Cuarenta minutos
Examinándome, en el despacho del catedrático. El tio, fundiendome a preguntas, a la vez que alternativamente echa miradas de soslayo a mi escote.
Y lo asombroso es que ¡estoy viva! casi me empotro contra un camión , o mejor dicho, casi un camión se empotra conmigo.
Me hubiese dado muchisima rabia porque después de haber aprobado la dichosa asignatura, si llego a tener un accidente, me muero. O sea, que si me muero, me muero. O lo que sea.
Como podeis ver no estoy muy allá porque arrastro las millones de cocacolas y cafeteras que me he metido entre pecho y espalda esta semana santa. Y tengo más sueño que aquel que le picó las mosca tsé-tsé. Besos