Una ráfaga de viento en la mejilla
De repente, sin enviarme ni un miserable e-mail de aviso, sin tirarme siquiera de la manga de la chaqueta, ha aparecido ante mí como un espectro. Silencioso, etéreo, agraviante. El miedo, mi miedo al futuro, se abalanza sobre mí y me hace un placaje digno del campeonato de rugby.
Al punto, estoy poseído de todas las inseguridades del mundo. Lo que hasta hace un momento eran gozosos momentos a vivir, trabajos a desarrollar, abrazos por repartir, han saltado hechos añicos por el impacto del irracional miedo que me acongoja.
Me encuentro bloqueado, sin mecanismos de defensa ni respuesta. Sé lo que debo hacer, más o menos, pero mi cerebro no da las órdenes que debe y mi positivismo se desliza por pendientes cenagosas hacia el pozo de la desesperación. ¡Socorro!, digo. Pero lo hago con voz tenue y extrañamente ronca. ¡Socorro!, repito. Pero sé que estoy realmente solo, y la revelación súbita de esa impactante soledad me sepulta bajo toneladas de agobio.
Me miro en el espejo, y mi rostro no está sereno. Peligro. Veo culpabilidad en mis ojos y mudas súplicas de perdón no consiguen traspasar el umbral de mis labios. La amargura del tiempo perdido en mis años anteriores, la decepción por mis expectativas no cumplidas, se mezclan con la certeza de un fracaso personal no superado todavía.
Noto la sequedad de mi boca y el vértigo de mi sangre galopando por mis venas. La desesperación por las cosas que no he hecho y que sé que nunca haré, porque no he conseguido cambiar mi forma de ser lo suficiente, me sume en un estado de pánico inquietante y fatalista.
Sé también que esto no tiene nada que ver con la Primavera y sus aditamentos de melancolía y cambios hormonales. Mi pasado, ya escrito e inamovible, ha venido a reclamar tributos a mi presente y a comprometer mi futuro. Y lo hace con severidad y cargado de razones, recordándome que no he sido capaz de rehacerme lo suficiente como para enfrentarlo con éxito.
Me dice también, y se ríe, que soy un mierda, y que estoy jodido. Y hoy por hoy, midiéndome con objetividad, llego a la conclusión de que tiene razón, que hay cosas que tímidamente enterradas por mí salen hoy a la luz para golpearme nuevamente en lo más hondo. Y hace bien su trabajo, hurgando en mis heridas apenas restañadas, sacando al aire mis peores defectos y carcajeándose de mis vanos esfuerzos por escapar de sus acusaciones ciertas.
Resulta sorprendente que uno pueda cambiar de ánimo en el transcurso de pocas horas, instantes a veces. Pero no estoy bromeando. El optimista Doc no está de coña. No pide compasiones ni palmadas gratuitas en la espalda, porque tiene que replantear su vida él mismo, y eso siempre es doloroso. Nadie puede/debe hacerlo por él.
Os agradezco la lectura de este post no tan agradable como acostumbra ser. Perdonadme que hoy no tenga respuestas, ya que no las conozco todavía, y debo buscarlas dentro de mi alma y con el valor de mi voluntad. Disculpad que no sea más concreto, pero es que contar la vida completa de uno llevaría muchos discos duros de ordenador, y además hay muchas cosas que me dan vergüenza todavía. Quizás otro día supere esta barrera y me decida a enseñaros lo gilipollas que se puede llegara a ser en esta vida.
Me basta con un pensamiento vuestro mientras sufrís mis palabras. Con saber que no estoy solo en este universo mientras amargamente enfrento mi lado oscuro. El resto, eso espero, será el transcurrir del tiempo, el romper de las olas y el silbar del viento.
P.D.: Os dejo la cafetera al lado de la puerta, en la terraza. El café está caliente, y hay una botella de Absolut muy frío por si alguien siente necesidad de caldear su espíritu
Hasta pronto. Besos, queridos dockers.
Al punto, estoy poseído de todas las inseguridades del mundo. Lo que hasta hace un momento eran gozosos momentos a vivir, trabajos a desarrollar, abrazos por repartir, han saltado hechos añicos por el impacto del irracional miedo que me acongoja.
Me encuentro bloqueado, sin mecanismos de defensa ni respuesta. Sé lo que debo hacer, más o menos, pero mi cerebro no da las órdenes que debe y mi positivismo se desliza por pendientes cenagosas hacia el pozo de la desesperación. ¡Socorro!, digo. Pero lo hago con voz tenue y extrañamente ronca. ¡Socorro!, repito. Pero sé que estoy realmente solo, y la revelación súbita de esa impactante soledad me sepulta bajo toneladas de agobio.
Me miro en el espejo, y mi rostro no está sereno. Peligro. Veo culpabilidad en mis ojos y mudas súplicas de perdón no consiguen traspasar el umbral de mis labios. La amargura del tiempo perdido en mis años anteriores, la decepción por mis expectativas no cumplidas, se mezclan con la certeza de un fracaso personal no superado todavía.
Noto la sequedad de mi boca y el vértigo de mi sangre galopando por mis venas. La desesperación por las cosas que no he hecho y que sé que nunca haré, porque no he conseguido cambiar mi forma de ser lo suficiente, me sume en un estado de pánico inquietante y fatalista.
Sé también que esto no tiene nada que ver con la Primavera y sus aditamentos de melancolía y cambios hormonales. Mi pasado, ya escrito e inamovible, ha venido a reclamar tributos a mi presente y a comprometer mi futuro. Y lo hace con severidad y cargado de razones, recordándome que no he sido capaz de rehacerme lo suficiente como para enfrentarlo con éxito.
Me dice también, y se ríe, que soy un mierda, y que estoy jodido. Y hoy por hoy, midiéndome con objetividad, llego a la conclusión de que tiene razón, que hay cosas que tímidamente enterradas por mí salen hoy a la luz para golpearme nuevamente en lo más hondo. Y hace bien su trabajo, hurgando en mis heridas apenas restañadas, sacando al aire mis peores defectos y carcajeándose de mis vanos esfuerzos por escapar de sus acusaciones ciertas.
Resulta sorprendente que uno pueda cambiar de ánimo en el transcurso de pocas horas, instantes a veces. Pero no estoy bromeando. El optimista Doc no está de coña. No pide compasiones ni palmadas gratuitas en la espalda, porque tiene que replantear su vida él mismo, y eso siempre es doloroso. Nadie puede/debe hacerlo por él.
Os agradezco la lectura de este post no tan agradable como acostumbra ser. Perdonadme que hoy no tenga respuestas, ya que no las conozco todavía, y debo buscarlas dentro de mi alma y con el valor de mi voluntad. Disculpad que no sea más concreto, pero es que contar la vida completa de uno llevaría muchos discos duros de ordenador, y además hay muchas cosas que me dan vergüenza todavía. Quizás otro día supere esta barrera y me decida a enseñaros lo gilipollas que se puede llegara a ser en esta vida.
Me basta con un pensamiento vuestro mientras sufrís mis palabras. Con saber que no estoy solo en este universo mientras amargamente enfrento mi lado oscuro. El resto, eso espero, será el transcurrir del tiempo, el romper de las olas y el silbar del viento.
P.D.: Os dejo la cafetera al lado de la puerta, en la terraza. El café está caliente, y hay una botella de Absolut muy frío por si alguien siente necesidad de caldear su espíritu
Hasta pronto. Besos, queridos dockers.
Comentario:
No todos los días estamos inspirados, pero sabes que seguimos aquí contigo para darte ánimos.
Espero que pronto encuentres las respuestas que necesitas. Mientras tanto me tomaré un café a tu salud.
Besos
Espero que pronto encuentres las respuestas que necesitas. Mientras tanto me tomaré un café a tu salud.
Besos
Comentario:
Ufff... ¿suspiramos a la vez Doc?
Es fácil decir, estaremos aquí si nos necesitas... solo decirte, que estaré aquí, para leerte, las sonrisas y las lágrimas que en ocasiones se escapan.
Besos (y abrazos) de una maia.
Es fácil decir, estaremos aquí si nos necesitas... solo decirte, que estaré aquí, para leerte, las sonrisas y las lágrimas que en ocasiones se escapan.
Besos (y abrazos) de una maia.
Comentario:
NO sabes, Doc, cómo vas a saberlo, hasta qué punto no sólo te comprendo, sino que te acompaño. Llevo días desde uno especialmente tristón, disimulando el gigantesco vuelco de tortilla que está dando mi vida, sin saber si quiera si caeré de pie o no.
Ya sé que no es consuelo, pero te acompaño, compañero. Hombro con hombro.
Fuerza, Doc, mucha fuerza.
Ya sé que no es consuelo, pero te acompaño, compañero. Hombro con hombro.
Fuerza, Doc, mucha fuerza.
Comentario:
Aqui estaré esperándote, como otros muchos, sin preguntas. Pero, tranquilo, Dock, que todo se supera. Iré reponiendo el café y la bebida para cuando vuelvas.
Un abrazo esperanzado.
Un abrazo esperanzado.
Comentario:
Hoy tomare absolut, para brindar por el inicio de ese viaje que solo puedes hacer tu. Yo me sentare con el vaso a esperar que regreses con uns soleada sonrisa y el souvenir del optimismo.
Un baiser et bon voyage.
Un baiser et bon voyage.
Comentario:
Esta la cosa liada, imposible poner en orden mi coco despues de tantos bloqueos, sequedades y demas aditamentos. Tu mejor que nadie sabes que ocurre y que te pasa. Nos alegramos que lo hagas participe a todo el mundo, pero tomatelo con más tranquilidad y no te dejes llevar por el pánico. ¿Consejos?, ni se ni me atrevo ni soy el más recomendado, habrá que mirar la vida desde otro prisma o tomarte un Brugal con coca-cola que a mi en especial me va de maravillas (que sea añejo).
Un abrazo y a vivir.
Un abrazo y a vivir.
Comentario:
bueno, pues ojalá haya llegado ya el momento mágico en el que te sientes a gusto con alguien aunque no te diga nada, sólo sintiendo que está cerca, a tu alcance, y que te mira por si necesitas algo pero no quiere agobiarte. Si es así, me siento a tu lado en la mesa para tomar el café ;)
Un beso soleado
Un beso soleado
Comentario:
Debes reponer la cafetera y la botella de Absolut pue las he necesitado enteras para superar el shock que me ha producido tu post. Cuentas con el apoyo de este sencillo freire para inundar de positivismo tu situación, todos tenemos momentos de bajón en los que somos incapaces de mirar adelante, pero no es que la realidad sea peor sino que la vemos diferente, lucha con tu lado oscuro venceló (si necesitas ayuda pidenosla) y vuelve a mirar al sol.
Un fraternal abrazo desde ni convento.
Post abrazum: cuando quieras echamos una carrera de gilipolleces.
Un fraternal abrazo desde ni convento.
Post abrazum: cuando quieras echamos una carrera de gilipolleces.





