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La vida al sol
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La vida transcurre como también lo hace el sol que le da soporte. Comunicar aquello que nos gusta o que nos destroza, pero que -al fin y al cabo- nos acontece, puede ser una buena experiencia.
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Viaje a la dulce Francia
Os leí a todos, compañeros de la blogosfera, antes de partir. Y el Jueves, al salir, me sentía acompañado por vosotros y confortado por tanto bueno y bendito blog como existe. El viaje a Madrid, bien gracias a Iberia, y eso que eran las 06:40 de la mañana. El tiempo en Madrid, peor que malo, al menos en comparación con el Mediterráneo.

Llegada a Barajas, coche esperando (un BMW, se han estirado, vaya), salida al Soto de la Moraleja. Las oficinas centrales están ubicadas en dos chalets adosados contiguos. Son cómodas y el personal bastante atento, dadas las circunstancias. Decido cambiar de estrategia sobre la marcha, a pesar de que (estamos en España) parte de la puñetera documentación todavía no está preparada.

No grito, no me acuerdo de sus respectivas madres, no pierdo los nervios. Reparto los buenos días a todo el mundo y doy por supuesto ante ellos que todo se irá resolviendo durante el transcurso del día, que son eficientes, que estamos en el mismo barco y que yo no soy su enemigo, sino todo lo contrario. ¡Y funciona!

El trabajo es pesado, pero, sorprendentemente, se realiza con limpieza, tranquilidad y armonía. Creo que, a pesar de algunas diferencias de concepto y de cultura empresarial, tenemos una buena “chance” ante los franceses. Los resultados son buenos, la parametrización discreta, la organización es de aprobado alto, y supongo que el generoso cash-flow tapará las ligeras deficiencias de política empresarial. ¡No me lo puedo creer!

Entre medio, comida en Jose Luís, cafés por un tubo, sandwich como sustitutivo de la cena, y … al Meliá a las 11:30, sin irnos de juerga, o quizás la juerga la llevábamos puesta. Hay que intentar sobar un rato, que el avión sale a las 06:20. Menos mal que se ha suprimido el viaje hasta París para la conferencia previa con las otras empresas filiales, porque desde allí hasta Saint Étienne (Vuelo París-Lyon) el palizón era importante. En vez de eso, se han establecido comparecencias separadas para estudiar las cifras de cada una. Mejor así.

Me levanto a las 04:30. ¿Acaso soy yo ése que se mete en la ducha de madrugada? Joder, menos mal que la barba me adorna desde hace algunos años, porque a estas horas no tendría ni pulso para afeitarme. Me acuerdo de Quevedo, “érase un hombre a una barba pegado…”, y me da por descojonarme de risa mientras me aclaro el champú. Puerta, el BMW de la Gestapo y zumbando pa Barajas.

Ahora, Air France y dos horas y cuarto hasta el aeropuerto Antoine de Saint Exupery (increíble y encantadora la coincidencia bibliófila) de Lyon: ¡Unga, unga, yo Tarzán, tú el Principito! Aquí la rutina cambia. Hay un Citröen (todo muy francés) esperando. Ya sólo faltan 50 Km. Hasta Saint Étienne, y 15 Km. más hasta la empresa central en Doizieux. Joder, “nous sommes déjà arrivés” (ya hemos llegado de una puta vez).

A las 10 casi en punto de la mañana me estoy tomando un café largo (un américain, s’il vous plaît; merci bien) en recepción, mientras fuera llueve mansa y dulcemente. Ya me han asignado “couple” (pareja, controlador, interlocutor de referencia para las entrevistas): Mademoiselle Justine Zavette. No la conozco. Siempre traté con Paul Vouchet, de Presupuestos. Un cambio puede suponer empezar de nuevo, volver a marcar posiciones, incertidumbre… y un poco de miedo a lo que se desconoce.

Me dirijo a Control de Producción, deuxième étage (segundo piso, es para vacilar ¿sabéis?). Me presentan a Justine… Justine, mon Capitaine ;)), roza los cuarenta, es morena como la cerveza (como la cerveza negra, joder), menuda, agradable y de aspecto tremendamente eficiente, n’est-ce pas? La miro con curiosidad, la evalúo, la saludo “comment ça va?”; me responde “ça marche, Doc” (póngase aquí mi nombre real, claro), “est-ce-que tu pense que nous reussirons mettre au lieu les chiffres” (¿piensas que conseguiremos poner las cifras en su sitio?); “mais oui, vraiment, ça sera le temps de nous exprimer” (sí, ciertamente, será el momento de explicarnos), y nos decimos el tipo de frases que se sueltan al principio de una conversación financiero-comercial. Siento soltaros tanto latinajo en francés, pero es lo que hay, aunque sea para darle un poco de ambiente a la historia.

Entramos a su despacho. Cómodo y sencillo. Las comunicaciones informáticas… una envidia. Sabéis que pagan 25,00 Euros por una conexión a Internet de 10 (he dicho diez) Megas. Y aquí 40,00 Euros por una de 0,5 Megas. Desplegamos la parafernalia habitual de ordenador, informes, presupuestos, balances, resultados, comisiones,… Hay diferencias (por supuesto, siempre las hay), pero no insalvables. Existen diferentes criterios de contabilización, de legislación, de fiscalidad, de comercialización, etc., y también muchas ganas de mejorar las cosas, no de destruirlas.

Va pasando más gente, y más documentación por la oficina. Cambian los gráficos y los esquemas de producción, control y ventas. Añadimos estructuras nuevas y ponemos cosas en común. De través, intercalamos una ligera comida a las 13:00, café a las 16:00 y sandwiches (estaré más de un mes sin probarlos, os lo juro) a las 19.00. No me puedo quejar.

Los tiempos están cambiando. Menos mal. Anteriormente, Paul (casi 60 años) interpretaba que su papel era el de “cortar cabezas”. “Il faut de voir la sang; ça fait enlever le profit” (es preciso ver la sangre: eso hace subir el beneficio), decía el muy cabrón. De manera que había que pelearse con él para salvarle el cuello a alguien. Mal asunto, y acababas muy quemado de ese tipo de reuniones-guillotina.

Con Justine (cerca de 40 años) es diferente. Es otra generación. Tratamos de ver qué se puede hacer mejor y cómo llevarlo a cabo, pero partiendo de la situación que ya existe. Es fácil: si tú haces algo mal, yo intentaré decirte cómo lo puedes arreglar para que todo resulte bien con un coste mínimo. Esto implica involucrar al personal en la marcha del negocio, apelando a la responsabilidad, en vez de sacar el látigo de la intolerancia. Coincide bastante con mi profesión y con mi manera de hacer las cosas. Expuesto así suena muy simple, aunque en el trabajo real no lo es tanto.

Evidentemente, hay conexión, hay “feeling” entre nosotros. Todo ha resultado tan duro como ha sido necesario, pero no difícil ni imposible. A las 21.00 todo está terminado. Pasamos a hablar con Monsieur P. Y., le hacemos una relativamente breve exposición de nuestro trabajo en común, le presentamos unos borradores de conclusiones, y salimos al aire del exterior. P. Y. vive en una gran casona rural en las afueras del pueblecito, aunque yo diría que vive, come, mea y jode en su empresa, porque no parece salir de allí. Ya está bien: son las 22:15 de la puta noche.

Doizieux (leed Duassié) es un pueblo pequeño, de unos 10.000 habitantes. No hay mucho que hacer en él, y menos a estas horas. La empresa química es buena parte de su vida, y se mueve al son que toca la gente que trabaja en la factoría. De él y de sus historias os hablaré en algún post otro día.

Nuestro impecable Citröen (no muy nuevo, un XM, pero perfectamente cuidado) es amplio y confortable. Nos lleva a Justine y a mí hasta Saint Étienne. Le pido a la conductora que lleve primero a mi acompañante a su casa, pero ésta me responde que tiene instrucciones para ocuparse de que me alojen en el Terminus de Forez en la rue Denfert Rochereau, (a estas alturas mis maletas están todavía en el portaequipajes del Citröen) de tomar algo conmigo y de “mettre en scène” el esquema del futuro intercambio de documentación para finiquitar nuestra actuación profesional. Sabía yo que Monsieur P.Y no perdería ocasión de hacerme trabajar un poquito más.

Son las 22:35 cuando llegamos a mi hotel. Debo reconocer que todo está previsto, preparado para mi comodidad, y en perfectas condiciones (se nota la mano de P.Y.). Decidimos aprovecharnos de las bondades del establecimiento y cenar un poco, con tranquilidad, en la seguridad-privacidad-aislamiento de mi habitación. Así lo hacemos, diseñando de paso los últimos y protocolarios memorandums (sí, joder, ahora se dicen así) para las futuras relaciones.

Llegados a este punto, puedo optar por varios caminos para relataros lo que siguió, pero dejaré que cada uno se lo auto-cuente a su manera (sé que la imaginación es la barra libre de las ideas, pero si queréis hacerme caso no os compliquéis la vida demasiado). Sólo deciros que quizás no salí a tomar copas ni al Vol de Nuit en L’Elysée Gervais, ni a Le Black Baron en Victor Hugo, ¿o quizás sí?, pero sí me levanté el Sábado a las 09:00, porque a las 10:00 me esperaba el impoluto Citröen oficial para llevarme al aeropuerto de Lyon, desde donde salía mi vuelo a las 11:20.

Iberia-mon-amour me paseó por Madrid, donde hice escala, y llegué a Valencia casi a las 16:00, mal comido y bien molido, deseando llegar a casa cuanto antes, abrazar a mis amores, restañar mis heridas (si es que las hubiera), abrazar a mis-hermanos-en- Cristo-medio-locos del blog (coño, ¡cuánto habéis escrito desde la última, ciber-cabrones-as!), leer vuestros post, salir al puerto de la ciudad donde nací y ver (o no) a las estrellas saludarme desde el cielo.

Estoy cansado (très fatigué, so tired, hoy todavía voy de cosmopolita traductor de idiomas) y no pude ver las estrellas. Cosas del cielo joputa y cabroncete. Me echó un pulso y lo perdí: no tuve huevos para mearme en el muelle… porque en el fondo el puerto no tenía la culpa.

And I love you so …

 
Comentario:
Como me alegra que hayas vuelto y nos has contado con pelos y señales tu viaje... así me gusta, pero no trabajes tanto, corazón, que eso, no tiene que ser bueno.
BEsitos, Dock.
 
Comentario:

Caro Dockof: Respecto a tu comentario de ayer sobre Justine... me gustó la descripción que de ella hicíste y me encantan las mujeres que llevan trajes, esas que sueltan un lefe tufo a pólvora quemada de tantos tiros que llevan pegados. Las morenas que nunca quisieron ser rubias. En fin Dock, y si encima se parece a una cerveza negra!. Un abrazo libertario y gracias por el aviso sobre el MAESTRO Antonio, pero creo que son canciones de otros, no sé, no me hagas mucho caso.
 
Comentario:
Amigo Doc,

tengo la sensación de haberte molestado con mi comentario de los puntos suspensivos y nada más lejos de mi intención. Pretendía (veo que en vano) hacerme el graciosillo.

En fin, amigo, que aprecio mucho tu (¿podemos llamarlo asi?) "amistad" y que, en fin, lamento haberte molestado. Con toda humildad y sinceridad te pido perdón. En serio.

Un abrazo.
 
Comentario:
Bienvenido querido amigo, gracias por tus regalos.
Pondré a Duncan, suaves, para que nos unan más cosas.
Besos de Susy
 
Comentario:
Pues mira, yo también me alegro de tu regreso, porque es que sólo me dio tiempo a leer tu despedida y, claro, así no se puede.

Besos.
 
Comentario:
Mon Dieu, leer este comentario ha sido como leer una de Mihura, jejeje. Muy ameno, aunque yo tengo menos arte o una barra libre más comedida que la de Wolffo para rellenar los puntos suspensivos :P
Me encanta que estés de vuelta ;)
 
Comentario:
Wolffo, Dockof no lo ha dicho, pero tú no te has cortado a contarnos todos los posibles... :P
 
Comentario:
¡Habemus Doc!
Bienvenido, compañero, se te echaba de menos. ¿Que por qué? Es evidente, después de leerte. Ers, quizá, uno de los pocos caballeros que quedan en el mundo. Como en una vieja (vieja en el sentido de clásica, buena, etc) en blanco y negro, nos cuentas que cenaste y...
Esos puntos suspensivos son geniales. Sin descripciones escabrosas (... nuestros cuerpos, bañados en el sudor del deseo...), sin exageraciones que suenan a cuento chino ("...ella apenas pudo acomodar mis 35 cm entre sus piernas...") y sin presumidos finales (... mi descarga, abundante, por cierto, llegó al mismo tiempo que su octavo orgasmo , mientras sus enormes pechos vibraban de placer...).
Esos puntos suspensivos valen su peso en oro, Doc.
Bueno, eso, compañero: me alegra que todo fuera bien en tu viaje y, sobre todo, que estés de nuevo aquí.
Abrazos y pescozones.
 
Comentario:
TE he hechado de menos (si, con h) aunque no te lo creas, y te he recordado en un par de ocasiones (agghhh... me estoy haciendo vieja) pensando que tal te iría la pelea con los gabachos.

Bienvenido.

Besos de una maia.
 
Comentario:
Caro dockof: Me sumo a la alegría que siente la dulce Lola por tu vuelta. Huuumm,esa Justine, suena a Sade, no al marqués sino a la diosa de ébano con voz de terciopelo, le susurraría al oído eso de... it is no ordinary love, no ordinary loveee. Lo dicho me alegro de que otra vez estés entre nosotros. Un abrazo libertario.
 
Comentario:
Me alegro de tenerte de vuelta por aqui.
Muy bien explicado tu viaje y lo mejor, las palabras en frances. Gracias por no mear en el puerto, rectificar es de sabios.
Un beso
No