Embarazo.
Tiene y no tiene que ver con el post anterior que ayer una señora, al verme liarme un cigarro en la barra de un bar, me increpara porque en mi estado no puedo fumar. Es verdad que mi vestido llevaba a engaño, y esto no es por quitarme kilos, pero vaya, que tanto como para parecer preñada pues oye, no. Tiene y no tiene que ver que hace un mes un señor de setenta años se empeñara a gritos en que me sentara en el metro, cediéndome el sitio con ademán amable y perentorio y enfadándose conmigo porque me negué repetidamente con cara de "¿pero por qué? mientras me tocaba la cintura y hacía diez flexiones sobre una mano en el suelo del vagón. Supongo que por eso, cuando me ha salido mi primer herpes chispas en la barbilla, de alguna manera me he puesto contenta. Pese a la evidente molestia, y al ascazo que da ese engendrillo (arduos esfuerzos para pensar no-esto-no-está-en-mi-cuerpo), me parece como muy "joven" tener un herpes. De hecho, pasé mi adolescencia deseando que me saliera una "calentura" porque me parecía el colmo de lo chic, eso y unas all star y una tormenta de verano y los Hombres G. El herpes ha llegado tarde, y según me dicen todas las que tuvieron herpes en la altura adecuada, es decir, moderna y guay, me dicen que se quedará cíclicamente resguardadito en mi barbillita. Puedo pensar que es chic y me rejuvenece. O puedo pensar, que ninguna señora se atreverá a chistar a una embarazada que fuma y bebe cerveza con un asqueroso herpes en la barbilla, porque da miedo. Y que se joda y se quede de pie en el metro, por mala madre. 

la mamá de Fellipe.
Me fui y volví (aunque hay una yo, más afortunada que la que escribe, que está permanentemente dando vueltas por lisboa y otra que permanece al lado de mi amor para que no coja frío). La vida cotidiana había continuado sin mi, y casi podría decir que conmigo, de tan rápida que fue mi inmersión, sin oxígeno, en mi camareril trayectoria. Me bajé del avión y una señorita de aena me dio una bandeja con tres capuchinos para la mesa quince, y comenzó la cuenta atrás para la siguiente visita tictactictac. Si me descuido, parece que no me fui. Si no fuera por las cosquillas y la sonrisa y la energía renovada, su sonrisa y sus manos y esta extraña predisposición a la paciencia, parecería que esos tres días fueron mentira. Y ayer, mientras medio Madrid me gritaba desde el otro lado de la barra como si la ingestión INMEDIATA de una copa pudiera salvar su vida, esta chavela zen-rezen llegada, pues aún tenía demasiado cerca las cosquillas como para ponerse desagradable. Y la gente se fue marchando, y yo me veía como ideal en el espejo, y entonces esa chica me mira y me dice, "perdona, tú no serás la mamá de Felipe?". Y como negar la evidencia siempre nos da como mínimo dos o tres segundos de margen de maniobra, me acerqué y le dije, "¿qué?". Supongo que entre medias mi cara le asustó tanto que tartamudeó, "la mamá de Felip-pe. E-es que te pareces mucho a una persona que conozco, F-felip-pe, es un niño pequeñito". "No, no soy la mamá de Felipe", dije, y pensé "pero agradezco que Felipe sea un niño pequeñito y no tu novio". Porque la primera imagen que se me pasó por la cabeza fue "¿parezco decincuentaaños?, taquicardia. "seguro que aparento cincuentaaños, no soy esa que veo en el espejo, ya empieza el desfase de las octogenarias que dicen "ay hija, yo no soy esa, yo por dentro sigo teniendo veinticuatro años", ya está, tu hijo Felipe ya ha hecho la comunión". Pero este desfile de demencias no duró mucho. Porque, obviamente, no tengo cincuenta años. Tengo treinta, y podría tener un niño pequeñito que se llama Felipe... perfectamente. La primera vez que sentí ese desfase fue en Rusia. Debía tener unos veintidos años, y me preguntaron "¿estás casada?", respuesta, "noooo, qué va". ¿Y tienes hijos", a lo que, con cara de socióloga experimentada, respondí, "noooo, es que en España eso no es como aquí". Tipo, en España el óvulo no es fecundado por un espermatozoide espabilado, en España es di-fe-ren-te. Y sí, eso que se oía bajito era el tictactic de un reloj biológico. 
En abril me voy a Palestina con mis primos, y mi tía ha decidido venir también. Ayer, antes de saber que era la madre de Felipe, dije "me alegro un montón de que esté mi tía en ese viaje, porque me tranquiliza un montón ir con una adulta". Sin comentarios. De todas las demencias, pensaba que tendría un poco de cada una al crecer. Sería la anciana que recoje números atrasados del interviú de los contenedores. La borracha irredenta de un bar de moda, la escritora que no escribe. Ahora pienso que como me descuide puedo ser esa loquita de las canciones de Perales que se sube los calcetines y se hace dos coletas y se va a la obra social de una caja de ahorros con sus galletas cuétara porque ese día cumple setenta y seis años, y sus amiguitos le han comprado una cocinita en imaginarium. Y nada. Os dejo, que Felipe lleva tres horas enganchado a la play station.

En abril me voy a Palestina con mis primos, y mi tía ha decidido venir también. Ayer, antes de saber que era la madre de Felipe, dije "me alegro un montón de que esté mi tía en ese viaje, porque me tranquiliza un montón ir con una adulta". Sin comentarios. De todas las demencias, pensaba que tendría un poco de cada una al crecer. Sería la anciana que recoje números atrasados del interviú de los contenedores. La borracha irredenta de un bar de moda, la escritora que no escribe. Ahora pienso que como me descuide puedo ser esa loquita de las canciones de Perales que se sube los calcetines y se hace dos coletas y se va a la obra social de una caja de ahorros con sus galletas cuétara porque ese día cumple setenta y seis años, y sus amiguitos le han comprado una cocinita en imaginarium. Y nada. Os dejo, que Felipe lleva tres horas enganchado a la play station.