caminar
Ya está aquí, es el vértigo. Solo que cuando empiezas a pensar como si fueras otra persona (por ejemplo contando los días por el dinero que dan, o las vacaciones por el dinero que pierdes. Por ejemplo cuando sientes que el tiempo podría pasar, seguir pasando, y no pasaría nada) sabes que quedarse no es una opción. Detrás de esa barra se ha estado casi siempre bien. Siempre me sale la espuma del capuchino, conozco el grifo de la cerveza, soy la reina de los mojitos. Sé quién entra y quién sale del bar, quién compra tabaco y quién no toma azucar, no quiere chocolate, no bebe la cocacola con hielo (mi memoria de corta duración está llena de datos absurdos como esos. Sé lo que ha tomado cada una de las veinte mesas del pepe, y puedo hacerles la cuenta sin mirar. Y ya no me asusta darme cuenta de eso. Peligro). Así que tengo que irme. Y a dónde, cómo, por qué, con cuánto miedo y con cuánta ilusión son detalles sin importancia. Lisboa? sí, cómo no, todos vais a venir a verme. Lisboa es un buen lugar donde empezar, sí, un poco lleno de ella y un poco llena de todo lo que tiene Portugal de domingo-por-la-tarde, pero tiene mar. Buen café. Casas baratas(sí, no?). Es el vértigo. En dos días dejo el pepe. Y esta sonrisa de idiota que tengo es la que se me pone cuando doy un paso. Caminar es bueno, ya lo dicen todos los médicos. Camina, no corras, ya lo dice camper. Dar un paso adelante me hace parecer más alta.
por fin!
Pues sí, soy yo. Lo leo y lo releo y no me lo llego a creer del todo. Me da un poco de angustia, y un poco de risa. Mi nombre, como si fuera el de otra persona, como un ladrón disfrazado o una espia de incógnito. ¿Serán todos los que están unos farsantes como yo? Entras en su página (entrad, entrad a verme, www.instituto-camoes.pt) y todos los becarios alineados te reciben con sus gafas y sus proyectos. Yo soy la que no sabe qué hace ahí. Supongo que vendrán de Senegal, de Extremadura, de Italia, llenos de carpetas y con citas de Derrida en la punta de la lengua. Supongo que se han leído todo Pessoa y cuando un portugués pida una cerveza detectarán si es de Oporto o de Guarda. Yo soy la otra, como en las coplas. La que aún está colgando de un trabajo de poesía visual y tiene pesadillas en las que no consigue entregarlo (más o menos como suspender selectividad o Ruso VII). La que entra en google y se pasa las horas muertas buscando casas y ya vive en ellas y ya se ha comprado una nevera super barata y ya ha arrasado con Ikea. He desayunado, cenado y amanecido en muchas de esas fotos. Cambiado la decoración. Pasado frío. Voy desenredandome por Lisboa a través de la cortina de su pelo (tengo que abrir muchas ventanas en esa ciudad para que corra el aire). Ya he salido de un restaurante y vuelvo a mi casa sola y todo me recuerda a ella, y ya he llorado y al día siguiente me he despertado feliz. En mis viajes al futuro ya he aprendido a administrar la pena. Y cojo libros en la biblioteca. E investigo. Me pagan para investigar, vamos, es que no me lo creo ni yo. Supongo que voy a investigarme, a jugar un poco a las casitas, a vivir cerca del mar, a limpiar Lisboa sin escoba.
Llamamiento: lo de poesía visual os dice algo? alguno de vosotros es un fan de Derrida? En mis fotos siempre hay una cama libre, ¿quién la quiere?

Llamamiento: lo de poesía visual os dice algo? alguno de vosotros es un fan de Derrida? En mis fotos siempre hay una cama libre, ¿quién la quiere?

verano
El verano es peligroso. Tiene días muy largos, una rutina más estricta que la del invierno, y por eso todos los veranos acaban por parecer, feliz o infelizmente, el mismo. Este verano ha pasado muy rápido, y sin embargo aún le falta mucho para acabarse. Y yo, entre medias, estoy asada de calor y varada en medio de tres veranos consecutivos. En el primero, tú aún eras una promesa que llegaba vía mail o mensajes, eras taquicardia y sudor frío y una sonrisa y horas y horas de conversación. Estabas ya conmigo, y ese verano lo recuerdo con muchísimo cariño y una pizca de angustia, porque aún no sabía si ibas a venir para quedarte. En el segundo, ya eras tú, todas las que eres, y yo era una contigo, y había muchísimas cosas que hacer y que decirse, inmensos planes, y miraba hacia el verano pasado con ternura, y hacia el siguiente con esperanza. Este verano de calor y tormentas y gestos repetidos, la misma casa, el mismo mar, la misma montaña, he tenido que reaprender a vivir lejos del movil, lejos de mis-nuestros planes, lejos de ti. Hay días como hoy en que no sé en qué verano vivo, ni en cual me gustaría quedarme. Supongo que en el primero, en el que aún estaba todo por llegar, y era posible sentir el vértigo de lo desconocido y la tranquilidad de que las cosas son cuando tienen que ser, y en el que había tanto tanto por compartir.
Feliz feliz verano, con sus azoteas y sus becas que no llegan, y esta nostaligia que no da sombra.

Feliz feliz verano, con sus azoteas y sus becas que no llegan, y esta nostaligia que no da sombra.
