierto diariamente mi sudor surjan un día, más o menos próximo, los sentimientos que necesita mi conciencia y las hermosas palabras que acompañen a mis actos.
Mientras tanto, los turistas se nutren, renuevan fuerzas y degluten provisiones. En otros tiempos, llenarían el Gran Hotel los más cultivados, con un servicio solemne y cuidado; los que fuesen de baja estofa se apalancarían en las mil y una tabernas portuarias de raigambre al uso. Hoy, ni el uno ni las otras existen ya. La globalización iguala las conciencias, las costumbres y la comida: el Mac Donald y la TelePizza están a tope, sin distingos de chequera ni de edad.
Comprendo, por fin. La igualdad ha triunfado, aunque sea nivelando los gustos por debajo. Hola, querida hamburguesa. Adiós, glamour. La madre que os parió, USA boys.
Menos mal que sé que a mi hijo le encanta leer. Si no ¿cómo le explicaría esa otra vida que se está perdiendo?
Sé que a través de las viñetas y palabras de nuestro común cómic compartirá conmigo ese viaje que muchos de mis turistas “accidentales” e igualitarios que hoy contemplé no harán jamás. Olé sus huevos.
Brindo por él con el Absolut del encanto perdido, para que conozca aunque sea por literarias referencias cómo fue un mundo diferente (supongo que ni mejor ni peor) del que nos está tocando vivir.
… Y que lo viva, dreamers.
Un montón de besos como cañonazos para vosotros.