Las jacarandas de color violeta
Las exuberantes jacarandas de mi Alameda han florecido ya. Sus vistosas inflorescencias de color violeta iluminan el boulevard y le prestan exóticas pinceladas entre el verde tono de los demás árboles. Y bajo ellas y sus alegres sinfonías lumínicas paseo yo three-times-a-day en dirección a San Antón con mi amo-perro, mis obsesiones, mis flaquezas y mis miserias.
Cuatro veces al día hago el camino en dirección opuesta, hacia la hermosa y redonda Plaza de España, en este caso encaminándome o volviendo del trabajo. La ruta es agradable, arbolada y rectilínea. Me gusta hacerla andando y disfrutándola. Mis pies y mi mente la conocen bien.
Hoy al llegar, en vez de rodear la plaza, que es lo que hago habitualmente para coger bien los semáforos, me he decidido a cruzarla cortándola en recto. En esta plaza he jugado a menudo durante mi infancia, mientras la exploraba palmo a palmo, concienzudamente, como sólo un niño sabe hacerlo.
Ha sido un error imperdonable. Su círculo exterior es, evidentemente, el mismo que yo conocí y caminé a golpe de pies pequeños. Su tamaño subjetivo ha cambiado: ahora resulta mucho más chica de lo que mi imaginación la recordaba. Lógico todo hasta aquí. Pero poco queda de su cuidado recinto interior, exceptuados sus centenarios árboles.
Me ha dejado la moral por los suelos contemplar la desaparición de sus antiguos bancos, la triste agonía de sus setos descuidados, el paulatino desnivel y degradación de su suelo de tierra, la ausencia de agua en las antiguas fuentes en las que yo bebía tras mis acalorados juegos, la aparición profusa de graffitis y desconchados sin cuento ni civismo en los arcos bajo los que nos robábamos besos …
Dejando atrás ese reducto en el que antaño dejé sangre de mis rodillas en mis caídas infantiles y borbotones de energía de mi despertar de juventud, opté por desviarme por unas calles paralelas a las que me conducen de forma directa a mi oficina, saliéndome por unos pocos metros de la “carrera de paseo oficial” y adentrándome un poquito en el casco antiguo de mi ciudad.
He caminado por la anciana plazoleta por la que corría, zascandileaba y jugaba al fútbol con mis amigos colegiales. Mantiene su recogido encanto, en la frontera de un mundo anterior con la civilización actual. Ahora no se puede correr por ella, pero la han llenado con unos cuantos bares y restaurantes, que con sus terracitas exteriores la dotan de un ambiente agradable y lánguido, apropiado para sentarse y ver transcurrir la prisa de los demás, parapetado tras un martini con almendras.
En esta recoleta placita confluye la vetusta callejuela en la que yo nací … antes de ayer, naturalmente ;-))). Me he asomado a ella y después, con la timidez de quien pisa suelo sagrado, la he ido atravesando mirándola a través de los ojos del chaval que fui. Nunca debí hacerlo, forasteros.
Era una calle pequeña, de apenas doscientos metros de largo. Bloques de un máximo de tres alturas generosas más terraza. Casas vecinales en las que todos hacíamos la vida de cara al exterior. Balcones desde los que las madres, siempre las madres, llamaban a sus hijos (a nosotros) con voz musical. Los hijos (nuevamente nosotros) hacíamos lo que nos daba la real gana: “ya voyyyy, mamá …”, mientras seguíamos nuestra alegre vida en la calle.
Todos los bajos ocupados: almacenes (transportes, licores, textiles, …), tiendas (alimentación, zapatería, mercería, droguería …), talleres de diversos oficios (soldadores, talabarteros, carpinteros, envasadora de gaseosas, peluquería, …), profusión de actividades, movimientos y chismorreo. Vida, pues, en movimiento palpitante.
Hoy sólo existía el silencio. Una cuarta parte de los edificios estaban convertidos en solares. Mi casa natal es un almacén cerrado al público de un comercio que da a otra calle paralela. Se nota el desplazamiento de la población a la zona nueva de la ciudad. Los bajos, cerrados. Escasa actividad. Yo era el único viandante a las 8:40 de esta mañana. Ningún balcón abierto. Ninguna madre en posesión de la palabra. Ningún hijo “haciendo” la calle ni yendo al colegio. Un restaurante y una entrada a un nuevo y moderno edificio de aparcamientos. Eso era todo. Eso era … nada.
Confieso que he acelerado el paso y, tomando la calle que la corta en perpendicular en un extremo, he vuelto a la tranquilidad de mi ruta oficial en unos pocos metros. Mi pasado ha sido piadosamente enterrado tras unas pocas lágrimas interiores (de las que no salen a la luz) y algunos juros en arameo acerca de lo que cambian la vida y nuestras costumbres.
Y he huido a la carrera, obligándome a realizar con falsa concentración mi liturgia diaria (comprar la prensa, tomarme un café americano, saludar a los conocidos con los que me cruzo every day, … ) para mentirme convenciéndome de que no pasaba nada, que lo visto era una ilusión óptica, un sueño no vivido, una nube que borró la luz del sol real por escasos momentos.
Pero yo sé con exactitud, mirando desde el fondo de mi alma, que un trozo de mi vida me fue revelado esta mañana, exhibido sin ocultación alguna. También he tomado conciencia de que eso no es malo, … ni bueno. Sólo es la constatación de que el tiempo transcurre y nosotros también.
Y que la brisa que hoy me acaricia el rostro es la nieta de la que me hacía cosquillas cuando todavía la barba no adornaba mi cara, ni escribía en un blog, ni imaginaba que un día futuro os conocería a vosotros.
De hecho, en aquel tiempo, ni siquiera tenía ni puñetera idea de lo que era un blog, ni un Sunset, ni un ordenador, ni Internet. Snif.
¡Animalico!
Nostálgicos besos, dreamers.
Cuatro veces al día hago el camino en dirección opuesta, hacia la hermosa y redonda Plaza de España, en este caso encaminándome o volviendo del trabajo. La ruta es agradable, arbolada y rectilínea. Me gusta hacerla andando y disfrutándola. Mis pies y mi mente la conocen bien.
Hoy al llegar, en vez de rodear la plaza, que es lo que hago habitualmente para coger bien los semáforos, me he decidido a cruzarla cortándola en recto. En esta plaza he jugado a menudo durante mi infancia, mientras la exploraba palmo a palmo, concienzudamente, como sólo un niño sabe hacerlo.
Ha sido un error imperdonable. Su círculo exterior es, evidentemente, el mismo que yo conocí y caminé a golpe de pies pequeños. Su tamaño subjetivo ha cambiado: ahora resulta mucho más chica de lo que mi imaginación la recordaba. Lógico todo hasta aquí. Pero poco queda de su cuidado recinto interior, exceptuados sus centenarios árboles.
Me ha dejado la moral por los suelos contemplar la desaparición de sus antiguos bancos, la triste agonía de sus setos descuidados, el paulatino desnivel y degradación de su suelo de tierra, la ausencia de agua en las antiguas fuentes en las que yo bebía tras mis acalorados juegos, la aparición profusa de graffitis y desconchados sin cuento ni civismo en los arcos bajo los que nos robábamos besos …
Dejando atrás ese reducto en el que antaño dejé sangre de mis rodillas en mis caídas infantiles y borbotones de energía de mi despertar de juventud, opté por desviarme por unas calles paralelas a las que me conducen de forma directa a mi oficina, saliéndome por unos pocos metros de la “carrera de paseo oficial” y adentrándome un poquito en el casco antiguo de mi ciudad.
He caminado por la anciana plazoleta por la que corría, zascandileaba y jugaba al fútbol con mis amigos colegiales. Mantiene su recogido encanto, en la frontera de un mundo anterior con la civilización actual. Ahora no se puede correr por ella, pero la han llenado con unos cuantos bares y restaurantes, que con sus terracitas exteriores la dotan de un ambiente agradable y lánguido, apropiado para sentarse y ver transcurrir la prisa de los demás, parapetado tras un martini con almendras.
En esta recoleta placita confluye la vetusta callejuela en la que yo nací … antes de ayer, naturalmente ;-))). Me he asomado a ella y después, con la timidez de quien pisa suelo sagrado, la he ido atravesando mirándola a través de los ojos del chaval que fui. Nunca debí hacerlo, forasteros.
Era una calle pequeña, de apenas doscientos metros de largo. Bloques de un máximo de tres alturas generosas más terraza. Casas vecinales en las que todos hacíamos la vida de cara al exterior. Balcones desde los que las madres, siempre las madres, llamaban a sus hijos (a nosotros) con voz musical. Los hijos (nuevamente nosotros) hacíamos lo que nos daba la real gana: “ya voyyyy, mamá …”, mientras seguíamos nuestra alegre vida en la calle.
Todos los bajos ocupados: almacenes (transportes, licores, textiles, …), tiendas (alimentación, zapatería, mercería, droguería …), talleres de diversos oficios (soldadores, talabarteros, carpinteros, envasadora de gaseosas, peluquería, …), profusión de actividades, movimientos y chismorreo. Vida, pues, en movimiento palpitante.
Hoy sólo existía el silencio. Una cuarta parte de los edificios estaban convertidos en solares. Mi casa natal es un almacén cerrado al público de un comercio que da a otra calle paralela. Se nota el desplazamiento de la población a la zona nueva de la ciudad. Los bajos, cerrados. Escasa actividad. Yo era el único viandante a las 8:40 de esta mañana. Ningún balcón abierto. Ninguna madre en posesión de la palabra. Ningún hijo “haciendo” la calle ni yendo al colegio. Un restaurante y una entrada a un nuevo y moderno edificio de aparcamientos. Eso era todo. Eso era … nada.
Confieso que he acelerado el paso y, tomando la calle que la corta en perpendicular en un extremo, he vuelto a la tranquilidad de mi ruta oficial en unos pocos metros. Mi pasado ha sido piadosamente enterrado tras unas pocas lágrimas interiores (de las que no salen a la luz) y algunos juros en arameo acerca de lo que cambian la vida y nuestras costumbres.
Y he huido a la carrera, obligándome a realizar con falsa concentración mi liturgia diaria (comprar la prensa, tomarme un café americano, saludar a los conocidos con los que me cruzo every day, … ) para mentirme convenciéndome de que no pasaba nada, que lo visto era una ilusión óptica, un sueño no vivido, una nube que borró la luz del sol real por escasos momentos.
Pero yo sé con exactitud, mirando desde el fondo de mi alma, que un trozo de mi vida me fue revelado esta mañana, exhibido sin ocultación alguna. También he tomado conciencia de que eso no es malo, … ni bueno. Sólo es la constatación de que el tiempo transcurre y nosotros también.
Y que la brisa que hoy me acaricia el rostro es la nieta de la que me hacía cosquillas cuando todavía la barba no adornaba mi cara, ni escribía en un blog, ni imaginaba que un día futuro os conocería a vosotros.
De hecho, en aquel tiempo, ni siquiera tenía ni puñetera idea de lo que era un blog, ni un Sunset, ni un ordenador, ni Internet. Snif.
¡Animalico!
Nostálgicos besos, dreamers.
Comentario:
Ya sé que es molesto, pero te ha tocado seguir el "Batón literario". Sorry!!
Comentario:
GUAAAAAAAAAAAAAAAAAAUUUUUUUUUUUUUUUU..................fue como una regresion.....lindo.....dude en entrar en tu pagina obviamente entre sin invitacion pero me encanto....lenannis@hotmail.com ledis.
Comentario:
No mires mucho hacia atrás que duele el cuello.
Encantada siempre de leerte
Encantada siempre de leerte
Comentario:
He recibido 42 rosas rojas y 42 besos que me han emocionado. Muchas gracias Doc
Comentario:
De nostalgia entonces? vale, pero sin pasarse, eh? que el presente tiene tela... me temo que ando escasilla de tiempo pera hacerte un comentario en condiciones, pero quería saludar y decirte: buen fin de semana, y si cae un absoluto mejor que mejor, muchos besos Doc.
Comentario:
Nostalgicas letras, pero como siempre llenas de emociones, siempre es un placer leerte!!}
Un gran beso en la punta de la nariz
Feliz fin...
Un gran beso en la punta de la nariz
Feliz fin...
Comentario:
Qué sinsabores vienen siempre de la mano de esa meretriz que se hace llamar nostalgia...
Qué sombrías las callejuelas alegres de nuestra niñez...
Y aquí llega, el jefe, el gran doc, a contarnos en un precioso artículo, su paseo ligeramente distinto de por la mañana; su paseo ligeramente nostálgico por el interior. De su ciudad y de él mismo.
Eres un maestro, doc. Buen finde.
Qué sombrías las callejuelas alegres de nuestra niñez...
Y aquí llega, el jefe, el gran doc, a contarnos en un precioso artículo, su paseo ligeramente distinto de por la mañana; su paseo ligeramente nostálgico por el interior. De su ciudad y de él mismo.
Eres un maestro, doc. Buen finde.
Comentario:
Tienes razon cada minuto en la vida es irrepetible y eso me da mucha tristeza.
un beso
un beso
Comentario:
Hace unas semanas pase pro casualidad junto al mercado en el que acompañaba a mi madre a la compra cuando era pequeño, casi salgo llorando (mi alma si lo hacía), tan solo quedaban 3 ó 4 puestos abiertos. El tiempo destruye el pasado pero nuestros recuerdos lo hacn eterno.
Un abrazo nostálgico desde mi convento.
Post abrazzum: me encantan las jacarandas.
Un abrazo nostálgico desde mi convento.
Post abrazzum: me encantan las jacarandas.
Comentario:
Tu plaza, tu calle, tus juegos viven en tu memoria, foman parte de ti, nadie podrá arrebatartelos. Y así deben conservarse. Aunque no hubieran cambiado, para ti no serian nos mismos. A esa calle, a esa plaza, le faltaria el alma, pq no estarian alli tus amigos, ni oirias el llamar de las madres. No tiene importacia ya que físicamente haya cambiado.
7besos luneros.
PD. eres un maestro de la prosa.
7besos luneros.
PD. eres un maestro de la prosa.
Comentario:
Ya te he dixo alguna vez que me es raro estas descripciones de mi propia ciudad... he paseado contigo y he respirado lo mismo...
Me es raro y muy bonito a la vez..
Hay muchos bloggers...en especial que describen las grandes ciudades, que puedes conocer pero son ajenas..
Pero tu describes el lar que yo habito, que respiro y que siento.
grazias!
Me es raro y muy bonito a la vez..
Hay muchos bloggers...en especial que describen las grandes ciudades, que puedes conocer pero son ajenas..
Pero tu describes el lar que yo habito, que respiro y que siento.
grazias!
Comentario:
Y eso que tu habitas en el mismo sitio de donde naciste y donde has ido creciendo. Imaginate no volver a un sitio muchos años despues. Todo se estrecha, todo encoje, todo aparace pequeño. Una pena el paso del tiempo sobre las cosas y los lugares y si ya nos metemos con las personas...puede pasar de todo.
Un abrazo, amigo.
Un abrazo, amigo.
Comentario:
Que nostálgico puede resultar el volver a ver lo que un día nuestros ojos infantiles absorvieron como esponjas idealizadoras de la realidad. Que nostálgico puede ser ver que las cosas cambian, los lugares, las ciudades viven y mueren, tal como nosotros.
Saludos
Saludos
Comentario:
Uno tus lágrimas silenciosas a las que derramé, cuando me dijeron que habían derribado la casa del fantasma, la casa en la que viví mi infancia feliz con mis abuelos.
Pero los recuerdos se quedan con nosotros. No los pierdas, dockoff.
Besos de una maia.
Pero los recuerdos se quedan con nosotros. No los pierdas, dockoff.
Besos de una maia.
Comentario:
Esa calle y esa plaza siguen estando en tu corazoncillo, como el jardín de tu casa estará algún día en los corazones de tus hijos, aunque os mudéis, aunque la casa cambie por un bloque de pisos. La infancia nos la llevamos puesta (e inalterable) toda la vida ;-)
Un besazo.
Un besazo.
Comentario:
Hay cambios que nos satisfacen y cambios que no nos gustan un pimiento. Cuando mis padres subieron un piso de su casa yo estaba encantada porque iba a tener una habitación con vistas al pueblo. Pero también perdí la facultad de espiar las "Historias para no dormir" de Chicho porque la nueva habitación no estaba al lado del salón... Things that happend.
Un besazo, Cal.
Un besazo, Cal.
Comentario:
hijo, por dios, pues claro que todo cambia ¿qué quieres? tiene que ser así, yo cambio, tu cambias, él cambia, nosotros cambiamos.... y es que si las cosas no cambiaran sería todo muy aburrido, nos parecería estar paseando siempre por el mismo escenario de película.
Bueno y después de este rollo, que suena a regañina (que no lo es) muchos besos de una que cambia todos los días.
Bueno y después de este rollo, que suena a regañina (que no lo es) muchos besos de una que cambia todos los días.
Comentario:
estoy a muchos kilometros de tu ciudad...y siento esa misma nostalgia...porque todos nos quebramos un poquito cuando nuestro inalterable pasado se ve arrollado por este presente frenetico...pero igual....todo siempre mejora...8eso espero)...UN Saludo
Comentario:
Como te entiendo!
En la plaza que yo jugaba (la plazoneta), han puesto unos campos de basket y los niños de la calle ya no pueden entrar a jugar, ni subir a sus arboles y hacerse brechas al caer. Ya no pueden lucir sus heridas de guerra. Pero creo que ya no importa, en estos tiempos de consolas y moviles ya no se ven niños inventando juegos en la calle. Los tiempos cambian y dicen que las personas tambien, pero yo aun quisiera subirme a los arboles aunque me dejen cicatrices.
Espero ver un ramo e esas hermosas flores en el sunset.
Petonets
En la plaza que yo jugaba (la plazoneta), han puesto unos campos de basket y los niños de la calle ya no pueden entrar a jugar, ni subir a sus arboles y hacerse brechas al caer. Ya no pueden lucir sus heridas de guerra. Pero creo que ya no importa, en estos tiempos de consolas y moviles ya no se ven niños inventando juegos en la calle. Los tiempos cambian y dicen que las personas tambien, pero yo aun quisiera subirme a los arboles aunque me dejen cicatrices.
Espero ver un ramo e esas hermosas flores en el sunset.
Petonets
Comentario:
Me has hecho sentir nostalgia, Dock. Pero ¿sabes? pienso que a nuestros hijos también les pasará igual, porque todo cambia y evoluciona, no siempre a mejor, pero es así y nadie puede evitarlo. De todos modos, esa calle con la vida de entonces siempre permanecerá en tu recuerdo, y ahora, en los nuestros.
Un beso.
Un beso.
Comentario:
los años pasan, los tiempos cambian, los entornos,....
aysssss
bueno, pero los años nos quitan cosas y nos traen tb otras nuevas,no??
Besitos salados de CHOI
aysssss
bueno, pero los años nos quitan cosas y nos traen tb otras nuevas,no??
Besitos salados de CHOI
Comentario:
Jo! :(





