Feliz
Feliz, tranquilo, lleno, sonriente año dos mil siete. Que nos encontremos. Que, como diría Calvin, seamos lo que podemos ser. Que haya días de sol, de viento, de lluvia. Que una mañana nuestro barrio sea, al menos durante un día, como el de Amelie. Que ocurra lo insospechado, que se cumplan las expectativas de la manera más linda, que siempre haya alguien, que ningún día nos quedemos sin desayunar. Que intentemos encarar el año como si no supieramos que será un año más, porque este puede ser EL AÑO. A cuidarnos desde el primer día. Que tengamos el mejor año que podamos procurarnos, que que qué, mil besos a todos y a repartirlos por la calle y entre los doce meses, ¿vale? mua!

click
Un día no sale el sol o se te quema el arroz y el equilibrio se rompe como si nos aniquilara el reino de lo plausible y todo lo construido fuera humo. Sé que ahora, trabajotrabajo navidad, trabajotrabajo doctorado, trabajotrabajotrabajo, el equilibrio es una delgada linea como un hilo que llevo enganchado en el dedo gordo del pie. Nadie confía tanto en ese hilo como yo, nadie es más consciente de su calidad quebradiza e inútil que yo misma. Supongo que este perderme y volverme a encontrar, este consolarme y contarme mi vida como si fuera un plan de pensiones (de dónde viene ese plural?) o una beca es lo que me toca ahora. Uf, pero perderse en navidad es de un truculento...de pronto como que siempre te pierdes en la plaza mayor y España aún vive en la posguerra y nunca van a aprobar el matrimonio homosexual y siempre hace frío y te pica la bufanda. De repente vuelvo a llevar gafas y nunca voy a encontrarme contigo y no tengo batería en el movil. Ya lo sé, está todo tan loco, tan rizado el rizo, que quien más quien menos a todos nos suena a chino nuestro propio mapa. Pero es que últimamente, será por lo de la navidad o el frío o los días tan rabiosamente cortos, ultimamente, digo, siempre hay un minuto en el día en que oigo un silencioso y rotundo "...click...". Y entonces nada o casi nada tiene sentido, y se parte la brújula, y me quedo así, calladita, inmovil, mientras a mi alrededor estalla la navidad como una guerra y siento que no me queda más remedio que sentarme a esperar que alguien me encuentre, que sentarme a esperar que alguien me lo explique, esto de qué es la vida y para qué y de qué sirve tanto trabajo inútil, tantos vestidos en el armario, tantos plazos y la cartilla de caja madrid. El movil callado. ...click...


cosas.

Algo pasa, están pasando muchas cosas que extrañamente:
-No hacen que las luces de navidad caigan con un ruido sordo sobre los charcos de las calles a medio hacer.
-No pinchan todos los globos de la calle Arenal llenando el aire de helio y pellejos de winnie de poo y teletubbies.
-No derriten los árboles, solidifican las nubes o cambian el orden de las comidas.
Sorpendentemente nada pasa cuando se parte un corazón, o cuando tantas y tantos queridos míos lo llevan como un broche en el abrigo, a la intemperie de un temporal que siempre empieza en Galicia. Dan ganas de reirse o comprarse un globo o en realidad dan ganas de andar a patadas por un barrio que me han robado y que me devolverán los reyes magos con un poco de suerte. Con mi espacio invadido, y mi hada de las flores llorando como en los libros y buscándose con tanto coraje, siguen sucediéndose los días y sigo sucediendo yo, alguien a quien más que pasarle las cosas, le suceden. Ayer, en el segundo bar donde trabajo, una vela de frambuesa me quemó el pelo porque sí, porque soy tontita y estaba enfadada y no quería trabajar y cuando eso pasa soy todo brazos y todo piernas y me convierto en un peligro para mi misma... así que con un mechón de pelo rizado literalmente en llamas me miré al espejo (los daños han resultado ser inexistentes para cualquier persona que no sea yo misma) y me asombró la media sonrisa con que había esquivado la calvicie y la rapidez con que se disipó mi susto (tardó más en disiparse el olor de chavela a la plancha). Uno de los testigos de lo que llamaremos "la llamarada", un elemento que sólo puede darse "al-otro-lado-de-la-barra", me dijo "eso son los espíritus. Es bueno, buena señal. Compra lotería. En ocho, porque hoy es día ocho". La auténtica chavelada de todo esto es que voy a comprar lotería en ocho, y estoy convencida de que me va a tocar. Hasta el lunes, estoy con todos mis canales abiertos a espera de señales para no quedarme sólo en el reintegro, y arriesgarme al menos hasta la centena...
(entiendo la señal como tres estornudos de una vieja, dos canicas de un niño chico, o un chino diciendo "cuatlo eulos" en la calle. Nada de llamaradas. Con el ocho me basta).