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la vida exagerada
la vida ES exagerada. Mucho más que yo.
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Acerca de mi, pues todo mi blog, que para eso es mío.
Sindicación
 
lo más
Todos los días veo "lo-mas-bonito-de-hoy". Lo más bonito de hoy ha ocurrido cuando el sol brillaba ya flojito, y esa chica ha pasado realmente embarazadísima. Jovencísima, preñadísima y con tres claveles blancos en la mano como quien empuña un premio. Una sabe que ya ha visto "lo-más-bonito-de-hoy" cuando se pregunta:
- Si hubiera sabido al levantarme que me esperaba esto, que a eso de las seis iba a ver esto, y durante el resto del día nada, si todo fuera nada y al final sólo esto, ¿habría merecido la pena levantarse?
Y la respuesta siempre es sí.
Todos los días encuentro una respuesta a la pregunta involuntaria que es levantarme cada día. Una como mínimo. Con un poco de suerte te basta saber que vas a encontrarla para sonreir como una boba.
Lisboa está llena de "lo-más-bonito-de-hoy". Parece como si esta ciudad hubiera estado esperándome y ahora me cayera como lluvia finita todo lo que pasó cuando aún no vivía aqui.
Seguro que esa chica de hoy ya tiene un bebé. Una niña que se llama Dorotea y que nació en Japón. El año pasado, embarazada, llevaba los tres claveles blancos a su mejor amiga para celebrar que esta se acababa de enamorar.
Dorotea ya chapurrea ma-ma-ma. La mejor amiga de su mamá sigue enamorada como el primer día. La primavera pasada yo estaba llorando en Madrid, y no servía para nada. Nunca hubiera podido ser "lo-más-bonito-de-hoy" para nadie.
Como en un regalo educativo y de los que hacen pensar, en Lisboa nunca sé si lo que pasa ya pasó o está a punto de suceder.
Pero la respuesta siempre es sí.
 
chimeneas


Sin que sirva de precedente, y ya que explica las cosas infinitamente mejor que yo, aquí va un pedacito de sabiduría de Lorrie Moore, (de su libro "Pájaros en América"). Sobra decir que hoy estoy completamente de acuerdo con ella:
"La lección que sacar de los líos amorosos "- dice Simone- "es que son como tener mapaches metidos en la chimenea".
- Ay, la historia de los mapaches no- se queja Cal.
- A veces tenemos mapaches en la chimenea- explica Simone.
- Mmmmm- digo sin sorprenderme.
- Y un buen día intentamos ahuyentarlos con humo. Encendimos la chimenea, sabiendo que ellos estaban ahí, pero esperando que el humo hicera que se escabullesen por arriba y que nunca más volviesen. En vez de eso, les ardió el pelo y comenzaron a estrellarse por la sala, completamente chamuscados y en llamas, corriendo como locos por todos lados hasta caer muertos-.
Simone bebe un poco de vino. - "Los líos amorosos son todos asi", dice, "todos así
."

(pido perdón por la traducción rápida del portugués, a su vez traducida del inglés).
 
berlín, tra la lá, tra la lí.
Estaba premenstrual, así que todo daba un poco lo mismo. De entre todos los terrores que, parece, empiezan a los treinta, aquí hay uno que es real: la menstruación muta, amigas. Era larga, será corta, no te dolía? prepárate. Mi pre- menstruación, en este caso, se ha convertido en un viacrucis. Crezco a lo ancho. Mis tetas, en fin...se merecen estos puntos suspensivos: son omnipresentes. Me las encuentro hasta en los bolsillos de los vaqueros, detrás de la oreja, en la punta del dedo gordo. Y luego está la autoestima: no está. Como estaba en Berlín, digamos que la autoestima ya queda ligeramente dañada al lado del estandar-germánico-femenino...me metía en el provador de H&M con unos pantalones de la talla 34 y un abrigo de la 46: quiero decir, da igual. La talla que me quepa me dará la medida de mi cuerpo: yo me rindo. Soy un elefante y una perdiz. Por eso cuando me senté en el sillón de mi primo y le dije que no salía, no estaba exagerando. Hacía tres días que no me miraba al espejo(podía tener un trozo de espinaca pegada al moflete y no enterarme), mi ropa era un insulto y el plan de esa noche era ir a un bar a conocer a Silvia, la amiga de una amiga. Y yo pensaba, "pobre". Y también "qué pereza", y luego "menudo retaquito, jau-ar-yu", "va a salir corriendo". Porque además el alemán es el nuevo chino, y mi neurona en modalidad "lengua extranjera" va directamente al portugués, por lo que mi inglés (nunca lo suficientemente bueno) es ahora una especie de papilla con grumos lingüística. Así que mi única esperanza era que ella fuera un pibón. Una guapa de belleza innegable, una extraterrestre de piernas interminables, rubia y moderna, un alien, una alta altísima con acento del Village, en fin, una mujer tan ajena, tan lejana, tan borrosa como el futuro. Una partida imposible. Como intentar jugar al parchis con un alfin. Como tener un botón en vez de un dado.
Pero no. Silvia era, es, perfecta. Es una mujer terrestre. Es el ahora. Es, en realidad, como un verano en un lago. Es como despertarse cada día el primer día de toda tu vida por delante. Silvia tenía, tiene, unos ojos en los que dormirse y arroparse y crecer y morirse. Una vida posible. Una altura aceptable, el cuerpo perfecto. La ví y respiré. La miré un poco más y se me calentaron los pies, recuperé mi estatura y mi peso, me encontré.
Después se fue. Y no pasó nada. Y ella ni se enteró de que, entre una cerveza y otra, yo había pronunciado una frase que pertenecía al reino de lo inimaginable. Así, mirándola, sin ninguna vergüenza:
"¿sabes? a lo mejor me equivoco, sabes, quizás esté exagerando pero...¿será posible que me haya enamorado de tí?".
Qué cosas. Berlín es lo que tiene.
 
brommmmmmmmmm
Tormenta. A ti te daban miedo las tormentas. Y yo te consolaba y/o te abrazaba y/o te hacía reír y/o te acariciaba y/o te contaba un cuento. Cada vez que hay tormenta me acuerdo de ti. Vas a marcar el resto de las tormentas de mi vida. Y me gustaría mucho que ya no te dieran miedo las tormentas. Que eso, exactamente eso, fuera diferente. Y que ya no te diera miedo la suma de lluvia y viento y rayos y truenos y centellas.
Si ya no te dieran miedo las tormentas no me sentiría tan desaprovechada en días como hoy.
 
camarero?

Qué pesadita, no? Me releo y me canso muchísimo de mi autoanálisis permanente, "hoy estoy bien, arcoiris patatín arcoiris patatán", "qué tristeza, donde está el arcoiris patatín, me arrastro por las calles patatán". Uf, de verdad os lo digo. Tengo muchísima más gracia en mi cabeza, dónde va a parar. Por ejemplo, cada día dedico un rato a pensar (como los bocadillos de Axterix y Obelix cuando se enfadan, con espirales, almohadillas y exclamaciones) en el ABISMO que me separa de mis acogedores y adorados portugueses. En fin, parecemos tan iguales, no? Yo es que en Lisboa me siento en casa, por eso se me pone esta cara de gilipollas cuando doy un paso en falso y aaaaaaaaaaahhhhhhhh (esa soy yo, gritando y arañando el aire mientras caigo en el abismo cultural, profundo como sólo puede serlo en las pesadillas). El tema es eterno. Continuará. Valga como aperitivo el desencuentro más cotidiano y reiterativo:
- El concepto "caliente": presuponiendo que hay comida que se sirve caliente (vease sopa, arroz, en fin....), cuando la clienta española dice, por decimosegundo día consecutivo "muito quente muito quente muito quente", sonriendo y como pidiendo perdón, da para entender que: A. tiene algún tipo de neurosis cuyo tratamiento aun no es, claramente, su prioridad y B. que quiere la sopa caliente.
La sopa, es evidente, nunca llega a la mesa caliente. Vuelve atrás (la española sonríe aún más, y da un poco de miedo verla así, pero la calientan otra vez). Vuelve fría. La española sonríe pensando "es increíble el poder evocador de los sabores. Esta sopa es, así, exactamente el repugnante puré de verduras del colegio que solía acabar: A. en la jarra de agua. B. dentro del recipiente del yogurt. C. extendido por toda la bandeja del comedor. D. envuelto en una servilleta que, a su vez, iba a parar al montón de servilletas rellenas de puré que poblaban el suelo". Evidentemente, sonrío al señor y me como la sopa a la velocidad de la luz, dejando un reguero de gotas en El País (diario global en español) que me recuerdan mi viacrucis durante todo el día. Genial.
Un día mandé una quiche de verduras a la cocina tres veces, y las tres veces la quiche llegó al estado de ebullición antes de lo previsto, convirtiéndose en una crema para ser servida en plato sopero. Cuando el jefe (desesperado), volvió a mandar la quiche a la basura con un gesto, tuve que levantarme a ROGAR que me dieran la quiche deconstruida, pero caliente, POR FAVOR. Que no me importa. Que de verdad que no. Que me la des, joder! (tipo vale, es medio lerdo, pero es mi hijo!)
Lo dicho. Continuará. Podéis hacer peticiones, porque de casi todas las situaciones cotidianas tengo la particular visión de una española mirando la particular forma de hacer de un portugués.
(aprovecho para agradecer cada uno de vuestros comentarios, algo que nunca hago, pese a las lagrimas de alegría que llenan mis ojos cuando os leo ;)