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la vida exagerada
la vida ES exagerada. Mucho más que yo.
Acerca de
Acerca de mi, pues todo mi blog, que para eso es mío.
Sindicación
 
autoestimas...uf...
Así comienzan las cosas. Con un madrugón, el cuerpo cansado y una temperatura dudosa. Salgo de casa pensando que quizás ya no sé escribir (y no hablo de escribir una novela, nono, hablo de coger un pilot y caligrafiar, vaya), camino por la calle mayor pensando "aquí va la camarerita a empezar el doctorado", digo que no a tres periódicos gratuitos y me encuentro, de lejos, con una mujer que va leyendo un libro mientras camina. Pienso, "si a mi lo que me gusta es leer, a ver qué estoy haciendo yo haciendo que hago otra cosa..." Y entonces me fijo, y ahí está el inolvidable color naranja de la portada de "de otro planeta"(remember, www.deotroplaneta.com), ahí está esa mujer leyendo un libro y quizás...leyéndome a mi? Ay Dios, pienso, que esto es una señal. Una buena señal, la señal de que voy a coger el pilot y escribir, la señal de que todo va a salir bien... ahí estaba esa mujer leyendo (me, quizás), y en vez de sentirme enorme, tranquila, capaz, pues me volví pequeñita. Esto de menguar hace tiempo que me ocurre y hace tiempo que lucho para que no me ocurra, y sin embargo hoy he menguado tanto que me he quedado en la mínima expresión de Chavela, además de engordar quince kilos por minuto (otro poder que me da la onda expansiva de autoestima baja), así que me he convertido en una especie de bichito bola insignificante y redondito y de esa guisa he llegado a mi primera clase de doctorado. Diré que, además, esta es mi asignatura estrella, la profe es, será? mi esperanza en Portugal... Y ahora una pregunta que lanzo al aire (la lanzo no muy alto porque aún estoy en proceso de crecimiento hasta alcanzar mi ya no muy digno metro cincuenta y dos de altura), ¿cómo es posible que algo tan bueno, tan indudablemente bonito, tan tararán, desate esta tempestad de inseguridad? o ¿cómo es posible que el hecho de empezar algo tan apetecible me infantilice hasta el punto de que ninguna sorpresa sea suficiente?
(Antes de subir al metro llegó un mensaje en portugués, llegó un bom dia y mucho amor y tantos besos y me metí rápidamente en una cama calentita con mi amor, así que he de decir, y ya acabo, que es dificil entrar en el vagón cuando mides un metro noventa y siete y esquivar las miradas de algun@s que recorren este cuerpo de top model semi anoréxica que las diosas me han dado. Ja.
 
la madre de la ciencia.
La paciencia. La paciencia pues a veces se tiene y a veces no. Esta frase, que podría haber sido pronunciada por Manolito Gafotas o por cualquier humorista de sábado noche me la repito cada día tres o treinta veces como una letanía. Como pidiéndome disculpas a mi misma, como diciendo "ya sé, ya sé, tú crees que yo puedo sostenerte todo el rato pero a veces no, a veces no tengo nada que decir cuando se te acaba la paciencia". No depende de nada y al mismo tiempo está tan atada a todo, que parece tan volátil e inasible como un puñado de gas. Por ejemplo. Salgo del metro y allí está la primera bofetada de olor a castañas asadas. Las señoras vestidas de azul ya venden lotería en la Puerta del Sol. De pronto ya no existe noviembre porque ya es navidad, y eso es magnífico, y eso es genial, a no ser que quieras que ya sea verano, y entonces aún no ha empezado noviembre, aún tiene que pasar la navidad, hacerse largos los días, paciencia, paciencia. Cuando la tengo, voy vestida de negro y tengo la mirada firme en el horizonte y nunca pierdo el metro. Cuando me falta, soy ese pastiche de colores al que siempre le llueve sin paraguas, y me equivoco de hora, y se me rompen las copas de cerveza en las manos. Digamos que últimamente no me visto mucho de negro. Digamos que tiro una o dos tazas de café y rompo una o tres copas cada día, y que me parece que todos los colores pegan y que las rayas y los puntos juntos son como muy atrevidos y simpáticos. Digamos que no me canso de pura histeria, que no me siento de pura impaciencia. Y no puedo hacer nada, más que seguir inventándome plazos y acariciar la ropa negra de mi armario mientras me hago una carrera al ponerme las medias verde manzana. Vísteme despacio que tengo prisa, digo, y sonrío tanto tanto que parece que vuelvo a tener paciencia.