El Peregrino
Mañana a primera hora, casi de madrugada alevosa, salgo de viaje. Este no es un viaje normal, dentro de la excepcionalidad que suelen llevar aparejada, ya que no marcho por motivo de placer, diversión o trabajo, sino que voy/vamos a enterrar las cenizas del padre de mi chica, y eso marca bastante la diferencia.
A través de 700 kilómetros, pensaré en cómo me ha ido durante mis últimos veintitantos años. Siento que una etapa de mi vida ha terminado, que las cosas han cambiado definitivamente, que –como siempre- todo va a ser distinto a partir de ahora. Afronto el tránsito como si de un viaje iniciático se tratase, pero a la inversa.
No voy exactamente a comenzar algo, sino a terminarlo. Veré lugares, calles, gentes que probablemente no vuelva a contemplar o que -en todo caso- tarde mucho tiempo en volver a visitar. Camino a despedirme de un amplio trozo de mi vida, a cerrar un círculo largo tiempo atrás comenzado, a guardar en la mochila del recuerdo un montón de imágenes y de sentimientos cuya evocación me llena de congoja y me hace reflexionar sobre la condición humana.
Cabalgo, pues, al encuentro de mí mismo en otra línea temporal, con la intención de afrontarme con una sonrisa indulgente y de dar las gracias a todo lo bueno y lo malo que me aconteció en mi “inmediato” pasado. Me gustaría que fuese una despedida sin rencores, sin malos sentimientos … madura. Y estoy dispuesto a matar porque así sea.
El Domingo por la noche estaré de vuelta, con la mirada un poco perdida y alguna lágrima huyendo por mi rostro, quizás más humano, quizás algo cansado, pero con la firme certeza de haber hecho lo que debía hacer por mis mayores, con el deseo de que exista alguien que haga lo propio por mí cuando llegue mi momento.
Me doy cuenta que me expreso con cierto aparente desánimo. No es del todo cierto. Busco las palabras, entrenándome ya, para no herir a nadie, para transmitir paz a otra gente, para decir que la vida sigue y que yo estoy preparado para hacer de ella mi compañera y no mi enemiga.
Cuando vea en qué queda este cóctel de enfrentados pensamientos, cuando los contraste con la realidad y con la peregrinación de este viaje … prometo contároslo todo, compañeros.
Mientras tanto, felices sueños, buena música, mucha suerte y un venturoso finde, dreamers.
A través de 700 kilómetros, pensaré en cómo me ha ido durante mis últimos veintitantos años. Siento que una etapa de mi vida ha terminado, que las cosas han cambiado definitivamente, que –como siempre- todo va a ser distinto a partir de ahora. Afronto el tránsito como si de un viaje iniciático se tratase, pero a la inversa.
No voy exactamente a comenzar algo, sino a terminarlo. Veré lugares, calles, gentes que probablemente no vuelva a contemplar o que -en todo caso- tarde mucho tiempo en volver a visitar. Camino a despedirme de un amplio trozo de mi vida, a cerrar un círculo largo tiempo atrás comenzado, a guardar en la mochila del recuerdo un montón de imágenes y de sentimientos cuya evocación me llena de congoja y me hace reflexionar sobre la condición humana.
Cabalgo, pues, al encuentro de mí mismo en otra línea temporal, con la intención de afrontarme con una sonrisa indulgente y de dar las gracias a todo lo bueno y lo malo que me aconteció en mi “inmediato” pasado. Me gustaría que fuese una despedida sin rencores, sin malos sentimientos … madura. Y estoy dispuesto a matar porque así sea.
El Domingo por la noche estaré de vuelta, con la mirada un poco perdida y alguna lágrima huyendo por mi rostro, quizás más humano, quizás algo cansado, pero con la firme certeza de haber hecho lo que debía hacer por mis mayores, con el deseo de que exista alguien que haga lo propio por mí cuando llegue mi momento.
Me doy cuenta que me expreso con cierto aparente desánimo. No es del todo cierto. Busco las palabras, entrenándome ya, para no herir a nadie, para transmitir paz a otra gente, para decir que la vida sigue y que yo estoy preparado para hacer de ella mi compañera y no mi enemiga.
Cuando vea en qué queda este cóctel de enfrentados pensamientos, cuando los contraste con la realidad y con la peregrinación de este viaje … prometo contároslo todo, compañeros.
Mientras tanto, felices sueños, buena música, mucha suerte y un venturoso finde, dreamers.