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La vida al sol
Cada momento vivido es irrepetible: comunícalo.
Acerca de
La vida transcurre como también lo hace el sol que le da soporte. Comunicar aquello que nos gusta o que nos destroza, pero que -al fin y al cabo- nos acontece, puede ser una buena experiencia.
Sindicación
 
Maquillaje
Llevo varios post seguidos pontificando sobre temas trascendentes y de una aparente suma importancia, hasta que he caído en la cuenta de que, en nuestra pelea diaria, nos ocurren cosas del más variado pelaje. Y no necesariamente son sucesos del más alto nivel filosófico, sino acontecimientos normales, vulgares, dotados de una dulce pátina de cotidianeidad.

Anteayer me miré en el espejo mientras me lavaba la jeta, as every day, cuando contemplé un rostro amigable pero cansado que me observaba desde la otra parte del vidrio.

Cansado, esa era la palabra. La falta de sueño, las preocupaciones y los ajetreos de los últimos meses vividos de una forma caótica, me habían dibujado unas preciosas ojeras de diseño gótico bajo mis ojos.

Pensado y hecho. De un golpe borré siglos de barbarie pretendidamente masculina y me chuté un par de dosis de igualitarismo “de género” postmoderno ;-))))). Me tragué todo lo burdamente aprendido por generaciones de hombres de pelo en pecho, rebusqué por los armaritos del cuarto de baño y localicé el Santo Grial que mi dolorida piel ansiaba.

¡Hélas! Tomé con mano temblorosa un frasquito de crema hidratante con liposomas, de esos que te entran en el típico lote de colonia, adjuntos al frasco de perfume varonil y, sin saber muy bien cómo hacerlo, comencé a extender el “infernal”. brebaje sobre mis trabajadas ojeras.

Sorpresa mayúscula la mía, readers. No sólo no me encuentro menos hombre que antes, sino que mi piel respiró aliviada y confortada. Se está de puta madre cuando te aplicas un remedio “pretendidamente” femenino, y además no te crecen cuernos, ni tetas ni nada por el estilo.

Así que he decidido salir del armario empotrado en el que antiguos recelos genéticos me habían encerrado, y pasarme a la acera de enfrente, a la de la comodidad, la autoestima y el correcto conocimiento de la realidad. Lo que sí pido, a quien tenga experiencia en estas lides, es que me déis un curso acelerado de marcas, calidades y procedimientos para reconvertirme en el hombre metro-sexual que siempre he llevado dentro y nunca he sabido descubrir.

Va en serio, se agradecería información detallada y contrastada con experiencias personales propias, niñas.

Pero, en fin, me rindo y prometo dejar de hacer el gilipollas y utilizar cuanto de bueno hay en este mundo, sin parar en mientes de su posible y/o perversa adscripción unilateral a uno u otro sexo. ¡Los productos de belleza son para quien los necesita! Y sin pedir acreditación de sexo o condición para su uso.

A raiz de comenzar “a cuidarme” un poquito, he notado la ampliación de mi capacidad para levantar un par de días de trabajo duro y difícil, así como la mejora de mi humor y de mi trato con los demás.

Puede ser una casualidad. Puede. Pero yo, por si acaso, sigo con mi crema mágica, meciéndola a diario como un fetiche y maldiciendo mi anterior estupidez al haber estado aplicando (quizás sin saberlo) clichés que pensaba tenía superados.

Big Doc ha tenido de nuevo, y no será la última, otra lección. Estoy vivo, pues, ya que sigo aprendiendo cosas en esta vida canalla y veleidosa.

Y os dejo, dreamers, que antes de pasar por el suave Sunset de este finde que nos comienza a acariciar … debo ir a maquillarme un poco ;-))))))).