Respirar
El sonido del agua río abajo, suavizando las aristas de las piedras y en el aire gotitas de humedad y de frío. Respiras. Respiramos juntos el aroma verde de los árboles y tu mano camina abrazada a mi mano. Silencio. Seguimos muy callados el camino a ningún lado y vemos que todo está aquí en este instante, el aire, el tiempo y las sombras que oscurecen nuestros pasos...
Mi secreto.
Creo que quiero conocerte más. Estoy segura. Sólo te he visto un par de veces y ya habitas en mi mente. Es tan extraño. Cosas que suceden a los locos. Con los locos hablas como quieres, eres tú misma. Te quitas esa estúpida coraza y las palabras te salen de muy dentro. Empiezas a contar por donde sea, sin darle vueltas a las cosas para llegar al mismo sitio. Te evitas los engaños. Quiero volver a verte y sentarme contigo en la ladera del Picato. Y que podamos hablar con los valles y los perros...y allí contarte mi secreto.
Día soleado
Hoy saldrá de nuevo el sol y calentará la arena en la mañana, calentará nuestros cuerpos que se abrazan, mientras las olas rompen en las rocas.Y el sol aún más caliente al mediodía abrirá nuestros ojos que se miran y despiertan, nuestros cuerpos que se ofrecen a las olas, frías olas y a la risa. Y el vino y las canciones y este día sin horarios y sin prisas. Y el sol que ahora calienta más despacio, la brisa y este cielo que es más rojo, es el día que anochece, que termina...
Nasiha culpable
Ella me contaba la historia muy tranquila, dejando que las palabras saliesen muy despacio, pero había en sus párpados azules la huella de una gran tristeza. Mi oficina en la cárcel daba al patio, cuando Nasiha entraba corría un poco las cortinas y se sentaba. Entonces buscaba su momento de conexión con un mundo que no lograba entender, un mundo que la había obligado a hacer aquello por lo que más tarde la había encerrado.
Yo pensaba que me quería señorita , me contaba, sino no hubiese tenido tres hijos con él, yo vivía en el bajo y él en el tercero pero casi no me hablaba cuando nos encontrábamos en el portal, venía cuando podía o no estaba su mujer, casi siempre de noche ,hablaba un rato con los niños y hacíamos el amor, después se marchaba enseguida, casi sin despedirse, tenía miedo por él , pero sobretodo por mí, cuando nació nuestro tercer hijo yo pensé que era el final, sus hijas y su mujer me dieron una paliza de la que casi no salgo viva, estuve una semana en el hospital y claro, usted tiene que entenderlo, no podía tener un niño más.
La historia de Nasiha había salido en los periódicos .La gente la comentaba por la calle, en la frutería, en el bar…Y la juzgaban. La gente siempre opina y casi siempre lo hace como si supiese la verdad absoluta de las cosas. La gente siempre juzga.
Y el titular rezaba: ”Aparece cadáver de un niño recién nacido en la barriada de Hadú”.
Pero Nasiha sabía la verdad. La verdad de vivir en un mundo de hombres con sus normas y sus leyes, de un embarazo que podía costarle la vida, la verdad sobre el temor y el desamparo, sobre la soledad y la marginación social…
Y seguía contándome su historia: ”Cuando llegó el momento del parto yo no sé lo que me pasó, tenía miedo y no quería que mis niños oyesen nada, apagué las luces y me encerré en el baño y…salió algo de dentro que no sé si apreté un poco o no…pero yo creo que al sacarlo ya estaba muerto…y envolví aquello en una manta y lo guardé…lo guardé en el armario y todo siguió igual …hasta el día que vino la policía…”
Y ahora ella estaba allí y él, el buen amante, el buen marido de su mujer estaba en su casa y ni siquiera la iba a visitar, lo que hablaría la gente si se enterase y sus niños estaban solos…y ella allí por mucho tiempo, por ser culpable, culpable ahora y culpable antes...
Yo pensaba que me quería señorita , me contaba, sino no hubiese tenido tres hijos con él, yo vivía en el bajo y él en el tercero pero casi no me hablaba cuando nos encontrábamos en el portal, venía cuando podía o no estaba su mujer, casi siempre de noche ,hablaba un rato con los niños y hacíamos el amor, después se marchaba enseguida, casi sin despedirse, tenía miedo por él , pero sobretodo por mí, cuando nació nuestro tercer hijo yo pensé que era el final, sus hijas y su mujer me dieron una paliza de la que casi no salgo viva, estuve una semana en el hospital y claro, usted tiene que entenderlo, no podía tener un niño más.
La historia de Nasiha había salido en los periódicos .La gente la comentaba por la calle, en la frutería, en el bar…Y la juzgaban. La gente siempre opina y casi siempre lo hace como si supiese la verdad absoluta de las cosas. La gente siempre juzga.
Y el titular rezaba: ”Aparece cadáver de un niño recién nacido en la barriada de Hadú”.
Pero Nasiha sabía la verdad. La verdad de vivir en un mundo de hombres con sus normas y sus leyes, de un embarazo que podía costarle la vida, la verdad sobre el temor y el desamparo, sobre la soledad y la marginación social…
Y seguía contándome su historia: ”Cuando llegó el momento del parto yo no sé lo que me pasó, tenía miedo y no quería que mis niños oyesen nada, apagué las luces y me encerré en el baño y…salió algo de dentro que no sé si apreté un poco o no…pero yo creo que al sacarlo ya estaba muerto…y envolví aquello en una manta y lo guardé…lo guardé en el armario y todo siguió igual …hasta el día que vino la policía…”
Y ahora ella estaba allí y él, el buen amante, el buen marido de su mujer estaba en su casa y ni siquiera la iba a visitar, lo que hablaría la gente si se enterase y sus niños estaban solos…y ella allí por mucho tiempo, por ser culpable, culpable ahora y culpable antes...





