El sentido de la vida
Olvidad ahora los terroríficos lunes. Dejad tranquilos los generosos y deseados viernes. Este martes trabajé como hacía tiempo que no recordaba haberlo hecho, y cuando terminó el día no podía ni con las botas. Arrastraba los pies como un zombie al volver a casa, tenía los ojos fijos en la media distancia y, probablemente, dejé de saludar a más de un conocido en el kilómetro y cuarto que separa mi despacho de mi hogar.
Como tantas otras veces, física y mentalmente cansado, entré en casa. Me puse cómodo, dí besos a los míos (me gusta besar al personal ;-DDD), audité las tareas colegiales de mi enano, serví una ronda de Coca-Cola familiar … y me senté en el sofá: mi reloj marcaba poco más de las nueve y media de la noche.
Poco a poco fui tomando conciencia de que me había quedado en blanco, parado. Tenía la sensación de contemplarme a mí mismo desde fuera de mi cuerpo. Sólo pensaba, manaba, fluía, como me sucede últimamente de forma recurrente. Mi mente se preguntaba el “por qué” de mi ocupación, de mi trabajo, de mi desgaste. Y lo más importante: indagaba el “para qué” de ese esfuerzo.
Se me agolparon ante mi vista las mil y una explicaciones plausibles a esta cuestión. Trabajo “para” tener una casa en la ciudad y otra en la playa, para poseer un coche (que odio, pero esa es otra historia), para poder comer-vestir-mantenerme, para dar una educación a mis enanos, para tener televisión-internet-teléfono, para hacer algún que otro viaje, para …
… Para, quizás, desempeñar algún determinado papel en este rompecabezas cósmico.
Y todo esto era cierto, pero pagaba un fuerte tributo traducible en tensión, en preocupaciones … y en tiempo. De repente me fijé en que me había quedado sin tiempo para mí, y eso me dolía. Era consciente de que había perdido el control de “ese” precioso tiempo. Y sin disponer de él nada podía hacerse, salvo continuar la marcha diaria por un camino que no parecía llevar a ninguna parte, excepto a un bucle infinitamente repetido: como un autómata.
Sentí de golpe la premonición de que uno no es realmente el dueño absoluto de su vida, sino simplemente uno de los factores que toman parte en ella. Y que sería importante poder decidir e intervenir lo más que podamos en ese juego, porque si no correríamos el riesgo de perder el sentido y la perspectiva de la misma, acabando por vivir la vida que definen otros en vez de la que estuviera en armonía con nuestros pensamientos.
Y un ramalazo de moderado inconformismo se fue instalando en mi mente. No era un rotundo grito de juventud que quiere romper esquemas y arrasarlo todo, sino un profundo convencimiento que me indicaba que debo seguir cambiando, que no debo conformarme con mi vida actual, … que tengo que ser capaz de vivir para así seguir viviendo.
Estoy bastante confuso. El latigazo mental recibido ha sido para mí como un velo que se descorriese infinitesimalmente dejándome entrever que hay muchas cosas por hacer, que es cuestión de ordenar los pensamientos propios y empezar a tomar decisiones de cambio, decisiones de futuro, decisiones de vida.
Y noto que casi rozo con la punta de mis dedos esas ideas acerca de lo que quiero ser, pero que se me escapan continuamente, que se me escurren como la arena dorada de mi querida playa. No tengo clavos a mano para sujetarlas en mi check-list ni en mi agenda electrónica, así que las dejo dar vueltas a mi alrededor en espera de momentos de inspiración que me permitan incorporarlas a mi experiencia y ponerlas en práctica sin dilación.
Podría rotular lapidariamente que esta es la “eterna historia del desamor y la desesperanza” con uno mismo, en la que tratamos de echar la culpa de lo que nos malsucede a los demás, mientras que nosotros, los siempre inmaculados “nosotros”, escurrimos el bulto con brillantez de prestidigitador.
Pero no es así. En mi caso es una fase más de la asunción por mi parte de mi tamaño y mi importancia dentro del universo, así como un intento de salir con bien de este complejo juego de la vida, aunque sea a base de tirar de momentos de estática lucidez y de ganas de generar futuro.
Y es que ayer, entre la boria, vi surgir el “navío de la oscuridad” lanzándome andanadas de inmovilismo, cañonazos de complaciente conformidad, abordajes de negrura infinita y culebrinas de la nada más candente. Casi me desarbola toda la eslora de mi fragata vital, y hoy ando –es lo normal- fondeado, haciendo reparaciones.
Sé que no pudo acabar conmigo porque le dije a la cara que lucharé por darle un sentido a mi vida en vez de conformarme con el amargo remedo que él me propone. Y mi atrevimiento le desconcertó por unos instantes, justo los que yo necesité para ponerme al abrigo del puerto de la esperanza.
Intentaré por todos los medios que conozco aunar los restos de valor que pueda aparejar y aprender a ser más honesto conmigo mismo desde este momento, a ver si consigo transformar los caducos “pude ser” que pueblan mi pasado en decididos “seré” que den sentido a mi futuro. Creo, además, intuir que aquellos “pude ser” siguen esperando, ocultos en alguna recóndita ensenada.
En tanto en cuanto este bizarro intento tenga un relativo éxito podrá este Doc que conocéis seguir oyendo buena música en vuestra compañía … mientras el blues que hoy siente su alma resbala lentamente hasta desprenderse y hacerse jirones en la niebla del Sunset.
Y a nadie echaré la culpa de nada que me suceda. No hay culpables. Sólo hechos y sucesos. Y vida que acontece al ritmo que le marcan los vientos y las mareas. No ocurre nada, compañeros: soy definitivamente más sabio. Pasaré un par de momentos malos, oiré unas cuantas canciones tristes, mudaré el gesto … y os lo contaré todo con una sonrisa.
O eso espero. Estoy seguro: lo espero.
Como tantas otras veces, física y mentalmente cansado, entré en casa. Me puse cómodo, dí besos a los míos (me gusta besar al personal ;-DDD), audité las tareas colegiales de mi enano, serví una ronda de Coca-Cola familiar … y me senté en el sofá: mi reloj marcaba poco más de las nueve y media de la noche.
Poco a poco fui tomando conciencia de que me había quedado en blanco, parado. Tenía la sensación de contemplarme a mí mismo desde fuera de mi cuerpo. Sólo pensaba, manaba, fluía, como me sucede últimamente de forma recurrente. Mi mente se preguntaba el “por qué” de mi ocupación, de mi trabajo, de mi desgaste. Y lo más importante: indagaba el “para qué” de ese esfuerzo.
Se me agolparon ante mi vista las mil y una explicaciones plausibles a esta cuestión. Trabajo “para” tener una casa en la ciudad y otra en la playa, para poseer un coche (que odio, pero esa es otra historia), para poder comer-vestir-mantenerme, para dar una educación a mis enanos, para tener televisión-internet-teléfono, para hacer algún que otro viaje, para …
… Para, quizás, desempeñar algún determinado papel en este rompecabezas cósmico.
Y todo esto era cierto, pero pagaba un fuerte tributo traducible en tensión, en preocupaciones … y en tiempo. De repente me fijé en que me había quedado sin tiempo para mí, y eso me dolía. Era consciente de que había perdido el control de “ese” precioso tiempo. Y sin disponer de él nada podía hacerse, salvo continuar la marcha diaria por un camino que no parecía llevar a ninguna parte, excepto a un bucle infinitamente repetido: como un autómata.
Sentí de golpe la premonición de que uno no es realmente el dueño absoluto de su vida, sino simplemente uno de los factores que toman parte en ella. Y que sería importante poder decidir e intervenir lo más que podamos en ese juego, porque si no correríamos el riesgo de perder el sentido y la perspectiva de la misma, acabando por vivir la vida que definen otros en vez de la que estuviera en armonía con nuestros pensamientos.
Y un ramalazo de moderado inconformismo se fue instalando en mi mente. No era un rotundo grito de juventud que quiere romper esquemas y arrasarlo todo, sino un profundo convencimiento que me indicaba que debo seguir cambiando, que no debo conformarme con mi vida actual, … que tengo que ser capaz de vivir para así seguir viviendo.
Estoy bastante confuso. El latigazo mental recibido ha sido para mí como un velo que se descorriese infinitesimalmente dejándome entrever que hay muchas cosas por hacer, que es cuestión de ordenar los pensamientos propios y empezar a tomar decisiones de cambio, decisiones de futuro, decisiones de vida.
Y noto que casi rozo con la punta de mis dedos esas ideas acerca de lo que quiero ser, pero que se me escapan continuamente, que se me escurren como la arena dorada de mi querida playa. No tengo clavos a mano para sujetarlas en mi check-list ni en mi agenda electrónica, así que las dejo dar vueltas a mi alrededor en espera de momentos de inspiración que me permitan incorporarlas a mi experiencia y ponerlas en práctica sin dilación.
Podría rotular lapidariamente que esta es la “eterna historia del desamor y la desesperanza” con uno mismo, en la que tratamos de echar la culpa de lo que nos malsucede a los demás, mientras que nosotros, los siempre inmaculados “nosotros”, escurrimos el bulto con brillantez de prestidigitador.
Pero no es así. En mi caso es una fase más de la asunción por mi parte de mi tamaño y mi importancia dentro del universo, así como un intento de salir con bien de este complejo juego de la vida, aunque sea a base de tirar de momentos de estática lucidez y de ganas de generar futuro.
Y es que ayer, entre la boria, vi surgir el “navío de la oscuridad” lanzándome andanadas de inmovilismo, cañonazos de complaciente conformidad, abordajes de negrura infinita y culebrinas de la nada más candente. Casi me desarbola toda la eslora de mi fragata vital, y hoy ando –es lo normal- fondeado, haciendo reparaciones.
Sé que no pudo acabar conmigo porque le dije a la cara que lucharé por darle un sentido a mi vida en vez de conformarme con el amargo remedo que él me propone. Y mi atrevimiento le desconcertó por unos instantes, justo los que yo necesité para ponerme al abrigo del puerto de la esperanza.
Intentaré por todos los medios que conozco aunar los restos de valor que pueda aparejar y aprender a ser más honesto conmigo mismo desde este momento, a ver si consigo transformar los caducos “pude ser” que pueblan mi pasado en decididos “seré” que den sentido a mi futuro. Creo, además, intuir que aquellos “pude ser” siguen esperando, ocultos en alguna recóndita ensenada.
En tanto en cuanto este bizarro intento tenga un relativo éxito podrá este Doc que conocéis seguir oyendo buena música en vuestra compañía … mientras el blues que hoy siente su alma resbala lentamente hasta desprenderse y hacerse jirones en la niebla del Sunset.
Y a nadie echaré la culpa de nada que me suceda. No hay culpables. Sólo hechos y sucesos. Y vida que acontece al ritmo que le marcan los vientos y las mareas. No ocurre nada, compañeros: soy definitivamente más sabio. Pasaré un par de momentos malos, oiré unas cuantas canciones tristes, mudaré el gesto … y os lo contaré todo con una sonrisa.
O eso espero. Estoy seguro: lo espero.
Comentario:
Cualquier manera es válida para dejarse bañar por las mil gotas que salpica la vida. Y esta es una de ellas.
Saludos.
(me embriaga su blog)
Saludos.
(me embriaga su blog)
Comentario:
No puedo decirte nada que no hayas descubierto tu antes. Solo que me han sabido muy dulces tus palabras, despues de tomar tantos cafes esperandote.
Un besazo
Un besazo
Comentario:
Pasate por mi página, compañero y retratate. Sera un placer, seguro.
Comentario:
Amigo Doc, la sabiduria te envadurna por los cuatro costados. Hoy a duras penas te he podido seguir, pero como bien dice mi compañero JL veo que estas "vivo".
Un abrazo.
Un abrazo.
Comentario:
Sabio dockof, me gusta el camino que intuyes. Ya sabes como funciona esto, ponerse a caminar....siempre hay Merlines en el camino
Comentario:
A pesar de la tristeza que despide tu post de hoy (hoy para mi, ayer para vosotros), me alegra saber que no te conformas. El hombre del traje gris nos persigue a todos. Muchos se dejan atrapar por él sin más, otros se dan cuenta de que algo pasa y sólo unos privilegiados corren más que éste aunque a veces se noten tocados por la maldita mano de la mediocridad.
Querido Doc, tú eres de los terceros. Un beso, C.
Querido Doc, tú eres de los terceros. Un beso, C.
Comentario:
Cuando no estamos de acuerdo con lo que vivimos, necesitamos reinventarnos constantemente. El primer paso ya lo has dado, lo diste hace tiempo, solo que en ocasiones piensas que el siguiente paso está demasiado lejos.
Pero seguimos avanzando y tu forma de reflexionar es otro paso más dado.
Tienes tu lugar, y está ahí.
Besos de una maia.
Pero seguimos avanzando y tu forma de reflexionar es otro paso más dado.
Tienes tu lugar, y está ahí.
Besos de una maia.
Comentario:
o sea, Dock, estás vivo, te mueves tú o se mueve lo de alrededor u os movéis todos juntos, y de eso se trata ¿no? O quizá sólo te lo digo por lo que a mí me gustan las tormentas, y lo que disfruto cuando ya han pasado...
Un beso ;))
Un beso ;))
Comentario:
Nadie hubiera podido decirlo mejor, querido Dock, y muchos nos vemos reflejados. Estoy de acuerdo con Wolffo, la vida nos trae y nos lleva a su antojo y poco podemos hacer para luchar contra eso. Tomarlo con calma y seguir disfrutando de las pequeñas cosas que también nos ofrece y que, muchas veces, resbalamos por ellas sin casi darnos cuenta.
Un beso, dulce amigo.
Un beso, dulce amigo.
Comentario:
Yo tambien estoy seguro que encontraré tu sonrisa en tus maravillosas narraciones, aunque sean la relación de formularios de la A.E.A.T.
Abrazos cansados desde mi convento.
Abrazos cansados desde mi convento.
Comentario:
Doc, amigo mío:
la espiral salvaje de la vida es como la rueda de fortuna: tiene tramos más luminosos y otros más oscuros; piensa, empero, que en toda esa gigantesca representación, hay siempre un actoir invariable: tú. A veces triste, otras brillante, siempre magnífico, a mi entender, pero siempre tú, y eso no es opinable. El hecho de que no controlemos nuestra vida no la hace mejor ni peor: y no es que no la controles porque trabajes mucho o poco, o por una falta de carácter o determinación.
La vida nos deja transitar por ella, graciosamente y algunos se hacen la ilusión de que controlan con mano firme su devenir.
Pero es mentira, Doc: hilos invisibles, a veces, evidentes, otras, manejan nuestras idas y venidas y no es sensato plantearse el grado de libre albedrío que nos resta.
Sé que no es esto lo que debería escribir, amigo mío, pero no bajes la cabeza, campeón, jefe, hombre, padre y marido. ¿Acaso ya no te motiva el que los calzoncillos ciñan tus nalgas? Déjalo pasar y haz un esfuerzo por balancear, no ya tu cuerpecillo valiente, y tu asombroso parecido con mi primer jefe, Enrique Rojas, sino lo que has de balancear es todo lo bueno que hay, además. Ese coche que odias (¿no será un jeep?) es tu coche y no es más que dinero convertido en coche. pero, afortunadamente, amigo, te tienes a ti y me gustaría decir, con toda sinceridad, si es que sirve de algo (aparte de mover a la carcajada complaciente), que me tienes a mí.
Y ya me callo.
la espiral salvaje de la vida es como la rueda de fortuna: tiene tramos más luminosos y otros más oscuros; piensa, empero, que en toda esa gigantesca representación, hay siempre un actoir invariable: tú. A veces triste, otras brillante, siempre magnífico, a mi entender, pero siempre tú, y eso no es opinable. El hecho de que no controlemos nuestra vida no la hace mejor ni peor: y no es que no la controles porque trabajes mucho o poco, o por una falta de carácter o determinación.
La vida nos deja transitar por ella, graciosamente y algunos se hacen la ilusión de que controlan con mano firme su devenir.
Pero es mentira, Doc: hilos invisibles, a veces, evidentes, otras, manejan nuestras idas y venidas y no es sensato plantearse el grado de libre albedrío que nos resta.
Sé que no es esto lo que debería escribir, amigo mío, pero no bajes la cabeza, campeón, jefe, hombre, padre y marido. ¿Acaso ya no te motiva el que los calzoncillos ciñan tus nalgas? Déjalo pasar y haz un esfuerzo por balancear, no ya tu cuerpecillo valiente, y tu asombroso parecido con mi primer jefe, Enrique Rojas, sino lo que has de balancear es todo lo bueno que hay, además. Ese coche que odias (¿no será un jeep?) es tu coche y no es más que dinero convertido en coche. pero, afortunadamente, amigo, te tienes a ti y me gustaría decir, con toda sinceridad, si es que sirve de algo (aparte de mover a la carcajada complaciente), que me tienes a mí.
Y ya me callo.
Comentario:
No puedo describir cómo me han gustado tus reflexiones y cómo me he visto reflejado en muchas de ellas. Gracias por ponerlo en palabras.
Comentario:
La revelación llega cuando descubres las pocas cosas que son necesarias.
Yo creo que para mi próxima mudanza con la mochila de Pocholo tendré suficiente.
Besos
Yo creo que para mi próxima mudanza con la mochila de Pocholo tendré suficiente.
Besos
Comentario:
Pertenecemos a una "raza" jodida de por vida: la de aquellos que, de forma cíclica, se sienten descolocados. Ya sea en el ambiente laboral, familiar o social, cada cierto tiempo nos encontramos pensando qué habrá al otro lado.
¿Sabes? Lo mejor es tomárselo con calma, bajarse al Sunset, borrar del diccionario la palabra precipitación y darse una sobredosis de charla con los amigos.
Un besazo.
¿Sabes? Lo mejor es tomárselo con calma, bajarse al Sunset, borrar del diccionario la palabra precipitación y darse una sobredosis de charla con los amigos.
Un besazo.
Comentario:
Eres más sabio, más íntimo, más intenso y más autor de tu propia vida de lo que tu crees.
Muchos besos
Muchos besos





