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La vida al sol
Cada momento vivido es irrepetible: comunícalo.
Acerca de
La vida transcurre como también lo hace el sol que le da soporte. Comunicar aquello que nos gusta o que nos destroza, pero que -al fin y al cabo- nos acontece, puede ser una buena experiencia.
Sindicación
 
Gritos y Susurros
Con el paso de los días y la presión de las obligaciones laborales noto que se van diluyendo las ensoñadoras sensaciones de mi viaje portugués. No creo que me ayude pensar que ya es la tarde-noche de un Domingo, que he trabajado todo el finde en el despacho, que me escuecen los ojos, que estoy cansado y un tanto desencantado … y que me gusta quejarme un poco, claro ;-))))))).

Así que voy, me atrevo y me quejo. Me quejo insensatamente en nombre de la pareja que estaba comiendo en un banco de la Plaza de España cuando yo venía esta tarde a mi oficina. Tenían trazas de pensar que una “solución habitacional” de 30 metros cuadrados, como las que propone nuestra señora ministra, eran algo infinitamente mejor que el puto y duro banco que constituía su “hogar” actual. Sus pertenencias yacían a sus pies, descalzos, metidas en un par de bolsas del Corte Inglés, y sus caras decían a gritos “no tengo futuro” y “ahora estoy comiendo, después no sé qué haré”.

Y me quejo por boca del colega rumano, pequeñito y moreno, que toca el acordeón a la salida del Mercadona, llueva, granice o caiga sacrosanto fuego del cielo, con una infinita sonrisa en su cara. Debo pensar que adora su trabajo y que las monedas que le echamos en la cajita que pone en el suelo le dan para inversiones inmobiliarias. Dudo por ello que acceda a ofrecerme en traspaso su lucrativo y cómodo negocio, sobre todo ahora que está a punto de sacarlo a cotización en Bolsa.

Qué decir de los ecuatorianos que estoy oyendo bajo mi balcón intentando vender alguna baratija artesanal para cenar. No sé si comprarles el arco con flechas, aunque resulta mucho menos vistoso y aparente que el de los juguetes de marca. Quizás me quede con uno de esos collares de cuentas de colores “tan” étnicos y coloniales a la vez, y así lavaré un poco la mala conciencia que me queda tras asomarme y ver a toda la familia al completo afanarse en torno a su trozo de tela con escasa mercancía.

Hombre, diviso también a mis queridos black-top-manta favoritos. Se nota por lo lustrososos que están, por los repletos anaqueles donde muestran los CD y DVD que tienen a la venta, y por los opulentos fajos de billetes que exhiben, porque le están ganando el pulso a las multinacionales discográficas. Con ellos, faltaría más, no puede ni la SGAE con su canon abusivo ni la policía municipal … que corre bastante menos que ellos.

Y ¿qué decir de mí? Llevo tres o cuatro días con esa infame sensación de fracaso o de descontento mordiéndome en la boca del estómago, diciéndome que no lo estoy haciendo bien, que me he vuelto a equivocar de tren y que no merezco ni el pan que me como.

Conozco esa punzada macabra y cabrona a la vez, porque me acecha periódicamente y me mete el miedo a mí mismo en el cuerpo. Me tiene bien cogida la medida y no para de insinuarme que yo soy yo, pero metido en el cuerpo y en la vida de otro, y que no tengo huevos ni para tunear ese cuerpo y que me quede como a medida, ni para salir de él y buscar el que me pueda corresponder. Vamos, que me pone de cobarde, pringao y mamón hasta las cejas de los ojos de ver.

Me parece recordar, de otras ocasiones en que estos sentimientos me visitan de ciclotímica forma, que mi única defensa es apretar los dientes, seguir con mi vida y mi curro e intentar ser una persona razonable y serena hasta que amaine la galerna … pero siempre me queda el resquemor de que pudiese haber alguna punta de razón en sus argumentos.

Y eso me pone a parir, en el disparadero, con el corazón palpitando camino de la boca y un poso de infinito cansancio en el fondo de mis pupilas otras veces rientes y soñadoras.

Ya lo sé, es Domingo, festivo, vacacional, yo he comido y cenaré, tengo familia, trabajo, coche, un par de casas y hasta algún que otro ordenador para quejarme a gritos en la red. El post que acabo de escribir a navajazos no es elegante, ni tranquilizador, ni está excesivamente bien escrito.

Pero es que los exabruptos del alma son eso: gritos toscos, emitidos sin orden, envueltos en aromas de angustia y miedo, que salen sin control alguno ... al sol.

Sorry, pues. Os pido disculpas. :-((((

Mañana que es sweet Lunes, será otro cantar. So long, dreamers, so long. ;-))))