Intentando volver a nacer ... cada día
Reconozco que he escrito muy caliente en el blog esta mañana. Lo que anoté es totalmente cierto, y no ha cambiado nada desde entonces … excepto mi determinación. Pero todo tiene un comienzo, siempre existe algún comienzo.
Tras terminar mi carrera y “cumplir” con la Patria (soldadito español y todo lo demás), yo me planteaba dos opciones: realizar oposiciones públicas (para ser un buen burguesito) o intentar el asalto de alguna gran compañía sita en Madrid o Valencia, para crecer profesionalmente y ser “la de Dios”.
No obstante, la casualidad se interpuso en mi camino, y a través de lo que iba a ser un mero trabajo temporal, me ví de Jefe de Administración en una pequeña empresa de mi zona. Allí me rodé, aunque no al nivel que yo deseaba y pasé cinco años de mi vida. Descubrí también que soy brillante en el terreno de las ideas y de la planificación … y discreto en el trabajo sordo del administrativo. Bueno es conocerse. Vino mi hermosa (digo mi porque hablo en primera persona, please) primera hija y la primera toma de conciencia de mis obligaciones de futuro.
Me surgió la oportunidad de cambiar de oficio, y pasé a un nuevo trabajo en un despacho profesional dedicado al consulting de empresas. Se me asignó el Departamento de Sociedades Mercantiles, que estaba en sus comienzos. Lo puse en marcha, lo desarrollé y lo hice productivo, conectándolo con el tema de Informática, en el que las empresas del momento estaban en pañales. Apareció mi maravilloso hijo pequeño en este mundo difícil.
Seguí dándome cuenta que lo mío continuaba siendo el curro de las rutilantes ideas y de la materia gris, y no (aunque también lo hiciera) el de los manguitos y la letra redondilla en los libros. Y empezó, o siguió la cadena de presiones y tensiones. Cada cual lo aguanta como puede y, muchas veces, no como debe. Yo me defendí, es un decir, con el alcohol. Vengo a decir que el alcohol se hizo cargo, poco a poco, de mi vida.
Y de tanto agredirme, sin sentirlo, casi pierdo el combate. Hubo un momento en que mi vida dejó de merecer ser llamada vida. Casi pierdo familia, amigos, trabajo y patrimonio. Lo que sí me dejé en el camino fueron jirones de autoestima a mogollón, y me quedó, irremediable, esa sensación de vértigo que de cuando en cuando me asalta y me paraliza. ¿Lo entendéis ya un poco mejor, corazones?
Desde aquellas cruentas batallas, han transcurrido más de cinco años. Soy, qué duda cabe, mucho más fuerte, pero es igual. No puedo evitar (¿quién podría?) la intuición de “tiempo perdido” que me llega periódicamente, restregándoseme por la cara y destrozándome (de verdad, no retóricamente) el alma. He vencido. De momento, he vencido, aunque ¿a qué precio lo hago?
Prosigo mi andadura profesional, ahora de forma independiente, y me va bien. Razonablemente bien, como os he referido alguna vez. Me gusta un montón mi curro. Sin embargo, permanezco en mi “otro” trabajo diario de aprender a quererme otro poco más y espero, en silencio, los ataques sorpresa que me propina mi propio pasado, casi siempre disparados por algún acontecimiento que me recuerda a ciertas situaciones pretéritas, por alguna persona que -viniendo entre las brumas- aterriza de repente ante mi vista, por alguna “deuda emocional” no cerrada aún de mis tiempos anteriores y que me mortifica con su fuerza evocadora.
Es por esto que ,alguna que otra vez, me sube a la boca el sabor de esa amargura que no puedo controlar, y me bloqueo de mala manera, sabiendo que en el fondo perdí una ocasión de oro para hacer de mi vida otra diferente, de otra galaxia, y recojo ahora los frutos de un ayer que no controlé como debía.
No obstante, tengo que reconocer que he decidido, al menos, darle un par de hostias a ese pasado vergonzoso, y hacer lo que buenamente pueda en el futuro, porque lo que no pueda sé que nadie en sus cabales debería tenérmelo en cuenta.
Y eso debe ser lo que valga.
He sacado otra botella árticamente fría de Absolut (yo sigo bebiendo literariamente, no me importa) y he vuelto a poner la cafetera y el samovar. Servíos. Yo me estoy tomando una “grappa” de Aosta y me voy meciendo lentamente en mi coy.
El puerto de Cartagena me mira con sus pequeñas olas de comprensión y yo me siento, poco a poco, en paz. Ya sé que mis ojos no tendrán la misma limpia mirada de antaño, pero habrán visto vida y muerte, … y más vida después.
Salud, compañeros. Besazos emocionados por vuestro aliento.
Tras terminar mi carrera y “cumplir” con la Patria (soldadito español y todo lo demás), yo me planteaba dos opciones: realizar oposiciones públicas (para ser un buen burguesito) o intentar el asalto de alguna gran compañía sita en Madrid o Valencia, para crecer profesionalmente y ser “la de Dios”.
No obstante, la casualidad se interpuso en mi camino, y a través de lo que iba a ser un mero trabajo temporal, me ví de Jefe de Administración en una pequeña empresa de mi zona. Allí me rodé, aunque no al nivel que yo deseaba y pasé cinco años de mi vida. Descubrí también que soy brillante en el terreno de las ideas y de la planificación … y discreto en el trabajo sordo del administrativo. Bueno es conocerse. Vino mi hermosa (digo mi porque hablo en primera persona, please) primera hija y la primera toma de conciencia de mis obligaciones de futuro.
Me surgió la oportunidad de cambiar de oficio, y pasé a un nuevo trabajo en un despacho profesional dedicado al consulting de empresas. Se me asignó el Departamento de Sociedades Mercantiles, que estaba en sus comienzos. Lo puse en marcha, lo desarrollé y lo hice productivo, conectándolo con el tema de Informática, en el que las empresas del momento estaban en pañales. Apareció mi maravilloso hijo pequeño en este mundo difícil.
Seguí dándome cuenta que lo mío continuaba siendo el curro de las rutilantes ideas y de la materia gris, y no (aunque también lo hiciera) el de los manguitos y la letra redondilla en los libros. Y empezó, o siguió la cadena de presiones y tensiones. Cada cual lo aguanta como puede y, muchas veces, no como debe. Yo me defendí, es un decir, con el alcohol. Vengo a decir que el alcohol se hizo cargo, poco a poco, de mi vida.
Y de tanto agredirme, sin sentirlo, casi pierdo el combate. Hubo un momento en que mi vida dejó de merecer ser llamada vida. Casi pierdo familia, amigos, trabajo y patrimonio. Lo que sí me dejé en el camino fueron jirones de autoestima a mogollón, y me quedó, irremediable, esa sensación de vértigo que de cuando en cuando me asalta y me paraliza. ¿Lo entendéis ya un poco mejor, corazones?
Desde aquellas cruentas batallas, han transcurrido más de cinco años. Soy, qué duda cabe, mucho más fuerte, pero es igual. No puedo evitar (¿quién podría?) la intuición de “tiempo perdido” que me llega periódicamente, restregándoseme por la cara y destrozándome (de verdad, no retóricamente) el alma. He vencido. De momento, he vencido, aunque ¿a qué precio lo hago?
Prosigo mi andadura profesional, ahora de forma independiente, y me va bien. Razonablemente bien, como os he referido alguna vez. Me gusta un montón mi curro. Sin embargo, permanezco en mi “otro” trabajo diario de aprender a quererme otro poco más y espero, en silencio, los ataques sorpresa que me propina mi propio pasado, casi siempre disparados por algún acontecimiento que me recuerda a ciertas situaciones pretéritas, por alguna persona que -viniendo entre las brumas- aterriza de repente ante mi vista, por alguna “deuda emocional” no cerrada aún de mis tiempos anteriores y que me mortifica con su fuerza evocadora.
Es por esto que ,alguna que otra vez, me sube a la boca el sabor de esa amargura que no puedo controlar, y me bloqueo de mala manera, sabiendo que en el fondo perdí una ocasión de oro para hacer de mi vida otra diferente, de otra galaxia, y recojo ahora los frutos de un ayer que no controlé como debía.
No obstante, tengo que reconocer que he decidido, al menos, darle un par de hostias a ese pasado vergonzoso, y hacer lo que buenamente pueda en el futuro, porque lo que no pueda sé que nadie en sus cabales debería tenérmelo en cuenta.
Y eso debe ser lo que valga.
He sacado otra botella árticamente fría de Absolut (yo sigo bebiendo literariamente, no me importa) y he vuelto a poner la cafetera y el samovar. Servíos. Yo me estoy tomando una “grappa” de Aosta y me voy meciendo lentamente en mi coy.
El puerto de Cartagena me mira con sus pequeñas olas de comprensión y yo me siento, poco a poco, en paz. Ya sé que mis ojos no tendrán la misma limpia mirada de antaño, pero habrán visto vida y muerte, … y más vida después.
Salud, compañeros. Besazos emocionados por vuestro aliento.
Comentario:
Éste es nuestro Dock, el que planta cara a lo que haga falta y sigue adelante. No creo que haya nadie que no piense alguna vez que podría haber llevado otra vida, yo lo hago a menudo, y no porque no esté bien con la mía, porque los seres humanos somos así. Y nos equivocamos, y rectificamos, y nos volvemos a equivocar. Y todo eso... porque estamos vivos.
Un abrazo Dock, y gracias por el café.
Un abrazo Dock, y gracias por el café.
Comentario:
¡Con dos cojones!, si señor. Pocos habra que hagan lo que tu has dicho. Me alegro de leerte y de que tu nos escribas.
¿Tendría que estar arrepentido de ofrecerte un Brugal con cola?.
Un fuerte abrazo.
¿Tendría que estar arrepentido de ofrecerte un Brugal con cola?.
Un fuerte abrazo.
Comentario:
Doc, amigo,
lo que cuentas no hace más que reafirmar lo que todos sospechábamos ya: eres un gran tipo que, de vez en cuando, necesita un par (de dos)de pescozones y un mar (de océano)de abrazos.
Cartago Nova y su puerto de pequeñas olas están ahí para calmarte, amigo, son el atrezzo perfecto para tus sueños. Aytrápalos con fuerza y cuéntanoslos: somos orejas infinitas y estamos aquí para escucharte y para que nos digas.
Un abrazo oceánico, amigo mío.
lo que cuentas no hace más que reafirmar lo que todos sospechábamos ya: eres un gran tipo que, de vez en cuando, necesita un par (de dos)de pescozones y un mar (de océano)de abrazos.
Cartago Nova y su puerto de pequeñas olas están ahí para calmarte, amigo, son el atrezzo perfecto para tus sueños. Aytrápalos con fuerza y cuéntanoslos: somos orejas infinitas y estamos aquí para escucharte y para que nos digas.
Un abrazo oceánico, amigo mío.
Comentario:
El volver a comenzar, el elegir un camino distinto, el intento de avanzar, la sensación de tiempo perdido, el averiguar donde nos equivocamos, donde nos desviamos... todo es complicado... pero seguimos avanzando, porque hemos elegido hacerlo.
Y en caer de vez en cuando en el hechizo de la mirada atrás... De vez en cuando vuelvo a hundirme en el pozo, pero cuando me doy cuenta, me cabreo conmigo misma e intento ( y por ahora lo voy consiguiendo) levantar la cabeza.
Uhmmm... ¿no tendrás por ahí algunas pastitas para chicas dulces como yo?
Besos de una maia.
Y en caer de vez en cuando en el hechizo de la mirada atrás... De vez en cuando vuelvo a hundirme en el pozo, pero cuando me doy cuenta, me cabreo conmigo misma e intento ( y por ahora lo voy consiguiendo) levantar la cabeza.
Uhmmm... ¿no tendrás por ahí algunas pastitas para chicas dulces como yo?
Besos de una maia.
Comentario:
Estimado Doc, has sido capaz de desnudar tu pasado ante nosotros (dudo mucho que yo lo hiciera), lo que demuestra que has superado la verguenza, tienes un futuro delante tuyo y en tu mano está que el mismo sea de uno u otro color. Has comprobado que estaremos a tu lado para tomar ese café con absolut y apoyarte tomes la decisión que tomes.
Un abrazo fraterno de este freire que espera a que la migración de servidores de bitacoras.com le devuelva su convento.
Un abrazo fraterno de este freire que espera a que la migración de servidores de bitacoras.com le devuelva su convento.
Comentario:
Caro Doc: Sé que llego tarde, ando algo perdido últimamente, pero siempre vuelvo a mis segundas casas, sobre todo, cuando como en esta, me dejan la llave bajo el felpudo y siempre hay una botella helada de Absolut en la nevera. No sé tu pasado, conozco tu presente esplendoroso, me quedo con eso Doc. El resto, ya lo contarás, si quieres. Un abrazo libertario y arriba ese ánimo compadre.
Comentario:
Espero que ese futuro que se presenta ante tí te traiga toda la felicidad que te mereces. El pasado siempre queda atrás por mucho que nos pese pero si en el momento en que decidiste hacer las cosas creiste que era lo mejor no creo que debas avergonzarte de él sino aprender para mejorar.
Me tomo otro cafetito. Gracias.
Besos
Me tomo otro cafetito. Gracias.
Besos
Comentario:
No se si te habra servido de mucho lo que te he mandado, pero si lo miras bien veras reflejado al Doc de ahora, el autentico. El que se toma su grappa mirando al mar.
Un baiser
Un baiser





