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La vida al sol
Cada momento vivido es irrepetible: comunícalo.
Acerca de
La vida transcurre como también lo hace el sol que le da soporte. Comunicar aquello que nos gusta o que nos destroza, pero que -al fin y al cabo- nos acontece, puede ser una buena experiencia.
Sindicación
 
El año pasado ... en Marienbad
El año pasado fue un periodo de tiempo sorprendente, al menos para mí. Comenzó con el que os escribe viviendo instalado en una suerte de rutina que me ahogaba en su inercia, y terminó con la muerte de mi suegro en la mañana del día 31 de Diciembre. Entre medio, me ocurrió de todo, menos estarme quieto sentado apaciblemente.

En efecto, conocí el blog … os conocí a vosotros: buenas, ¿qué tal estáis?, tuve un par de ajetreados viajes a Francia y otro financieramente delirante a Barcelona, falleció también mi suegra tras una dura pelea con el Alzheimer, paseé o fui paseado por mi perro a diario, trabajé como un borrego, ayudé a crecer a mis hijos, contemplé el mar todo lo a menudo que pude, hice de la música una querida compañera, serví de puntal de apoyo a mi chica mucho más de lo que hubiera querido, realicé chapucillas informáticas en casa y en el trabajo (ya estoy over-puesto en el tema), fui pasado a cuchillo diariamente por el jodido año que me/nos tocó vivir … y tuve tiempo de darme más de una vuelta por el dorado Sunset bloggero.

Omito a propósito los detalles de los cuidados médicos y humanos de los viejos de mi chica, las broncas de ella con sus tibios y lejanos hermanos, y las repercusiones que sobre nuestro día a día han tenido física y emocionalmente estas dolorosas vivencias. En la distancia y en un piadoso olvido quedan enterrados ya.

Un añito, pues, de los que dejan cicatrices, de los que te hacen pensar que ya lo has visto casi todo, que ya te ha pasado lo inimaginable y que, a partir de Enero, todo será coser y cantar y descansar con placidez. Ya sabéis que me gusta soñar que todo está tranquilo y bien ;-).

Pero esta mañana, yendo al trabajo, he visto desde mi Alameda y entre las nubes erguirse como un lejano mascarón de proa la figura del Edificio 2001 en la Plaza España. Es grande para tratarse de un rascacielos de Cartago: tiene unas 15 plantas de altura y cubre bastante extensión. Yo estaba a unos 500 metros, y desde la distancia me miraba socarrón mientras me susurraba entre el viento húmedo:

“Es que no te enteras, listillo de las narices, que vivir es no terminar nunca de que te sucedan cosas. ¿Por qué te empeñas en quedarte quieto, atrapado en una burbuja de tu existencia, sin que nada ni nadie te perturbe? ¿Acaso deseas la muerte, el descanso eterno y todas las demás letanías? Vete corriendo tú que aún puedes y sigue descubriendo la inmensa cantidad de situaciones que te amenizan el transcurrir diario, aunque a veces te hagan jirones el alma”.

Y, azorado, he avivado el paso hasta mi despacho y me he acurrucado ante mi mesa, mi ordenata y mi sillón, pensando en que debo hacer algo para seguir mi camino, puesto que no creo que nadie lo vaya a caminar por mí y, además, no pienso renunciar a cuanto de dulce o amargo me pueda deparar el futuro.

Así que, sólo, mirando la pantalla vacía y desconectada de mi máquina, esta mañana a las 08:05 he no-llorado lo que quizás debí, he palpado el sentimiento de vacío que se ha instalado en la boca de mi estómago, y voy digiriendo mi hiel y la de mi chica, mientras hago firmes propósitos de fulminar cuanto de malo pueda haberme sucedido y encarar este anodino 2006 de la mejor manera que sepa.

Prometo desahogarme con más moderación en otro momento, compañeros. Por hoy ya he abusado demasiado de vuestra comprensión y de vuestra paciencia.

El Sunset ha abierto. Barra libre para todos.

Y un besazo con el helado corazón que aún me queda. Ya lo calentaré. So long, dreamers.