El Rey de Corazones
No todo va a ser recibir bofetones de parte de la vida y de los colegas que están a nuestro lado en uno u otro momento, compañeros. De vez en cuando, este tablero de ajedrez en el que apretamos los dientes todos los días se permite el lujazo de encumbrar algún peón en las altas torres de los mass media.
Lo hace de rondón, para que no se note mucho y no nos lo creamos demasiado. Sólo de ciento en viento, pero lo hace. Doy fe.
Ya que está de moda tener la boca más larga que un ferry de la P & O, y siguiendo las proclamas de mi bruja favorita, tengo que poner de manifiesto ante vosotros que una vez ocurrió. Hace un montón de años, el mítico Doc que os escribe y se lamenta en estas páginas fue un “héroe” y salió no sólo en los papeles, sino en la mismísima Televisión.
Corría el principio de la década de los 70. El mayo del 68 y sus secuelas ya empezaban a perderse entre las brumas del olvido, y Televisión Española (la mejor televisión de España) emitía todavía en un monocromático espectro y no estaba sujeta al juego de la competencia de otros canales privados.
Existía un programa de gran audiencia, que salía al aire los sábados por la tarde en prime time. Gozaba el mentado espectáculo de gran predicamento entre la población, entre otras cosas porque no había otro canal que enchufar en la caja tonta. Atendía al nombre de “Cesta y Puntos” y consistía en emparejar a diferentes Colegios de Enseñanza de nuestra geografía, sometiéndolos a diversas y difíciles preguntas y, asignándoles puntuaciones por sus aciertos, averiguar cuál de ellos “ganaba” el partido ante el delirio de sus seguidores (era en riguroso directo) y la frustración de los contrarios.
Seguía el enfrentamiento un remedo de las reglas de un match de baloncesto. Se dividía cada equipo en dos delanteros que intentaban acertar la pregunta de turno en primera instancia, dos defensas que lo ensayaban si fallaba la primera línea, y un solitario pívot que constituía el último reducto ante los fallos propios y un agresor en ciernes presto a rebotear las ignorancias del equipo contrario. No era una división muy exacta de los puestos actuales en el basket (base, escolta, alero, ala-pívot y pívot) pero en aquellos tiempos mandaba el fútbol y su lenguaje.
Si fallabas en tus respuestas, te pitaban personal, y tenías que contestar preguntas adicionales, penalizándose con puntos para el equipo contrario los posibles fallos. Los colegios se lo tomaban muy en serio y hacían prepararse a conciencia a los chavales que acudían a representarlos, para que quedase bien alto el pabellón del centro.
Como el programa era un buen escaparate, había overbooking de escuelas para participar, obligando a una tanda de selecciones previas que había que superar para entrar en el circuito oficial de 32 colegios que se jugaban el campeonato y los regalos consiguientes.
Yo cumplía y cumplo los años en el mes de Diciembre, lo que implicaba que era “el peque” de la clase, y eso te deja dos vías para mantener un status quo en tu grupo: o eres más listo que Dios, o te enrollas con los deportes, … o haces las dos cosas. Me dediqué, pues, a estudiar en condiciones para igualarme con gente mayor que yo, y a zurrarme en la cancha de balonmano para hacerme un hueco. Y tengo que reconocer que me fue bien.
Tanto que, cuando llegué a 5º de Bachiller y posteriormente a 6º (a continuación iban el COU y la Universidad), me enrolaron en el fastuoso Dream Team para ir a Televisión y “hacerlo bien” por supuesto. La imagen, la apariencia era ya (y creo que ahora también) fundamental para el marketing del Colegio.
El primer año que fuimos, conseguimos clasificarnos en la fase previa. Después ganamos el primer partido al campeón del año anterior por los pelos y con un gran trabajo de equipo. Vencimos con mucha comodidad en el segundo, y fuimos “pasados por la piedra” en el tercer partido. Como novato, formé parte del grupo de “reservas” que también tenía que superar una serie de pruebas “extras” (y las hicimos todas, chavales, un lujo: 6 de 6) y sustituir a los titulares que estuviesen cargados de personales. No estuvo nada mal, caímos en cuartos de final y quedamos como los ángeles.
Al curso siguiente, más de lo mismo, pero ya como titular, que uno había crecido y sabía un huevo de todas las materias habidas y por haber. Pasamos nuevamente la fase clasificatoria, y … a jugar en el Top 32 de España. Se me eligió como pívot por ser un tío “equilibrado, capaz de aguantar la presión en solitario, y con la suficiente sangre fría para decidir si ir o no a por rebotes del equipo contrario”, según decían mis informes psicotécnicos colegiales ;-DDD. No, si ya entonces había psicólogos que se equivocaban a mantas, joder. O leían el futuro en los posos del café. Y me dejaron a mí, solito, en la tercera línea de nuestra banda de juego.
Y entonces sucedió … la catástrofe. Creo que este país era bastante machista por aquellos tiempos, y que probablemente lo siga siendo ahora en mayor medida de lo que nos gustaría. Nos tocó enfrentarnos en primera ronda con otro colegio … también de Cartagena … y “de chicas”, mecagüen. Mierda, si nosotros salíamos con las chavalas de ese cole que estaba a menos de trescientos metros del nuestro. Cómo podía ser … tanta mala suerte. Os recuerdo que “in illo tempore” no había centros mixtos todavía ;-))).
Porque, en el fondo del pozo de ese machismo, lo que latía era un tremendo miedo a ser inferior a las tías, porque no se nos educaba para eso, claro. Sería un demérito espantoso caer con estrépito ante las nenas. Nos tirarían al mar, seguro. Seríamos la comidilla de la ciudad. Nadie nos volvería a mirar a la cara. Joder, ¡qué papelón nos esperaba! Imaginaos lo que llegamos a pasar hasta que llegamos a la semana anterior a Navidad, en la que se celebraba “el torneo”.
A esas alturas, yo era ya un veterano que llevaba 5 “muescas” en las cachas de mi revólver, que provenían de otras tantas idas y venidas a Madrid y a Prado del Rey para pelear a cara de perro con otros jovenzuelos como my self. Partimos, pues, un viernes para alojarnos en el Hostal de siempre antes de los partidos. Omitiré su nombre, aunque es muy-muy céntrico, pero es que TVE no se estiraba demasiado en gastos con los muchachos colegiales.
Sábado, día de partido, con aficiones compuestas de personas que se conocían de toda la vida porque venían de una mediana ciudad de provincias y que, a pesar de ese contacto o quizás precisamente por ello, se miraban ahora en silencio y a distancia: tú “eres” de Maristas, yo “soy” de San Miguel. Casi ná. Ni familia, ni amigos, ni narices: blanco o negro.
Y comenzó el juego. Todo muy igualado, con alternativas muy ligeras en el marcador. Los chicos y las chicas habíamos estudiado, y los marcadores eran altos. Y llegó la penúltima pregunta de la primera parte para las nenas. Una pregunta de Religión, cagüentó, se la saben fijo las monjas estas. Y de repente el ominoso silencio, van cayendo las líneas y … no puede ser que no se sepan la orden monástica que fundó San Bruno, joé. A estas, a la vuelta, las capa la monja de turno, … si puede.
Y el que suscribe, con voz seráfica, pero puñeteramente clara … y sonriendo dice un “Cartujos” que hace levantarse de golpe al personal en el macroestudio. Chillido histérico general, los pelos como escarpias, y nos ponemos ligeramente por delante, que un rebote son 0 points para ellas y 5 pa nosotros, más el daño sicológico, el factor cancha y la madre que nos parió. Se me fueron todos los nervios de golpe. Os lo juro, corazones.
Prosiguió la segunda parte, y en la cuarta pregunta volvió a ocurrir. Lo anticipé en el ambiente. Pregunta de Ciencias Naturales … y no se la sabían: era bastante jodidilla. Y tenían un problema: yo sí conocía la respuesta, me acordaba hasta del dibujo del libro y … y se me notaba en la cara. Sí, ese tipo de hojas y en esa disposición se denomina … “Opuestas Decusadas”. Es increíble la serenidad que se puede llegar a tener en determinadas circunstancias.
Y se me encendieron todos los colores del Universo, todas las bombillas de Navidad y todo el orgullo que los demás sentían de conocerme y decirse “colegas” míos en aquel momento de maravillosa gloria. Después, llegarían los abrazos, los parabienes oficiales, los “ya sabíamos que ganaríais”, las declaraciones de caballerosa bonhomía hacia el vencido. Juás, juás …
Nos fue de poco, compañeros. Pasamos de apestados a perfumados en pocos instantes. Y a mí me sacaron en hombros, como a los toreros del siglo pasado. Y durante tres meses lideré la clasificación de jodidos pívots con un par de espléndidos rebotes. Y hasta seguí ligando con las niñas de ese bendito colegio “vencido”, que ya me conocía todo Dios en la zona.
Y el santo varón que tenía por padre me hizo, artesanalmente, la emotiva foto que os incluyo en este post, en blanco y negro, hecha desde la mesa del antiguo comedor de mi casa familiar a la puta Tele en blanco y negro que disfrutábamos en aquel entonces.
No existían, vídeos, ni deuvedés, ni pantallas de plasma ni hostias. Sólo un padre con paciencia y humanidad, tremendamente orgulloso de la jeta de su hijo que parecía saludarlo sonriente, esta vez sin barba, claro, desde la mehó televisión d’Ehhhpaña.
Y yo, el Doc, ese día … ese día era el Rey de Corazones. Snif.
¿Sabéis?

Lo hace de rondón, para que no se note mucho y no nos lo creamos demasiado. Sólo de ciento en viento, pero lo hace. Doy fe.
Ya que está de moda tener la boca más larga que un ferry de la P & O, y siguiendo las proclamas de mi bruja favorita, tengo que poner de manifiesto ante vosotros que una vez ocurrió. Hace un montón de años, el mítico Doc que os escribe y se lamenta en estas páginas fue un “héroe” y salió no sólo en los papeles, sino en la mismísima Televisión.
Corría el principio de la década de los 70. El mayo del 68 y sus secuelas ya empezaban a perderse entre las brumas del olvido, y Televisión Española (la mejor televisión de España) emitía todavía en un monocromático espectro y no estaba sujeta al juego de la competencia de otros canales privados.
Existía un programa de gran audiencia, que salía al aire los sábados por la tarde en prime time. Gozaba el mentado espectáculo de gran predicamento entre la población, entre otras cosas porque no había otro canal que enchufar en la caja tonta. Atendía al nombre de “Cesta y Puntos” y consistía en emparejar a diferentes Colegios de Enseñanza de nuestra geografía, sometiéndolos a diversas y difíciles preguntas y, asignándoles puntuaciones por sus aciertos, averiguar cuál de ellos “ganaba” el partido ante el delirio de sus seguidores (era en riguroso directo) y la frustración de los contrarios.
Seguía el enfrentamiento un remedo de las reglas de un match de baloncesto. Se dividía cada equipo en dos delanteros que intentaban acertar la pregunta de turno en primera instancia, dos defensas que lo ensayaban si fallaba la primera línea, y un solitario pívot que constituía el último reducto ante los fallos propios y un agresor en ciernes presto a rebotear las ignorancias del equipo contrario. No era una división muy exacta de los puestos actuales en el basket (base, escolta, alero, ala-pívot y pívot) pero en aquellos tiempos mandaba el fútbol y su lenguaje.
Si fallabas en tus respuestas, te pitaban personal, y tenías que contestar preguntas adicionales, penalizándose con puntos para el equipo contrario los posibles fallos. Los colegios se lo tomaban muy en serio y hacían prepararse a conciencia a los chavales que acudían a representarlos, para que quedase bien alto el pabellón del centro.
Como el programa era un buen escaparate, había overbooking de escuelas para participar, obligando a una tanda de selecciones previas que había que superar para entrar en el circuito oficial de 32 colegios que se jugaban el campeonato y los regalos consiguientes.
Yo cumplía y cumplo los años en el mes de Diciembre, lo que implicaba que era “el peque” de la clase, y eso te deja dos vías para mantener un status quo en tu grupo: o eres más listo que Dios, o te enrollas con los deportes, … o haces las dos cosas. Me dediqué, pues, a estudiar en condiciones para igualarme con gente mayor que yo, y a zurrarme en la cancha de balonmano para hacerme un hueco. Y tengo que reconocer que me fue bien.
Tanto que, cuando llegué a 5º de Bachiller y posteriormente a 6º (a continuación iban el COU y la Universidad), me enrolaron en el fastuoso Dream Team para ir a Televisión y “hacerlo bien” por supuesto. La imagen, la apariencia era ya (y creo que ahora también) fundamental para el marketing del Colegio.
El primer año que fuimos, conseguimos clasificarnos en la fase previa. Después ganamos el primer partido al campeón del año anterior por los pelos y con un gran trabajo de equipo. Vencimos con mucha comodidad en el segundo, y fuimos “pasados por la piedra” en el tercer partido. Como novato, formé parte del grupo de “reservas” que también tenía que superar una serie de pruebas “extras” (y las hicimos todas, chavales, un lujo: 6 de 6) y sustituir a los titulares que estuviesen cargados de personales. No estuvo nada mal, caímos en cuartos de final y quedamos como los ángeles.
Al curso siguiente, más de lo mismo, pero ya como titular, que uno había crecido y sabía un huevo de todas las materias habidas y por haber. Pasamos nuevamente la fase clasificatoria, y … a jugar en el Top 32 de España. Se me eligió como pívot por ser un tío “equilibrado, capaz de aguantar la presión en solitario, y con la suficiente sangre fría para decidir si ir o no a por rebotes del equipo contrario”, según decían mis informes psicotécnicos colegiales ;-DDD. No, si ya entonces había psicólogos que se equivocaban a mantas, joder. O leían el futuro en los posos del café. Y me dejaron a mí, solito, en la tercera línea de nuestra banda de juego.
Y entonces sucedió … la catástrofe. Creo que este país era bastante machista por aquellos tiempos, y que probablemente lo siga siendo ahora en mayor medida de lo que nos gustaría. Nos tocó enfrentarnos en primera ronda con otro colegio … también de Cartagena … y “de chicas”, mecagüen. Mierda, si nosotros salíamos con las chavalas de ese cole que estaba a menos de trescientos metros del nuestro. Cómo podía ser … tanta mala suerte. Os recuerdo que “in illo tempore” no había centros mixtos todavía ;-))).
Porque, en el fondo del pozo de ese machismo, lo que latía era un tremendo miedo a ser inferior a las tías, porque no se nos educaba para eso, claro. Sería un demérito espantoso caer con estrépito ante las nenas. Nos tirarían al mar, seguro. Seríamos la comidilla de la ciudad. Nadie nos volvería a mirar a la cara. Joder, ¡qué papelón nos esperaba! Imaginaos lo que llegamos a pasar hasta que llegamos a la semana anterior a Navidad, en la que se celebraba “el torneo”.
A esas alturas, yo era ya un veterano que llevaba 5 “muescas” en las cachas de mi revólver, que provenían de otras tantas idas y venidas a Madrid y a Prado del Rey para pelear a cara de perro con otros jovenzuelos como my self. Partimos, pues, un viernes para alojarnos en el Hostal de siempre antes de los partidos. Omitiré su nombre, aunque es muy-muy céntrico, pero es que TVE no se estiraba demasiado en gastos con los muchachos colegiales.
Sábado, día de partido, con aficiones compuestas de personas que se conocían de toda la vida porque venían de una mediana ciudad de provincias y que, a pesar de ese contacto o quizás precisamente por ello, se miraban ahora en silencio y a distancia: tú “eres” de Maristas, yo “soy” de San Miguel. Casi ná. Ni familia, ni amigos, ni narices: blanco o negro.
Y comenzó el juego. Todo muy igualado, con alternativas muy ligeras en el marcador. Los chicos y las chicas habíamos estudiado, y los marcadores eran altos. Y llegó la penúltima pregunta de la primera parte para las nenas. Una pregunta de Religión, cagüentó, se la saben fijo las monjas estas. Y de repente el ominoso silencio, van cayendo las líneas y … no puede ser que no se sepan la orden monástica que fundó San Bruno, joé. A estas, a la vuelta, las capa la monja de turno, … si puede.
Y el que suscribe, con voz seráfica, pero puñeteramente clara … y sonriendo dice un “Cartujos” que hace levantarse de golpe al personal en el macroestudio. Chillido histérico general, los pelos como escarpias, y nos ponemos ligeramente por delante, que un rebote son 0 points para ellas y 5 pa nosotros, más el daño sicológico, el factor cancha y la madre que nos parió. Se me fueron todos los nervios de golpe. Os lo juro, corazones.
Prosiguió la segunda parte, y en la cuarta pregunta volvió a ocurrir. Lo anticipé en el ambiente. Pregunta de Ciencias Naturales … y no se la sabían: era bastante jodidilla. Y tenían un problema: yo sí conocía la respuesta, me acordaba hasta del dibujo del libro y … y se me notaba en la cara. Sí, ese tipo de hojas y en esa disposición se denomina … “Opuestas Decusadas”. Es increíble la serenidad que se puede llegar a tener en determinadas circunstancias.
Y se me encendieron todos los colores del Universo, todas las bombillas de Navidad y todo el orgullo que los demás sentían de conocerme y decirse “colegas” míos en aquel momento de maravillosa gloria. Después, llegarían los abrazos, los parabienes oficiales, los “ya sabíamos que ganaríais”, las declaraciones de caballerosa bonhomía hacia el vencido. Juás, juás …
Nos fue de poco, compañeros. Pasamos de apestados a perfumados en pocos instantes. Y a mí me sacaron en hombros, como a los toreros del siglo pasado. Y durante tres meses lideré la clasificación de jodidos pívots con un par de espléndidos rebotes. Y hasta seguí ligando con las niñas de ese bendito colegio “vencido”, que ya me conocía todo Dios en la zona.
Y el santo varón que tenía por padre me hizo, artesanalmente, la emotiva foto que os incluyo en este post, en blanco y negro, hecha desde la mesa del antiguo comedor de mi casa familiar a la puta Tele en blanco y negro que disfrutábamos en aquel entonces.
No existían, vídeos, ni deuvedés, ni pantallas de plasma ni hostias. Sólo un padre con paciencia y humanidad, tremendamente orgulloso de la jeta de su hijo que parecía saludarlo sonriente, esta vez sin barba, claro, desde la mehó televisión d’Ehhhpaña.
Y yo, el Doc, ese día … ese día era el Rey de Corazones. Snif.
¿Sabéis?

Comentario:
¿cuándo vas a escribir otro artículo sobre tus hazañas rey de corazones? TE ESPERAMOS. Rafael el de CESTA Y PUNTOS
Comentario:
¡cuándo vas a escribir otro artículo sobre tus hazañas rey de corazones? TE ESPERAMOS. Rafael el de CESTA Y PUNTOS
Comentario:
REY DE CORAZONES ¡DÓNDE ESTÁS? Espero las fotos.
Comentario:
REY DE CORAZONES. soy RAFAEL. ¡has visto el vídeo que hay poniendo en google Fotos Cesta y puntos?. cONTÉSTAME. Estoy preocupado por si te ha pasado algo.te he escrito un montóbn de veces y no das señales de vida. TE HA MANDADO TU HERMANA LAS FOTOS QUE TENÍAS EN CASA? MÁNDAMELAS. recibiste las últimas fotos deL DIARIO DE cartagena? un abrazo BENITO. RAFAEl, el de CESTA Y puntos.
Comentario:
Qué tierno!!! Sacarte la foto!!!!!
Ay, qué lindo es leerte (antes de irme a dormir) Sos OPTIMISTA y eso es buenísimo para la salud y contagioso, además...
Hoy tuve un día lindo pero muy atareadito, lo voy a terminar justísimo acá, con este poste lindo. (terminaré de leer el blog más o menos en... febrero, jajajaja)
Besotes (no respondas acá que seguro me olvido de mirar, es que ya te dije que soy distraída?)
Ay, qué lindo es leerte (antes de irme a dormir) Sos OPTIMISTA y eso es buenísimo para la salud y contagioso, además...
Hoy tuve un día lindo pero muy atareadito, lo voy a terminar justísimo acá, con este poste lindo. (terminaré de leer el blog más o menos en... febrero, jajajaja)
Besotes (no respondas acá que seguro me olvido de mirar, es que ya te dije que soy distraída?)
Comentario:
El gran doc...
Comentario:
Mi colegio quedó un año campeón nacional y los miembros del equipo (3 ó 4 generaciones anteriores a la mía) erán auténticos héroes en el colegio.
Abrazo nostálgico desde el convento.
Abrazo nostálgico desde el convento.
Comentario:
En esa época, yo estaba en un colegio de monjas... si... pero interna, nada de tele... joooo... me da rabía no "haberte visto salir" por la tele.
:) pero también me has dejado con la sonrisilla en la cara, Rey de corazones.
Besos de una maia.
P.D. también estás guapo sin barba.
:) pero también me has dejado con la sonrisilla en la cara, Rey de corazones.
Besos de una maia.
P.D. también estás guapo sin barba.
Comentario:
Que dulce sensación despues de leer tu post. Cesta y puntos. "Rey" por un dia. Cambiando el tono del comentario ¿crees que nuestros chicos pasarian la primera ronda de Cesta y Puntos? pues diselo al ministro de educacion de turno, pq creo que estamos haciendo (hemos hecho, que mis hijas estan creciditas) una generacion de incultos.
Un beso
Un beso
Comentario:
Doc, muchas gracias por traerme tan buenos recuerdos. Ahora me iré a la cama con una sonrisa burlona dibujada en la cara, no quiero que nada ni nadie estropee este momento.
Un besazo, Cal.
Un besazo, Cal.
Comentario:
¿Lo presentaba Daniel Vindel no?
Me ha encantado este post!
Me ha encantado este post!
Comentario:
¡Qué carita de satisfacción!! Me ha encantado tu post, doc. Me has dejado con la sonrisa en la cara (juro que has sido tú y no el donut light que me acabo de comer).
Pero, chavalín, reconoce que es mucho más fácil confesar los méritos que los deméritos (like mi boda ;-)).
Un besazo, caro.
Pero, chavalín, reconoce que es mucho más fácil confesar los méritos que los deméritos (like mi boda ;-)).
Un besazo, caro.





