Luciérnagas y estrellas
En los largos días de verano, cuando la luz se moría al filo de las once, cenábamos debajo de la acacia en la mesa de madera. Después de una tarde de juegos y baños en el río nos sentaban en torno a "la mesa de los niños" y los mayores hacían turno para traernos las bandejas con la cena y los postres. Más tarde teníamos aún un espacio variable de libertad y " los médicos " y "los fantasmas" solían ser los juegos elegidos después de una organizada votación. Esa noche tú me cogiste de la mano y muy seguro, avanzabas por el sendero hacia el bosque. De repente, te paraste detrás del cerezo y nos sentamos. Aquí no podrán vernos susurraste y sentí tu brazo encima de mi cabeza. Se paró el tiempo. Sólo veíamos puntitos luminosos en el suelo y en el cielo, luciérnagas y estrellas...
La muerte huele a Givenchy
Compré aquel perfume por la mañana en el barco. Hacía sol. La luz lo inundaba todo a través de los cristales que llegaban hasta el suelo. Y avanzábamos por encima de las olas dejando atrás el presente. Debajo del agua había más agua y debajo más, cada vez más oscura...Y así me dormí algunos minutos entre el calor y la blanca espuma. Y tuve un sueño. Un sueño en el que tú morías. Me despertó el sonido de la megafonía al llegar al puerto. Por favor no olviden llevar consigo sus objetos personales...Y recogí mi mochila y la bolsita de la boutique del barco con mi perfume favorito. Fleur d´ interdit de Givenchy. Antes de bajar las escaleras lo tiré al agua...
El cementerio de San Amaro
Caminaba despacito por el pasillo del supermercado y miraba muy de cerca las galletas en oferta. Oye guapa, dime el precio, si me haces el favor. Lentamente y ya en la caja, con la mano temblorosa sacó su monederito y contaba y confundía las monedas…
Perdona hija, es que no veo. Pues no hay prisa, dijo Lola, la cajera. ¿Cómo va?
Y con ojos como ausentes, como tristes, como rotos, contestaba, yo es que sigo como siempre…esperando, para irme a San Amaro.
Perdona hija, es que no veo. Pues no hay prisa, dijo Lola, la cajera. ¿Cómo va?
Y con ojos como ausentes, como tristes, como rotos, contestaba, yo es que sigo como siempre…esperando, para irme a San Amaro.
Amigos
Déjame que piense en ti ahora. Que piense. Estabas a mi lado. Podía verte sin mirarte. Compartíamos un cigarrillo antes de despedirnos mientras se encendía poco a poco la ciudad. Y el coche olía a menta y a hachís. Déjame que recuerde las mañanas de café y canciones, las horas y los días que pasaban sin motivo...Porque el tiempo a veces se escapa de este modo. Déjame que olvide que no quisimos hacer planes. Que recuerde tu risa, que me crea, que lo mejor es lo que ha sido...





