El agua y la vida
Me encanta el agua, lo tengo que reconocer. Soy mediterráneo y adoro nadar. No lo puedo evitar: es ver un charco de agua y meterme dentro, surcarlo de una punta a la otra, “hacerme” unos largos, disfrutarlo en firme deslizándome como un pez.
Lo llevo haciendo desde pequeño. Desde que tengo uso de razón me recuerdo a remojo como un pajel, moviéndome y desplazándome por el agua, jugando con ella, entrando y saliendo como si fuera mi segunda casa, y quizás lo sea.
Cuando yo era un niño no se estilaban aún los cursos de natación. Más bien te “echaban” al agua para que te buscaras la vida y conseguían que te enamoraras de ella … o que la odiaras de por vida. En mi caso, desde luego fue un amor a primera vista o a primer contacto. No me molestaron demasiado los primeros buches de líquido, ni las vacilaciones iniciales de si me hundo o floto.
Me resultó fácil completar los dos o tres primeros largos de piscina (75 a 100 metros, según clase). Ahí me estanqué durante un tiempo mientras crecía y me hacía más fuerte al inicio de la adolescencia. Y entonces, un día, lo hice.
Mi padre, charlando con unos amigos, apareció por la piscina donde yo me refrescaba tras los interminables partidos de basket o de lo que fuera con los colegas. Yo estaba terminando mi tercera piscina de rigor y me dí cuenta de su presencia. Quise gallear y comencé la cuarta travesía, y la terminé. Y la quinta, y la sexta, y la séptima, …
En el fondo de mi cabeza, yo me daba cuenta de que papá ya no hablaba. Sólo fumaba y me miraba con atención. Y yo seguía, con los músculos un tanto doloridos y la respiración embravecida, pero seguía. Con la mirada fija en las paredes de la piscina, atento a los virajes para no descentrarme, sintiéndome empujado por alientos ajenos, encadenaba vuelta tras vuelta: … dieciocho, diecinueve y veinte … joder.
Y al salir, con mis piernas de doce años casi temblando, un par de manos me echaron encima mi toalla y me dieron un abrazo orgulloso, recio y sin palabras. En aquel momento pensé que bien podía haberme dicho: “bien, hijo, muy bien”. Después me apercibí que él me miraba de un modo raro, tenía un nudo en la garganta, los ojos húmedos y orgullosos y que era incapaz de articular palabra alguna. Mientras me abrazaba os juro que me sentí en el Olimpo, amigos.
Después entrené, cogí estilo, hice kilómetros, hasta competí un poco. No pasé de ser un nadador “del montón”, pero eso era lo de menos. Todas son fases por las que pasamos en esta vida, simplemente. En un momento, llenan tu tiempo con suma trascendencia, y en otro se quedan como actividades secundarias, menos importantes.
Con el tiempo mi padre ya no está para darme la toalla y un abrazo, pero eso no quita para que siga nadando un poco más cada año, jugando a que el mar es mi amigo y yo vivo hendiendo sus olas con suavidad, mientras me tomo un dry martini mental displicente y los magres y las lubinas me guiñan un ojo pícaro cuando colean para esperarme tras los montes de algas.
Y así, en cada baño, al darme el primer capuzón sigo un ritual invariable. Tomo aire, un par de bocanadas tranquilas y amplias, y empiezo a nadar a crawl lentamente, sin alborotar el agua, contando las precisas brazadas. Una, dos, tres, … Cuando llegas a treinta aproximadamente, ya estás sin aire, y ahí justamente comienza mi reto: sigo nadando, sin pensar, con el piloto automático puesto y la mente en blanco, dejando desfilar los pensamientos mientras el fondo marino pasa bajo mi quilla.
Se llega a aguantar hasta las 60-70 brazadas, cuando ya, rendido el cuerpo, emerges como un remedo de delfín (o de ballena, según lleves el día), resoplando y absorbiendo el aire a puñados, y con el puño en alto le dices al cielo: “Lo hice otra vez, ¿ves, papá? Lo hice”.
Después, relajadamente te vuelves a la orilla nadando a braza, recuperando la respiración perdida, al tiempo que las olas te cuelgan bufandas de ganchillo en la espalda y el mundo gira como siempre lo hizo sin importarle un rábano las chorradas que pasan por la cabeza de un simple mortal, aunque sea un blogger loco que le habla al cielo y a la luna si se le tercia.
Y como nadie me dice “pirado”, ni me ingresan en el Psiquiátrico por ello, pues lo sigo haciendo año tras año … y hoy os lo cuento a vosotros con la ayuda de un par de Absolut estimulantes en el remanso del Sunset.
Para que lo sepáis, dreamers ;-).
Húmedos besos y abrazos de espuma marina, que ya vamos para el verano, bloggers.
Lo llevo haciendo desde pequeño. Desde que tengo uso de razón me recuerdo a remojo como un pajel, moviéndome y desplazándome por el agua, jugando con ella, entrando y saliendo como si fuera mi segunda casa, y quizás lo sea.
Cuando yo era un niño no se estilaban aún los cursos de natación. Más bien te “echaban” al agua para que te buscaras la vida y conseguían que te enamoraras de ella … o que la odiaras de por vida. En mi caso, desde luego fue un amor a primera vista o a primer contacto. No me molestaron demasiado los primeros buches de líquido, ni las vacilaciones iniciales de si me hundo o floto.
Me resultó fácil completar los dos o tres primeros largos de piscina (75 a 100 metros, según clase). Ahí me estanqué durante un tiempo mientras crecía y me hacía más fuerte al inicio de la adolescencia. Y entonces, un día, lo hice.
Mi padre, charlando con unos amigos, apareció por la piscina donde yo me refrescaba tras los interminables partidos de basket o de lo que fuera con los colegas. Yo estaba terminando mi tercera piscina de rigor y me dí cuenta de su presencia. Quise gallear y comencé la cuarta travesía, y la terminé. Y la quinta, y la sexta, y la séptima, …
En el fondo de mi cabeza, yo me daba cuenta de que papá ya no hablaba. Sólo fumaba y me miraba con atención. Y yo seguía, con los músculos un tanto doloridos y la respiración embravecida, pero seguía. Con la mirada fija en las paredes de la piscina, atento a los virajes para no descentrarme, sintiéndome empujado por alientos ajenos, encadenaba vuelta tras vuelta: … dieciocho, diecinueve y veinte … joder.
Y al salir, con mis piernas de doce años casi temblando, un par de manos me echaron encima mi toalla y me dieron un abrazo orgulloso, recio y sin palabras. En aquel momento pensé que bien podía haberme dicho: “bien, hijo, muy bien”. Después me apercibí que él me miraba de un modo raro, tenía un nudo en la garganta, los ojos húmedos y orgullosos y que era incapaz de articular palabra alguna. Mientras me abrazaba os juro que me sentí en el Olimpo, amigos.
Después entrené, cogí estilo, hice kilómetros, hasta competí un poco. No pasé de ser un nadador “del montón”, pero eso era lo de menos. Todas son fases por las que pasamos en esta vida, simplemente. En un momento, llenan tu tiempo con suma trascendencia, y en otro se quedan como actividades secundarias, menos importantes.
Con el tiempo mi padre ya no está para darme la toalla y un abrazo, pero eso no quita para que siga nadando un poco más cada año, jugando a que el mar es mi amigo y yo vivo hendiendo sus olas con suavidad, mientras me tomo un dry martini mental displicente y los magres y las lubinas me guiñan un ojo pícaro cuando colean para esperarme tras los montes de algas.
Y así, en cada baño, al darme el primer capuzón sigo un ritual invariable. Tomo aire, un par de bocanadas tranquilas y amplias, y empiezo a nadar a crawl lentamente, sin alborotar el agua, contando las precisas brazadas. Una, dos, tres, … Cuando llegas a treinta aproximadamente, ya estás sin aire, y ahí justamente comienza mi reto: sigo nadando, sin pensar, con el piloto automático puesto y la mente en blanco, dejando desfilar los pensamientos mientras el fondo marino pasa bajo mi quilla.
Se llega a aguantar hasta las 60-70 brazadas, cuando ya, rendido el cuerpo, emerges como un remedo de delfín (o de ballena, según lleves el día), resoplando y absorbiendo el aire a puñados, y con el puño en alto le dices al cielo: “Lo hice otra vez, ¿ves, papá? Lo hice”.
Después, relajadamente te vuelves a la orilla nadando a braza, recuperando la respiración perdida, al tiempo que las olas te cuelgan bufandas de ganchillo en la espalda y el mundo gira como siempre lo hizo sin importarle un rábano las chorradas que pasan por la cabeza de un simple mortal, aunque sea un blogger loco que le habla al cielo y a la luna si se le tercia.
Y como nadie me dice “pirado”, ni me ingresan en el Psiquiátrico por ello, pues lo sigo haciendo año tras año … y hoy os lo cuento a vosotros con la ayuda de un par de Absolut estimulantes en el remanso del Sunset.
Para que lo sepáis, dreamers ;-).
Húmedos besos y abrazos de espuma marina, que ya vamos para el verano, bloggers.
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Desde mi infancia mi mar siempre fue el Mediterráneo, sí, es pequeño, caliente, contaminado y para colmo soy de la meseta, pero ahí están los recuerdos de mi infancia.
Un abrazo
Un abrazo
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En vez de polvo eres... debían decirme "agua eres y al agua volverás". Soy de la secta, lo reconozco, ahora que vivo en el zú me he reconciliado con el Mediterráneo, aquí está más fresquito y menos tranquilote que el de Levante, aunque prefiero el travieso Cantábrico y el poderoso Atlántico, pero desde que estuve en la playa bajo el hechizo de la Luna oyendo susurrar al Mediterráneo mirando a los ojos de mi chico y escuchando sus dulces palabras... y dejándome abrazar... pues como que soy devota, todos los días nos miramos y nos guiñamos el ojo el mar y yo, él sabe de mis secretos y yo se que nunca los contará y el día que me muera me iré con el, se lo tengo prometido.
Un besote salado (no te enfades choi, hoy no me puedo resistir...)
Un besote salado (no te enfades choi, hoy no me puedo resistir...)
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jejej comparto contigo lo del mediterraneo,y lo de nadar como un pez, jeje bueno como una anchoa!!!
pero dejo bien calro q el mediterraneo es el mas mejor XD!!!
Besitos salados de CHOI
pero dejo bien calro q el mediterraneo es el mas mejor XD!!!
Besitos salados de CHOI
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Noooooo. El Mediterráneo no es caliente ni aburrido. Caliente es el Mar Menor, ahí sí que se pueden cocer gambas. El Mediterráneo es mi mar preferido.
Ains, quiero estar pegajosa ya.
Ains, quiero estar pegajosa ya.
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No es por quitarte merito... pero a ver si este verano te pasas por el mar cantabrico, que es sin duda mas entretenido que el mediterraneo..
Alli cuando vas a la playa dependes de las mareas, el agua esta siempre viva... Las olas, el viento, ese frio que acojona cuando estas entrando para darte un baño...
en fin, que vengas al norte y te sorprenderas de ver el Agua.
(el mediterraneo en verano es igual que la sopa que hace mi madre, caliente y aburrida; hasta que descubrio la sopa con numeritos y letras)
Nada mas... un saludoo
Alli cuando vas a la playa dependes de las mareas, el agua esta siempre viva... Las olas, el viento, ese frio que acojona cuando estas entrando para darte un baño...
en fin, que vengas al norte y te sorprenderas de ver el Agua.
(el mediterraneo en verano es igual que la sopa que hace mi madre, caliente y aburrida; hasta que descubrio la sopa con numeritos y letras)
Nada mas... un saludoo
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:)) qué bonito, Dock, completamente contrario a lo mío: a mí me encanta el agua, nadar no tanto porque durante un tiempo fue una obligación, y no me dejaban meterme en la piscina si no era para hacer largos, con la tabla en las manos, con la tabla entre las piernas... :S Por eso, desde que nadie me manda, me gusta sólo dejarme flotar, dar volteretas, arrastrarme por el fondo, donde no se escucha nada.
Un beso calado
Un beso calado
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Qué post tan bonito.... precioso y también me trae recuerdos...
Gracias por compartir los tuyos.
Gracias por compartir los tuyos.
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¿Piscina?, eso lo descubri en la tele, entonces habia rio y pantano. He sido un gandul para el ejercicio y el agua me aburruia, aburre, pero no el chiringuito.
Bonito post, amigo. Hablas de tu padre y veo a mi padre. Lo mismo se han visto ya, tal vez esten juntos.
Vaya con las motas en los ojos...
Bonito post, amigo. Hablas de tu padre y veo a mi padre. Lo mismo se han visto ya, tal vez esten juntos.
Vaya con las motas en los ojos...
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Querido Doc,
La antorcha marca el relevo.Él, tu y aquellos que llevas de la mano.
Un placer amigo, muchos besos
La antorcha marca el relevo.Él, tu y aquellos que llevas de la mano.
Un placer amigo, muchos besos
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Hola Doc (y compañía).
A mi me chifla el agua. Me tenía que sacar mi padre del agua más arrugada que una pasa y de color morado (yo soy cantábrica corazón). Y mis colegas me gastaban contínuamente bromitas (debido a las ocho dioptrías) porque era la última que salía del agua y no les veía (ya contaré mis aventurillas en la playa, je, je).
Que post más bonito y evocador. Parece que estoy oyendo las olas del mar rompiendo contra el rompeolas de San Vicente... Ay, qué recuerdos.
Besotes, C.
A mi me chifla el agua. Me tenía que sacar mi padre del agua más arrugada que una pasa y de color morado (yo soy cantábrica corazón). Y mis colegas me gastaban contínuamente bromitas (debido a las ocho dioptrías) porque era la última que salía del agua y no les veía (ya contaré mis aventurillas en la playa, je, je).
Que post más bonito y evocador. Parece que estoy oyendo las olas del mar rompiendo contra el rompeolas de San Vicente... Ay, qué recuerdos.
Besotes, C.
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Y cuando ya no puedas nadar tanto ni tan lejos, tu padre seguirá estando orgulloso de ti, Doc. Seguro.
Besos :)
Besos :)
Comentario:
Me encanta el mar y creo que se nota en mis cuentos, además me sirve muchas veces para relajarme, olvidar las tensiones y pensar. No sabría vivir lejos de él. Me ha gustado mucho este post, querido Dock.
Un beso.
Un beso.
Comentario:
La circunstancia de vivir tan lejos de la mar,hizo que mis viajes "a la playa" siempre fueran muy especiales. Recuerdo el deseo de no querer marcharme nunca, incluso los tragos que me llevaba.
Gracias.
Besos de una maia.
Gracias.
Besos de una maia.
Comentario:
joer, se me ha olvidado el saludillo. Que un abrazo y que este artículo me ha parecido uno de esos maravillosos posts del jefe.
Comentario:
Joder, Doc,
qué post más bonito, caramba, me ha encantado, de verdad.
Yo también nadaba de jovenzuelo, al salir de clase, pasaba a hacer mis 1000 metros diarios, 40 largos, uno detrás de otro, y salía hecho un titán del agua.
qué post más bonito, caramba, me ha encantado, de verdad.
Yo también nadaba de jovenzuelo, al salir de clase, pasaba a hacer mis 1000 metros diarios, 40 largos, uno detrás de otro, y salía hecho un titán del agua.
Comentario:
Yo no recuerdo la primera vez que vi el Mediterráneo... Pero es que debía ser un bebé de apenas un par de meses.
Desde entonces la playa ha formado aprte de mi vida de una forma mágica. Siempre que necesito huir acudo a ver al mar.
No sé que haré sin él ahora.
Besotes a ritmo de olas.
Desde entonces la playa ha formado aprte de mi vida de una forma mágica. Siempre que necesito huir acudo a ver al mar.
No sé que haré sin él ahora.
Besotes a ritmo de olas.
Comentario:
Dockoff tienes la habilidad de hacernos bucear en nuestros recuerdos, hoy me has hecho recordar el día que mi padre me tiró al mar y me dejo solo para que nadara o me ahogara, obviamente nadé. Era un metodo bruto pero efectivo. Gracias maestro.
Abrazos conventuales.
Abrazos conventuales.
Comentario:
Hola Doc, recojo tus besos y te lanzo unos cuantos más.
Besos acuáticos
Besos acuáticos
Comentario:
A mí me encanta el agua pero la respeto mucho (por no decir que me da un miedo impresionante) ... será porque nado un poquito mal?? jeje xxxxxxxxxxxxxx
Comentario:
Vaya... es cierto... qué cerca está ya el verano... y el mar (Cantábrico a ser posible). Un hermoso post el tuyo.
Respondiendo a tu pregunta sobre APR, te cuento...
En esta web tienen recopilados, por años, los artículos que escribe semanalmente y algunos textos más.
http://perso.wanadoo.es/lawebdefilemon/ArchivosTIA.htm
En este foro suelen publicar el artículo de cada semana (a veces varios días antes de que salga en papel):
http://boards2.melodysoft.com/app?ID=lectores
Y luego está la web de la revista "El Semanal":
http://www.clubelsemanal.com
Un abrazo.
Respondiendo a tu pregunta sobre APR, te cuento...
En esta web tienen recopilados, por años, los artículos que escribe semanalmente y algunos textos más.
http://perso.wanadoo.es/lawebdefilemon/ArchivosTIA.htm
En este foro suelen publicar el artículo de cada semana (a veces varios días antes de que salga en papel):
http://boards2.melodysoft.com/app?ID=lectores
Y luego está la web de la revista "El Semanal":
http://www.clubelsemanal.com
Un abrazo.
Comentario:
Yo también soy animal acuático. Me has traido a la memoria esos cursillos de natación, cuando nos tiraban primero al agua, con una plancha de corcho (no recuerdo que existieran los manguitos en mi infancia) y luego ya nos iban enseñando estilos, acompañando las evoluciones con diplomas (el primer grado era carpa).
También recuerdo los veranos en la finca de mis tios, donde Vicente salía siempre corriendo de la piscina para ponerse, todavía con el cuerpo mojado, unos calcetines, los que fueran. A menudo eran los mios :-)
Este blog me lo ha traido dos veces a la memoria en pocos dias. Son recuerdos agridulces. No los suelo evocar yo sola, pero están ahí y, tarde o temprano, salen.
Un beso.
También recuerdo los veranos en la finca de mis tios, donde Vicente salía siempre corriendo de la piscina para ponerse, todavía con el cuerpo mojado, unos calcetines, los que fueran. A menudo eran los mios :-)
Este blog me lo ha traido dos veces a la memoria en pocos dias. Son recuerdos agridulces. No los suelo evocar yo sola, pero están ahí y, tarde o temprano, salen.
Un beso.
Comentario:
Hoy me uno a tus palabras mas que nunca. A mi me gustaba estar en el agua hasta que mi madre aburrida me sacaba mas arrugada que una papa. Vivo tan cerca de el que por las noches me llega su olor, me encanta el verano para poder abrir las ventanas y dormir perfumada de brisa.
Si Doc, tienes razon estoy mucho mejor, no se que ha pasado pero me siento nueva, con mas ganas y fuerzas que nunca. Bueno, si que se que ha pasado, pero han sido tantas cosas que no podria decir cual ha sido.
Petonets
Si Doc, tienes razon estoy mucho mejor, no se que ha pasado pero me siento nueva, con mas ganas y fuerzas que nunca. Bueno, si que se que ha pasado, pero han sido tantas cosas que no podria decir cual ha sido.
Petonets





