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La vida al sol
Cada momento vivido es irrepetible: comunícalo.
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La vida transcurre como también lo hace el sol que le da soporte. Comunicar aquello que nos gusta o que nos destroza, pero que -al fin y al cabo- nos acontece, puede ser una buena experiencia.
Sindicación
 
El encanto perdido
Silban las bocinas de los cruceros y su grave son atraviesa la dársena portuaria y muere en los balcones de mi oficina con un lento quejido final. No, compañeros, no vivo en las laderas de una hermosa sierra, ni me pilla precisamente al lado el forfait para esquiar. El espejo sobre el que reverbera el rojizo sol poniente no es el de un nevero helado, sino el espejo del mar que más sabiduría y cultura clásica atesora.

Le he comprado a mi enano favorito el cómic que venden con el País esta mañana. Y las aventuras en Venecia de Corto Maltés me transportan a otros años transcurridos en países bañados por el mismo mar que le moja los pies ahora a mi ciudad. Eché un vistazo a las sugerentes y personales figuras dibujadas por el gran Hugo Prat, y automáticamente me he encontrado trastabillando entre tinglados marítimos, con clippers abarloados al cantil del puerto, herrumbre por doquier y rodeado de viejos contramaestres y del resto de la vil canalla de proa.

En medio de tan “románticas” figuraciones, salí este mediodía a la calle Mayor y me acerqué al muelle (sí, al dock of the Carthago’s bay), porque tenía que resolver unas gestiones en la Cámara de Comercio, que está en pleno puerto. Y no encontré ningún rufián emboscándome entre las naves de almacenamiento, ni ninguna chica a la que socorrer de bandidos ignominiosos, ni siquiera alguna pequeña conspiración francmasónica de la que salvar al mundo.

El dock estaba lleno de turistas en uniforme reglamentario; a saber, calzón corto, camisa o guayabera amplia y floreada (imposible definir los colores para un ser simple como yo ;-DDD), sandalias con calcetines ad-hoc, cámara de fotos o de vídeo a elegir, gafas de sol, piel de gambita cocida … y una cara de perenne sorpresa por todo, desde la propia ensenada natural, hasta los edificios de estilo modernista, pasando por la diletante y funesta decrepitud de cualquier casco antiguo que se precie.

No están, pues, los tiempos para llevar una vida de novela, sino para convertir nuestras almas que queremos de poema en una papilla que sea cómoda de digerir y que nos permita la subsistencia hasta el siguiente amanecer de ilusión. Y yo tengo paciencia y mantengo mi esperanza en que del crisol en el que vierto diariamente mi sudor surjan un día, más o menos próximo, los sentimientos que necesita mi conciencia y las hermosas palabras que acompañen a mis actos.

Mientras tanto, los turistas se nutren, renuevan fuerzas y degluten provisiones. En otros tiempos, llenarían el Gran Hotel los más cultivados, con un servicio solemne y cuidado; los que fuesen de baja estofa se apalancarían en las mil y una tabernas portuarias de raigambre al uso. Hoy, ni el uno ni las otras existen ya. La globalización iguala las conciencias, las costumbres y la comida: el Mac Donald y la TelePizza están a tope, sin distingos de chequera ni de edad.

Comprendo, por fin. La igualdad ha triunfado, aunque sea nivelando los gustos por debajo. Hola, querida hamburguesa. Adiós, glamour. La madre que os parió, USA boys.

Menos mal que sé que a mi hijo le encanta leer. Si no ¿cómo le explicaría esa otra vida que se está perdiendo?

Sé que a través de las viñetas y palabras de nuestro común cómic compartirá conmigo ese viaje que muchos de mis turistas “accidentales” e igualitarios que hoy contemplé no harán jamás. Olé sus huevos.

Brindo por él con el Absolut del encanto perdido, para que conozca aunque sea por literarias referencias cómo fue un mundo diferente (supongo que ni mejor ni peor) del que nos está tocando vivir.

… Y que lo viva, dreamers.

Un montón de besos como cañonazos para vosotros.
 
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Llevas ya más de una semana calladito.

¿Todo bien, amigo?

Un abrazo y buen finde.
 
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despues de leerte me he dado cuenta q hace dias q no posteas, y q por aqui se te echa de menos, todo bien??
Besitos salados de CHOI
 
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se te echa de menos, que lo sepas.
 
Comentario:
¿Harto del mundanal ruído? ¿los turistas no le dejan vivir? ¿encuentra la bandera americana hasta en las servilletas? ¡no sufra más en silencio! Amigo, nosotros tenemos la solución: el Espantamales Bloguero ACME s.a.
Con nuestro fantástico producto le garantizamos un año entero de éxtasis personal, despídase de los sinsabores para siempre... ah, que ya tiene uno. Bueno, pues entonces, tendrá que conformarse con el apoyo sus lectores, querido amigo. Eso o alquilar una peli (europea por favor).

Besazos por estribor
 
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Me encanta como vives y cuentas las cosas.
 
Comentario:
yo creo que algunas vidas y algunos tiempos son mejores leídos en novela.
De todas formas, Dock, a mí me parece espantoso lo de las canillas al aire enseñando calcetines y sandalias, ya sé que es habitual, pero es una combinación particularmente desafortunada. Antes se veía sólo en la costa, y quizá en ciudades grandes, pero es que ahora llega hasta aquí... y no pega, de verdad que no pega
Besos ;))
 
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Hoy brindare con algo más glamuroso, levanto mi copa de asiatico y me rio de los peces de colores y de los Burguer King.

Un abrazo, amiguito.
 
Comentario:
Me encanta tu capacidad de hacer poesía de la prosa cotidiana, filósofo poeta de la vida...
Tus escritos se oyen, se sienten, se huelen, se viven...
Nunca he estado en Cartagena, ni te he conocido jamás, pero hoy formais parte de este trocito de vida que es esta ciber-vida, a veces me sorprendo pensando qué dirías de tal o cual cosa que me pase por delante...
Ay el 4 Rosas... ay el Dock of... ay el Corto Maltés... hijo, de verdad que no nos hemos conocido en otra vida???
Gracias siempre por plasmar tantas cosas que comparto contigo sin conocerte, es que dices lo que siento mejor que yo¡ ;DDDD
 
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Calamidad, hija, a mí lo de meterme con los yanquis me parece muy gracioso, pero mujer, los comics son una cosa mucho más americana que española... No creo que sea eso lo que nos hace diferentes... Un poquito de sentido, por favó...
 
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Me ha encantado esta cita:

"Menos mal que sé que a mi hijo le encanta leer. Si no ¿cómo le explicaría esa otra vida que se está perdiendo?"

Cuanta razón tienes!

Por cierto...hay gentes que nos tiramos a los MCDonalds de la tuya, mia, nuestra ciudad por razones económicas, don´t forget it!

Y ...sabes que abren otro en breve? :P
 
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Me gustaría ser la heroína de uno de esos comics... lo dejaremos para la imaginación.
Besos
 
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Y no dejar que se duerma esa imaginación con los años. Es de los regalos más maravillosos que disponemos.

Bien hecho.

Besos de una maia.
 
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Si fuera un dibujo de cómic, me gustaría ser conquistada por Corto Maltés. Siendo de carne y hueso, ya lo estoy.

Brindo contigo (con vosotros) para que la característica que nos hace diferentes perdure por encima de restaurantes de comida rápida y tiendas de temporada. Un besazo, C.
 
Comentario:
La vida llena de aventuras que una vez soñe que tendria. Aunque no me puedo quejar, no soy dibujo, pero aventuras unas cuantas. Igual un dia las dibujo, sera mas facil que intentar contarselas a mis futuros hijos. Ademas no iban a creerme.
Un soleado y calido beso, desde mi mar.
Petons y gracias por lo que me has dicho.
 
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Que es eso de guayabera amplia??? No sé, pero pinta bien :P Saludossssssssss y no escribas tanto, que entre tú y el otro me teneis estresada ;) xxxxxxxxxxxxxxx
 
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Es un placer como no te lo imaginas, mi querido amigo, leer tus crónicas cartaginesas; da gusto; instruyen deleitando, como decían del clásico. Yo no soy del cómic. Aunque reconozco que varios jirones de mi adolescencia se quedaron enganchados entre los mágicos trajes del Capitán América, Thor o Los Vengadores de Marvel, esa fu mi única incursión en el mundo del cómic.
Mis hijos, por lo tanto, se ha visto privados de ese regalo por mi parte, si bien he de decir que les compro más libros de los que sus juveniles cabecitas pueden asimilar; a veces, guiado por las listas de ventas (la saga de Harry Potas y el Señor de los Culillos ha sido inevitable, como lo fue, en su día, Manolito Gafotas, pero suele guiarme la mirada al propio ombligo: los libros que yo leí cuando tenía su edad. Así, los últimos han sido El Guardián entre el Centeno, Mi familia y otros animales y El Señor de las Moscas. Este último, con reparillos... Bueno, que me callo que se trata de tu post. Es uno de los buenos, Doc, y tratándose de este blog, que es el mejor, pues imagínate...
Un abrazo, amigo.
 
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La globalización turística nos lleva a absurdos como encontrar Yemas de Avila en una gasolinera de Albacete.
Un abrazo desde mi convento
 
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Hemos coincidido, yo también compré el cómic, para mi hijo y para mí, pero aún no tuve tiempo de ponerme a mirarlo. Ahora, me despertaste la curiosidad. Siempre es un gusto leerte, Dock.
Un beso.
 
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Yo ya estoy echando de menos ese mismo mar que solia banyar mis pies, esas olas que me acompanyaban en lo perdido de mi mirada...

Besotes con nostalgia de agua salada.
 
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Como siempre, leo lo que escribes con una sonrisa, a veces pequeña, otras grande. Gracias por ello.
No